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	<title>Diván el Terrible &#187; Vida virtual</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Identidades superpuestas, diálogos en paralelo</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Oct 2009 09:57:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Cortell Alcocer</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[La identidad es una máscara que corresponde a un sujeto dividido entre su deseo y su ideal. Es necesaria en el juego social y también condición para que el sujeto se pueda designar a sí mismo aún cuando se advierte fragmentado; sin esencia; sin sentido; impostor; a veces, pura angustia. La identidad la podríamos encontrar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/10/munecos.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>La identidad es una máscara que corresponde a un sujeto dividido entre su deseo y su ideal. Es necesaria en el juego social y también condición para que el sujeto se pueda designar a sí mismo aún cuando se advierte fragmentado; sin esencia; sin sentido; impostor; a veces, pura angustia. La identidad la podríamos encontrar como una de las maneras de recubrir el vacío del ser.<span id="more-247"></span></p>
<p>En el universo virtual, en la era de los ordenadores, hallaremos diferencias en los esquemas de comunicación y de percepción del mundo, pero éstas no bastan para redefinir una identidad como virtual versus la auténtica, o la real, o la ‘de antes’ pues en cualquier caso, identidad es virtual.</p>
<p>En esta era de los ordenadores aparecen fenómenos que modifican a las personas y su manera de actuar y pensarse a sí mismos entre una serie de realidades virtuales, aldea global, ciudad digital, economía virtual, y las identidades virtuales. Estas identidades al otro lado de la pantalla pueden parecer modos de esconderse de una realidad objetiva, pero decirlo así quizá sea un prejuicio, del tipo ‘lo de antes y lo de ahora’ y más bien estemos tratando de la emergencia de otras facetas de realidad, con mayor concurso de lo imaginario.</p>
<p>Las órdenes que se teclean en un ordenador constituyen un tipo de lenguaje que además de comunicar algo provoca ineludible y directamente que suceda algo. Se produce un acto. Esa inmediatez es el primer elemento de cambio notable que podemos enumerar.</p>
<p>Otro elemento destacable de cambio es la relevancia de la biotecnología en nuestras vidas, ella nos actualiza la palabra cyborg que viene de la ciencia ficción. La podemos poner en relación con las cirugías que cambian elementos externos e internos del organismo, como la implantación de óvulos, espermatozoides y órganos diversos. Todo un abanico de técnicas biomédicas aplicadas que producen una fusión entre lo biológico y lo tecnológico, susceptible de realizar los ideales de uno mismo albergados entre la voluntad, la fantasía y el deseo.</p>
<p>La realidad de los cuerpos queda atravesada pues por la tecnología, muchas veces para buscar algo de identidad, nueva identidad.</p>
<p>El cuerpo como presencia queda, generalmente, eludido. Algún autor habla de comunicación de cerebros. El cuerpo se elude en el acto de comunicación de teclear, pero quedará incluido en cuánto se juegue la imagen que tengo para otro. Considerando, cuando hablamos del cuerpo que no es de ‘mi cuerpo’, es mi cuerpo para el Otro, en el pasaje de salida del autoerotismo de la constitución subjetiva. A cambio, en el juego en que se elude el cuerpo emerge una fijación autoerótica.</p>
<p>Observamos también que aunque el tiempo en la comunicación sea simultáneo, se puede producir sin converger los cuerpos, inventando ‘identidades’ pero ninguno de dichos cambios, sin duda notables, parece decidirnos hacia la modificación del concepto de identidad en nuestro campo.</p>
<p>Hace poco recibí a una jovencita para la cual su cuerpo siempre fue un problema que le impedía estar con la gente Le diagnosticaron fobia social y le dieron medicación. Se animó sólo un tiempo, pues aquella sustancia ‘la motivaba a estar con gente’. Curiosamente, su expresión coincide casi con el nombre del medicamento, pero dejó de hacerle efecto. Cuando me vino a ver traía una pregunta sobre sus vergüenzas o ataques de pánico y era que en Internet se notaba decidida, locuaz y simpática; sentía además una contradicción, o no soportar ser mirada o bien exhibirse muy desenvuelta entre desconocidos en una discoteca o a través de la webcam. No sabía cuál de las dos era, ni si era posible ser las dos, quería saber qué las unía y qué las separaba. Buscaba ‘su verdadera personalidad’.</p>
<p>La pregunta es de la misma índole de las que podían hacer las pacientes de hace años, es la lucha entre un yo ideal de naturaleza imaginaria y un real del cuerpo que se resiste a doblegarse, a pesar de la suposición de la identidad, siempre virtual.</p>
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		<title>Malos tiempos para pensar</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Feb 2009 11:45:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Marqués</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[Actualmente, los storytelling (contando cuentos por Internet) son una máquina de fabricar ilusiones más fundamentadas en una percepción virtual de las cosas que en la realidad de las mismas. No es lo mismo avanzar una hipótesis novedosa que podría llegar a ser corroborada por los hechos, que proponer un orden ficticio que sustituya a la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Actualmente, los storytelling (contando cuentos por Internet) son una máquina de fabricar ilusiones más fundamentadas en una percepción virtual de las cosas que en la realidad de las mismas. No es lo mismo avanzar una hipótesis novedosa que podría llegar a ser corroborada por los hechos, que proponer un orden ficticio que sustituya a la realidad.<span id="more-201"></span></p>
<p>Lo que busca la novela es crear una atmósfera de verosimilitud que enganche a sus lectores. Esa credibilidad puede basarse en la crítica, incluso en la ridiculización, de los estereotipos vigentes. Se afirma que tanto El Quijote como Madame Bovary fueron dos latigazos contra “los cuentos”, storytelling, de sus respectivas épocas. A esta función de limpieza se refería León Felipe, ejerciéndola, cuando afirmaba que nos tratan de dormir con cuentos.</p>
<p>Cabe preguntarse si los Storytelling que manejan los distintos poderes son ventanas abiertas hacia la trasformación de una realidad manifiestamente mejorable, o hacia el adormecimiento de unas conciencias que buscan ilusionarse con una performance, sin importarles demasiado a quién le interesa y para qué le interesa controlar la opinión pública. Tampoco es algo nuevo, el intento de formatear las mentes es tan antiguo como el poder: lo que ha cambiado son las herramientas y su potencia y alcance devastadores. Los Storytelling no están aislados, constituyen un encuadre mágico, storyline, timing, framing, networking, etc., que permiten gestionar el tiempo y canalizar el mensaje dirigiéndose a los adecuados sujetos. No todos los storytelling son iguales ni se dirigen hacia los mismos sujetos; en lo que sí coinciden es en los instrumentos utilizados para persuadir: el cuadro mágico de Internet, la storyline.</p>
<p>Desde que Martin Luther King tuvo un sueño hasta los storytelling de Mc Kain y Obama la percepción de la realidad ha ido caminando hacia su virtualidad. Pero, ¿de dónde salen las storytelling? Algunos libros originan las storytelling que  son “traducciones”, versiones para Internet, que se difunden por storyline. Pero los libros abren un debate, invitan a la reflexión, y los storytelling montan un teatro. Leer el primer libro de Obama,  Los sueños de mi padre: una historia de raza y herencia, permite apreciar su pasión por la magia del lenguaje; el entonces joven Obama escribió sobre el poder de las palabras para transformar el mundo. El poder de las palabras es el poder de las ideas, de la fuerza del pensamiento. Entre sus lecturas Obama cita a filósofos como San Agustín y Nietzsche, multitud de novelas y ensayos, sin olvidar las obras completas Linconl; justifica racionalmente sobre la ambigüedad de la condición humana. No cabe duda de que argumenta y persuade con el poder de la razón.</p>
<p>La cuestión es: ¿cómo hubiera sido si Freud o el mismo Linconl, hubieran podido tener su storyline y su storytelling? Según avanza la tecnología la zanja entre el mundo de la caverna platónica y el de las ideas se hace más y más profunda. Entre otras razones porque antes de madurar la información ya nos han contado el siguiente capítulo, cuya latencia está perfectamente calculada para reforzar la huella subjetiva.</p>
<p>Quizás lo único que haya cambiado sea el medio, que constituiría el mensaje mismo, la rapidez, contundencia y globalización de su propagación. Pocas “sustancias pensantes” hacen falta con tan potentes herramientas.</p>
<p>El análisis y la argumentación nunca fueron patrimonio de la mayoría. Lo primero que se me vino a la cabeza cuando oí hablar por primera vez del storytelling, fue el círculo externo, los acusmáticos, de la escuela pitagórica; a ellos, legos, se les narraba de viva voz los argumentos de los cusmáticos, los que si conocían y practicaban las reglas del logos  y constituían la cúpula de poder de la escuela. Ahora, on line y bajo la dirección de los spin doctors se sigue haciendo lo mismo.</p>
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		<title>El mejor complemento… y el peor sustituto</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Dec 2008 23:33:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Aláiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[Dicen los detractores (esa especie en extinción) que lo ciber atrapa, ¡falso! Lo que “atrapa” son las personas, y lo hacen por teléfono, por carta, por pantalla o vía café a las 11. De ellas es de quien quiero hablar. Lo que nos dan las pantallas hoy en día es la posibilidad de cerrar las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/12/amigos.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Dicen los detractores (esa especie en extinción) que lo ciber atrapa, ¡falso! Lo que “atrapa” son las personas, y lo hacen por teléfono, por carta, por pantalla o vía café a las 11. De ellas es de quien quiero hablar.<span id="more-188"></span></p>
<p>Lo que nos dan las pantallas hoy en día es la posibilidad de cerrar las distancias, lo mismo que cualquier otro vehículo, y del uso que le demos a dicho vehículo dependerá lo que de él obtengamos, soy una persona que se dejó atrapar por la pantalla y supo bajarse de la misma para tomarla en dosis mas adecuadas, hablo pues con cierto conocimiento de causa.</p>
<p>Vayamos con lo que dicen los “atrapaos” (especie cada día mas abundante): Mi pantalla me da la posibilidad de responder casi cualquier pregunta, de hablar con casi quien quiera, de encontrar con quien hablar de ello y de hacerlo como un anónimo. Me da también la posibilidad de gobernar la caja tonta (la televisión interactiva la tenemos desde hace tiempo en casa, solo que no está frente al sofá) eligiendo lo que quiero ver, conocer y quien quiero que me lo cuente.</p>
<p>Si te fijas la inmensa mayoría de ello tiene un componente social y es ahí donde está el avance, y también donde esta el gancho.</p>
<p>En un mundo como este donde la amistad se ha devaluado, y la palabra amigo se usa tan a la ligera, la posibilidad de ser un “amigo anónimo” nos hace un flaco favor pero también nos da la posibilidad de llegar a conocer a infinidad de gente que antes no podríamos conocer. Esta Red, que enlaza la pantalla cada uno con la de los demás nos permite por ejemplo encontrar en 3 clicks a la asociación de frikis coleccionistas de chapas y discutir nuestras adquisiciones, es un aglutinador de gente en torno a intereses en lugar de su posición física.</p>
<p>Resumamos el proceso; buscas chapas y conoces a Juan, el te habla de su grupo de “amigos” con el que te conecta y comienzas a hablar, el tema de las chapas no es infinito pero en no mucho hablas de futbol, de curro, de otros hobbys, de amor… sin darte cuenta unos meses después tienes una serie de relaciones de las que ni siquiera recuerdas donde viven pero con los que hablas de casi todo y a veces con mas libertad que con tus amigos de ir al bar (pues la pantalla “apantalla” y allí tu también eres anónimo) esto en si mismo no es nuevo, ¿los grupos de autoayuda no se llaman también XXXX anónimos?  ¡Caramba que coincidencia!.</p>
<p>Hay muchas parejas que se forman a través de comunidades online, y es que el anonimato permite conocer de una persona la parte que no ves en un bar, es su otra gran virtud, pues tiene muchas de las ventajas de desinhibirse sin las desventajas del alcohol.</p>
<p>Hay también un chico en USA (ese país que todos conocemos a través de nuestras pantallas) que convocó a su casa para una macro fiesta a sus 720 “amigos” de Facebook (una conocida red social), pidió confirmación de asistencia y 25 aseguraron su presencia (otros tantos dijeron que casi seguro). El chico fue noticia porque solo 1 chica se presentó a su fiesta. Ese día Bobby tiró mucha comida… (aunque  puede que también ganara una amiga). Y es que con un “ciber amigo” el anonimato mutuo nos permite pensar que no nos debemos nada.</p>
<p>Y aquí entra mi reflexión, cuando me paro a preguntar: ¿Son amigos de verdad, o todo esto es de mentira?</p>
<p>Para mí son un paso intermedio. ¿Qué es un amigo? Si tan sólo es alguien con quien hablar ya está todo dicho, pero si es alguien de quien depender… ahí la cosa cambia. Una amistad es mucho más que una interacción prolongada, implica dar y recibir algo más que palabras, que (por virtud o desgracia) es lo único que las pantallas nos permiten intercambiar, no cometamos como Bobby el error de confundirnos.</p>
<p>En el camino de conocerse, hay mas comunicación que la verbal y mas actos que las meras declaraciones eso no podría, ni debería ser jamás sustituido.</p>
<p>Creo que La Red juega un papel importantísimo con las relaciones que empezaron desde nuestro lado de la pantalla. Pues ocurre que estas suelen morir de ausencia, ausencia que un vehículo como este puede hacernos suplir. Dicen algunos que la emigración de ahora ya no es como la de antes y les doy mucha razón, el lujo de poder ver y hablar a diario con quien quieres te permite mantener cierta cotidianeidad remota y donde antes se contaban los acontecimientos del mes por carta, ahora se puede hablar del tiempo (en su día eso para mi fue impagable).</p>
<p>La cibervida para mi es tan vida como la vida del Bar, puede ser igual de importante pero es inherentemente malo que se convierta en un sustituto, sería el peor de ellos.</p>
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		<title>Interactividad virtual e intersubjetividad</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Dec 2008 14:03:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Kozameh</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[Los videojuegos, que en la última década han multiplicado su presencia y alcanzado una rentabilidad económica altísima, tuvieron sus orígenes hace treinta años con el juego Pong, que simulaba el tenis, instalado en un salón recreativo de California. Las técnicas lúdicas digitales y especialmente su contenido han recorrido un camino largo y variado. Desde un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/11/pacman.gif" alt="Imagen" /></p>
<p>Los videojuegos, que en la última década han multiplicado su presencia y alcanzado una rentabilidad económica altísima, tuvieron sus orígenes hace treinta años con el juego Pong, que simulaba el tenis, instalado en un salón recreativo de California.</p>
<p>Las técnicas lúdicas digitales y especialmente su contenido han recorrido un camino largo y variado. Desde un partido de tenis se transitó a la violencia más descontrolada con la  mayor rentabilidad económica imaginable.<span id="more-178"></span></p>
<p>No cabe duda de que resultan altamente positivos y eficaces en términos estrictos del capitalismo más clásico: en número de empresas, en trabajadores empleados en las mismas y en dividendos.</p>
<p>La interactividad en un sistema virtual consiste en generar la participación, especialmente a través de la visión y el sistema neuro-psicomotor, que sitúa imaginariamente al jugador del videojuego dentro de una escena ficticia y, a la vez, hace creer al participante que la realización y la historia son creadas por él.</p>
<p>Desde que Stanley Kubrik nos mostrara el diálogo entre el astronauta y el cerebro electrónico (2001 Odisea en el espacio), ambos en lucha a muerte, estamos enfrentados a pensar y cuestionar una comunicación humano/no humano. El director advertía magistralmente de los riesgos de jerarquizar esta relación. En la escena mencionada, la máquina pide muy educadamente al astronauta que queda vivo que no se deje llevar por sus conocimientos, que no dude ya que solo ella tiene la verdad. Su verdad, obviamente, es expulsarlo de la nave espacial y cortar su cordón umbilical.</p>
<p>La incidencia de la cibercultura en lo social deja sin duda sus marcas indelebles. El saber narrativo, estable, organizado y delimitado está basado en la escritura y conforma una estructura cuya legitimidad emana del sentido. El saber virtual, por su parte, es inestable y de límites difusos y tiende a conformar flujos en los que la legitimidad no supone un sentido sino una performatividad, algo propio de la dimensión pragmática. (Álvaro Cuadra, 2000).</p>
<p>En la mayoría de los videojuegos el relato es inexistente, sin lugar, sin historia, sin tiempo.</p>
<p>Si el saber virtual solo promueve la simultaneidad, el anonimato, la pérdida de leyes, la carencia de un criterio de jerarquía y favorece que las significaciones sean inestables, esa fragmentación del Otro deja al sujeto expuesto al retorno de lo reprimido.</p>
<p>La violencia gratuita, los atracos sexuales, el uso degradado de la palabra, o aún peor, como muestra Gus Van Sant en su film Elefhant sobre la matanza en Columbine, el juego de masacre del ordenador portátil pasa a realizarse en acto. Si en la constitución del fantasma tenemos en cuenta su aspecto Sado-Masoquista, allí, en esta escena final, en el juego de muerte y terror, los muñecos virtuales y los muñecos humanos se confunden. Incluso el movimiento de la cámara con que está filmada la escena imita el desplazamiento de los dibujos en la pantalla. Desanudamiento con consecuencias letales.</p>
<p>Puede parecer maniqueísta satanizar las capacitaciones que sin duda ofrecen los ciberjuegos, ya que implican una destreza psico-motora, así como un intercambio entre “colegas” (amigos) que se pasan juegos nuevos o copias piratas.</p>
<p>Y no cabe duda que las representaciones de los contenidos y los personajes de los juegos virtuales permiten, como en los juegos tradicionales, cierto pasaje “disfrazado” de fantasías  inconscientes.</p>
<p>Un joven que puede encontrar supuestamente “toda” la información en Internet, o conocer a todas las mujeres posibles de cualquier lugar del mundo, puede crear  un fantasma de invulnerabilidad propio de la megalomanía y omnipotencia infantil anterior a cualquier renuncia.</p>
<p>Si la cibercultura siguiendo el discurso de la ciencia, pretende terminar con las dudas, los enigmas, y los inevitables malentendidos humanos  entonces se seguirá planteando, como afirma Lacan, que “la ciencia es la ideología de la exclusión del sujeto”.</p>
<p>Algo que recuerda a Charles Chaplin, en la “Quimera del Oro”, donde el hombre es un objeto de mercancía inserto en una red de eslabones de una cadena productiva y no de una cadena simbólica que le permitan llegar a ser.</p>
<p>La quimera de ser un  amo de este mundo virtual, lo coloca entonces en la soledad total frente a la máquina, sus habilidades cognitivas y visuo-motoras pueden ser muy buenas, pero queda imposibilitado de establecer un vínculo social.</p>
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		<title>Del pezón al botón</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Dec 2008 14:01:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Millieri</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[Le pregunté a una amiga qué le parecía que podía regalarle a su nietecito de catorce meses y me respondió: algo que tenga  botones  para pulsar, lo que le encanta es apretar teclas. Los destetamos con botones. Botones que conducen a lo virtual, a un imaginario en conserva, inmediato, como un sueño o un ensueño [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Le pregunté a una amiga qué le parecía que podía regalarle a su nietecito de catorce meses y me respondió: algo que tenga  botones  para pulsar, lo que le encanta es apretar teclas.</p>
<p>Los destetamos con botones.<span id="more-186"></span></p>
<p>Botones que conducen a lo virtual, a un imaginario en conserva, inmediato, como un sueño o un ensueño programable, que está ahí, delante de nosotros y con el que nos identificamos. A través de los jueguecitos electrónicos cualquier niño puede ser (identificarse, verse) desde un afamado deportista hasta un asesino en serie sin el menor esfuerzo imaginativo, sin argumento y sin que le haga falta poseer ninguna sintaxis mental.</p>
<p>Deberíamos reformular la famosa fase del espejo de Lacan, tan fructífera ella y tan estructurante. Da cuenta de nuestra unidad corporal, de nuestra imagen de sujetos, de nuestra conciencia de Yo, en definitiva. Vemos como somos, lo que somos, como una unidad, en nuestro reflejo en el espejo. Una imagen delante de nosotros, que somos nosotros. Siempre existe una primera vez para experimentar esto.</p>
<p>Los otros significativos para el niño (padres, maestros y subrogados) actúan también como el espejo. Sancionan lo que en ellos proyectamos, nuestras palabras, nuestros actos; nos devuelven una imagen de nosotros mismos: “lo haces muy bien, mira que guapo”; o muy mal, eres malo, etc. Somos lo que nos dicen (los espejos) que somos.</p>
<p>Sustituir el espejo por la pantalla, aunque sólo sea parcialmente, me parece una operación de riesgo.</p>
<p>Si no somos hablados, “eres bueno, lo haces mal…” y sólo somos “vistos”: “tenía que haber apretado otro botón, he fallado por no ir rápido a atropellar a la vieja…” Entonces nuestro Yo corre un serio riesgo de fragmentación. El riesgo de no poder simbolizar.</p>
<p>Siento decirlo pero en su exageración, y estamos cibernéticamente exagerados, la situación que describo es ciertamente psicotizante. No hace falta nadie, no hay discurso, yo y otro yo que manejo en la pantalla. Gente que vive encerrada en su cuarto con un ordenador como única compañía. Sólo abren la puerta para que les entren comida.</p>
<p>Signo de nuestro tiempo, significa un reto sobretodo para los psicoanalistas.</p>
<p>Dificultades graves en la regulación de la autoestima, apatía, angustia, crisis de ideales y de valores y fluctuaciones del estado de ánimo, pueblan nuestras consultas.</p>
<p>El Yo está tan disperso como el mundo social y el sujeto se ve en una imagen descentrada. La socialización se repliega a las preocupaciones personales, mirarse el ombligo parece el deporte de moda y la subjetividad se retrae, ensimismándose.</p>
<p>La ambigüedad de los roles parentales y el debilitamiento de los límites colocan al individuo en una posición también “virtual” ante la ley.</p>
<p>Me gustaría que lo que digo pudiera calificarse de realismo ilustrado, pero mucho me temo, que se tilde simplemente como pesimismo. Otro punto para poder ser pensado.</p>
<p>Por cierto, al nieto de mi amiga le regalé un piano.</p>
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		<title>Es virtual… lo virtual</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Nov 2008 22:10:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo de la Cruz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[Una forma común de juego durante nuestra infancia era ser un vaquero, una princesa, un rey o un príncipe. Durante cientos de horas hemos buscado esa felicidad momentánea nacida de la más natural sencillez infantil. Los adultos observamos frecuentemente ese juego con tranquilidad y dicha. Normalmente el tedio comenzaba cuando uno era uno mismo. En [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/11/virtual.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Una forma común de juego durante nuestra infancia era ser un vaquero, una princesa, un rey o un príncipe. Durante cientos de horas hemos buscado esa felicidad momentánea nacida de la más natural sencillez infantil. Los adultos observamos frecuentemente ese juego con tranquilidad y dicha. Normalmente el tedio comenzaba cuando uno era uno mismo.<span id="more-181"></span></p>
<p>En la consulta del terapeuta, llegan pacientes que parecen desear, en el fondo, ser otros. A veces transmiten ese deseo como posible medicina ante su padecer. Muchas veces soñamos, y en los sueños, verdaderas autopistas de información sobre nuestro inconsciente, aparecemos convertidos en personas y cosas muy alejadas, aparentemente, de nuestra realidad física y química. Nuestro inconsciente se encarga de hacer todo el trabajo virtual.</p>
<p>Desde hace unos 15 años casi la mitad de la población del planeta tiene entre manos una herramienta de características y potencial todavía desconocidos. Lo llamamos Internet. Una parte de esa herramienta se transforma, por el uso que se le da, en realidad virtual.<br />
Los que tenemos que pensar un poco en el ser humano nos encontramos desubicados. Si ya era complejo tratar de entender los nuevos rasgos patológicos del sujeto por los cambios sociales del siglo XX se añaden los sucesos psíquicos que surgen en el siglo XXI derivados por los cambios tecnológicos. Y todo ocurre a una velocidad de vértigo.</p>
<p>Los tiempos de nuestra realidad biológica  no se ajustan cómodamente a los tiempos de la realidad tecnológica. Pensemos, por ejemplo, en las incomodidades de hacer un viaje de 12.000 Km. en avión. Una máquina voladora nos coloca a esa distancia en 13 horas y nosotros no podemos más que sufrir las consecuencias. Biológicas y psíquicas.</p>
<p>Pero esa tecnología de la que hablo ha permitido que ciertas fantasías, infantiles por poner un ejemplo, se hagan realidad en algunos adultos. Realidad virtual. Hay lugares en los que se fomenta ser otro: Second life, vida dos ¿Por qué tanta gente quiere ser otro? ¿Podemos preguntarnos si esa tendencia natural de huir de quienes somos en realidad ha encontrado una herramienta, a su medida, para realizar dicha fantasía?</p>
<p>El sujeto “decide” a través de su psiqué. Y como acabo de leer al pensador Cornelius Castoriadis: “La psiqué no es un mecanismo racional bien lubricado. Es esencialmente imaginación radical, un flujo perpetuo, de representaciones, deseos y afectos”. La nueva realidad virtual parece que se ofrece como medio y fin perfectos para alimentar ese mecanismo mal lubricado.</p>
<p>Podemos pensar en algunas consecuencias muy llamativas  de ese mundo instantáneo, cómodo y potente.</p>
<p>Un banquero virtual le presta dinero a un pobre hombre de Alabama que vive en una casa que se cae. Pero le presta un dinero que dudosamente le va a devolver. Cuando realmente ese hombre no puede pagar su deuda, no importa, porque otro banquero virtual asume la deuda virtual del banco anterior. Y así la tenemos liada. Lamentablemente el hombre de Alabama y su familia no se pueden alimentar de hamburguesas virtuales.</p>
<p>Esa misma huida hace que una joven con lentillas de un muy irreal color afirme a un periódico que tiene 120.000 amistades virtuales pero que en realidad tiene 10 amigos. Y además todo eso lo sabemos porque un periódico de 400.000 ejemplares de tirada diaria me lo cuenta. No reflexiona sobre ello, quizá no es su función.</p>
<p>Observo la tapa de un libro de divulgación sobre filosofía socrática sobre mi mesa y leo las palabras virtud, moderación, justicia, piedad, bien, valentía. A algunos nos gusta reconocer que, a pesar de toda la tecnología circundante, nuestros ancestros nos indicaron ya los asuntos que nunca, como humanos, debiéramos olvidar. La tecnología no parece la solución cuando todavía no sabemos la respuesta a las primeras preguntas. Quizá jamás lo sea.</p>
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		<title>El vuelo virtual</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Nov 2008 11:10:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Natalie Berthe</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[Bienvenidos a bordo del boing 707 de la Compañía Air Match.com. El comandante le desea un feliz vuelo… Es un martes de invierno, ha anochecido hace rato, hace frío en la calle y la idea de instalarme en la cama, con el ordenador portátil para darle al “enter” en esta página de encuentros y pasear [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Bienvenidos a bordo del boing 707 de la Compañía Air Match.com. El comandante le desea un feliz vuelo…</p>
<p>Es un martes de invierno, ha anochecido hace rato, hace frío en la calle y la idea de instalarme en la cama, con el ordenador portátil para darle al “enter” en esta página de encuentros y pasear por todos esos perfiles, me sigue resultando asombrosamente atractiva.<span id="more-177"></span></p>
<p>¿Y cómo no hacerlo? Cómo resistirme a toda la magia que puede surgir cuando, tras una búsqueda –a veces muy larga, eso si-, vuelve a aparecer un perfil que me produce ese hormigueo, esa intriga e ilusión por descubrir quién anda tras esas fotos y esas palabras tan atractivas.</p>
<p>Cómo no dejarme vencer por la tentación de ir a su encuentro, cuando además me brindan tantas herramientas de seducción… el Chat, los mails, la webcam, el teléfono y con ellas, la posibilidad de hacerle llegar lo que quiera de mi: mis mejores y mas sugerentes fotos, la música que escucho, los cuadros que tengo o pinto, videos de mi casa con mi voz seductora de colofón, cartas llamadas mails en las que me esmero en dar lo mejor de mi, con mi estudiada sintaxis, mis ingeniosas metáforas, mi ortografía impecable, mis insinuaciones respecto a mi muy interesante vida, imágenes en vivo en las que todo está premeditado: la ropa que llevo, la luz con la que me ilumino, el fondo de mi figura, la suavidad de mis movimientos…</p>
<p>Solo falta encontrar un buen compañero de juego para despegar. Es decir, alguien dispuesto a hacer lo propio. Y Él, buscando bien, siempre acaba apareciendo. El, con el que inmediatamente sintonizo, con el que surge la empatía en cuatro tecleos, con el que hay –y eso es lo asombroso, teniendo en cuenta que ni le veo- ¡química!</p>
<p>Desde ese momento, bastan unos días de “vuelo virtual” con El para que una vez más, haya encontrado el hombre de mi vida, al que todo –o casi todo- cuento, al que acabo mandando hasta fotos de mi abuela y de mi tía de Galicia, el que es mi mejor amigo para siempre, al que veo guapísimo en cada  retrato que me envía, que también es el más comprensivo, el más amable, el más educado, el más galante, el más inteligente…<br />
Y claro, con El acabo hablando por teléfono, aunque para entonces es tanto lo que he invertido en tiempo y en fantasía inventándole, que aunque la voz me disguste, me convenzo de que es la línea telefónica la que no funciona bien, o que sus cuerdas vocales han sido atacadas por algún virus invernal, o peor aún, me digo a mi misma, “bueno nena, nadie es perfecto”. Y es que, a estas alturas del vuelo ¿qué o quién tiene derecho a fastidiarme el viaje? ¿La realidad? ¡Ni hablar!</p>
<p>Claro que, en algún momento hay que aterrizar y el contacto con la tierra, suele ser más que desconcertante. El hombre con el que por fin acabo quedando nunca es El; forzosamente es otro distinto del imaginado y tengo mucha suerte si ese otro me gusta…</p>
<p>Y como no la tenga –que es lo habitual-, queda lo peor… encontrar la manera de despedirme de alguien que no me atrae, pero al que lógicamente, tras compartir tantas horas de “conversación”, ya tengo cariño y al que sin duda echaré virtualmente de menos…</p>
<p>Y con ese desconcierto, una vez mas el vuelo llega a destino… y vuelvo a preguntarme cuántos de estos viajes podemos realizar las personas, en un periodo de un año –que es lo que dura la mayor suscripción en estas páginas- sin perder del todo la cabeza…</p>
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