<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Diván el Terrible &#187; Soy joven&#8230; ¿y ahora qué?</title>
	<atom:link href="http://divanelterrible.com/tema/soy-joven-y-ahora-que/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://divanelterrible.com</link>
	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
	<lastBuildDate>Mon, 14 May 2012 23:49:45 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.2</generator>
		<item>
		<title>La juvenil historia de Manolito Juvenal</title>
		<link>http://divanelterrible.com/217/la-juvenil-historia-de-manolito-juvenal/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/217/la-juvenil-historia-de-manolito-juvenal/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2009 21:06:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Álvaro Congosto Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/217/la-juvenil-historia-de-manolito-juvenal/</guid>
		<description><![CDATA[Era una soleada mañana de agosto y Manolito tomaba plácidamente en la terraza su tazón diario de cereales. Fue entonces cuando la Juventud le cayó encima de repente. Su llegada era más o menos esperada en el seno familiar, e incluso Manolito había escuchado rumores de que algunos compañeros de su clase ya se habían [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/06/juvenal.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Era una soleada mañana de agosto y Manolito tomaba plácidamente en la terraza su tazón diario de cereales. Fue entonces cuando la Juventud le cayó encima de repente. Su llegada era más o menos esperada en el seno familiar, e incluso Manolito había escuchado rumores de que algunos compañeros de su clase ya se habían convertido en jóvenes, pero lo que Manolito no podía entonces imaginar es que la juventud había venido para quedarse. Desde aquella fatídica mañana hasta al fin de su existencia, el pobre Manolito se vio obligado a ser joven todos y cada uno de los días de su vida.<span id="more-217"></span></p>
<p>En su fase inicial, Manolito no era todavía consciente de la perpetuidad de su nuevo estado, por lo que hasta acogió su llegada con ilusión. No es que él tuviera especial interés en ser joven, pero en los primeros momentos sí fue capaz de disfrutar del gusto de lo nuevo.</p>
<p>El pobre Manolito no fue consciente de la tragedia de su condena hasta que se enamoró por primera vez de una chica. Manolito la quería y los dos eran felices juntos, pero la Juventud fue implacable y Manolito tuvo que dejarla. Obstinado en una lucha contra su destino que ya nunca abandonaría, Manolito intentó negociar con la Juventud. En más de una ocasión se planteó incluso venderle su alma, pero no era él sino la Diosa quien ponía aquí las leyes y Manolito no tuvo otra alternativa que cumplir con su mandato.</p>
<p>Arrojado al aburrido y monótono desenfreno que guiaba su travesía, Manolito comenzó a tomar conciencia de su perpetua condición. Y en un gesto que le honra, Manolito decidió erigirse en un eterno luchador.</p>
<p>Acérrimo defensor de la tristeza y la melancolía como verdadero motor de la vida, Manolito Juvenal divulgo sus ideas por todos los confines del mundo. Aunque pueda parecer extraño, sus teorías encontraron una más que aceptable repercusión mediática y una devota fidelidad de seguidores, que lo acompañaron hasta el fin de sus días. Como broche a su carrera consiguió, a sus 68 años, ser entrevistado por la televisión pública en el informativo matutino de la primera cadena, e incluso fue invitado a una conferencia sobre “Célebres Tristes de la Historia” en una universidad americana, pero una dolencia intestinal de su madre le impidió acudir al evento.</p>
<p>Pese a todo, su éxito profesional nunca fue suficiente para aplacar la desbordante felicidad con la que la Diosa Juventud lo condenó a vivir. Y aquí reside precisamente la trágica paradoja que dio sentido a la vida de Manolito Juvenal. La idílica calma del tazón de cereales que fue germen, motivo y fin de su propuesta filosófica, y de la que pudieron gozar libremente todos sus fieles, nunca volvió a ser alcanzada por el pobre Manolito Juvenal, y no fue porque dejara de intentarlo. Su condena lo llevó al estrellato sin dejar jamás de martirizarlo.</p>
<p>El devenir de Manolito se convirtió en un continuo derroche de felicidad que incluso lo acompañó hasta la tumba. Dicen que sus últimas palabras antes de morir fueron: “Ay, que gustito, creo que me estoy muriendo. Nunca se me dio bien tocar la guitarra, pero he tenido la suerte de poder morir joven como una auténtica estrella de rock.&#8221;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/217/la-juvenil-historia-de-manolito-juvenal/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Buscándome las habas</title>
		<link>http://divanelterrible.com/53/buscandome-las-habas/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/53/buscandome-las-habas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 06 Mar 2007 09:55:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Aláiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/53/buscandome-las-habas/</guid>
		<description><![CDATA[Vengo hoy a confesarte, querido lector, cómo me curé de golpe de la ingenuidad del estudiante cuando creía que mi entrada en el mercado laboral iba a consistir en elegir lugar para empezar a comerme el mundo… Hubieron de pasar cuatro meses de búsqueda hasta el día que por fin me dieron el sí, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/03/ojoperiodico.jpg" id="image54" alt="Imagen" /></p>
<p>Vengo hoy a confesarte, querido lector, cómo me curé de golpe de la ingenuidad del estudiante cuando creía que mi entrada en el mercado laboral iba a consistir en elegir lugar para empezar a comerme el mundo…<span id="more-53"></span></p>
<p>Hubieron de pasar cuatro meses de búsqueda hasta el día que por fin me dieron el sí, y créeme, para entonces mis expectativas “culinarias” respecto al globo terráqueo se habían moderado bastante.</p>
<p>Como esto del empleo no es un ejercicio trivial, yo me lo tomé muy en serio, pues tenía claro que ahí fuera me esperaba para guiñarme el ojo el puesto más bonito del mundo. Pasé el primer día delante del espejo, un currículo de tres páginas con mucha gomina y las mejores galas pues la noche era joven y daba la impresión de que las oportunidades florecerían a mí alrededor.</p>
<p>Comencé luego mis escarceos con la ingenuidad del novato, con las empresas más guapas y seductoras que había a mí alrededor… y tuve el descaro de sorprenderme el día que no respondieron a mis llamadas.</p>
<p>Como un amante despechado miré mi teléfono, mudo durante tiempo interminable, y entonces decidí que había hecho un mal trabajo. Comprendí que mi belleza interior no impresionaba a las empresas más atractivas, tenía que dejar una sola hoja con los tres puntos más estéticos y ahorrarme todos aquellos detalles de los cuales me había sentido tan orgulloso; y que a aquellos a quienes se los contaba, no les importaban nada. Tendría mucha suerte si encontraba a alguien que se interesara por ellos.</p>
<p>Resumiré diciendo que hoy escribo porque encontré empleo, con una de esas empresas.</p>
<p>No tan grandes ni tan guapas como a las que apunté el primer día, sino con otra que estaba detrás, que me sedujo de tal forma con lo que podía darme que, pese a no ser la primera a la que llamé, me ilusiona tanto como a un niño el primer día de cole.</p>
<p>El primer empleo es algo muy serio, puede definir el resto de tu camino en ese mundo, pues será el que te abra unas puertas y te cierre otras.</p>
<p>Yo, como no soy el mas guapo, elegí entre aquellos que me habían elegido.</p>
<p>Menos de lo que había soñado, menos de lo que me gustaría, pero lo suficiente como para poder pensar que he elegido muy bien.</p>
<p>Me ha costado meses cuando pensé que serían semanas y me ha supuesto darme cuenta que esa búsqueda es muy dura pues, como en cualquier mercado, uno vale tanto como lo que los que compran estén dispuestos a dar, y eso puede ser mucho menos que lo que nuestra abuela nos había hecho creer.</p>
<p>¿Que lección me ha quedado? Que el que dijo que uno busca su propia suerte dijo sólo una verdad a medias, que tanto el curro como el amor es 50% de suerte y 50% de ligue y que no me habré comido aún el mundo pero en ambos aspectos me siento un tío afortunado.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/53/buscandome-las-habas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Maldito ámbar</title>
		<link>http://divanelterrible.com/43/maldito-ambar/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/43/maldito-ambar/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 22 Dec 2006 01:37:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Llanos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/43/maldito-ambar/</guid>
		<description><![CDATA[Mónica había sido, desde siempre, una niña modelo. Seria y responsable, había cumplido todas las expectativas familiares. El padre, ingeniero, responsable de la señalización del tráfico ferroviario, era meticuloso y concienzudo en su trabajo y afable y cariñoso en la vida familiar, que solía organizar con precisión no exenta de diversión y estímulos. Todo iba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mónica había sido, desde siempre, una niña modelo. Seria y responsable, había cumplido todas las expectativas familiares. El padre, ingeniero, responsable de la señalización del tráfico ferroviario, era meticuloso y concienzudo en su trabajo y afable y cariñoso en la vida familiar, que solía organizar con precisión no exenta de diversión y estímulos. Todo iba bien, salvo cuando surgía algún imprevisto. Las señales eran inequívocas y los protocolos de actuación también. La cosa rodaba.<span id="more-43"></span></p>
<p>Sin embargo, unas crisis de angustia cada vez más frecuentes junto con un fracaso académico habían llevado a Mónica a la consulta. Para ella se había convertido en imposible concluir sus estudios universitarios, por cierto que ligados a la previsión de riesgos. Tras unos resultados impresionantes en toda la carrera, la angustia ante los exámenes finales le impedía siquiera presentarse.</p>
<p>Al cabo de unas cuantas entrevistas, Mónica trae un sueño. El ámbar, sólo el ámbar. Enseguida lo relaciona con los semáforos, el rojo ordena parar, el verde pasar, pero el ámbar&#8230; El ámbar significa alerta, atención y frenar, eso dice el código, aunque nadie hace caso.</p>
<p>El analista, señalizador suplente, cumplía su función y sostenía la pregunta, en tanto que Mónica hacía su trabajo y encontraba la relación entre su angustia, su sueño y el final de la carrera. Se acababa el camino trillado y prescrito. Sin embargo, ante la demanda angustiosa y angustiante de un saber cierto, provocada por la incertidumbre de un determinado examen, el psicoanalista cede y se convierte en pedagogo, proporcionando algunas instrucciones y trucos para solventar la situación, con notable éxito. Mónica concluye sus estudios universitarios e interrumpe el análisis.</p>
<p>Sólo que este fulgurante éxito se vio seriamente empañado por los acontecimientos posteriores. Al cabo de un tiempo, Mónica vuelve a la consulta acosada por intensas y frecuentes crisis de angustia, así como por una acusada incapacidad para tomar cualquier decisión sobre su vida sentimental y profesional.</p>
<p>Cuando el síntoma irrumpe y alguien se acerca a un psicoanalista, es que algo se ha roto, se ha perdido la continuidad de la existencia y le demanda que restaure el sentido de la vida, atribuyéndole un saber sobre el síntoma. Pero es precisamente porque el analista no responde a dicha demanda y no actúa como sujeto del saber por lo que el análisis es posible y permite al analizante hacer el recorrido por las palabras que le han marcado y el deseo que le atraviesa.</p>
<p>Cuando el analista ejerce ese saber atribuido y responde a las demandas que se le dirigen, bloquea ese recorrido y produce una cristalización del síntoma. Pero el deseo en Mónica se ha dado una segunda oportunidad.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/43/maldito-ambar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Down the top</title>
		<link>http://divanelterrible.com/44/down-the-top/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/44/down-the-top/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 22 Dec 2006 00:38:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Máximo Teszkiewicz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/44/down-the-top/</guid>
		<description><![CDATA[Me sugieren, como tema de este artículo, la expresión “(diversión) a tope”, palabras presupuestas en una juventud que ya no las utiliza. No por eso dejará de gustar la fórmula a estos psicoanalistas, que de sobra saben ya que para el exceso no hay más tope que la muerte. El alcohol, que fuera en mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2006/12/vodka.jpg" alt="Imagen" id="image50" /></p>
<p>Me sugieren, como tema de este artículo, la expresión “(diversión) a tope”, palabras presupuestas en una juventud que ya no las utiliza. No por eso dejará de gustar la fórmula a estos psicoanalistas, que de sobra saben ya que para el exceso no hay más tope que la muerte.<span id="more-44"></span></p>
<p>El alcohol, que fuera en mi (cercana) adolescencia exceso favorito, nos proporciona ese hermoso simulacro de este tope que es el coma etílico. Nunca llegué yo tan lejos, detenido en el camino por topes menores: el estómago, que se hartaba de veneno y me sacudía en violentas vomitonas, en un magnífico ejercicio de “bulimia alcohólica”, y a la larga, la misma saciedad. Porque estoy saciado: ya no lo necesito, y si aún, de vez en cuando, consumo otro poco, confesaré que, por fin, es puro vicio.</p>
<p>Cabe despreciar a quienes beben (y se matan) lentamente, y reivindicar a la juventud botellonera que intuyó desde el principio lo que se traía entre las manos y fue directamente a por el premio gordo. Porque la adolescencia es ese proceso por el que la sociedad somete definitivamente a un cuerpo declarado en hormonal rebeldía, y la droga el azucarillo mortal que nos permite tragarnos vuestros sapos. Teníamos que matarnos un poco, pero rápidamente, porque teníamos demasiada vida, y sólo soltando así parte de este lastre pudimos ingresar, mal que bien, en el cosmos tributable, allí donde la muerte nos persigue con horrorosa parsimonia.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/44/down-the-top/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>A-dol-escentes</title>
		<link>http://divanelterrible.com/42/a-dol-escentes/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/42/a-dol-escentes/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 28 Sep 2006 16:12:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mercè Collell Badia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/42/a-dol-escentes/</guid>
		<description><![CDATA[Atendiendo a la etimología, la palabra adolescente proviene de adulescens, participio presente de adolescere, verbo que significa: crecer, desarrollarse, ir en aumento, encender&#8230; El participio presente expresa una acción en proceso, mientras que el participio pasado expresa una acción terminada, por ejemplo el participio pasado del verbo adolescere es adultus, origen de la palabra adulto. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Atendiendo a la etimología, la palabra adolescente proviene de adulescens, participio presente de adolescere, verbo que significa: crecer, desarrollarse, ir en aumento, encender&#8230; El participio presente expresa una acción en proceso, mientras que el participio pasado expresa una acción terminada, por ejemplo el participio pasado del verbo adolescere es adultus, origen de la palabra adulto. Curiosamente, el verbo adolecer tienen origen en el mismo verbo latino adolescere; este verbo expresa carencia, padecimiento de algún mal. La adolescencia como un proceso, un tránsito a través de renuncias, duelos, es lo que me propongo desarrollar en este artículo.<span id="more-42"></span></p>
<p>La adolescencia se sitúa en un tramo de edad determinado. Este proceso se inicia con la maduración corporal. El cuerpo del niño crece, se transforma y se prepara para la procreación, todo ello le conduce a una nueva identidad. El joven, en este momento privilegiado, debe hacer reválida de lo que ha sido la infancia, desechar algunos aspectos, conservar otros y construir unos nuevos. Justo es decir que no podemos idealizar la vida adulta y pensarla como un estado homogéneo de plenitud, ya que los aspectos infantiles nunca desaparecen del todo. Siguiendo las ideas de Silvia Tuber, la vida adulta no es un estado acabado sino que en el mejor de los casos se es más o menos adulto. Poder asumir la propia vida es condición de madurez.</p>
<p>Entiendo la adolescencia como un pasaje, un puente entre dos orillas, infancia y vida adulta. La metáfora evoca: fragilidad, vulnerabilidad e inestabilidad; pero también enlace y conexión. Es desde este lugar de tránsito que el joven puede cuestionar y cuestionarse, ya que toda posición crítica precisa de una distancia, de una exterioridad, con relación a sus padres, a la sociedad y a su infancia.</p>
<p>Los jóvenes de hoy son fruto de una generación que rompió moldes. Sus padres se rebelaron contra el “autoritarismo”; en su condición de progenitores han querido comprender, evitar los conflictos que ellos tuvieron. Todo esto, junto al crecimiento económico, ha propiciado que los jóvenes, sus hijos, se hayan encontrado en un ambiente de compresión, con oportunidades -de formación, de viajar- impensables en otra época. Un padre captaba a la perfección la paradoja del momento: “Si no le das lo que pide, pudiendo, malo; pero si se lo das, también malo”. En estos jóvenes ha habido muchas veces una “falta de la falta”. La ayuda excesiva convierte a los hijos en eternos lactantes.</p>
<p>Los padres, en este proceso, también tienen su papel. Si protegen demasiado y tienen demasiada presencia, para el joven será más difícil, o imposible, poder separarse. En algunos momentos deben llevar a cabo la difícil tarea de ayudar no ayudando. El joven para crecer debe poder separarse de las figuras protectoras de la infancia. Estas han sido un recurso inestimable frente a las dificultades personales, materiales. Este aspecto, nos dice Freud, es uno de los más dolorosos y difíciles de este momento.</p>
<p>Para asumir la propia vida es necesario un corte con las figuras que le han ayudado a crecer. El joven es como un esqueje que brota del tronco, para dar lugar a un nuevo árbol, es necesario un trasplante; sólo así podrá echar raíces propias. Si permanece junto al tronco parental su desarrollo será muy limitado.</p>
<p>En este trayecto hay un proceso de duelo. El joven sentirá dolor y responsabilidad frente a su existencia a la vez que satisfacción frente a los logros personales y la inscripción de su singularidad. Quizás la tarea principal de los padres sea propiciar este proceso. Es desde esta posición que los hijos podrán ser unos buenos compañeros de viaje.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/42/a-dol-escentes/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Los jóvenes: entre la adicción y la violencia</title>
		<link>http://divanelterrible.com/31/los-jovenes-entre-la-adiccion-y-la-violencia/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/31/los-jovenes-entre-la-adiccion-y-la-violencia/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Jun 2006 23:16:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudia Truzzoli</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/31/los-jovenes-entre-la-adiccion-y-la-violencia/</guid>
		<description><![CDATA[En las sociedades primitivas, el consumo de drogas formaba parte de una tradición cultural, un ritual cuyo objetivo era permitir al sujeto que las consumía acercarse a las divinidades. Con su consumo, el sujeto establecía un lazo simbólico con su comunidad que lo hacía más digno de reconocimiento, dado que el encuentro con la droga [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2006/06/pintada.jpg" alt="Imagen" id="image32" /></p>
<p>En las sociedades primitivas, el consumo de drogas formaba parte de una tradición cultural, un ritual cuyo objetivo era permitir al sujeto que las consumía acercarse a las divinidades.<span id="more-31"></span></p>
<p>Con su consumo, el sujeto establecía un lazo simbólico con su comunidad que lo hacía más digno de reconocimiento, dado que el encuentro con la droga era regulado por el chamán, personaje considerado santo, hechicero, alguien a quien se le atribuía un poder superior y quien debía particularizar la experiencia de la droga en función de cada sujeto, autorizándola o desautorizándola, dependiendo de la manera de ser de cada sujeto. El chamán actuaba como Nombre del Padre al regular quién podía pasar por esa experiencia y quien no y, de esta manera, no se producía la desorganización psíquica del sujeto.</p>
<p>Hacia los años sesenta, dentro del movimiento hippy la droga formaba parte de la búsqueda de nuevos ideales, como un símbolo más de la revolución cultural. Cuando se desarticuló el movimiento hippy las drogas continuaron ofreciendo, más allá del placer, la posibilidad de aliviar la angustia de existir, la posibilidad de evitar el sufrimiento, como ya señalaba Freud en El malestar en la cultura.</p>
<p>Hay una cultura de la droga que insiste. En los años setenta la heroína fue modelo cultural. En los ochenta, esa fascinación por la languidez de la heroína fue reemplazada por la hiperproducción cocainómana, que produce una hipomanía artificial. Ahora existe una fascinación por un tipo de heromaníaco que es el que se ve en las modelos de alto nivel, figura extremadamente delgadas y de aspecto enfermizo, mezcla de anorexia grave y heroína.</p>
<p>Este uso de la droga, si bien criticado, no deja de ser un signo que hace referencia a grupos sociales de nivel alto. Pero hay otro uso de la droga, de tipo marginal, donde el adicto a aquélla parece encarnar todo lo que la sociedad en la que vive es rechaza y convierte la droga en una exaltación del mal, en un medio para luchar contra el sistema, por ejemplo en la película Trainspotting, con lo cual no hace más que mostrar la cara negativa del mismo sistema, la que intenta combatir exigiéndose una conducta heroica que ya no pasa por enfrentarse al padre edípico, sino a lo peor.</p>
<p>La palabra declina a favor de la imagen, de una creciente alienación del deseo que favorece que los objetos de consumo aparezcan como prometedores de una satisfacción, de una felicidad que dejaría al sujeto pleno de sí mismo si logra acceder a tenerlos. El tener reemplaza la preocupación por el ser y esto hace muy difícil a los jóvenes encontrar un escenario válido, donde sentirse protagonistas dignos, pues bien en un mundo donde ya no cabe la espera, donde la tecnología desplaza demasiado pronto lo nuevo por lo ultranuevo.</p>
<p>Estos son ingredientes que pueden tentar a un joven a marcar su nombre con un acto violento que le dé de la forma más rápida una notoriedad que, además, lo convierta en héroe, como está sucediendo en algunas escuelas americanas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/31/los-jovenes-entre-la-adiccion-y-la-violencia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Identidad e identificación en la adolescencia</title>
		<link>http://divanelterrible.com/30/identidad-e-identificacion-en-la-adolescencia/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/30/identidad-e-identificacion-en-la-adolescencia/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Jun 2006 23:02:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Lasa</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/30/identidad-e-identificacion-en-la-adolescencia/</guid>
		<description><![CDATA[Ante grandes preguntas: “¿quién soy? ¿cómo soy? ¿soy como quién?”, repetidas dudas. Los otros. Los padres y el peso del destino familiar. “A quien me gustaría parecerme. A quien odiaría parecerme. Que no se me note que imito a nadie, sobre todo a mis padres y a otros “mayores” . Me dicen que se me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ante grandes preguntas: “¿quién soy? ¿cómo soy? ¿soy como quién?”, repetidas dudas.<span id="more-30"></span></p>
<p><strong>Los otros.</strong> Los padres y el peso del destino familiar. “A quien me gustaría parecerme. A quien odiaría parecerme. Que no se me note que imito a nadie, sobre todo a mis padres y a otros “mayores” . Me dicen que se me está poniendo la nariz de mi padre. Las caderas de mi madre. El orgullo de pertenecer a una estirpe y de recordarles a alguien que admiro. El horror de no poder evitar que mi cuerpo, sin que yo pueda evitarlo, se vaya asemejando al de algún otro que aborrezco”.</p>
<p>Los amigos “Quiero que me vean. Quiero que no me vean. Salgo a buscarles&#8230; pero que no lo sepan&#8230; me haré el encontradizo. A ver si siendo como ellos, exactamente como ellos, yo se como soy y puedo pasar desapercibido. Me basta con exhibir nuestro uniforme. Mismas etiquetas, mismas plumas, mismos colores, mismos ídolos. Cualquier flaqueza será para ellos una traición que no me perdonarán”.</p>
<p>Los enemigos. “Y que quede claro que nuestra tribu es absolutamente distinta de cualquier otra. Como pueden ser, ellos, tan pijos como para preocuparse por parecer lo que parecen”.</p>
<p><strong>El cuerpo.</strong> “Esto ya es definitivo. Es mejor de lo que esperaba. Es totalmente decepcionante. Mejor que todo lo que habían soñado. Peor de lo que nunca había imaginado. ¿Y ahora qué?”. “Que hacer con esta excitación. Como ocultar tanta exuberancia. Todos la ven. Mi cuerpo transparente me delata. Mis granos me avergüenzan, la vergüenza me hace enrojecer, y al enrojecer saben, porque lo ven, que me avergüenzo. Todo lo ven. Hasta lo más íntimo, una eyaculación, una regla, deja manchas. Visibles. Restos del pecado. Prueba del delito. Mi pequeña gran diferencia, la que siempre fue mía, íntima y oculta, exhibida al oprobio público. Todos me miran. No quiero que me miren, no quiero salir. Quiero que me miren, necesito salir. Me quedo en casa. Me marcho de casa”.</p>
<p>“Me gusta mi cuerpo. Lo enseño, lo adorno. Puedo tener mil pelos de mil colores. Tatuarme los emblemas mas bellos. Los más temibles. Los más tiernos”.</p>
<p>“No me gusta mi cuerpo. Lo odio, lo maltrato. Lo perforo, lo emborrono. Lo abandono, lo ensucio. Lo empapuzo, lo mato de hambre. Lo aborrezco, no me da más que disgustos. Quizás, seguro, que lo mataré. De verdad”.</p>
<p>“No va en serio. No os asustéis. Lo tengo todo controlado. Puedo volar sobre la nieve, deslizarme sobre el agua, esquivar el aire, descolgarme por puentes y barrancos, derrapar por la pared más escarpada, esquiar a tumba abierta sobre el asfalto. No hay ningún riesgo. Somos jóvenes y sabemos domesticar nuestros cuerpos. Aún son flexibles. Los viejos no podéis hacerlo. Si a vosotros no os gusta, dejadnos vivir. No nos importa morir. Los jóvenes nunca mueren. Sólo esos locos imprudentes. Se lo buscan porque, ellos, no controlan”.</p>
<p>“No lo hacemos para que nos miren, no necesitamos ser admirados, no queremos competir ante nadie, no queremos perfeccionar nuestro cuerpo. No lo entendéis. Sólo es un reto con nosotros mismos. No hace falta que os preocupéis por nosotros. Podéis dormir tranquilos. Además, que otra cosa podríais hacer en la noche aparte de dormir. Vuestra vida está acabada, estáis muertos de aburrimiento. De lo que pasa de noche lo ignoráis todo. La noche es nuestra. Sólo nuestra”.</p>
<p><strong>Los afectos.</strong> “No puedo querer que me quieran. No puedo desear que me mimen. Ya no tengo edad para eso. Depender de eso, depender de alguien. Quita ya. Que me toque mi padre, que me bese mi madre. Que espanto. Pedir nada a nadie, para que luego te peguen un corte”.</p>
<p>Lo que hace falta es marcha. Sensaciones fuertes. La bofetada del viento, la lija del trago, el martillo del decibelio en el oído. Ponerte alegrillo. Cuando tú quieras, donde tú quieras, como tú quieras. Tristeza y soledad, “missing”. Que es tío. Aquí la gente está para otra cosa. Sabemos divertirnos. Fuera el muermo. Todos para uno. Uno para todos. Para lo serio ya tendremos tiempo.</p>
<p>Ser uno. Depender del otro. Paradoja permanente de la alteridad. También la adolescencia propicia a solemnes declaraciones de autonomía, dime de que presumes y te diré de que careces. El bienestar de uno depende del reconocimiento de otro. Nadie teme y desea tanto de la mirada del otro como el adolescente. Nadie como él está tan cerca de padecer un delirio de influencia. Nadie como él conoce mejor el “te necesito y precisamente porque te necesito, temo tu influencia”. Nadie como los padres del adolescente padece la continua oscilación entre el “no me comáis el coco” y el “pasáis totalmente de mi”.</p>
<p>Decía Goethe que solo los débiles temen la influencia de los demás. Como no recordarlo en estos tiempos en que algunas tribus de adolescentes de músculo trabajado y cráneo rapado incendian y destrozan a golpes de bate de béisbol a amenazantes personajes tales como vagabundos, ancianos e inmigrantes clandestinos.</p>
<p>¿Ir al psicoanalista? Las cosas que hay que oír. Trabajar con la mente. ¿Trabajar un adolescente? Te digo yo, mucho mejor no hablar con un psicoanalista. No vaya a ser que te enrolle. No te digo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/30/identidad-e-identificacion-en-la-adolescencia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Quiero otra oportunidad?</title>
		<link>http://divanelterrible.com/29/quiero-otra-oportunidad/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/29/quiero-otra-oportunidad/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Jun 2006 19:33:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>J. M. Laiglesia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/29/%c2%bfquiero-otra-oportunidad/</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;Pues señor: érase una vez un hombre maduro y una mujer madura que se sintieron inflamados por una gran pasión otoñal&#8230;&#8221; Naturalmente, se trata de un cuento. Ella será SIEMPRE joven, y de ahí que la mujer se muestre tan irritada como envidiosa ante la capacidad masculina de conservar su sexualidad hasta edades avanzadas. Esta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;Pues señor: érase una vez un hombre maduro y una mujer madura que se sintieron inflamados por una gran pasión otoñal&#8230;&#8221;<span id="more-29"></span></p>
<p>Naturalmente, se trata de un cuento. Ella será SIEMPRE joven, y de ahí que la mujer se muestre tan irritada como envidiosa ante la capacidad masculina de conservar su sexualidad hasta edades avanzadas.</p>
<p>Esta aparente ventaja es causa, en muchas ocasiones, del amor otoñal o &#8220;berrea&#8221; del macho, grave dolencia que se presenta entre los cincuenta y los setenta. El origen de la misma es conocido: a partir de cierta edad, al hombre casado no le presta atención ni su mujer, ni sus hijos, ni su perro.</p>
<p>¿Ya nadie le ama&#8230;? ¿Ya nadie le necesita&#8230;?</p>
<p>Al verles con el cartel de &#8220;Quiero otra Oportunidad&#8221;, como hacían los torerillos, es cuando SIEMPRE aparece otra mujer &#8211; SIEMPRE joven &#8211; cuyo reloj biológico la avisa con urgencia que basta de tonterías y que ya es hora de pescar en las aguas revueltas del hombre maduro.</p>
<p>Parece un milagro. De nuevo, alguien simula escucharte, alguien parece admirarte, alguien finge ignorar tu prominente barriga&#8230; Alguien hace como que se preocupa por tu salud, por tu tensión, ¡hasta por tus corbatas!</p>
<p>Las víctimas de esta crisis existencial lo abandonan todo, incluido el sentido común, para iniciar una nueva vida. Al principio, ella escucha admirada tu teoría sobre la relación existente entre la física cuántica y el cambio climático. Pero pronto te pedirá que bajes a tierra y te adaptes a su vida: deberás salir a cenar todas las noches y tomar copas hasta la madrugada, te exigirá ir al cine, ir a bailar&#8230; y, lo que es peor, ¡te exigirá un bebé!</p>
<p>En momentos de insomnio, imagino a ciertos amigos &#8220;viviendo&#8221; bajo tan duras condiciones: al pobre Antonio, cambiando los pañales de su nuevo niño-nieto; al pobre Paco, vestido con una chupa de cuero, dormido en los lavabos de una disco; al pobre Miguel; de Karaoke en Karaoke&#8230;</p>
<p>Ay, amor otoñal, barnizado de romanticismo, decorado con las galas de una segunda oportunidad, de una segunda juventud&#8230; qué inmensa melancolía dejas tras de ti cuando, por fortuna, fracasas estrepitosamente.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/29/quiero-otra-oportunidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El niño que sabía demasiado</title>
		<link>http://divanelterrible.com/26/el-nino-que-sabia-demasiado/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/26/el-nino-que-sabia-demasiado/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Jun 2006 18:09:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Máximo Teszkiewicz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/26/el-nino-que-sabia-demasiado/</guid>
		<description><![CDATA[Buscó un cigarro en el bolsillo; se complacía en los gestos que transportaban, depositaban el tabaco en sus labios, lo encendían, le arrancaban el humo que luego él sembraba en el aire. ¿Qué era, después de todo, esta cosa, madurar? Descubrir que los padres nunca llegaron a hacerlo, ¡Eureka!, como si alguna vez hubiera podido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2006/06/lego.jpg" alt="Imagen" id="image27" /></p>
<p>Buscó un cigarro en el bolsillo; se complacía en los gestos que transportaban, depositaban el tabaco en sus labios, lo encendían, le arrancaban el humo que luego él sembraba en el aire.</p>
<p>¿Qué era, después de todo, esta cosa, madurar?<span id="more-26"></span></p>
<p>Descubrir que los padres nunca llegaron a hacerlo, ¡Eureka!, como si alguna vez hubiera podido tomar en serio a los suyos. Madurar es también abandonar las desgarradas ambiciones del adolescente, pero, ¿acaso había creído él, realmente, en las suyas alguna vez? Las había padecido como un incordio hormonal, al mismo tiempo que las eyaculaciones nocturnas. Enfrentarse a las propias limitaciones, asumir que el mundo no gira a nuestro alrededor&#8230; como si alguna vez el mundo le hubiera dado la oportunidad de engañarse así, de creerse esa solemne, esa maravillosa tontería.</p>
<p>Madurar es asumir responsabilidades y, en fin, si no le quedaba más remedio, no era tan difícil verse a sí mismo cargando con una hipoteca, rindiéndose ante el impulso procreador de alguna mujer. Se casaría por la iglesia; puesto a ceder, no tenía ningún sentido ponerse quisquilloso con las naderías. Cuando él y sus amigos –contaban en aquel entonces con quince primaveras– habían brindado con calimotxo en promesa solemne de no hacer jamás nada semejante, sabían ya que iban todos de farol, se les notaba en los ojos.</p>
<p>Por eso no dejarían nunca de comportarse como críos, porque de veras les sería difícil tomarse en serio el espejo que reproduce un rostro afeitado, un traje y una corbata. Sabían demasiado, y si bien lo que sabían no los ayudaría en nada a enfrentarse con lo que les esperaba, eso era algo que también ya se sabía. ¿Le restaba esto alguna oportunidad de ser feliz? Más bien al contrario, lo consolaba con la cínica satisfacción de verse a sí mismo tan igual a todo y a todos. Hacer parodia de ciertas cosas no requiere exagerar, basta con reproducir, y él se veía como el esperpento atemperado de sus padres, de sus profesores y del mundo. Descubrir gestos gastados en los suyos le hacía sonreír torcido.</p>
<p>De no haberle parecido exasperado, y por lo tanto ridículo, se habría dicho a sí mismo que vivir es en general un gran insulto, una blasfemia bien gorda, una grosería. Apagó el cigarrillo. El tabaco iba matarlo. No necesitaba leer el mensaje de la cajetilla, que profería esta amenaza. De sobra, desde siempre, desde mucho antes de la primerísima calada, ya lo sabía.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/26/el-nino-que-sabia-demasiado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Anoche cuando era joven</title>
		<link>http://divanelterrible.com/25/anoche-cuando-era-joven/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/25/anoche-cuando-era-joven/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Jun 2006 17:48:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laurent Grousset</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/25/anoche-cuando-era-joven/</guid>
		<description><![CDATA[Ayer por la noche, cuando era joven… Ayer por la noche, al acostarme tenía veinte años… ¿Querrán hacerme creer que esta mañana, al despertar, ya no los tengo? “Buenos días señoritas, ¿habrán visto mis veinte años? Creo que los he perdido… No señoritas, no sus veinte años, los míos. Los que tienen Uds. Y que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por la noche, cuando era joven…<br />
Ayer por la noche, al acostarme tenía veinte años…<br />
¿Querrán hacerme creer que esta mañana, al despertar, ya no los tengo?<span id="more-25"></span><br />
“Buenos días señoritas, ¿habrán visto mis veinte años? Creo que los he perdido… No señoritas, no sus veinte años, los míos. Los que tienen Uds. Y que yo ya no tengo, simplemente porque no hay suficientes veinte años para todo el mundo.”<br />
“¿No contestan, señoritas?… No me ven, señoritas, y sin embargo estoy aquí, delante de Uds.”<br />
¿Me habré vuelto transparente? ¿O quizás definitivamente invisible? No entiendo. ¿Habré cambiado?<br />
¿Habrá cambiado mi espíritu? ¿Cambió mi cuerpo?<br />
¡Pues no, no cambió nada! Soy idéntico al que era hace muchos años… Quizás algo mejor incluso…<br />
Más joven, más guapo, en mejor forma, más cultivado…<br />
Más… hmm… ¡no importa! Lo importante es creérselo, o al menos hacer ver que uno se lo cree. El único inconveniente es que parece que a todo el mundo le da igual&#8230; salvo a mí.<br />
Dos soluciones: Lo acepto… o no lo acepto.<br />
Empecemos por la primera, la más obvia, pero también la más cruel a corto plazo: Acepto, y me dejo ir.<br />
Me dejo ir a aceptar la lenta degradación de un amigo que me fue caro durante tantos años, un amigo que me ha soportado, llevado, sostenido, a veces irritado, de un amigo inseparable, a vida y a muerte… Ese cuerpo que he querido y a veces detestado, pero que siempre me acompañó, para lo mejor y para lo peor.<br />
Bueno, leo en su mirada que mi cuerpo ha cambiado algo. Evidentemente, el cuerpo es como una casa, que evoluciona y donde poco a poco se condenan las habitaciones por no poder calentarlas todas.<br />
Por lo tanto, me dejo ir porque envejecer es, por lo que dicen, normal.<br />
¿Normal para quién? ¿Para los viejos? ¡Qué fea es esa palabra!<br />
“Viejo”. ¿Qué significa? Quiere decir oxidado, usado, amortizado, a guardar en un armario antes de que se marchite. Se dice: “Un mueble antiguo”, y suena bastante mejor que “un mueble viejo”. Impone más respeto. Yo, por lo tanto, seré “antiguo”, nunca “viejo”. Y no recomiendo a nadie queme llame “mueble”. ¿Por qué habría que respetar más a un mueble que a un hombre?<br />
¡Pues NO! Bien pensado, no quiero ser normal, no quiero ser viejo, ¡no acepto!<br />
Pero…, ¿Puedo elegir no aceptar lo inaceptable? No, pero quizás atrasarlo. Hacerlo más agradable, más llevadero. Hacer que lo inaceptable se vuelva aceptable, y encontrar otra manera de ser joven. ¿En que consiste? ¿La conoce Ud.? Si no, habrá que inventarla. Nuestro nuevo cuerpo nos reserva todavía sorpresas, habrá que saber descubrirlas, pero, como decía Picasso: “Hace falta mucho tiempo para llegar a ser joven”. ¿Tenemos ese tiempo? Yo todavía tengo una salida: ¡Ligar con una anticuaria, o quizás una arqueóloga!<br />
Mañana, quizás seré joven; o al menos ya no seré viejo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/25/anoche-cuando-era-joven/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

