Escritura y sueño
Publicado en Seguimos soñando
Mucha gente cree que escribir consiste en colocar una palabra detrás de otra. Desde esa concepción, las voces permanecerían en la caja de herramientas hasta ser seleccionadas por el escritor con el gesto de cálculo con que el aficionado al bricolaje separa un tornillo de otro. En parte, es eso, con la diferencia de que las palabras están vivas, de manera que tienden a colocarse por su cuenta, junto a la compañía que les parece más cómoda. Si uno va, por ejemplo, al cajón de los sustantivos y coge el término noche, inmediatamente aparecerá a su lado el adjetivo oscura. Hay, pues, que tener las tijeras a mano para cortar lo inútil. En el caso que nos ocupa, la oscuridad la pone el lector. Escribir no sólo consiste en decir lo que uno quiere, sino en evitar que el lenguaje diga lo que le da la gana. Del mismo modo, creo yo, el sueño procede de la tensión entre lo que uno es capaz de decirse y lo que necesita oír. Complicado equilibrio. Seguir leyendo »



“Iván el terrible” (Eisenstein 1944-48)