
“No hay cosa más amarga que la aurora de un día en el que nada ocurrirá”
En un día como otros, un anuncio inesperado interrumpió bruscamente la cotidianeidad de un trabajador: fue declarado prescindible. “Nada personal…, reorganizaciones…”, dice algún intermediario, portavoz de una decisión inamovible cuyas razones serán mil veces indagadas, poniendo en circulación una culpa que se resistirá a abandonarle. Atenazado por la incertidumbre y expoliado por un futuro sombrío, buscará respuestas, repasará sus palabras y actos, buscando alguna pista que dé sentido a ese mazazo contundente y catastrófico. Alguien, una voluntad omnipotente, decidió sobre él, dejándole de un plumazo sin el lugar donde había encontrado una pertenencia que lo enlazaba a otros y construido una particular forma de hacer que le hizo objeto de reconocimiento social. (más…)




