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	<title>Diván el Terrible &#187; Hablemos de la depresión</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Despedidas y encuentros</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 23:33:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Conde Díaz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablemos de la depresión]]></category>

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		<description><![CDATA[No es lo mismo despedida que pérdida, una separación que conlleve la ilusión de volver a verse que un adiós definitivo, aunque el mecanismo psíquico que nos permite enfrentar ambas sea el mismo: el duelo. No es lo mismo un encuentro que un hallazgo, el primero realización de lo esperado y lo segundo una sorpresa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-460" title="encuentros" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2011/12/encuentros.jpg" alt="" width="450" height="150" /></p>
<p>No es lo mismo despedida que pérdida, una separación que conlleve la ilusión de volver a verse que un adiós definitivo, aunque el mecanismo psíquico que nos permite enfrentar ambas sea el mismo: el duelo.<span id="more-459"></span></p>
<p>No es lo mismo un encuentro que un hallazgo, el primero realización de lo esperado y lo segundo una sorpresa afortunada, en ambos nos enriquece el contacto con el otro.</p>
<p>Se puede objetar que hay una gran diferencia entre una pérdida real e irreversible del objeto de amor y una separación temporal y, sin embargo, el lenguaje corriente se sirve, en ambos casos, de la misma palabra: adiós, a la que hay que añadir alguna precisión: adiós, hasta la vista… adiós, hasta siempre…adiós para siempre.</p>
<p>Con los encuentros y hallazgos pasa lo mismo, hola que tal, sirve para significar ambas situaciones, aunque el hallazgo remarca la sorpresa y por tanto un agradable desconcierto en oposición a la íntima alegria emocionada del encuentro deseado y esperado.</p>
<p>Las despedidas y encuentros nos ponen en relación con nuestra dependencia de los otros, son los semejantes los objetos mas estimulantes que habitan el mundo, el mundo es parte de nosotros y nosotros formamos parte del mundo en una concepción ecológica  de la psique. Yo soy yo y mi circunstancia que dijo el filósofo.</p>
<p>Cuando se ha depositado sobre un objeto del mundo externo el interés, el afán, el amor… no resulta fácil desprenderse de él. Aunque la condición de la vida es la pérdida, como señala Freud en Duelo y Melancolía la libido ligada a un  objeto tiende a permanecer unida a él sin atender a razones. Hace falta un largo proceso, con dolorosas y sucesivas pruebas de realidad, para que la economía psíquica se reorganice en relación al objeto y que esa nueva situación permita al sujeto libidinizar otros objetos, abrirse a los encuentros y a los hallazgos. La vida además de pérdidas tiene hallazgos que nos transforman introduciendo en nosotros partes ajenas que pasaran a conformarnos, nueva versión del dicho de que somos lo que comemos.</p>
<p>La vida es cambio perpetuo, permanente discurso interminable en que nos perdemos y nos hallamos, aunque la ilusión sea permanecer inertes. Los conocimientos de neurobiología demuestran que en el hecho de recordar se altera el recuerdo que ya no volverá a ser el mismo, lo que por otro lado nos permite ser optimistas con la utilidad del tratamiento analitico, con la posibilidad de resignificar el trauma, de elaborar el conflicto, de modificar las investiduras libidinales de nuestros objetos del mundo interno y externo, jugando con las pérdidas y los hallazgos.</p>
<p>Un adiós conlleva la esperanza del retorno, la ilusión de que la pérdida no es tal, de que puede haber otro momento de restitución en el que aquello que éramos, y ya no somos, vuelva, reencuentro con el objeto que nunca terminó de ser el que anhelábamos.</p>
<p>Por ejemplo, terminó la revista y empezó el blog el mismo nombre transita una despedida y un encuentro: Diván el Terrible, irónico, sugerente, juego de palabras apto para  la sonrisa, la diversidad y el rigor teórico, y marco posible de nuevas modalidades de encuentro entre psicoanálisis y cultura.</p>
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		<title>Algunos pildorazos sobre la depresión</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Mar 2010 23:39:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Unceta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablemos de la depresión]]></category>

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		<description><![CDATA[“Entre cuatro y seis millones de españoles sufren depresión, aunque dos tercios de ellos no llegan a ser diagnosticados”, según Miguel Gutiérrez, jefe del Servicio de Psiquiatría del hospital de Cruces, en Barakaldo. (&#8230;) “Para diagnosticar correctamente esta dolencia, las sociedades españolas de Psiquiatría y de Psiquiatría Biológica, en colaboración con los laboratorios, han iniciado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2010/03/pills.jpg" alt="Imagen" /></p>
<blockquote><p>“Entre cuatro y seis millones de españoles sufren depresión, aunque dos tercios de ellos no llegan a ser diagnosticados”, según Miguel Gutiérrez, jefe del Servicio de Psiquiatría del hospital de Cruces, en Barakaldo. (&#8230;) “Para diagnosticar correctamente esta dolencia, las sociedades españolas de Psiquiatría y de Psiquiatría Biológica, en colaboración con los laboratorios, han iniciado una campaña dirigida a médicos de primaria y psiquiatras. Asimismo, en los medios de comunicación se insertará un autotest para que los ciudadanos puedan detectar si sufren la dolencia.”<span id="more-274"></span></p></blockquote>
<p>Como seguramente te encontrarás, querido lector, entre los aproximadamente 3,5 millones de españoles que, pese a padecerla,  aún no han sido diagnosticados de depresión, compra todos los periódicos y revistas, busca el anunciado autotest, rellénalo y autodiagnostícate correctamente la enfermedad. Para ahorrar tiempo elige antes de acudir al médico cuál es el medicamento que más te conviene y pide directamente la marca deseada. Recibirás en tu domicilio uno o más números para el sorteo de dos coches y diez viajes a las Seychelles para dos personas, obsequio de los laboratorios farmacéuticos.</p>
<p>Algunas pistas:</p>
<blockquote><p> “Nuevos estudios muestran que la anorexia remite con medicamentos antidepresivos. (&#8230;) Esto abre la vía al empleo de medicamentos, principalmente los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina, muy usados en el tratamiento de la depresión (Prozac, Seroxat, etc.)”</p></blockquote>
<blockquote><p>“El gasto en antidepresivos crece un 88 % en Cataluña en los últimos tres años.”</p></blockquote>
<blockquote><p>“El Prozac arrasa pese a tener siete genéricos. Los médicos no recetan los equivalentes del antidepresivo, por el que en 1998 la seguridad Social pagó 7.500 millones.”</p></blockquote>
<blockquote><p>“La venta de antidepresivos se triplica en diez años.”</p></blockquote>
<blockquote><p>“Sólo en 1998 se consumieron en España casi 60 millones de envases de tranquilizantes por un importe de 89.472 millones de pesetas. (&#8230;) Y sólo en Prozac la Seguridad Social pagó el año pasado 7.500 millones, a pesar deque ya hay otros siete genéricos de esta sustancia, la fluoxetina.”</p></blockquote>
<blockquote><p>Sólo en cinco píldoras para mejorar el estado de ánimo –dos antidepresivos y tres ansiolíticos o tranquilizantes (Prozac y Seroxat; Tranquimazín, Lexatin y Orfidal)–, los españoles consumimos en el último año la friolera de 687 millones de pastillas, por un importe de 22.175 millones de pesetas (de ellos más de 19 millones de envases fueron costeados por la Seguridad Social con 19.000 millones de pesetas), según cifras de Farmaindustria.”</p></blockquote>
<p>Estas noticias fueron recogidas en varias publicaciones (El País y El País Semanal, La Vanguardia y Época) a lo largo de 1999, pero mantienen su vigencia, y de ahí nuestro interés en publicarlas.</p>
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		<title>La hora de los gozos y las cobardías</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 18:17:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Álvarez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablemos de la depresión]]></category>

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		<description><![CDATA[Los aullidos descarnados de la locura, el delirio y la paranoia, el estruendo polifónico del automatismo mental y la esquizofrenia, incluso las palabras retadoras de la histeria, han terminado por silenciarse para dar paso al coro de musitaciones monótonas que componen los quejidos con los que tiene a gala presentarse hoy en día el deprimido: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2010/03/girasol.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Los aullidos descarnados de la locura, el delirio y la paranoia, el estruendo polifónico del automatismo mental y la esquizofrenia, incluso las palabras retadoras de la histeria, han terminado por silenciarse para dar paso al coro de musitaciones monótonas que componen los quejidos con los que tiene a gala presentarse hoy en día el deprimido: «No puedo trabajar porque estoy deprimido»; «Me he separado por la depresión»; y más lamentable aún: «Me deprimo porque soy depresivo».<span id="more-271"></span></p>
<p>Como en otros muchos ámbitos, también en el nuestro cabe preguntarse si esta depresión tan en boga es el resultado natural que adquiere el «Pathos» del hombre moderno al enfrentarse con los apremios que entraña nuestra exigente realidad, o más bien el terreno fecundo que ha sido abonado por el descubrimiento de las moléculas antidepresivas y por el discurso médico que se empeña en sitiar y conquistar cualquier disarmonía de la vida del alma. Sea como fuere, nosotros, los clínicos, no podemos cerrar los ojos ante tamaña transgresión ética mediante la cual se pretende convertir el tradicional douleur morale y la tristeza –ese afecto normal que nos acompaña como nuestra sombra por el hecho de ser humanos– en esa enfermedad omnipresente llamada «depresión». De proceder así con todos los afectos molestos, con todos los síntomas llamativos, con todas las incapacidades para ser una persona de provecho, terminaríamos por regresar a aquel período deplorable de la clínica mental en el que cada síntoma era elevado al rango de enfermedad.</p>
<p>Pero más relevante aún que este potencial dislate nosográfico es el hecho, perverso en sí mismo, de conceptuar de «enfermedad» eso que surge secundariamente como afectación en el estado de ánimo causado por una pérdida relativa del objeto, por una herida o una simple mácula narcisista a la que el sujeto se aferra para componer la melodía de su decrépito lamento e instalarse en los gozos de su incapacidad. Porque se quiera o no, se conozca o se ignore, la noción de «enfermedad» es indisoluble de la «irresponsabilidad» subjetiva.</p>
<p>Así, partiendo de esa tristeza calificada por Spinoza de «falta moral» y por Lacan en Televisión de lâcheté morale («cobardía moral») hemos llegado, guiados por los cantos de sirena de las ciencias biológicas, hasta la patología contemporánea por excelencia: la depresión, es decir, esa nueva modalidad de regodearse en la incapacidad, la irresponsabilidad y la cobardía basada en la renuncia al deseo en favor de esos gozos cuyosmodernos tratamientos no hacen más que consolidar y expandir.</p>
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		<title>La Depresión ¿enfermedad o remedio?</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Feb 2010 23:21:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablemos de la depresión]]></category>

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		<description><![CDATA[“Deprimidamente” anda la gente sin saber muy bien por qué. La depresión es una palabra dominante en nuestra cultura, contraseña que abre puertas en una sociedad que tiene miedo a llamar las cosas por su nombre. Está en boga y en boca de todos. Parece que quiere expresar un cierto malestar y a la vez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2010/02/manov.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>“Deprimidamente” anda la gente sin saber muy bien por qué. La depresión es una palabra dominante en nuestra cultura, contraseña que abre puertas en una sociedad que tiene miedo a llamar las cosas por su nombre. Está en boga y en boca de todos. Parece que quiere expresar un cierto malestar y a la vez disimularlo: estar deprimido es socialmente correcto pero estar triste o sentirse mal, no.<span id="more-267"></span></p>
<p>Esa depresión que está por todas partes no existe curiosamente como enfermedad psíquica para el Psicoanálisis. Existen ciertas personas que sufren síntomas depresivos con los cuales intentan, sin saberlo, decir algo de ellas mismas que desconocen. Ante esto podemos optar por una de estas dos actitudes: escuchar o diagnosticar. Escuchar el conflicto que encierran esos síntomas o banalizarlo con ese diagnóstico de DEPRESIÓN que, tan a menudo, funciona como una etiqueta universal que nos lleva a preguntarnos si no es eso, precisamente, el origen de tantos deprimidos.</p>
<p>Lo que se llama depresión toma varias formas. Existen estados de tristeza y de dolor por la caída de ciertos ideales, de nuestra propia imagen ideal o por la pérdida de nuestros puntos de referencia; también estados de tedio y apatía por la imposibilidad de rebelión en un mundo conformista. Distintas son esas experiencias de pérdida que atraviesa todo ser humano a lo largo de su vida (la muerte de un ser querido, un fracaso amoroso, el duelo por deber abandonar un país…) a las que a menudo no les damos tiempo para que se vaya elaborando un duelo y es entonces cuando pueden traducirse por estados depresivos o por conductas autodestructivas, por ejemplo, ciertos pequeños accidentes extraños y repetidos.</p>
<p>Otras veces la depresión se manifiesta por las inhibiciónes o por síntomas somáticos que irrumpen de manera paradójica e inexplicable justo antes de alcanzar un objetivo importante y muy anhelado.</p>
<p>No hay que confundir estos síntomas depresivos con la melancolía, ese estado rigurosamente diferenciado por Freud, que se caracteriza por una sensación de vaciamiento, de invasión de la nada, de sinsentido radical, de atracción por la nostalgia, con auto reproches sádicos y fustigamientos culposos que puede llegar hasta la postración e incluso a la idealización de la muerte.</p>
<p>La depresión también puede servir de coartada o como cajón de sastre donde entra todo y no dice nada, un remiendo que tapa la boca por dónde podría hablar el malestar. ¿Por qué preferimos arrastrar durante años “nuestra depresión”, en lugar de hacer frente al conflicto que la está causando?</p>
<p>Existe el peligro de mezclarlo todo y el tratamiento que la prensa le da, generalmente, lo facilita. Leemos que en unas cuantas sesiones se cura una depresión ¿Cuál es la base para afirmar esto? No olvidemos que además tras todas estas distintas manifestaciones depresivas existe una persona diferente, por lo que incluso síntomas parecidos expresan conflictos distintos.</p>
<p>El siglo XX empezó con La Histeria y termina con La Depresión. ¿Cómo se expresará en el ser humano el deseo y sus conflictos en este milenio?</p>
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