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	<title>Diván el Terrible &#187; Familialío</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>El secreto</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 00:10:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchas veces allí donde la memoria se propone cerrar los ojos los miembros de una familia se solidarizan con el silencio. Es verdad que “lo de hablar” relaja pero también es verdad que en ocasiones puede resultar inquietante. Si no que se lo pregunten a los llamados “eclesiásticos mundanos” del siglo XVIII que afirmaban sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/10/secretos.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Muchas veces allí donde la memoria se propone cerrar los ojos los miembros de una familia se solidarizan con el silencio. Es verdad que “lo de hablar” relaja pero también es verdad que en ocasiones puede resultar inquietante. Si no que se lo pregunten a los llamados “eclesiásticos mundanos” del siglo XVIII que afirmaban sin turbarse que había personas de las que se sabía que “se habían perdido por la lengua”.<span id="more-243"></span></p>
<p>Las familias son emisores de información a pesar de sí mismas. Los padres, los abuelos, los tíos, todos nosotros hemos ido haciendo acopio de la historia familiar que se acaba constituyendo en nuestro patrimonio psíquico y afectivo. Lo que nos han contado y lo que no, determina nuestro lugar en la estirpe, en ese linaje familiar que se ha ido tejiendo con lo dicho y lo no dicho. Pero tenemos inconsciente y aunque callemos, la historia ya fue escrita. Ni la prohibición de hablar más sofisticada podrá conseguir que lo que ha sido importante para una generación le sea arrebatado a la siguiente.</p>
<p>En casi todas las familias hay algo que se teme que se sepa o bien porque avergüenza o bien porque su solo recuerdo entristece o angustia. El secreto familiar está ahí como una silla vacía en la que nadie se sienta porque está ocupada por un inquilino frecuente e intangible pero al que todos ven con los ojos de las palabras y de lo inconsciente.</p>
<p>A veces se oculta el suicidio de una abuela, la existencia de un hijo muerto, el origen del nombre de un niño, un tío desaparecido y drogadicto, que el niño es adoptado, el incesto, una tía con SIDA, un ingreso psiquiátrico de un familiar muy próximo, matrimonios anteriores, el origen de uno de los hermanos nacido de un amor escondido de una madre…, lista interminable de un pasado que nos habita como impensado, pero que se aloja en el recuerdo.</p>
<p>Porque no debemos olvidar que aunque la memoria prefiera cerrar los ojos, el recuerdo nos gobierna. Es el recuerdo el que nos recuerda que hemos visto, que hemos estado, que hemos sentido y que ha dejado una huella de cada rincón por el que hemos transitado. Una fotografía invisible que se contrae en el núcleo de la maleta de un pasado en el que no se quiere hurgar.</p>
<p>La existencia de la cultura es la que muestra antes del descubrimiento del inconsciente freudiano el poder de las palabras. Las palabras a disposición de todos para el uso relativo y particular  que cada sujeto haga de ellas. Las palabras, las calladas, las secretas, las dichas, todas ellas son herramientas de transmisión.</p>
<p>En el psiquismo la estructura del inconsciente demuestra en su singularidad éste poder de las palabras que nos pre-existen y que poseen el poder de enfermar por permanecer reprimidas, y el poder de curar cuando el sujeto habita su lengua y la palabra fluye. Para el psicoanálisis el sujeto se sirve del lenguaje pero también el lenguaje se sirve del sujeto y transmite de una generación a otra a pesar del sujeto.</p>
<p>Independientemente de cuál sea su contenido, el secreto, como el eje de una noria, gestiona y tramita las relaciones de los miembros de la familia de modo ingobernable.</p>
<p>Revelar un secreto es un acto de valor que dignifica al que asume la responsabilidad de decir lo que el miedo a decir oculta en las familias. Mensaje cifrado que atrae como polo enigmático al psiquismo infantil que ante lo inescrutable transmutará en síntoma, buscando una salida a través de  la vida anímica e incluso comprometiendo al cuerpo si fuera menester.</p>
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		<title>Familia actual: puzzles de heterogeneidades</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 12:09:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alicia Monserrat</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[En los tiempos que corren la familia adquiere otra dimensión, y al tiempo que su protagonismo parece disminuir al diluirse en multitud de confrontaciones ante las nuevas demandas que se proyectan sobre ella, empiezan a aparecer nuevos “modelos” para dar respuesta a acontecimientos que perfilan nuevos horizontes indefinidos. Hoy, cuando hablamos de nuevas formas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/04/puzzle.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>En los tiempos que corren la familia adquiere otra dimensión, y al tiempo que su protagonismo parece disminuir al diluirse en multitud de confrontaciones ante las nuevas demandas que se proyectan sobre ella, empiezan a aparecer nuevos “modelos” para dar respuesta a acontecimientos que perfilan nuevos horizontes indefinidos.<span id="more-210"></span></p>
<p>Hoy, cuando hablamos de nuevas formas de familia, no podemos dejar de lado la incidencia que están teniendo determinados cambios socio-económicos, científicos y culturales en la dinámica familiar. También en todo lo relativo a la crianza de los hijos con las modificaciones legales consiguientes. Se ha pasado de una familia nuclear fusional tradicional a una familia pospatriarcal ligada a valores posmodernos, inmersos en la pretendida sociedad del bienestar y del consumo.</p>
<p>Anteriormente las normativas legales no contemplaban en su definición de familia a los que vivían solos y a las parejas no casadas pero se ha hecho necesario elaborar nuevos conceptos, como el de “formas de convivencia” o “formas de vida familiar”. Los vínculos familiares se organizan alrededor de un mayor compromiso emocional, la elección de pareja se ha convertido en una opción vital, y son la sexualidad y el amor, los recursos contemporáneos aptos para cimentar y dar sentido a las alianzas conyugales; y por eso hace su aparición la familia ensamblada, surgida del fenómeno en aumento de separaciones y divorcios, de nuevos matrimonios con hijos de anteriores y actuales parejas, de personas solas con hijos, etcétera. No olvidemos que en esta etapa se encuentran nuevas formas parentales de procreación, fertilización asistida, alquileres de vientres, etcétera, no sin consecuencias éticas en el plano social. También nos encontramos en los países centrales con la búsqueda de niños para adoptar en países considerados poco favorecidos. Estas organizaciones familiares hacen pensar también en la filiación desde estas nuevas perspectivas, y se impone la tarea de reconocer los elementos que van más allá de la forma tradicional de familia, vínculos de parentesco, filiación y consanguinidad.</p>
<p>Estos comportamientos permiten visualizar nuevas modalidades de entrecruzamientos en las relaciones que provocan metamorfosis en los vínculos, roles, y funciones de los sujetos que componen los grupos familiares. En consecuencia, surgen nuevos proyectos, con sus tareas incluidas, que producen cambios en el concepto de familia. Es necesario enfatizar, no obstante, que en esas modificaciones familiares lo que está en juego es lo más visceral de la subjetividad.</p>
<p>Estas cuestiones abren vías para plantearnos si es entonces la familia una asociación domestica en interés del niño, y cuál es el lugar de esta otra mujer o de este otro hombre, que  los hijos ven al lado de su madre o de su padre, o si él o ella tienen un rol educativo que no pretende competir con las funciones relacionadas con la parentalidad.</p>
<p>¿Deberíamos entonces, en vez de hablar del rol del padre y del rol de la madre y sus funciones, comenzar a denominarlo grupo parental y sus funciones en el interior del grupo familiar?</p>
<p>Al armar el puzzle de la heterogeneidad en estas organizaciones familiares aceptamos el desafío que los actuales adelantos y problemáticas plantean, así como también reconocemos la necesidad de nuevas formulaciones, entendiendo al ser humano, en el entrecruzamiento de su historia singular con la historia social, que lo trasciende y lo atraviesa.</p>
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		<title>La familia, ese gran lío</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jun 2008 23:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[  Llegamos al psicoanálisis con una idea bastante clara de los distintos personajes que componen nuestra familia, del lugar y del papel que juegan en nuestra vida así como del nuestro en relación a todos ellos, y de los conflictos y problemas que nos acarrean. Así iniciamos el camino del análisis desplegando nuestros recuerdos y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/06/albumfamilia.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Llegamos al psicoanálisis con una idea bastante clara de los distintos personajes que componen nuestra familia, del lugar y del papel que juegan en nuestra vida así como del nuestro en relación a todos ellos, y de los conflictos y problemas que nos acarrean. Así iniciamos el camino del análisis desplegando nuestros recuerdos y fantasías.<span id="more-165"></span></p>
<p>A los pocos meses empieza el lío. Resulta que lo que más o menos teníamos tan clarito como causa de nuestra larga historia de dichas y desdichas, se tuerce y empieza a hacer aguas por todas partes. Aparecen lagunas en nuestro relato, fechas o escenas que no cuadran entre lo se nos ha contado y nuestros recuerdos, silencios familiares de plomo ante ciertas preguntas&#8230; De esta manera va asomando la cabeza la versión no oficial de la familia: muertes ignoradas, infidelidades, desapariciones e incluso suicidios. ¡Mira por donde, la tía Encarnita, de misa diaria, imagen de veneración familiar, supuestamente desaparecida desde la guerra, resulta que se había fugado con un señor casado y era la vergüenza de la familia!&#8230;</p>
<p>Descubres −¡como si nunca lo hubieras escuchado antes!− que aquella hermanita tan mimada y graciosa, la “nenita” de papa, −mientras una había tenido que ser el “hombrecito”, porque es lo que se esperaba, ya se sabe, un padre siempre quiere tener un hijo varón&#8230;− resulta que era ella a la que llamaban con nombre de hombre. Pero, ¡cómo!, ¿no eras tú la destinada a ser el hombre, la que tenía que ser fuerte y valiente para responder al deseo de papá? Y los sacrificios que hiciste para eso. Entonces, ¿te lo habías figurado, por qué, para qué? Qué corte, cuando en un alarde de osadía haces la pregunta a tu madre de por qué no te dio el pecho al nacer, a lo que contesta qué de dónde sacaste semejante idea. ¡Claro que te había dado el pecho!.. O cuando en un lapsus descubres que bailar flamenco poco tenía que ver con el amor hacia ella sino con la rivalidad, y que la inhibición que sufrías últimamente al bailar encubría lo gozoso que resultaba para ti la fantasía de una relación de tu padre con una gitana, la imagen opuesta de tu madre, y que con tu baile la desafiabas a la vez que seducías a tu padre en tus fantasías Como puede observarse, ¡la familia es un lío!</p>
<p>Así a lo largo de un análisis el escenario donde uno ha ido inventando su persona con una mezcla de recuerdos y fantasías inconscientes se tambalea. Lo que explicaba toda una serie de problemas pero te aseguraba a la vez un lugar y una consistencia −si bien inconfortable, por eso te habías dirigido a un analista−, cae estrepitosamente. Pero, ¿de que va esto? Venías a aclararte y estás hecha un lío, entre desvalida y furiosa. Esto se repetirá una y otra vez, porque a lo largo de un análisis los personajes cambian, no son lo que creíste que fueron, no dijeron muchas de las cosas que pusiste en sus bocas, las escenas se multiplican y tu, descolocada una y otra vez, irás siendo en función de los distintos decorados con lo que has ido construyendo tu historia. Sí, el psicoanálisis es un camino de descoloques y de desprendimientos para encontrarse con aquello más “verdadero” que se escabulle y se esconde entre esos sucesivos decorados y que te anclará en la vida con un andamiaje más sólido y también más ligero, a medida que te vas desprendiendo del lastre que arrastraba tu propio y antiguo relato. Es una manera de rescribir tu historia en la que eres a la vez escribiente y lector.</p>
<p>Efectivamente, un lío ir al analista. Cuestión de gustos: ¿qué lío prefieres<br />
tú?</p>
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		<title>¿Cómo escapar de las trampas de la familia?</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Jun 2007 08:47:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Isabel Maestre Fernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[“K” tiene 15 años, y es traído por su madre a la consulta. La actitud del hijo la angustia: se hace expulsar de los colegios, se niega en rotundo a asistir a las clases. La convivencia se hace insoportable, es irresponsable, vago, exigente, agresivo. Mi madre es una pesada, dice “K”, me agobia. Mi padre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“K” tiene 15 años, y es traído por su madre a la consulta. La actitud del hijo la angustia: se hace expulsar de los colegios, se niega en rotundo a asistir a las clases. La convivencia se hace insoportable, es irresponsable, vago, exigente, agresivo.</p>
<p>Mi madre es una pesada, dice “K”, me agobia. Mi padre nunca ha hecho de padre, y ahora, es ya tarde&#8230; no voy a clase porque no me da la gana.<span id="more-75"></span></p>
<p>La madre aclara que los problemas con el chico están desde siempre, desde que nació, un pensamiento se le impuso: “Por ser varón, será más débil, me necesitará más”. En cambio de su hija piensa lo contrario, estudia en un internado y es autónoma.</p>
<p>Se ve la connivencia de la madre con la imagen del hijo como “incapaz”, ya que exigiéndole ocuparse de él, es como “K” está al servicio (inconscientemente) de la satisfacción del guión que su madre ha construido de él.</p>
<p>Pero también resuena una protesta, en él, una ambivalencia, un no estar del todo ahí, con esa queja al padre.</p>
<p>El padre no puede más, llega a la agresividad verbal, al insulto. Es entonces cuando solicita un tratamiento psicoanalítico: “no quiero ser violento, prefiero irme de casa, si no encuentro otra forma de estar”. Este proceso le permite salir de la impotencia, se pacifica, y ahora reclama un lugar a su mujer: “si la relación de pareja no funciona, me iré y comenzare de nuevo”.</p>
<p>“K” tiene ahora 17 años. Quiere ir a fiestas y volver tarde. El deseo del hijo angustia a la madre, que comenta: “No, es peligroso”.</p>
<p>Interviene el padre, “desde otro lugar”, que no es ya la impotencia: “No te preocupes, de tu madre me encargo yo, ve y diviértete”.</p>
<p>A partir de este tipo de frases paternas, el chico empieza a despegarse de su posición anterior, con la que la madre era tan tolerante.</p>
<p>Tiene iniciativas, una de ellas es buscar trabajo, lo encuentra y lo mantiene&#8230; no se hace expulsar. Es su elección.</p>
<p>Vemos, muy frecuentemente, a adolescentes, como en este caso, atrapados en una trama familiar en crisis, donde la función del padre falla, no ofrece vías de salida; es una deficiencia que se encuentra cada vez más en nuestra sociedad.</p>
<p>Sin embargo, es necesario un pasaje por la angustia para que el adolescente pueda construir algo propio de su subjetividad.</p>
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		<title>Juguemos a papás y a mamás</title>
		<link>http://divanelterrible.com/59/juguemos-a-papas-y-a-mamas/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2007 10:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Millieri</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[-Laura: Hagamos una familia. -Jorgito: Yo seré el papá. -Helena: No, quiero ser yo. -Laura: Estás loca, eso no es posible. -Helena: Si que es posible, que vi que lo decían en la tele. Yo pondré un huevo en tu barriga y tú tendrás un niño. A saber lo que entendió Helena de los vientres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>-Laura: Hagamos una familia.<br />
-Jorgito: Yo seré el papá.<br />
-Helena: No, quiero ser yo.<br />
-Laura: Estás loca, eso no es posible.<br />
-Helena: Si que es posible, que vi que lo decían en la tele. Yo pondré un huevo en tu barriga y tú tendrás un niño.</p></blockquote>
<p><span id="more-59"></span></p>
<p>A saber lo que entendió Helena de los vientres de alquiler y de los “huevos”.</p>
<blockquote><p>-Laura: pffffff, ¡qué asco!<br />
-Jorgito: ¿Y quién era la mamá?<br />
-Helena (pillada en falso): …Pues… ¡las dos!<br />
-Jorgito: ¡Vaya tontería!<br />
-Laura: Pues tú calla que vives con dos mamás.<br />
-Jorgito: Si, pero no es lo mismo. Yo tengo una mamá y una amiga de  mamá. No dos mamás. Yo seré el papá porque soy un chico.</p></blockquote>
<p>Punto de profunda reflexión por parte de Laura y Helena, que coligen que el argumento es evidente y contundente, y le otorgan la paternidad al bueno de Jorgito, que ha tenido que currársela.</p>
<blockquote><p>-Jorgito (ya investido de poderes patriarcales y decisorios): Laura será la mamá.</p></blockquote>
<p>Creer que una tal decisión dependía de él, no fue más que una ilusión. Enseguida se le discute la autoridad al respecto.</p>
<blockquote><p>-Helena: Yo también.<br />
-Laura: No puede ser, porque si Jorgito y yo nos casamos, los hijos serán nuestros y no tuyos; tú serás la hija.<br />
-Helena (a la que el papel de hija le parece una degradación y que está harta de ser hija de todo el mundo): Yo seré la “compañera” de Jorgito. Mi padre tiene un hijo con su compañera.<br />
-Laura: Entonces tú, ¿cuántos hermanos tienes?<br />
-Helena: Tres. Uno mayor que es el mío. Una niña de mi mamá y su compañero, pero que es sólo del compañero, y un niño de papá y su compañera.<br />
-Jorgito: ¿Y todos son hermanos tuyos?<br />
-Helena: Mi hermano mayor, si. El otro es hermano de padre y la niña, no.<br />
-Laura: ¡Qué raro!</p></blockquote>
<p>Aparece Abril en escena y pide integrarse al juego.</p>
<blockquote><p>-Jorgito (asustado ya ante la proliferación de féminas complejas): Tú no puedes jugar porque ya hay dos niñas.</p></blockquote>
<p>Laura que es muy amiga de Abril, quiere incluirla.</p>
<blockquote><p>-Laura: Bueno, puede hacer de hija. Haremos ver que la adoptamos porque es china. (crueldad infantil típica y tópica, donde las haya)<br />
-Abril: Yo no quiero jugar a ser adoptada.<br />
-Helena: Pero si tú eres adoptada de verdad. (para acabarlo de arreglar)<br />
-Abril: No es verdad, no soy adoptada.<br />
-Helena: ¿No? Entonces, ¿por qué tienes cara de china?<br />
-Abril: Porque mi madre es china. De la China. (aclaración que, si lo pensamos bien, es del todo pertinente)<br />
-Jorgito: ¡Ostras! Yo pensaba que era la canguro la que te venía a buscar.<br />
-Abril: Pues no, es mi mamá.</p></blockquote>
<p>Jorgito, superado por los acontecimientos, francamente desdibujado en el rol que quería asumir, por fin acierta en una decisión salomónica.</p>
<blockquote><p>-Jorgito: ¿Jugamos al Parchís?<br />
-Todas a coro (aliviadas): ¡Vale!</p></blockquote>
<p>Los adultos también nos interrogamos sobre qué es o debe ser una familia. Y los psicoanalistas en particular. Edipo, castración, elección de objeto, paternidad, ley… ¿cómo lo articulamos en las nuevas formas de estructura familiar?</p>
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		<title>Las huellas del pasado permanecen</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2007 09:32:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ángeles Palacio</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[“¡Mira! ¡Ese debe ser de la Casa de los Torres! ¡Camina igual que su abuela!” Así reconocían los viejos del lugar al nieto de la Sra. Torres, muerta cuando el nieto tenía seis años, ahora ya un joven de 25, y que no había vuelto a la aldea desde la muerte de su querida abuela. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/03/fotosfamilia.jpg" alt="Imagen" id="image57" /></p>
<p>“¡Mira! ¡Ese debe ser de la Casa de los Torres! ¡Camina igual que su abuela!” Así reconocían los viejos del lugar al nieto de la Sra. Torres, muerta cuando el nieto tenía seis años, ahora ya un joven de 25, y que no había vuelto a la aldea desde la muerte de su querida abuela.<span id="more-58"></span></p>
<p>Ese comentario me hizo pensar sobre lo que no se aprende, pero está inscrito en lo inconsciente, y que retorna en cada paso más allá de la voluntad y la conciencia.</p>
<p>El mapa de la geografía humana ha cambiado mucho en los pueblos y ciudades de nuestro país. No tenemos tiempo para sentarnos, mirar y reconocer quiénes somos, cuáles son nuestros orígenes y qué queremos hacer con ellos. Más bien avanzamos precipitadamente, queriéndonos alejar de nosotros mismos y nos alienamos a un modo de vida donde el tiempo/espacio parece cada vez más corto y en riesgo de ser arrebatado.</p>
<p>Cada día nuestras ciudades crecen, nuestros vecinos cambian, ahora tienen la piel más oscura, hablan en idiomas que no entendemos, nuestras familias adoptan formas escandalosas para nuestros abuelos y mayores, y nos escondemos más y más en nuestro chiringuito particular para evitar la invasión de lo desconocido, la diferencia, mientras de cara a la galería mantenemos una actitud de modernidad y autocontrol.</p>
<p>Ahora que tanto la madre como el padre trabajan afanosamente alejados de la casa familiar durante muchas horas al día, me pregunto qué efectos tendrá este alejamiento en las generaciones por venir, y que han sido acunadas, habladas en susurros, en idiomas, ritmos&#8230; por mujeres de otros lugares que, en muchas ocasiones, han dejado a sus hijos en sus países, sueñan con una futura reunificación familiar, y mientras esto ocurre proyectan en ese niño el amor ausente.</p>
<p>Es tal la importancia de lo acontecido en estos primeros momentos de la vida de un sujeto. Aquello que, aunque no recordado, queda inscrito en el inconsciente, que quizá vuelva a retornar en un enamoramiento en la adolescencia, más allá de su conciencia y del deseo de sus padres, como ese chico que llevaba en sus pasos la huella de un pasado que le concernía pero del que no era consciente.</p>
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		<title>Padres separados</title>
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		<pubDate>Tue, 06 Mar 2007 10:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José María Prado</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[Sábado por la mañana, periódico, café y un par de churros con los que iniciar el fin de semana que se avecina. En la mesa de al lado tres hombres, rondando los cuarenta, que conversaban con gesto adusto de algo que llamó mi atención y despertó mi curiosidad. Cual cotilla de libro, agucé mi oído [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sábado por la mañana, periódico, café y un par de churros con los que iniciar el fin de semana que se avecina. En la mesa de al lado tres hombres, rondando los cuarenta, que conversaban con gesto adusto de algo que llamó mi atención y despertó mi curiosidad. Cual cotilla de libro, agucé mi oído para no perder palabra, y tras escuchar una frase familiar, les pedí que me permitieran compartir la reunión.<span id="more-55"></span></p>
<p>Eran padres separados.</p>
<p>Los tres se esforzaban por dar con la frase adecuada, que trasmitida a sus “ex”, no hiciera destapar la caja de los truenos, y les permitieran, ese fin de semana, disfrutar de unas horas más, fuera del acuerdo, de sus hijos.</p>
<p>El plan era sencillo: zoo como primer objetivo, en el que caminando bajo el sol disfrutarían de sus risas mientras tiraban palomitas a los gansos. Hamburguesa en ese nuevo sitio del que le hablaron a Javier y donde regalan un muñeco al pedir el “minichus de pollo”, y después la última película de dibujos, antes de que les lleve su madre y pierdan la ilusión por verla&#8230;</p>
<p>Toda una carrera por estar en un primer puesto en el corazón del niño, e intentar paliar en un fin de semana lo que va faltando en nosotros al no poder vivir el día a día de esa vida que se desarrolla sin nuestra presencia.</p>
<p>Y ¿qué dirá? Sería bueno que dijera sí, así juntos, los chavales lo pasarán mejor y nosotros podremos hablar de nuestras cosas&#8230;</p>
<p>Tan poco tiempo al lado de ellos nos hace perder la capacidad para comunicarnos, olvidamos que su vida es tan sencilla, a nuestro lado, como sencillamente vivirla y , tal vez, eso nos despierte el miedo al fracaso en la forma de expresarles nuestro cariño. No hay nada de lo que ellas puedan darles que no esté en la misma proporción en nuestra esencia. Amamos, sentimos y soñamos como la mejor de las madres abnegadas. Abrir el corazón, y olvidaros de rellenar su tiempo, ese tiempo que, a veces, os aterra. Disfrutar de cada mueca del muñeco que es hoy; mañana, su corazón, estará relleno de todas las buenas vibraciones que hallamos sido capaces de trasmitirles.</p>
<p>Contemplé su mirada atónita, que reflejaba la incredulidad que debía suponer encontrarse un colega, sufridor, que padecía las mismas inquietudes del día a día amoroso hacia los hijos que no pueden disfrutarse.</p>
<p>No había más tiempo, los móviles tenían que tomar protagonismo e intentar llegar a un acuerdo con las madres y darle forma al día que se venia encima sin, aún, solución aparente.</p>
<p>Recogí mi periódico y tras la despedida (“hemos de vernos, quizá fuera bueno tener alguna de estas conversaciones más&#8230; otro día&#8230;”) volvieron a enfrascarse en su charla del principio. Busqué las llaves del coche y me encaminé a recoger a mi hijo. Este fin de semana también era mío. Como cada día, estaba loco por verle, pasear por el parque hablando de “su semana”, abrazarle con fuerza y esperar que, como cuando era pequeño, se confunda, y al llamarme se le escape&#8230; MAMÁ.</p>
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		<title>No quiero tener un hijo</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Dec 2006 23:14:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Luján Ramos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[Pasaba el tiempo y Almudena y Carlos no tenían hijos. No era fácil conversar con ellos sobre el tema sin obtener respuestas evasivas. Contestar a la pregunta por qué queremos, o no, un hijo no es fácil. Nos encontraremos dando una serie de razones o motivos generalmente conscientes, como la necesidad de trascender en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image49" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2006/12/nobebe.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Pasaba el tiempo y Almudena y Carlos no tenían hijos. No era fácil conversar con ellos sobre el tema sin obtener respuestas evasivas.<span id="more-46"></span></p>
<p>Contestar a la pregunta por qué queremos, o no, un hijo no es fácil. Nos encontraremos dando una serie de razones o motivos generalmente conscientes, como la necesidad de trascender en la vida, como fruto de nuestro amor con alguien, en el primer caso. En la segunda situación, algunas parejas lo pueden verbalizar con claridad, y dicen “por ahora no lo pensamos, no deseamos tener hijos, quizás pueda ser más adelante”.</p>
<p>En el anhelo o no de un hijo concurren una serie de fenómenos inconscientes de gran complejidad, y de los cuales generalmente no sabemos, somos ignorantes de ello.</p>
<p>Muchas parejas, después de un cierto tiempo de establecidas, pueden sentirse presionadas por la familia, por lo general por los padres, por no tener hijos, y es común que comiencen las preguntas: ¿tendrán problemas?, ¿podrán tenerlos?</p>
<p>El razonamiento, puede reconocer el deseo, pero también negarlo o disfrazarlo. Existen conflictos de intereses, por ejemplo entre buscar un hijo y hacerse un lugar en el trabajo o en la profesión, conseguir un trabajo más cualificado, o mejorar la situación económica.</p>
<p>Escuchamos a mujeres que se avergüenzan por desear tener hijos, lo que las llevaría a renunciar a puestos importantes o de prestigio, horizonte planteado por un ideal exigente de igualarse con el hombre. Si bien desde el punto de vista del derecho, del orden social se lucha por la igualdad, desde el punto de vista psíquico las diferencias sexuales existen no tanto por la anatomía como por las vías de placer y goce, que discurren en la mujer por caminos diferentes.</p>
<p>Otras veces se trata de querer vivir en pareja un tiempo más, sin tener que abordar los cambios en el estilo de vida que implica la llegada de un niño, las obligaciones y las responsabilidades que supone, y, así, se posterga el deseo de maternidad y paternidad.</p>
<p>Los temores, como el miedo al embarazo ó al parto, juegan un papel importante a la hora de no querer tener un hijo. Algunas mujeres prefieren pensar en adoptar antes de pasar por estas situaciones. Otras veces es el hombre el que no quiere. Muchas parejas terminan separándose por esto.</p>
<p>Vivimos en una sociedad compleja, donde el éxito y el “lo quiero y lo tengo” son valores. Tener un hijo, un embarazo, un parto son experiencias que no dependen de la voluntad, sino de fantasías y deseos inconscientes, difíciles de controlar, y que conllevan riesgos. Los miedos a asumir la maternidad y paternidad suelen estar presentes de diferentes formas. Ser padre o madre no es lo mismo que tener el hijo; se puede desear tener un hijo y luego no querer asumir su crianza. Así muchos niños son dados en adopción o se dejan a cargo de familiares.</p>
<p>Podemos decir que los factores inconscientes que ignoramos tienen que ver con las relaciones vividas en la infancia, generalmente con la madre o el padre.</p>
<p>El anhelo de un hijo con respecto a sus propios padres, la manera en que éstos tuvieron los suyos, los avatares de su fecundidad, los abortos de la madre, los niños muertos en la familia son cuestiones de la feminidad y afectan al hecho de convertirse en madre. Se transmiten de generación en generación y afectan a toda mujer a lo largo de su vida, casi siempre sin saber acerca de ello.</p>
<p>En ciertas mujeres existe un fantasma: el de ser objeto de una prohibición de engendrar, prohibición que provendría de oscuros anhelos de su propia madre de verla privada de hijos.</p>
<p>Ante la pregunta de por qué no tuvo hijos, una mujer dice: “nunca me sentí capacitada, siempre pensé que con los problemas psicológicos que tengo, no podía tener hijos para trasmitirles semejantes angustias, la cantidad de cosas que no me aclaro&#8230; no quiero hacer lo que me hicieron a mí”.</p>
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