El psicótico puede encontrar en la escritura un dominio afortunado para su esfuerzo constructivo. Considerada como obra, en la medida que lo escrito se literaturiza y adquiere un valor creativo, la escritura juega el mismo papel que cualquier otro intento de reparación, reelaboración, reconstrucción o reencuentro. Funciones que parecen latir siempre bajo toda actividad de creación. En esta órbita del hacer, la escritura es arte, aunque sea arte delirante. Mientras escribe, el psicótico recrea algo nuevo, sustituyendo con su letra lo que antes había y no quiere que siga, instalando melancólicamente su texto allí donde el vacío reinaba con su nada, o revistiendo de signos ese continente mudo, amenazador y palpitante que normalmente la realidad custodia y oculta pero que la psicosis ha desnudado. Seguir leyendo »