<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Diván el Terrible &#187; Ansiedad</title>
	<atom:link href="http://divanelterrible.com/tema/ansiedad/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://divanelterrible.com</link>
	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
	<lastBuildDate>Mon, 14 May 2012 23:49:45 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.2</generator>
		<item>
		<title>Despersonalización</title>
		<link>http://divanelterrible.com/360/despersonalizacion/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/360/despersonalizacion/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2011 23:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Arias</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/?p=360</guid>
		<description><![CDATA[Me despierto. Antes de abrir los ojos, cuando logro recobrar la consciencia de mí misma y disipar los recuerdos de mis sueños, vuelvo a confiar en que este es el día en el que volveré a sentirme normal. Abro los ojos, me levanto y voy al baño. Todo sigue igual. Miro mis piernas, mis manos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-362" title="Imagen" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2011/02/despersonalizar.jpg" alt="" width="450" height="150" /></p>
<p>Me despierto. Antes de abrir los ojos, cuando logro recobrar la consciencia de mí misma y disipar los recuerdos de mis sueños, vuelvo a confiar en que este es el día en el que volveré a sentirme normal.<span id="more-360"></span></p>
<p>Abro los ojos, me levanto y voy al baño. Todo sigue igual. Miro mis piernas, mis manos, mis brazos, y vuelve a invadirme esa extraña sensación de que mi cuerpo no es mi cuerpo. Me ducho rápidamente. Este es uno de los peores momentos del día, cuando recorro mi cuerpo con la esponja y la sensación de irrealidad vuelve con la fuerza de un puñetazo que soy incapaz de esquivar. Intento racionalizar todo esto. Sé que es mi cuerpo, lo miro, lo reconozco; son mis piernas, mis manos, mis brazos; pero no los siento míos, como si de alguna extraña manera me hubieran introducido en un cuerpo físicamente igual que el mío, pero que no es mío.</p>
<p>Me visto rápidamente. Salgo a la calle y cojo el bus. Intento pensar en algo que me distraiga. Miro a mi alrededor y me pregunto si alguien estará sintiendo lo mismo que yo. Recuerdo el momento en el que empezó todo esto. Estaba, igual que ahora, en el autobús agarrada a una barra. De pronto, sentí como si por primera vez fuera consciente de mi propio cuerpo, como si siempre hubiera dado por hecho su existencia pero nunca hubiera pensado detenidamente en el. Y desde ese momento, esos pensamientos me acompañan, ligados a una angustia que a veces no puedo controlar.</p>
<p>Me encuentro con un amigo. Eso me distrae momentáneamente. Hablamos sobre banalidades y me doy cuenta de que incluso mi propio acto de hablar me parece extraño. Analizo mentalmente las palabras que surgen de mi boca, el tono de voz, la forma&#8230; empiezo a ponerme nerviosa y lo intento detener.</p>
<p>Paso así la mayor parte del día, intentando evitar analizar continuamente cualquier acto de mi cuerpo; por qué respiro, por qué ando, por qué hablo&#8230; A veces intento leer, pero inevitablemente veo mis manos agarrando el libro, unas manos que no siento mías, como si fueran de otra persona.</p>
<p>Entonces las froto una contra otra para intentar reducir la angustia que me produce la sensación.</p>
<p>Pero no cesa.</p>
<p>Pienso que me estoy volviendo loca. Me meto en la cama, otra noche más, con la esperanza de levantarme al día siguiente sintiéndome normal.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/360/despersonalizacion/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>9</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Atrapada</title>
		<link>http://divanelterrible.com/86/atrapada/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/86/atrapada/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Jul 2007 16:16:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ana Puértolas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/86/atrapada/</guid>
		<description><![CDATA[Es terror liso y llano. Pánico a secas, espanto, un agujero que se instala en el estómago, sudor de manos, la certeza de que esta vez es la definitiva. Un terror, y esto es lo grave, con fundamento, porque los aviones se caen, estamos hartos de verlos despanzurrados, hechos trizas, requemados y sembrando muerte. Incluso [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/07/avion.jpg" id="image87" alt="Imagen" /></p>
<p>Es terror liso y llano. Pánico a secas, espanto, un agujero que se instala en el estómago, sudor de manos, la certeza de que esta vez es la definitiva. Un terror, y esto es lo grave, con fundamento, porque los aviones se caen, estamos hartos de verlos despanzurrados, hechos trizas, requemados y sembrando muerte. Incluso explotan en pleno vuelo, se dan de bruces con montañas inadvertidas, y arrasan, en un aterrizaje suicida, bosques y barrios periféricos.<span id="more-86"></span></p>
<p>Todos los años, cada uno de los meses, alguna de esas máquinas voladoras salta por los aires por motivos que nunca descubren sus siniestras cajas negras. Ya sé que otros no, que muchos vencen felizmente todas las dificultades impuestas por el atroz vacío en que se mueven, atraviesan kilómetros por caminos invisibles y alcanzan por fin su deseado destino en tierra firme. De milagro, me digo, de puritito milagro, que es locura desafiar así la evidencia de que el aire es aire, pura nada, y no hay manera de sostenerse en ella. Las cosas son lo que son y esas toneladas de metal colocadas allí en lo altísimo, sin sujeción alguna, no pueden hacer otra cosa que lo que hacen: ser víctimas de su propio peso y caer como plomo. De allí el horror, el espanto, la certidumbre del desastre inminente. Porque lo sé, estoy segura, basta un ruido de más o de menos, un ligero temblor del ala, un pájaro loco que se cuela donde no debe, un piloto depresivo y el milagro ése del que hablaba, el milagro que sostiene con pinzas el avión en el que me encuentro, se va directamente a freír espárragos. Y así, el trayecto entero se convierte en una vigilancia extrema sobre los más sutiles cambios de sonido, las pisadas excesivas de los pasajeros más inconscientes, las vibraciones del temible cascarón metálico, la llegada de nubes impenetrables y oscuras. Una tortura horrorizada.</p>
<p>La solución, me digo, sería enormemente simple: no subir nunca a un avión. Así de sencillo, que nadie me obliga a hacerlo. Ni necesidad, me digo y repito, tengo ninguna. Habiendo tanta tierra bien firme por medio, tanta agua por la que flotar, no hay motivo para desafiar ley natural ascendiendo a los cielos. Ese, sin duda sería el comportamiento más razonable. Y ésa es invariablemente la conclusión a la que llego cada vez que vuelo. Porque vuelo. Y aquí está el auténtico problema. No se trata de una decisión masoquista ni de ninguna promesa. La dura realidad es que padezco de una bárbara pasión por conocer lugares lejanos, y carezco del tiempo necesario para llegar a ellos por medios lógicos y naturales. Así pues, con ese irrefrenable deseo viajero viene el billete de avión y con el billete el espanto, los sudores fríos, la trepanación estomacal, el terror llano y liso. Y subo al avión atrapada por una estúpida compulsión de contemplar paisajes distantes. Prometiendo a todos los dioses que nunca jamás, que ésta es la última, tratando de convencerles de que quizás, al menos hoy, el milagro de las pinzas invisibles se mantenga hasta alcanzar tierra firme. Abandonada a la angustia y a mi suerte.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/86/atrapada/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Promesas publicitarias</title>
		<link>http://divanelterrible.com/74/promesas-publicitarias/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/74/promesas-publicitarias/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 21 Jun 2007 08:49:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manuel Espina</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/74/promesas-publicitarias/</guid>
		<description><![CDATA[Que el psicoanálisis está en crisis es algo que vengo oyendo desde que oí hablar del tema por primera vez, y creo que siempre será así. Y es que el psicoanálisis y el ser humano están en crisis desde que nacen, por su propia naturaleza, como condición propia de su existencia. La vida no es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/06/carteles.jpg" id="image73" alt="Imagen" /></p>
<p>Que el psicoanálisis está en crisis es algo que vengo oyendo desde que oí hablar del tema por primera vez, y creo que siempre será así. Y es que el psicoanálisis y el ser humano están en crisis desde que nacen, por su propia naturaleza, como condición propia de su existencia. La vida no es más que la travesía de una crisis y por lo tanto hablar de crisis en la vida no es más que la formulación de una redundante paradoja.<span id="more-74"></span></p>
<p>Lo que realmente caracteriza esto que llamamos crisis es la incapacidad circunstancial de un sujeto para encarar ciertos cambios que se producen en la construcción de su subjetividad y que afectan a elementos esenciales de su estructuración emocional.</p>
<p>Así, unos viven con más perentoriedad los fracasos amorosos que los económicos, y otros se tambalean ante las crisis de la edad o de la salud, siempre que les quepan incertidumbres sobre sus posicionamientos sexuales, o dudas sobre si la vida es o no es un bien necesario.</p>
<p>Las crisis más comunes caen del lado del tener, y las más graves del lado del ser, aunque con demasiada frecuencia se confundan las unas y las otras.</p>
<p>La subjetividad no es sino la construcción que cada uno vamos haciendo del mundo y de nuestra relación con él, en un permanente mecanismo de feedback, de retroalimentación que, operando sobre sí mismo, se autoajusta permanentemente como si de una maquinaria cambiante se tratara, permitiendo un funcionamiento continuo y aparentemente homogéneo, y trasmitiéndonos de esa forma una sensación de movimiento que nos hace creer que la vida es algo más que la rotación estática de un punto sobre sí mismo.</p>
<p>La subjetividad es un movimiento de ida y vuelta, circular, entre el individuo y su entorno, en la búsqueda de un equilibrio lo más estable posible, aunque imposible de conservar por demasiado tiempo. Y la crisis es la ruptura de ese precario equilibrio que cada sujeto construye.</p>
<p>En el mundo actual los vertiginosos cambios sociales, económicos, políticos, informativos, familiares, laborales, el declive de la autoridad, las modificaciones en los códigos éticos, etc., hacen que esa supuesta homeostasis esté en continuo entredicho. Por lo que podemos pensar que la crisis vive instalada en nuestras vidas exigiéndonos correcciones inmediatas en nuestros juicios y consecuentes planteamientos.</p>
<p>La existencia de un vacío existencial y la imposibilidad de renunciar a la certeza, con ese juego excitante de la creación continua a la que nos conduce la incertidumbre, hace que cada vez más los individuos busquen factores inmutables, absolutos sin fisuras, puntos fijos de referencia que, permitiendo un anclaje de sólida apariencia, contribuyan a atenuar los vaivenes de la vida.</p>
<p>La crisis es el encuentro inevitable con esa esencia misma de la estructuración humana que tiene su representación en un vacío, un agujero, la ausencia de respuestas ante determinadas cuestiones, o la insatisfacción misma del deseo. Vivir sin crisis, pues, solo es posible a cambio de renunciar a la vida en sí misma. Lo demás son promesas publicitarias.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/74/promesas-publicitarias/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>La angustia</title>
		<link>http://divanelterrible.com/65/la-angustia/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/65/la-angustia/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 28 Apr 2007 07:52:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Laura Vaccarezza</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/65/la-angustia/</guid>
		<description><![CDATA[En algún momento de nuestra vida todos experimentamos la angustia en alguna de sus diferentes modalidades. A veces, es una experiencia cotidiana: sentimos angustia al despertar, al comienzo de un nuevo día en el que hay que afrontar trabajo, responsabilidades, decisiones&#8230; También puede surgir frente a un día vacío, un día libre, un fin de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En algún momento de nuestra vida todos experimentamos la angustia en alguna de sus diferentes modalidades. A veces, es una experiencia cotidiana: sentimos angustia al despertar, al comienzo de un nuevo día en el que hay que afrontar trabajo, responsabilidades, decisiones&#8230; También puede surgir frente a un día vacío, un día libre, un fin de semana o sorprendernos con su irrupción en un momento inesperado cuando estamos tranquilos y disfrutando, dando lugar a un inexplicable malestar. Sensación de muerte, de ahogo, de opresión en el pecho o en la boca del estómago aparecen como signos de una muerte inminente que paraliza e impide prácticamente vivir. En ocasiones la idea del suicidio surge como un alivio a este sufrimiento.<span id="more-65"></span></p>
<p>Con frecuencia es un dolor incomprendido por quienes rodean a la persona que lo padece, cansados de ver cómo su amigo, su pareja, su propio hijo o hija les alteran la vida con “sus tonterías”. Apelan entonces a la voluntad diciéndole que “eso no es nada”, que “hay que ser sensatos”, que “no hay nada que temer”. Razonamientos éstos absolutamente inútiles a la hora de afrontar el salir a la calle, montar en metro, coger un avión, ir al trabajo, salir por la noche, entrar en un hospital o sentir algún dolor que, por más leve que sea, es para esa persona síntoma indicador de infarto o de cáncer.</p>
<p>Frente a la vida, a las decisiones que se deben tomar, a la impotencia del ser humano para dominar su existencia, cada cual reaccionará o se las arreglará de diferentes modos: inhibiéndose de actuar, posponiendo las decisiones o haciendo síntomas de lo más variados. Y aquí podemos incluir una larga serie que va desde los problemas escolares a las enfermedades denominadas psicosomáticas o las drogadicciones.</p>
<p>La angustia es un afecto, un sentimiento de displacer, señal de que algo no funciona. Podría hablarse de una señal que advierte de un peligro inminente, timbre de alarma que se pone en marcha frente a los peligros de la vida real (robo, atraco, etc.), siendo en este casos un mecanismo que nos protege y ayuda a cuidarnos; en otras ocasiones, sin embargo, esa señal se activa porque un acontecimiento -incluso banal- de la realidad evoca en la persona un miedo antiguo. Aunque la angustia también puede producirse sin que ningún suceso de la realidad la desencadene y manifestarse como “algo que nos viene de dentro”.</p>
<p>¿Qué podemos hacer con esta señal? Intentar ignorarla es difícil puesto que decir “no pasa nada” no conduce a que la angustia se calme y, aunque se logre momentáneamente, puede volver con igual o mayor fuerza. Otra posibilidad es hacerla desaparecer o calmarla con medicación, opción muy eficaz en ocasiones aunque entraña el riesgo de que la vida de la persona gire en torno a la pastilla, la dosis, el psiquiatra, la receta, la farmacia, los efectos secundarios (que no son pocos) y un largo etcétera. No se trata de negar la medicación sino de administrarla con prudencia para que no se transforme en un problema más.</p>
<p>La tercera opción, por la que me inclino, es la de interrogar a esa señal,  preguntarnos: ¿por qué surge?, ¿qué nos está diciendo?, ¿qué es lo que la desencadena?, ¿por qué en ese momento?, ¿relacionada con qué situación?, ¿en que otros momentos de la vida apareció? Es decir, interrogarnos e interrogar a quien nos consulta sobre la “causa”.</p>
<p>Es así como cura el psicoanálisis, sin dar instrucciones ni recomendar ejercicios sino ayudando al sujeto a extraer de sí mismo un saber que no sabe que posee. El apropiarse de ese saber es lo que le permitirá dejar de vivir sometido y temeroso del saber de otros que desde su infancia le han dicho qué es “lo que más le conviene”, marcándole “el camino que ha de seguir en la vida”.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/65/la-angustia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Entre la copa y los labios</title>
		<link>http://divanelterrible.com/63/entre-la-copa-y-los-labios/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/63/entre-la-copa-y-los-labios/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 26 Apr 2007 13:16:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Silvia Tubert</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/63/entre-la-copa-y-los-labios/</guid>
		<description><![CDATA[&#8220;Apresúrate despacio&#8221;, reza un proverbio latino. Este aparente contrasentido apunta al corazón del problema que plantea la prisa: el anhelo imposible, pero imperioso, de ignorar o anular el curso del tiempo, de atravesarlo como si se tratara de un obstáculo, del mismo modo que se construyen túneles a través de las montañas o puentes sobre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/04/copayboca.jpg" id="image64" alt="Imagen" /></p>
<p>&#8220;Apresúrate despacio&#8221;, reza un proverbio latino. Este aparente contrasentido apunta al corazón del problema que plantea la prisa: el anhelo imposible, pero imperioso, de ignorar o anular el curso del tiempo, de atravesarlo como si se tratara de un obstáculo, del mismo modo que se construyen túneles a través de las montañas o puentes sobre los ríos -y no es casual la asociación de la prisa con la tecnología, cuya velocidad se sobrepone al tiempo y la distancia.<span id="more-63"></span></p>
<p>Los diccionarios nos informan de que la palabra &#8220;prisa&#8221; deriva del término latino &#8220;pressam&#8221;, que quiere decir &#8220;aprieto&#8221;. Aunque actualmente se refiere a la prontitud y rapidez con que sucede o se hace una cosa y a la necesidad o deseo de ejecutar algo con urgencia, en castellano antiguo significaba aprieto, conflicto, consternación, ahogo. Este apunte etimológico nos sitúa de lleno en la problemática psicológica subyacente a la prisa: imprimir la velocidad a los actos responde a la urgencia por salir de un aprieto, a la consternación que generan nuestros deseos en tanto que no son satisfechos. La prisa supone una lucha contra reloj para liberarnos de una evidencia interna que nos oprime.</p>
<p><strong>El psicoanálisis y el tiempo</strong></p>
<p>Desde el punto de vista psicológico, el tiempo es devenir o duración (Bergson); el curso del tiempo es la distinción entre lo deseado y lo alcanzado, el intervalo entre la necesidad y su satisfacción, &#8220;entre la copa y los labios&#8221; (Guyau).</p>
<p>Esta distinción sólo podrá establecerse, dice Freud, a partir de las &#8220;amargas experiencias de la vida&#8221;. En efecto, nuestro funcionamiento psíquico incluye dos tipos de procesos. En primer lugar, la tendencia inconsciente, dominante en la primera infancia, a evacuar en el acto, fundamentalmente mediante la descarga motora, los estímulos que nos afectan, y a satisfacer el deseo mediante la alucinación del objeto necesario, imaginándolo presente cuando carecemos de él. Ninguna de estas &#8220;soluciones&#8221; apresuradas conduce a la satisfacción. El fracaso de estos procedimientos da lugar al desarrollo de otro tipo de actividad psíquica. Esta se basa en la inhibición de la primera y consiste en la sustitución de la búsqueda del camino más corto (descarga inmediata mediante actos o satisfacción alucinatoria del deseo) por un rodeo: la satisfacción queda en suspenso, se abre un intervalo que hace posible el pensamiento, la elaboración psíquica de soluciones más adecuadas, la diferenciación entre el objeto real y su mera imagen. Si el inconsciente carece de toda representación del tiempo, ignora las leyes de la lógica y se encuentra librado al principio del placer, las funciones preconscientes, como el razonamiento y el juicio, habrán de tener en cuenta el principio de realidad y las exigencias de la temporalidad.</p>
<p>En el tratamiento psicoanalítico, destinado a suprimir las lagunas del recuerdo, se procura mantener en el terreno psíquico los deseos que tienden a realizarse en actos, para sustituir la repetición actuada de los fantasmas del pasado por su rememoración. Ésta sólo puede desarrollarse en el intervalo establecido entre la emergencia del deseo y la posibilidad de su satisfacción (entre la copa y los labios); se funda en el reconocimiento del curso del tiempo, en la sustitución del camino más corto por el rodeo. Esto plantea la necesidad de una duración que ha obstaculizado la aceptación social del psicoanálisis como método terapéutico.</p>
<p><strong>El Prozac y otros medio mágicos</strong></p>
<p>Este rechazo se basa en la intolerancia al intervalo requerido para bucear en nuestra historia, para reconstruir o construir nuestra subjetividad. Y esta intolerancia, a su vez, responde a una doble presión: por un lado, la exigencia inconsciente de recurrir a la vía más corta, de pasar al acto sin pérdida de tiempo y, por otro, los reclamos de una sociedad centrada en el consumo que, a través de la publicidad, nos promete la satisfacción inmediata y total de todo deseo. La alianza entre la ideología, el mercado y el principio del placer puede llevarnos a buscar soluciones inmediatas para el sufrimiento y el malestar psíquicos. De tanto en tanto, se publicitan medio mágicos, de dudosos resultados, como el Prozac: ¿es que podemos creer, en el umbral del siglo XXI, que un producto químico disolverá la angustia de un sujeto, que hunde sus raíces no en un organismo biológico, sino en un ser humano que ha llegado a serlo tras una compleja historia de relaciones con otros sujetos, en el marco de unas instituciones sociales que transmiten una tradición cultural? Sí, si vivimos en una civilización medicalizada que promete la eliminación total y definitiva del dolor, de la carencia, ¿de la muerte?</p>
<p>El problema es que pagamos un elevado precio por estas ilusiones: nada menos que nuestra condición de sujetos. Los fármacos (del griego &#8220;pharmakon&#8221;: remedio pero también veneno), las terapias breves, las sesiones cada vez más cortas, nos colocan en la posición de objetos manipulados (ya sea químicamente, ya mediante una ortopedia psíquica), y nos arrollan tecnológicamente al privarnos de buscar, o de construir, el sentido de nuestro sufrimiento, lo que nos define como seres humanos.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/63/entre-la-copa-y-los-labios/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Por qué lo llaman stress cuando quieren decir angustia?</title>
		<link>http://divanelterrible.com/61/por-que-lo-llaman-stress-cuando-quieren-decir-angustia/</link>
		<comments>http://divanelterrible.com/61/por-que-lo-llaman-stress-cuando-quieren-decir-angustia/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 16 Mar 2007 10:53:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://divanelterrible.com/61/%c2%bfpor-que-lo-llaman-stress-cuando-quieren-decir-angustia/</guid>
		<description><![CDATA[Todos sabemos que la vida no suele ponernos las cosas fáciles. Sin embargo, en ocasiones, damos por hecho que aunque la situación sea espinosa, podemos afrontarla. Otras, nos invade la sensación de que la vida nos atropella y nos lleva por delante. Algunos se quejan de malestares de estómago, falta de aire, opresión en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/03/stress.jpg" alt="Imagen" id="image60" /></p>
<p>Todos sabemos que la vida no suele ponernos las cosas fáciles. Sin embargo, en ocasiones, damos por hecho que aunque la situación sea espinosa, podemos afrontarla. Otras, nos invade la sensación de que la vida nos atropella y nos lleva por delante.<span id="more-61"></span></p>
<p>Algunos se quejan de malestares de estómago, falta de aire, opresión en el pecho, o un nudo en la garganta. Otros tienen la impresión de que llevan el mundo sobre su espalda. El cuello, los hombros y la columna cobran relevancia pidiendo piedad a ese sujeto, hombre o mujer, sin distinción de edad.</p>
<p>Se oye por ahí: “estoy muy tenso, debo relajarme”. Sería estupendo que los músculos obedecieran ante la súplica del que no quiere ser Sansón, ni quiere que le corten el pelo.</p>
<p>El cuerpo “canta” la música de la angustia, música sin letra que algunas veces la palabra stress no hace más que acallar. El cuerpo “canta” o, lo que es lo mismo, hace un síntoma. Para la medicina, un síntoma denuncia un estado mórbido. Para el psicoanálisis, síntoma es signo de que hay inconsciente.</p>
<p>La angustia puede aparecer ante un peligro real, pero muchas veces esa excitación que uno mismo es incapaz de dominar tiene un origen interno y se pone en marcha como señal de alarma, señal de que algo no va bien. Aunque nos empeñemos en buscar una explicación, no siempre la encontramos.</p>
<p>La angustia es como ese cajón de la mesilla de noche donde vamos guardando lo que no sabemos, lo que nos han “colocado” sin darnos cuenta, o lo que no nos gusta, pero nunca nos hemos preguntado por qué lo guardamos sin siquiera recordarlo. Hasta que un día llega el momento de mudarnos de casa y nos quedamos atónitos de lo que hemos ido almacenando sin que ni siquiera nos acompañara.</p>
<p>La angustia (esa que la moda viste de stress porque la palabra no es castellana y nos parece más glamurosa) es la que nos despierta por la noche y nos deja buceando en el insomnio; es la que nos permite estrenar una taquicardia en un océano de dudas. Es la que nos viene a preguntar: ¿qué hago conmigo?, ¿qué hago con ésta desagradable sensación de que la vida se me va de las manos?, ¿qué hago con este desvalimiento que me invade y que activa mi miedo a la pérdida?</p>
<p>Nuestro primer impulso suele ser ahogarla, buscar un tapón para que duela menos. Sin embargo lo que causa el dolor sigue en el cajón, y aún cuando somos capaces de encontrar un buen tapón que disminuya el dolor, la herida no se cura con el tiempo. Porque el tiempo pasa pero no cura, sólo produce un efecto balsámico nada despreciable, pero que no debemos sobrevalorar.</p>
<p>Por todo esto, la palabra stress me resulta ajena. Encubre que algo en mí se ha desatado.<br />
¿Por qué no dejar que lo que duele, lo haga en nuestra lengua materna?</p>
<p>El otro que escucha finge que entiende. Simulacro dialéctico para obviar que si no le hablo de mí, la comprensión no llega.</p>
<p>Negociar qué hacemos con nuestra angustia no deja de comprometer la economía del psiquismo. No hay forma de que no salga cara. Por esto deberíamos contemplar la posibilidad de pedir ayuda, de hablar de ella, de ponerle palabras a las marcas de la historia que buscan encontrar sus propias voces.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://divanelterrible.com/61/por-que-lo-llaman-stress-cuando-quieren-decir-angustia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

