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	<title>Diván el Terrible &#187; Ricardo Millieri</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Del humor y del amor</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Feb 2010 23:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Millieri</dc:creator>
				<category><![CDATA[Con humor]]></category>

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		<description><![CDATA[Del humor dice el diccionario que es cualquiera de los líquidos del cuerpo; y del amor dice que es atracción sexual, o bien un sentimiento que mueve a desear al objeto elegido. Es también una buena predisposición para emprender alguna tarea. En la medicina de Hipócrates se creía que toda enfermedad estaba relacionada con algún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2010/02/amorhumor.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Del humor dice el diccionario que es cualquiera de los líquidos del cuerpo; y del amor dice que es atracción sexual, o bien un sentimiento que mueve a desear al objeto elegido. Es también una buena predisposición para emprender alguna tarea.<span id="more-269"></span></p>
<p>En la medicina de Hipócrates se creía que toda enfermedad estaba relacionada con algún mal humor, un maligno fluido corporal, algo envenenaba la sangre , la linfa, la bilis o cualquier otro fluido del cuerpo del enfermo. La expresión “estar de mal humor” proviene de aquí: estar irascible porque algún humor del cuerpo es malo o está funcionando mal. El “buen humor”, por el contrario, es la predisposición a la risa, a la ironía, a mostrarse alegre y complaciente.</p>
<p>Del amor diríamos que no tiene nada que ver con el humor, y viceversa.</p>
<p>Pero no nos dejemos llevar por las apariencias ni por los diccionarios que siempre dan una significación a un significante según unas reglas fijas establecidas por los usos y costumbres (tanto las apariencias como los diccionarios). Por eso se dice que las apariencias engañan, aunque nunca se dice eso de los diccionarios y es como para pensárselo.</p>
<p>Demos paso a otras subjetividades que no sean las de la Real Academia y reparemos entonces en que humor y amor son las dos grandes claves sobre las que parece sustentarse el bienestar humano. Ambos significantes participan del enigma de su sentido más profundo.</p>
<p>Del cortejo siempre forman parte las risas. Para lograr el amor y la atracción sexual, el humor seduce. Hay que estar “de humor” para hacer el amor.</p>
<p>Por otra parte, podemos tener un buen humor o un buen amor, un mal humor o un mal amor, un humor de perros o un amor perro y también, incluso, un humor acuoso o un amor de la misma índole.</p>
<p>José Ortega y Gasset, nos dice en su libro Estudios sobre el amor que el enamoramiento es sentirse encantado por otro ser que nos produce la ilusión de sentirnos absorbidos por él como si nos hubiese arrancado de nuestro fondo vital y viviésemos trasplantados en él. Destaco dos elementos principales: el encantamiento y la entrega. También opina que en la atracción sexual no hay propiamente atracción. El cuerpo sugestivo excita un apetito, un deseo de él; pero que en el deseo no vamos a lo deseado, sino que nuestro espíritu tira de lo deseado hacia sí. El objeto despierta un deseo y su papel concluye en este hacer brotar el deseo.</p>
<p>Luego viene Lacan con su enigmática frase: no hay relación sexual. O lo que es lo mismo: la relación sexual no existe. “Que me lo digan a mí” pensarán algunos/as con toda propiedad y rigor empírico. Y es que Lacan, tras estudiarlo muy bien colegimos que tiene toda la razón, pero dicho así… él soltaba sus sorprendentes frases con el propósito de hacerse entender y de hacernos pensar en profundidad, pero en su primera intención siempre hallamos la práctica de su deporte favorito que no era otra cosa que eso que los franceses llaman épater le burgeois. Para sorprender y hacer pensar, insisto.</p>
<p>Para estudiar a Lacan destaco dos elementos esenciales: Humor y amor.</p>
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		<title>Del pezón al botón</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Dec 2008 14:01:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Millieri</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vida virtual]]></category>

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		<description><![CDATA[Le pregunté a una amiga qué le parecía que podía regalarle a su nietecito de catorce meses y me respondió: algo que tenga  botones  para pulsar, lo que le encanta es apretar teclas. Los destetamos con botones. Botones que conducen a lo virtual, a un imaginario en conserva, inmediato, como un sueño o un ensueño [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Le pregunté a una amiga qué le parecía que podía regalarle a su nietecito de catorce meses y me respondió: algo que tenga  botones  para pulsar, lo que le encanta es apretar teclas.</p>
<p>Los destetamos con botones.<span id="more-186"></span></p>
<p>Botones que conducen a lo virtual, a un imaginario en conserva, inmediato, como un sueño o un ensueño programable, que está ahí, delante de nosotros y con el que nos identificamos. A través de los jueguecitos electrónicos cualquier niño puede ser (identificarse, verse) desde un afamado deportista hasta un asesino en serie sin el menor esfuerzo imaginativo, sin argumento y sin que le haga falta poseer ninguna sintaxis mental.</p>
<p>Deberíamos reformular la famosa fase del espejo de Lacan, tan fructífera ella y tan estructurante. Da cuenta de nuestra unidad corporal, de nuestra imagen de sujetos, de nuestra conciencia de Yo, en definitiva. Vemos como somos, lo que somos, como una unidad, en nuestro reflejo en el espejo. Una imagen delante de nosotros, que somos nosotros. Siempre existe una primera vez para experimentar esto.</p>
<p>Los otros significativos para el niño (padres, maestros y subrogados) actúan también como el espejo. Sancionan lo que en ellos proyectamos, nuestras palabras, nuestros actos; nos devuelven una imagen de nosotros mismos: “lo haces muy bien, mira que guapo”; o muy mal, eres malo, etc. Somos lo que nos dicen (los espejos) que somos.</p>
<p>Sustituir el espejo por la pantalla, aunque sólo sea parcialmente, me parece una operación de riesgo.</p>
<p>Si no somos hablados, “eres bueno, lo haces mal…” y sólo somos “vistos”: “tenía que haber apretado otro botón, he fallado por no ir rápido a atropellar a la vieja…” Entonces nuestro Yo corre un serio riesgo de fragmentación. El riesgo de no poder simbolizar.</p>
<p>Siento decirlo pero en su exageración, y estamos cibernéticamente exagerados, la situación que describo es ciertamente psicotizante. No hace falta nadie, no hay discurso, yo y otro yo que manejo en la pantalla. Gente que vive encerrada en su cuarto con un ordenador como única compañía. Sólo abren la puerta para que les entren comida.</p>
<p>Signo de nuestro tiempo, significa un reto sobretodo para los psicoanalistas.</p>
<p>Dificultades graves en la regulación de la autoestima, apatía, angustia, crisis de ideales y de valores y fluctuaciones del estado de ánimo, pueblan nuestras consultas.</p>
<p>El Yo está tan disperso como el mundo social y el sujeto se ve en una imagen descentrada. La socialización se repliega a las preocupaciones personales, mirarse el ombligo parece el deporte de moda y la subjetividad se retrae, ensimismándose.</p>
<p>La ambigüedad de los roles parentales y el debilitamiento de los límites colocan al individuo en una posición también “virtual” ante la ley.</p>
<p>Me gustaría que lo que digo pudiera calificarse de realismo ilustrado, pero mucho me temo, que se tilde simplemente como pesimismo. Otro punto para poder ser pensado.</p>
<p>Por cierto, al nieto de mi amiga le regalé un piano.</p>
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		<title>Juguemos a papás y a mamás</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2007 10:05:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Millieri</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[-Laura: Hagamos una familia. -Jorgito: Yo seré el papá. -Helena: No, quiero ser yo. -Laura: Estás loca, eso no es posible. -Helena: Si que es posible, que vi que lo decían en la tele. Yo pondré un huevo en tu barriga y tú tendrás un niño. A saber lo que entendió Helena de los vientres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>-Laura: Hagamos una familia.<br />
-Jorgito: Yo seré el papá.<br />
-Helena: No, quiero ser yo.<br />
-Laura: Estás loca, eso no es posible.<br />
-Helena: Si que es posible, que vi que lo decían en la tele. Yo pondré un huevo en tu barriga y tú tendrás un niño.</p></blockquote>
<p><span id="more-59"></span></p>
<p>A saber lo que entendió Helena de los vientres de alquiler y de los “huevos”.</p>
<blockquote><p>-Laura: pffffff, ¡qué asco!<br />
-Jorgito: ¿Y quién era la mamá?<br />
-Helena (pillada en falso): …Pues… ¡las dos!<br />
-Jorgito: ¡Vaya tontería!<br />
-Laura: Pues tú calla que vives con dos mamás.<br />
-Jorgito: Si, pero no es lo mismo. Yo tengo una mamá y una amiga de  mamá. No dos mamás. Yo seré el papá porque soy un chico.</p></blockquote>
<p>Punto de profunda reflexión por parte de Laura y Helena, que coligen que el argumento es evidente y contundente, y le otorgan la paternidad al bueno de Jorgito, que ha tenido que currársela.</p>
<blockquote><p>-Jorgito (ya investido de poderes patriarcales y decisorios): Laura será la mamá.</p></blockquote>
<p>Creer que una tal decisión dependía de él, no fue más que una ilusión. Enseguida se le discute la autoridad al respecto.</p>
<blockquote><p>-Helena: Yo también.<br />
-Laura: No puede ser, porque si Jorgito y yo nos casamos, los hijos serán nuestros y no tuyos; tú serás la hija.<br />
-Helena (a la que el papel de hija le parece una degradación y que está harta de ser hija de todo el mundo): Yo seré la “compañera” de Jorgito. Mi padre tiene un hijo con su compañera.<br />
-Laura: Entonces tú, ¿cuántos hermanos tienes?<br />
-Helena: Tres. Uno mayor que es el mío. Una niña de mi mamá y su compañero, pero que es sólo del compañero, y un niño de papá y su compañera.<br />
-Jorgito: ¿Y todos son hermanos tuyos?<br />
-Helena: Mi hermano mayor, si. El otro es hermano de padre y la niña, no.<br />
-Laura: ¡Qué raro!</p></blockquote>
<p>Aparece Abril en escena y pide integrarse al juego.</p>
<blockquote><p>-Jorgito (asustado ya ante la proliferación de féminas complejas): Tú no puedes jugar porque ya hay dos niñas.</p></blockquote>
<p>Laura que es muy amiga de Abril, quiere incluirla.</p>
<blockquote><p>-Laura: Bueno, puede hacer de hija. Haremos ver que la adoptamos porque es china. (crueldad infantil típica y tópica, donde las haya)<br />
-Abril: Yo no quiero jugar a ser adoptada.<br />
-Helena: Pero si tú eres adoptada de verdad. (para acabarlo de arreglar)<br />
-Abril: No es verdad, no soy adoptada.<br />
-Helena: ¿No? Entonces, ¿por qué tienes cara de china?<br />
-Abril: Porque mi madre es china. De la China. (aclaración que, si lo pensamos bien, es del todo pertinente)<br />
-Jorgito: ¡Ostras! Yo pensaba que era la canguro la que te venía a buscar.<br />
-Abril: Pues no, es mi mamá.</p></blockquote>
<p>Jorgito, superado por los acontecimientos, francamente desdibujado en el rol que quería asumir, por fin acierta en una decisión salomónica.</p>
<blockquote><p>-Jorgito: ¿Jugamos al Parchís?<br />
-Todas a coro (aliviadas): ¡Vale!</p></blockquote>
<p>Los adultos también nos interrogamos sobre qué es o debe ser una familia. Y los psicoanalistas en particular. Edipo, castración, elección de objeto, paternidad, ley… ¿cómo lo articulamos en las nuevas formas de estructura familiar?</p>
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