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	<title>Diván el Terrible &#187; Mercè Collell Badia</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Origen</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Nov 2010 21:17:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mercè Collell Badia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seguimos soñando]]></category>

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		<description><![CDATA[Origen es el nombre de la última película de Cristopher Nolan, protagonizada por Leonardo di Caprio. En ella, el protagonista y su equipo actúan como manipuladores de sueños. En el film, tienen la misión de entrar en el sueño de un industrial, con la finalidad de cambiar sus objetivos en relación con la empresa familiar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-340" title="Imagen" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2010/11/dreamgirl.jpg" alt="" width="450" height="150" /></p>
<p>Origen es el nombre de la última película de Cristopher Nolan, protagonizada por Leonardo di Caprio. En ella, el protagonista y su equipo actúan como manipuladores de sueños. En el film, tienen la misión de entrar en el sueño de un industrial, con la finalidad de cambiar sus objetivos en relación con la empresa familiar que ha heredado de su padre. Los manipuladores pretenden que el heredero renuncie a liderar con su empresa el mercado, con lo cual en lugar de incrementar el negocio debe querer reducirlo.<span id="more-336"></span></p>
<p>La escenografía y los efectos especiales nos sumergen de lleno en el terreno onírico; fácilmente nos perdemos entre los diferentes niveles del sueño y de los soñantes. El final despierta controversias y deja numerosos interrogantes.</p>
<p>Afortunadamente, el tema entra por completo en la pura ficción, no es posible entrar en el sueño de otra persona, intervenir y pasear por él como si fuera un escenario. Si esta tarea fuera posible, nuestra vulnerabilidad carecería de límites, seriamos fácilmente manipulables. El film se inspira directamente de la teoría freudiana y maneja conceptos importantes como el valor de la infancia y el determinismo de nuestra vida psíquica.</p>
<p>El nombre origen evoca: principio, algo primigenio y lugar de gestación, en el caso que nos ocupa, gestación de valores, actitudes, deseos, expectativas… ¿Afirmamos que todo esto está presente en el sueño? ¿Aquello que rige nuestra conducta se encuentra en lo más recóndito de nosotros mismos? ¿El sueño es su exponente? Hay verdad en todo esto.</p>
<p>Desde Freud afirmamos sin ambages que la parte consciente ocupa sólo una parte de nuestro psiquismo. Hay ideas, anhelos, deseos invisibles a la consciencia, que ejercen una profunda influencia en nuestros actos y pensamientos. Hay en cada uno de nosotros una parte desconocida inscrita en nuestro disco duro personal.</p>
<p>En el film se escenifica el último nivel del sueño con una imagen que corresponde al mundo de la infancia de la protagonista, se visualiza su habitación y en ella la casa de muñecas, cuyo interior alberga la idea princeps que explica su conducta. En la infancia se fraguan las bases de nuestra personalidad. Las vivencias, las ideas y las fantasías de entonces se inscriben y enraízan de tal modo que extienden su influencia en la vida adulta, en nuestro hacer cotidiano. En lenguaje técnico denominamos fantasma al conjunto de estos contenidos, los cuales determinan nuestra peculiar manera de ver, entender y vivir el mundo que nos rodea, nuestra relación con los demás y con nosotros mismos. Vivimos, sentimos, actuamos en función de nuestro programa personal y singular.</p>
<p>¿Qué valor damos a los sueños? En general, no mucho; o bien los sumergimos en el olvido, o bien, si hemos sufrido una pesadilla, lo primero que formulamos es “sólo era un sueño”. Es innegable que a veces la emoción que despierta un sueño nos embarga toda la jornada; no es, en absoluto, un material banal. En catalán hay un dicho: “El que tiene hambre sueña pan”. El sueño realiza un deseo y cumple una necesidad, el hambre, tal vez el primer malestar experimentado y el primer placer al saciarlo. Primicias inscritas en el origen (valga la redundancia) de nuestro mundo psíquico.</p>
<p>Este artículo tiene como objetivo incentivar el valor que damos a nuestros sueños, auténticos relatos de los cuales somos autores exclusivos. El contenido de los sueños nos pertenece, es vital para nuestro psiquismo, constituye un valioso drenaje para: emociones, fantasías, anhelos, expectativas, miedos, angustias… ¿Nos atreveremos a menospreciarlos?</p>
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		<title>Salvador Dalí, la creación de un personaje</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jan 2008 22:57:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mercè Collell Badia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Posturas e imposturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Sé lo que como, no sé lo que hago¹. El nombre de Salvador Dalí es insoslayable en la historia del arte del siglo XX. Fue un personaje poliédrico, provocador, que gustó de cultivar el escándalo con sus excéntricas declaraciones y suscitar dudas acerca de su locura y su genio. El fue su principal obra, pasó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Sé lo que como, no sé lo que hago¹.</p></blockquote>
<p>El nombre de Salvador Dalí es insoslayable en la historia del arte del siglo XX. Fue un personaje poliédrico, provocador, que gustó de cultivar el escándalo con sus excéntricas declaraciones y suscitar dudas acerca de su locura y su genio.</p>
<p>El fue su principal obra, pasó su vida construyendo un personaje (2). En el Museo Teatro de Figueres reúne su obra. La farsa, el fingimiento, la teatralidad y “el dar a ver” formaron, en efecto, parte de su vida.<span id="more-123"></span></p>
<p><strong>1. Datos biográficos</strong></p>
<p>Nuestro pintor nace nueve meses y diez días después del fallecimiento de su hermano primogénito. Los padres lo bautizan con el nombre de éste, lo cual es de capital importancia para entender el trazado subjetivo de Salvador Dalí. No hubo, pues, una elaboración del duelo por el hijo primogénito de modo que los padres intentaron tapar la falta dándole al segundo hijo el nombre del primero.</p>
<p>La muerte del hermano primogénito de Dalí, antes de cumplir siquiera los dos años de edad, sumió a la madre en una profunda depresión. Como no podía ser de otra manera, la huella del hijo muerto estaba siempre presente en el escenario familiar, fotografías y otros objetos varios recordaban constantemente al hijo desaparecido.</p>
<p>Salvador Dalí nace, pues, como consecuencia del fallecimiento de su hermano. De modo que el sentimiento de haber usurpado un lugar, de haber matado en cierta manera al hermano, el sentimiento de culpa y la vivencia del doble son aspectos que van a determinar su subjetividad. La elaboración del duelo comporta una simbolización que posibilita la cicatrización de una herida, pero cuando esa elaboración no se lleva a cabo la herida queda abierta y puede generar múltiples síntomas.</p>
<p>Si atendemos a la más clásica teoría lacaniana, el lugar del sujeto viene determinado por el lugar que ocupa en la saga familiar; habrá entonces unos caminos significantes, determinados por tal estructura, por los cuales forzosamente ha de transitar. Es en dicha estructura donde el nombre de pila cobra especial importancia como seña de identidad (3).  En este sentido cabe entender la cita inicial: en efecto, Dalí desconocía ese saber por qué hacía las cosas, qué era eso que lo determinaba.</p>
<p>El nombre de pila de Dalí, Salvador, se inscribe en una larga tradición familiar desde el bisabuelo, pasando por el tercer nombre del abuelo Galo, el nombre propio del padre, el hermano muerto y, finalmente, nuestro pintor. Si observamos el significado del nombre, Salvador es un nombre que designa al Mesías, el que salva; en efecto, Dalí se salvó de la muerte a diferencia de su hermano. El significado mesiánico del nombre se relaciona con la construcción del mito personal de Dalí al considerarse a sí mismo “el salvador de la pintura moderna” y nombrarse divino Dalí. Si bien en la actualidad el apellido Dalí no es usado como tal, el pintor ha conseguido inmortalizarlo con su obra.</p>
<p>El tema de la muerte, la vida y la sexualidad serán recurrentes en su obra pictórica: sus cuadros están llenos de figuras putrefactas, deformes, agujereadas, de hormigas devorando cuerpos deshechos, y de huevos (principio de vida) y símbolos sexuales.</p>
<p><strong>2. Vida secreta: construyendo un nombre</strong></p>
<p>Dalí escribe su libro de memorias a los 37 años de edad, sabedor del éxito y reconocimiento de su obra. Su escritura es un intento de matar sus recuerdos y vivencias para renacer como un hombre nuevo. No deja de ser un error considerar la veracidad cronológica de lo que cuenta ya que todo el texto es una construcción de un personaje perverso polimorfo orientado a la creación del divino Dalí. Uno de los capítulos responde al rótulo “recuerdos falsos de la infancia” y el que le sigue “recuerdos verdaderos”. El propio Dalí confiesa su dificultad para distinguir fantasía y realidad (4).</p>
<p>La creación de tal personaje, de marcado carácter megalomaníaco, va a ser una de las bases de su estabilización personal, las otras dos serán la invención de su método paranoico-crítico y la relación con Gala. Salvador Dalí se define a sí mismo como un perverso polimorfo, expresión acuñada por Sigmund Freud para referirse al niño en la etapa pre-edípica configurada, como se sabe, por componentes sadomasoquistas  en la relación con los otros, pulsiones escópicas, sexualidad marcada por la masturbación y una indefinición, a su vez, de la identidad sexual.</p>
<p>Al tiempo que escribe sus memorias, Dalí pinta en el año 1941 el cuadro “Autorretrato con bacon frito”. Sorprende que se dibuje como una máscara, vacía, blanda, apoyada en muletas. ¿Es el cuadro la otra cara de un Dalí socialmente exitoso? ¿representa su cara oculta?. La máscara presenta signos de deterioro del que son buena muestra las hormigas. Las muletas sostienen al ser humano cuando algo de la estructura ósea se rompe, estos objetos son tan recurrentes en su pintura que constituyen un verdadero símbolo daliniano. Las muletas ponen en evidencia la precariedad estructural de nuestro pintor, necesitado de múltiples apoyos.</p>
<p><strong>2.1. Complejo fraterno</strong></p>
<p>Desde el discurso paterno Dalí estaba llamado a ocupar el lugar del hermano muerto. Su ser se levanta con un pie en la muerte del primogénito, del cual porta el mismo nombre y apellidos. Este “otro” (deseos de muerte incluidos) estuvo presente a lo largo de su vida (5).  Deseos de muerte para acceder a su propia vida.</p>
<p>La representación del doble es inseparable de la formación de la subjetividad. En la fase del espejo todo sujeto reconoce desde el exterior, en su imagen, el ideal de completud. El “yo” se configura, pues, desde el exterior gracias a su propia imagen. Por lo demás, la figura del doble, en su dimensión más intrapsíquica, ha sido abordada en múltiples obras literarias. Fue, antes que nada, una medida de seguridad contra la destrucción del “yo” y, posteriormente, como señala Sigmund Freud en su obra Lo siniestro, aparece como anunciadora de muerte.</p>
<p>Salvador Dalí mostró gran interés por la teoría del narcisismo elaborada por Sigmund Freud. Como se sabe, cuando le visitó en su exilio de Londres llevó consigo el cuadro La metamorfosis de Narciso y un escrito acerca de la paranoia. Al respecto existe una versión de la leyenda de Narciso en la que se cuenta que perdió a una hermana melliza, de modo que al ver su imagen reflejada en el agua creyó que era su hermana y murió al pretender reencontrarse con ella.</p>
<p>Desde Freud conocemos la relación entre narcisimo y paranoia, se trata de una afección caracterizada por una sobreestimación del propio yo, ideas megalomaníacas y sentimientos de persecución que, a menudo, recaen sobre figuras próximas, entre ellas un hermano. En este sentido, Jacques Lacan desarrolla en su libro La familia el complejo de Intrusión (6).  Es un término básico para entender la problemática relación con el semejante. Este complejo tiene lugar en plena etapa narcisista, madre fálica mediante. El infante se encontrará ante la disyuntiva de que sus sentimientos, percepciones y vivencias deriven en una fijación narcisista o bien en un compromiso y un pacto con el otro, germen de los auténticos sentimientos sociales. Que haya uno u otro desarrollo depende de elementos estructurales que atañen al registro simbólico, elementos de capital importancia ya que orientan la subjetividad en uno u otro sentido. La fijación a elementos narcisistas puede dar lugar a fenómenos tales como homosexualidad, fetichismo o un yo paranoico (7).</p>
<p>En Salvador Dalí reconocemos alguna de estas manifestaciones. En el Surrealismo encontró la horma de su zapato por cuanto este movimiento legitima el deseo en beneficio del mundo propio frente a la realidad exterior.</p>
<p>Esta falla de mediación simbólica la encontramos en la obra El mito trágico del Ángelus de Millet  (8) en la que Dalí da cuenta de su método paranoico-crítico. La figura femenina del cuadro de Millet es vivida como una mantis religiosa que devora al macho en plena cópula sexual. Estas ansiedades caníbales en relación a la imago materna, presentificada en la imagen de la mantis, están en la base de las dificultades sexuales de nuestro pintor.</p>
<p><strong>2.2. Metáfora paterna</strong></p>
<p>La principal tarea de la metáfora paterna es poner coto al deseo de la madre para que el desarrollo de la función simbólica sea posible. En Dalí hubo, en efecto, una falla en la mediación simbólica. Transmitir un lugar en la cadena generacional es propio de la función paterna y, en el caso de Dalí, se llevó a cabo de una manera deficiente, y por ello la transmisión, el anclaje en la cadena generacional no efectuó una verdadera tarea de nominación.</p>
<p>Salvador Dalí siempre se definió como anarquista y adoptó una postura claramente provocadora ante las figuras investidas de poder, lo que le causó problemas en la Academia de Bellas Artes y le llevó a enemistarse con Breton, con Buñuel y, más tarde, con su familia. Su posición fue muy distinta cuando, por razones de supervivencia y una necesidad de ser aclamado y reconocido, no tuvo inconveniente en colocarse al lado del dictador.</p>
<p>Hubo en Dalí un fallo en la metáfora paterna. Si tenemos en cuenta el lúcido criterio de José E. Milmaniene (9)  podemos afirmar que, cuando hay un padre fallido en el ejercicio de su función, las normas legales resultan burladas. El sujeto busca transgredirlas, imponiendo su goce por fuera de los límites de la Ley.</p>
<p>El padre de Salvador Dalí era notario. ¿No es una clara provocación, transgresión y perversidad todo el asunto de la falsificación de obras?</p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<p>1. L.S. López Herrero, La cara oculta de S. Dalí, pág. 173. Ed. Síntesis, Madrid, 2004.<br />
2. Cf. Daniel Giralt Miracle, Dalí, La Vanguardia, Grandes Temas, pág. 20, enero 2004.<br />
3. Cf. Jacques Lacan, Escritos II, Ed. S.XXI, Barcelona, 1984, pág. 632.<br />
4. Cf. Salvador Dalí, op. cit. O.C. vol. I, pág. 282.<br />
5. Cf. S. López Herrero, op. cit. págs. 68-69.<br />
6. Cf. Op. cit. Ed. Argonauta, Barcelona, 1982, pág. 44.<br />
7. Cf. Jacques Lacan, op. cit. pág. 61.<br />
8. Salvador Dalí, El mito trágico de “El Angelus” de Millet. Ed. Tusquets, Barcelona, 2004.<br />
9. Cf. José E. Milmaniene, La función paterna. Palabra y estilo en Psicoanálisis.Ed. Kargieman, Buenos Aires, 1989, 1ª edición. También El Goce y la Ley. Ed. Paidós, Barcelona, 1995, 1ª edición.</p>
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		<title>Acerca de la transferencia</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jul 2007 15:45:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mercè Collell Badia</dc:creator>
				<category><![CDATA[¿Sabes qué es el psicoanálisis?]]></category>

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		<description><![CDATA[La cura analítica transcurre en transferencia, ésta es uno de los pilares de la cura y se dice que ella es la puesta en acto de la realidad inconsciente. Transferencia es sinónimo de lazo afectivo, lazos que se organizan en la infancia y están presentes en todas las relaciones del sujeto. Reconocemos sus rasgos en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La cura analítica transcurre en transferencia, ésta es uno de los pilares de la cura y se dice que ella es la puesta en acto de la realidad inconsciente.</p>
<p>Transferencia es sinónimo de lazo afectivo, lazos que se organizan en la infancia y están presentes en todas las relaciones del sujeto. Reconocemos sus rasgos en las relaciones, familiares, de trabajo, de amistad… Y también en la relación que el paciente establece con su analista. El sujeto actúa movido por su propia transferencia pero los interlocutores también y de ahí todas las vicisitudes imaginadas.<span id="more-84"></span></p>
<p>El psicoanálisis es el lugar donde la transferencia se puede analizar: se manifiesta en los lapsus, sueños o por el relato y siempre es un material valioso, aunque no se interprete directamente. El analista se presta a recibir transferencias, hace de intérprete.</p>
<p>M. es un paciente de mediana edad, lleva tiempo analizándose y un día viene a la sesión con retraso, cuenta que está disgustado con un empleado suyo, que tiene una relación laboral semanal por horas: le parece que rinde poco, que viene menos tiempo del pactado. La última semana había un día festivo y el empleado acudió un día diferente al habitual y olvidó recoger el dinero que M. le había dejado. El mismo día que M. acude al análisis el empleado fue a trabajar a la casa de M. comunicándole que el día anterior olvidó recoger el dinero. M. comenta que hoy no le ha pagado, permitiéndose un cierta revancha. En su análisis, M. paga semanalmente; en la puerta me comenta que no ha podido traer el importe acordado, ante lo cual digo: &#8220;Como ha pasado con su empleado&#8221;. La reacción fue de sorpresa, silencio, una excusa y una sonrisa&#8230;</p>
<p>En la situación comentada, hay una encrucijada de identificaciones: por un lado M. se retrasa en una tarea a la que está comprometido, una situación parecida a la de su empleado, pero al final ejerce el poder de empleador no pagando aquella semana como hizo con su empleado. El problema de M. es en relación a dominar-ser dominado. En múltiples ocasiones siente que quieren someterlo, que los otros ejercen una autoridad sobre él, que quieren manejarlo. Con ese acto, M. se sitúa de un modo diferente, ejerce una cierta parcela de poder. El análisis conlleva frustraciones necesarias: no es extraño que pudiera haber descontento. Mi intervención en el momento de la despedida, tuvo el valor de interpretación. M. entendió el mensaje, se disculpó, pero el valor principal es que el lapsus permitió esclarecer aspectos de su posición subjetiva.</p>
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		<title>A-dol-escentes</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Sep 2006 16:12:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mercè Collell Badia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

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		<description><![CDATA[Atendiendo a la etimología, la palabra adolescente proviene de adulescens, participio presente de adolescere, verbo que significa: crecer, desarrollarse, ir en aumento, encender&#8230; El participio presente expresa una acción en proceso, mientras que el participio pasado expresa una acción terminada, por ejemplo el participio pasado del verbo adolescere es adultus, origen de la palabra adulto. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Atendiendo a la etimología, la palabra adolescente proviene de adulescens, participio presente de adolescere, verbo que significa: crecer, desarrollarse, ir en aumento, encender&#8230; El participio presente expresa una acción en proceso, mientras que el participio pasado expresa una acción terminada, por ejemplo el participio pasado del verbo adolescere es adultus, origen de la palabra adulto. Curiosamente, el verbo adolecer tienen origen en el mismo verbo latino adolescere; este verbo expresa carencia, padecimiento de algún mal. La adolescencia como un proceso, un tránsito a través de renuncias, duelos, es lo que me propongo desarrollar en este artículo.<span id="more-42"></span></p>
<p>La adolescencia se sitúa en un tramo de edad determinado. Este proceso se inicia con la maduración corporal. El cuerpo del niño crece, se transforma y se prepara para la procreación, todo ello le conduce a una nueva identidad. El joven, en este momento privilegiado, debe hacer reválida de lo que ha sido la infancia, desechar algunos aspectos, conservar otros y construir unos nuevos. Justo es decir que no podemos idealizar la vida adulta y pensarla como un estado homogéneo de plenitud, ya que los aspectos infantiles nunca desaparecen del todo. Siguiendo las ideas de Silvia Tuber, la vida adulta no es un estado acabado sino que en el mejor de los casos se es más o menos adulto. Poder asumir la propia vida es condición de madurez.</p>
<p>Entiendo la adolescencia como un pasaje, un puente entre dos orillas, infancia y vida adulta. La metáfora evoca: fragilidad, vulnerabilidad e inestabilidad; pero también enlace y conexión. Es desde este lugar de tránsito que el joven puede cuestionar y cuestionarse, ya que toda posición crítica precisa de una distancia, de una exterioridad, con relación a sus padres, a la sociedad y a su infancia.</p>
<p>Los jóvenes de hoy son fruto de una generación que rompió moldes. Sus padres se rebelaron contra el “autoritarismo”; en su condición de progenitores han querido comprender, evitar los conflictos que ellos tuvieron. Todo esto, junto al crecimiento económico, ha propiciado que los jóvenes, sus hijos, se hayan encontrado en un ambiente de compresión, con oportunidades -de formación, de viajar- impensables en otra época. Un padre captaba a la perfección la paradoja del momento: “Si no le das lo que pide, pudiendo, malo; pero si se lo das, también malo”. En estos jóvenes ha habido muchas veces una “falta de la falta”. La ayuda excesiva convierte a los hijos en eternos lactantes.</p>
<p>Los padres, en este proceso, también tienen su papel. Si protegen demasiado y tienen demasiada presencia, para el joven será más difícil, o imposible, poder separarse. En algunos momentos deben llevar a cabo la difícil tarea de ayudar no ayudando. El joven para crecer debe poder separarse de las figuras protectoras de la infancia. Estas han sido un recurso inestimable frente a las dificultades personales, materiales. Este aspecto, nos dice Freud, es uno de los más dolorosos y difíciles de este momento.</p>
<p>Para asumir la propia vida es necesario un corte con las figuras que le han ayudado a crecer. El joven es como un esqueje que brota del tronco, para dar lugar a un nuevo árbol, es necesario un trasplante; sólo así podrá echar raíces propias. Si permanece junto al tronco parental su desarrollo será muy limitado.</p>
<p>En este trayecto hay un proceso de duelo. El joven sentirá dolor y responsabilidad frente a su existencia a la vez que satisfacción frente a los logros personales y la inscripción de su singularidad. Quizás la tarea principal de los padres sea propiciar este proceso. Es desde esta posición que los hijos podrán ser unos buenos compañeros de viaje.</p>
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