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	<title>Diván el Terrible &#187; Miguel Amengual</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>La perplejidad del pene</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2009 14:39:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Miguel Amengual</dc:creator>
				<category><![CDATA[En clave de sexo]]></category>

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		<description><![CDATA[  “El hombre está confundido y necesita conocer mejor su sexualidad para alcanzar mejor su emancipación.” Extracto de noticia periodística del texto: El pincel del amor; Diván el Terrible quiere saber algo más de este cambio “dramático”. Para emanciparse del tamaño del pene: Atribuimos a la emancipación de la mujer, entre otros trastornos, su capacidad [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/12/metro.jpg" alt="Imagen" /></p>
<blockquote><p>“El hombre está confundido y necesita conocer mejor su sexualidad para alcanzar mejor su emancipación.”</p></blockquote>
<p>Extracto de noticia periodística del texto: El pincel del amor; Diván el Terrible quiere saber algo más de este cambio “dramático”.<span id="more-257"></span></p>
<p>Para emanciparse del tamaño del pene:</p>
<p>Atribuimos a la emancipación de la mujer, entre otros trastornos, su capacidad para efectuar comparaciones odiosas y, justamente, odiadas por el hombre. Eso nos dijo a su paso por Madrid el Dr. Coolsaet, urólogo belga que se ha dado a conocer por un libro llamado El pincel del amor que versa sobre el pene. Y añadió que el tamaño del pene es el problema en el que se centra hoy el hombre. Nos recomienda a los hombres que nos emancipemos. Esto es, que aceptemos nuestras medidas o que vayamos al psicólogo.</p>
<p>Las mujeres, ocupadas en averiguar qué son. Los hombres centrados en averiguar qué quieren las mujeres, que resulta ser siempre otra cosa, pero siempre más grande, ya sea en su estado natural o a través de cualquiera de sus prótesis en forma de fuerza, poder o riquezas.</p>
<p>Dos mujeres psicoanalistas hablan del viejo Freud y de sus anticuadas ideas sobre la mujer.<br />
—¿Qué piensas de la envidia de pene? —pregunta una.<br />
Ojos como platos de la otra, quizá lascivos, pero no podría asegurarlo porque no soy un experto.<br />
—¿De qué pene? —responde interesada.</p>
<p>Esta pregunta es, por tanto, la que nos centra. Pienso que las mujeres mienten. No vale que digan que el tamaño no importa, si luego las escuchas en sus fantasías y resulta que todas sueñan en grandes, enormes penes que las atraviesan. Que no intenten consolarnos diciendo que “no estás mal”, que “la calidad es lo que vale”, etc. En las relaciones sexuales los amantes cierran los ojos. No es para ocultarse un espectáculo penoso.</p>
<p>Dice G. Pommier (psicoanalista contemporaneo) que es para que la relación amorosa sea posible, ya que sólo se consuma con un compañero ideal, incestuoso. He aquí el falo con el que nos comparan y con el que queremos identificarnos. Andaba, pues, yo en estas cavilaciones, cuando una noticia de periódico hizo la luz en mi mente.</p>
<p>Descubrí un arreglo con el que engañarnos y evitar la depresión. Resulta que la Luna se ve mucho más grande cuando aparece sobre el horizonte que cuando está alta en el cielo. Dos científicos americanos, Lloyd y James Kaufman, acaban de descubrir que no es una ilusión óptica, sino un engaño de los sentidos. Al parecer, este cambio aparente de tamaño se debe a cómo percibimos lo que nos rodea. La Luna se percibe de mayor tamaño sobre el horizonte porque las referencias que nos proporciona este mismo horizonte nos hacen interpretar que se encuentra muy lejos y que debe de ser muy grande. Cuando no hay estas referencias, como cuando está aislada en lo alto de un cielo oscuro, el cerebro decide que está más cerca y que, por tanto, es más pequeña. Debo reconocer que una teoría similar, aunque aplicada al tamaño del pene, ya la conocía y divulgó hace tiempo un amigo mío. Decía que el pene visto desde arriba, como ve cada uno el propio, parece muy pequeño, pero que de frente sale más favorecido. Esa es la razón por la que, cuando practicábamos deportes de equipo, en los vestuarios siempre descubríamos avergonzados que todos los demás lo tenían más grande. Este descubrimiento le impulsó, en adelante, a contemplar su pene sólo ante un espejo, con lo que logró reconciliarse con su tamaño.</p>
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