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	<title>Diván el Terrible &#187; Marina Averbach</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>El encuentro del psicoanálisis argentino y español</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Apr 2009 09:32:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marina Averbach</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia psicoanálisis en España]]></category>

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		<description><![CDATA[El psicoanálisis conoció su mayor acogida en Austria, Suiza y Alemania antes del triunfo del nazismo y su consecuente represión. Muchos de los analistas radicados en esos países se vieron forzados a emigrar, dando lugar a una gran expansión y producción en los países de acogida, como Inglaterra, donde se exilio el propio Freud, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/04/freud.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>El psicoanálisis conoció su mayor acogida en Austria, Suiza y Alemania antes del triunfo del nazismo y su consecuente represión. Muchos de los analistas radicados en esos países se vieron forzados a emigrar, dando lugar a una gran expansión y producción en los países de acogida, como Inglaterra, donde se exilio el propio Freud, y otros. También tuvo un gran desarrollo en Francia después de la guerra, sobre todo gracias al impulso de Lacan y sus discípulos.<span id="more-208"></span></p>
<p>Pero probablemente su mayor difusión y popularidad la alcanzó en dos países: Estados Unidos y Argentina. A este hecho no parece ajeno el que fueran dos países cuya población mayoritaria era producto del aluvión migratorio. Para el inmigrante y su descendencia, la extranjeridad radical del sujeto respecto del medio y de sí mismo, todos esos cuestionamientos de la supuesta integridad del yo consigo mismo y con su medio que postula el psicoanálisis y que tan extraños resultan al lego, son datos de la realidad inmediata, una evidencia que es difícil desconocer.</p>
<p>Mientras que el argentino de clase media es consciente, no de su inconsciente, pero sí de tener uno; ésta es una idea extraña al común de la población española. No se trata de establecer una diferencia de valor entre ambas características, pero sí de reconocer una diferencia entre una “españolidad” arraigada a la tierra y a las generaciones, y una “argentinidad” nacida de un cocido de culturas en un puchero en constante ebullición.</p>
<p>La transición española fue un salto sobre el vacío de la pre-modernidad a la post-modernidad, sin haber atravesado los aportes y sinsabores de la modernidad.</p>
<p>Es tarea del que llega hallar los puntos de encuentro con la cultura de un país al que no ha sido convocado. Pero ¿cómo entrecruzar la historia psicoanalítica argentina con las articulaciones culturales españolas?</p>
<p>En principio los psicoanalistas argentinos, que van llegando al ritmo del incremento de la represión en sus países, son muy bien acogidos. Sus incorporaciones contribuyen decisivamente al reconocimiento de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM) como sociedad componente de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) en 1979 -1981, bastante más tarde que la filial de Barcelona.</p>
<p>Pero a medida que se incrementa el arribo de psicoanalistas exiliados desde Argentina, hasta constituir una verdadera avalancha, comienzan a ser recibidos con mayor reticencia. Deberán aguardar años hasta su reconocimiento por la APM.</p>
<p>El psicoanálisis no es una cuestión de nacionalidades, ni siquiera de la nacionalidad de las asociaciones. Que los títulos y derechos adquiridos por sus practicantes en un país no le sean reconocidos por una Asociación Psicoanalítica de otro país con similares reglas de formación, parece negar el carácter científico del psicoanálisis y poner en evidencia el corporativismo de las reglas de la Internacional.</p>
<p>Esta reticencia tendrá un efecto colateral: forzará a muchos analistas a desarrollar sus actividades fuera del campo de la Internacional en España, contribuyendo así a la difusión del psicoanálisis más allá de sus límites institucionales.</p>
<p>Estos analistas traían una vasta experiencia de trabajo psicoanalítico en instituciones públicas, lo que sumado a su deseo y necesidad de hallar un lugar en el que inscribirse en su nueva sociedad de residencia, se ofrecieron a la salud pública más que los psicoanalistas locales, ya más instalados en sus respectivas prácticas y, por lo tanto, menos disponibles. En general no participaron directamente de la tarea asistencial, pero aportaron seminarios y grupos de estudio, supervisiones, y otras formas de transmisión de su experiencia institucional en servicios públicos a los profesionales que lideraban los cambios que se estaban produciendo en la salud mental española (fundamentalmente en Cataluña). La base para este encuentro se hallaba en su comunidad ética e ideológica con el proyecto reformador, ideología y ética que, en la mayor parte de los casos, eran causa directa de su exilio.</p>
<p>Tanto por la ideología de reformular dogmas y axiomas, como por la necesidad de insertarse en la práctica privada y, para ello, facilitar el acceso de nuevos alumnos, profesionales y candidatos al psicoanálisis, los psicoanalistas latinoamericanos flexibilizaron una amplia oferta de formación y asistencia privada, lo que facilitó la divulgación, tanto en el campo cultural como en el terapéutico, de la teoría y práctica clínica psicoanalítica.</p>
<p>Se fundan escuelas y asociaciones psicoanalíticas. La Escuela de Psicoanálisis de Niños y Adolescentes (EPNA) fue pionera en este sentido. A partir de 1981 la enseñanza del psicoanálisis, impulsada en un comienzo en buena medida por psicoanalistas argentinos, va siendo reconocida por diversas universidades, y desde 1985 comenzará a incorporarse como curso de pos grado, masteres y doctorados.</p>
<p>El problema que plantea la incorporación del psicoanálisis a la Universidad es que, pese al incremento creciente de una demanda estudiantil incentivada por el otorgamiento de  puntos, créditos y títulos, la enseñanza del psicoanálisis se concibe como el complemento del diván, no como su reemplazo.</p>
<p>Freud realiza una ruptura tajante con la tradición psiquiátrica: borra las diferencias entre salud y enfermedad mental. Si la salud mental es una ilusión y todos somos “enfermos” la neurosis deja de ser una enfermedad, y cualquier persona que padezca un malestar subjetivo o un sufrimiento excesivo puede consultar a un psicoanalista e iniciar una psicoterapia sin que esto lo señale como enfermo o diferente. Si esta experiencia del inconsciente depende del libre albedrío de cada sujeto; es imperativa para quien desea ser analista. El psicoanalista debe ser consciente y, además, si no cree que él mismo puede beneficiare del psicoanálisis, ¿con qué autoridad puede ofertarlo a otros?</p>
<p>Si la enseñanza académica de la teoría psicoanalítica favoreció inicialmente el acceso de profesionales con formación psicoanalítica a la función pública, hoy, cuando la psiquiatría se interesa más por la mente que por la psiquis y más por el cerebro que por la mente, en un alejamiento no sólo del psicoanálisis sino también de la psiquiatría clásica y de la psicología psicodinámica, y un acercamiento progresivo a la neurología, hasta el extremo en que se confunden ambas especialidades; la formación psiquiátrica es tan heterogénea al discurso psicoanalítico que se ha vuelto impermeable a él.</p>
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		<title>Por qué fue tan difícil el reconocimiento del psicoanálisis en España</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Mar 2009 23:15:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marina Averbach</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia psicoanálisis en España]]></category>

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		<description><![CDATA[Fragmento del Capitulo “Psicoanalistas argentinos en la salud mental española” de Marina Averbach, médica psicoanalista, en “La psiquiatría española en la transición”, compilado por la Sociedad Europea de Historia y Filosofía de la Psiquiatría. Extra Ediciones, Madrid, 2.001 En noviembre de 1975 fallecía Francisco Franco, el Generalísimo; dejando vacante un lugar que había ocupado en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Fragmento del Capitulo “Psicoanalistas argentinos en la salud mental española” de Marina Averbach, médica psicoanalista, en “La psiquiatría española en la transición”, compilado por la Sociedad Europea de Historia y Filosofía de la Psiquiatría. Extra Ediciones, Madrid, 2.001</p></blockquote>
<p>En noviembre de 1975 fallecía Francisco Franco, el Generalísimo; dejando vacante un lugar que había ocupado en exclusiva durante más de treinta y cinco años, espacio en el que se desarrollaría la transición hacia la democracia española.</p>
<p>El 24 de marzo de 1976 tenía lugar en Argentina un golpe de estado que desencadenaría una represión de una intensidad nunca antes conocida en el país.<span id="more-204"></span></p>
<p>Se produjo así la emigración de un gran número de personas para salvar sus vidas o las de sus hijos, o para escapar de un clima de terror que se hacía insoportable.  Muchos de estos exiliados eran psicoanalistas, uno de los grupos profesionales más afectados por la persecución política. La mayor parte de ellos eligió España como país de destino, con la que los unía la lengua, herramienta fundamental del trabajo analítico.</p>
<p>Todos ellos, sin constituir un conjunto homogéneo, tenían algo en común: dejaban un país en que el psicoanálisis constituía la teoría dominante  en el campo de la salud mental por otro en que el psicoanálisis se había desarrollado en las catacumbas de un régimen al que no le era simpático.</p>
<p>Ángel Garma, después de formarse como analista en Berlín, regresa a Madrid en 1931 con la ambición de fundar un grupo psicoanalítico y difundir el psicoanálisis en España. El estallido de la guerra civil acaba con su proyecto.</p>
<p>Su llegada a la Argentina, en 1938, no pudo ser más oportuna. En Buenos Aires había comenzado a reunirse un grupo de médicos e intelectuales interesados en el psicoanálisis. Ellos necesitaban didactas autorizados para ser reconocidos por la Asociación Psicoanalítica Internacional (I.P.A.) y Garma, primer psicoanalista español, recién llegado al país en que residiría el resto de su vida, pronto no tendría horas suficientes para atender a sus pacientes.</p>
<p>En Argentina el psicoanálisis adquiere prestigio intelectual gracias a los escritos de Ortega y Gasset y las conferencias de Rodríguez Lafora, se lee a Freud en la edición española con traducción de López Ballestero, el primer analista didacta y el y primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A.) es Ángel Garma, también español. Y sin embargo el psicoanálisis arraiga en la sociedad porteña y no en la española. ¿Por qué?</p>
<p>El psicoanálisis nunca tuvo buenas relaciones con los regímenes totalitarios. Quemados sus libros y perseguidos sus practicantes en la Alemania y la Austria nazis, prohibido bajo el estalinismo por su carácter burgués, no podía correr mucha mejor suerte bajo el franquismo. Pero reducir el fracaso del psicoanálisis en España a la antipatía del régimen sería una excesiva simplificación.</p>
<p>Muchas eran las razones para que las ideas freudianas no arraigaran en la península: el catolicismo y su moral, opuestos a la nueva ética fundada por Freud; una cultura que rechaza tradicionalmente la mención de los propios problemas y dificultades, sobre todo si éstos son de índole sexual; el estoicismo castellano y “el carácter épico del español” (López Ibor).</p>
<p>María Luisa Muñoz, con extraordinaria perspicacia, cita otra causa para este fracaso: “la ausencia en España de una intelectualidad judía, abierta científicamente, que hubiera acogido sin prejuicios las nuevas aportaciones freudianas, facilitando su implantación y desarrollo”.</p>
<p>Las principales teorías destinadas a conmover los cimientos del pensamiento occidental (marxismo, freudismo, teoría de la relatividad) surgieron en las mentes de judíos germanos asimilacionistas. Distanciados de sus orígenes judíos por su deseo de integrarse a la sociedad en que residían, y rechazados por ésta por su origen judío, esta extranjería radical hizo de la intelectualidad judía un sector menos prejuicioso y más abierto a las nuevas ideas, así como a una mayor reflexión sobre su propia interioridad y su subjetividad. Cuando Freud empezó a hacer sus descubrimientos ya hacía cuatrocientos años que los judíos habían sido expulsados de la península.</p>
<p>El estigma persiguió al psicoanálisis desde sus comienzos por ser Freud, su fundador, de origen judío. De esta manera se podía desautorizarlo atribuyendo sus descubrimientos al “carácter degenerado de una raza”, o simplemente descalificarlo como hizo Pío Baroja al definirlo escuetamente como “palabrería judía”.</p>
<p>Tampoco la cultura española era fácilmente permeable al psicoanálisis.  Incluso el gran realista español, Pérez Galdós, trabaja más con arquetipos que con verdaderos caracteres psicológicos individuales. Esta ausencia de realismo psicológico no responde sólo al “carácter de una raza”, sino a la ausencia del pensamiento moderno en Castilla. La subjetividad en la literatura es un reflejo del pensamiento burgués, y España no es cartesiana.</p>
<p>Sí hubo artistas que se interesaron en el psicoanálisis (Dalí, Buñuel), pero lo que les interesó fue el descubrimiento del inconsciente y, sobre todo, sus procedimientos (asociación libre, atención flotante), no su clínica. El psicoanálisis abreva en fuentes  ajenas a la tradición cultural española.</p>
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