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	<title>Diván el Terrible &#187; María Luján Ramos</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Convivir en las aulas</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Jun 2009 22:15:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Luján Ramos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Violencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos conmocionan los hechos violentos puntuales. En el ámbito escolar el extremo lo ocupan los asesinatos a manos de estudiantes, de compañeros y profesores en los colegios, como así también los suicidios de niños por problemas en la escuela. Hay una violencia ejercida por los niños y sobre los niños. Es claro para todos que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/06/violencia.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Nos conmocionan los hechos violentos puntuales.</p>
<p>En el ámbito escolar el extremo lo ocupan los asesinatos a manos de estudiantes, de compañeros y profesores en los colegios, como así también los suicidios de niños por problemas en la escuela.<span id="more-218"></span></p>
<p>Hay una violencia ejercida por los niños y sobre los niños.</p>
<p>Es claro para todos que la violencia, la intolerancia y la discriminación están en la base misma del sistema social, político y económico. Pero hay que destacar también que en gran parte está dentro de nosotros mismos.</p>
<p>Encontramos violencia en ciertos actos realizados por directores o docentes (que tienen efectos violentos), independientemente de la intencionalidad manifiesta de éstos.</p>
<p>Es frecuente hallar climas y culturas institucionales que se expresan a través de rasgos violentos, relaciones interpersonales agresivas; directivas lineales y arbitrarias; fenómenos de dominación y de sustracción de la información, de chismes y rumores.</p>
<p>La mayor parte de los conflictos están originados en la convivencia, y esto nos lleva a la cuestión del otro, de la alteridad.</p>
<p>En relación a esto, el psicoanálisis tiene algo que decir, porque la estructura del ser humano no ha cambiado, a pesar de que muestre nuevas formas, otras modalidades.</p>
<p>El otro, nuestro semejante, está presente en la constitución misma de cada sujeto en la medida que nos han nombrado como tímidos, vagos, valientes, listos, es decir mediante palabras nos han atribuido una serie de características, a las cuales posteriormente nos vamos acomodando o desacomodando mas o menos según una serie de circunstancias. Pero en principio, nuestro modo de vernos a nosotros mismos, está determinado por el juicio de los otros.</p>
<p>Así en lo que los otros dicen de él, alguien puede reconocerse o no reconocerse, pero no puede salir de esta lógica.</p>
<p>Actualmente en el ámbito educativo, existen muchos conflictos que alimentan malestar por la presencia de alteridades que parecen muy ajenas, la presencia de diferentes razas y culturas en el aula. Pero se producen por la convivencia en sí.</p>
<p>La escuela es la primera salida de la endogamia familiar; al entrar en la escuela, el niño pasa de lo conocido, familiar, a lo desconocido, a lo “otro”. Cada comienzo de curso, algo de esto vuelve a se, y adaptarse a la situación nueva requiere tiempo.</p>
<p>Tiempo para que las palabras puedan ser oídas y escuchadas, para entenderse, qué quiere éste o aquel profesor, entender que algunas palabras no quieren decir lo mismo para uno que para otro. Los profesores también necesitan tiempo para conocer a cada niño y sus tiempos, por ejemplo en el aprendizaje.</p>
<p>Hay algunos que no toleran los retrasos y otros que siempre justificarán un trabajo a destiempo.</p>
<p>Freud decía que la intolerancia se manifiesta más en las pequeñas diferencias, que en las fundamentales.</p>
<p>La escuela ofrece la posibilidad de compartir una normativa común, una ley que es igual para todos.</p>
<p>Si la ley funciona, los problemas son más manejables.</p>
<p>En la adolescencia, la muerte y la sexualidad son conflictos que están en primer plano, justamente en lo referido a las diferencias que hacen a cada sexo. El grupo será un espacio fundamental para ellos.</p>
<p>Entre pares, la posibilidad de identificarse y sentir que son todos iguales alivia y regula la angustia ante lo diferente.</p>
<p>Las conductas trasgresoras y agresivas son muy frecuentes entre ellos y hacia los demás. Luego pasan a formar parte de grupos sociales más heterogéneos.</p>
<p>Podríamos decir que son un fenómeno normal, transitorio pero que cuando se prolongan como modo de vida, y se convierten en un fin en sí mismos, podemos tener una banda.</p>
<p>El poder, sabemos que se sostiene en la fuerza. La autoridad se sostiene en la Ley igual para todos y en su aplicación.</p>
<p>Uno de los problemas que se genera por la ausencia de ley, de normas, ó su no aplicación está en la des-responsabilización del sujeto.</p>
<p>Los maestros y los padres, tienen que recordar que ver, oír y callar no debe convertirse en una forma de vida.</p>
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		<title>Maternidad, adopción e impostura</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Dec 2007 09:17:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Luján Ramos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Posturas e imposturas]]></category>

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		<description><![CDATA[La clínica de la maternidad adoptiva, me ha sugerido conexiones con algunos ejes que postula B. Cannone. Es frecuente escuchar en algunas madres que adoptan, que experimentan en ciertos momentos un sentimiento de impostura. Lo suelen nombrar así y además describirlo como un malestar, una suerte de extrañamiento, a veces acompañado de una pregunta: ¿Qué [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/12/maternidad.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>La clínica de la maternidad adoptiva, me ha sugerido conexiones con algunos ejes que postula B. Cannone.<span id="more-119"></span></p>
<p>Es frecuente escuchar en algunas madres que adoptan, que experimentan en ciertos momentos un sentimiento de impostura. Lo suelen nombrar así y además describirlo como un malestar, una suerte de extrañamiento, a veces acompañado de una pregunta: ¿Qué hago aquí? ¿de dónde viene este niño? Este sentimiento aparece no solo al principio de la historia sino que suele aparecer en otros momentos posteriores, lejanos a él. Por una parte, sienten un ¡Por fin! Ha llegado el momento tan anhelado de tener un hijo, y luego experimentan una sensación de extrañeza cuando alguien la nombra como madre, ¿esa soy yo? ¿“Estarán mirando si se parece a nosotros”? También en algunos casos suele planear un fantasma de que los padres biológicos, arrepentidos puedan reclamar al niño tanto si conocen como si no, a la persona que lo ha dado en adopción</p>
<p>Sentimiento de no ser la madre legítima, de estar ocupando un lugar que no le corresponde, y otras dudas por el estilo. “Tú no eres mi madre&#8221; puede espetarla ese hijo un día a la cara&#8230; ¿cómo contestar si ella se siente una impostora? Es frecuente que también en las madres biológicas aparezcan dudas y preguntas acerca de si será una buena madre, de no poder ocupar la casilla Madre como corresponde, de no estar a la altura. Pero ¿Cómo es para la madre adoptiva?</p>
<p>¿Es entonces la madre biológica la “verdadera” madre  también para esta mujer? ¿Por qué asimilan “verdad” con la biología?</p>
<p>Lo real biológico se les impone como verdadero a estas madres en desmedro de una operación simbólica fundamental la referencia a un padre y el haber recibido al hijo como un don, y descolocarse, desmarcarse, del deseo que puso  en marcha la maternidad adoptiva.</p>
<p>Es cierto que no siempre se sienten así, pero ante algunas circunstancias, el problema surge y le abre la pregunta ¿que es ser madre?</p>
<p>Los sentidos que entran en juego cuando se anhela un hijo , el valor que tiene para ella, el lugar que le reserva antes de adoptarlo, sus deseos y los de las personas que fueron importantes para ellas hacen que lo desprendan de ese real biológico para ubicarlo en un lugar simbólico. La estructura que le antecede, que estaba ya ahí y que la madre encarna y vehiculiza en la palabra.</p>
<p>Somos hijos del lenguaje, de la lengua de la madre, que hace hijo al niño, lo engendra, lo filia con su palabra. Este paso también debe ser dado con los hijos biológicos, después del nacimiento para hacer suyo al hijo.</p>
<p>¿Qué es lo que hace surgir esa vacilación, ese malestar, que la excluye del grupo que “sí son”, ese desconocer cual es el lugar que está ocupando, pensarlo ilegítimo, la mayoría de las veces luego de un recorrido largo y penoso? Una vuelta a ser hija, en el pasaje de ser hija a ser madre.</p>
<p>Los hijos se inventan frecuentemente unos padres distintos de los que tienen. El fantasma de haber sido adoptado (novela familiar) participa en el anhelo de tener un hijo, respondiendo al enigma de los orígenes.</p>
<p>Esta doble representación encuentra su legitimidad en el paradigma de Edipo. Es efecto de la estructura misma del Edipo. El rechazo del padre original, (matar al padre) para ser educado por otro padre (adoptivo), funda la ley del inconsciente, que precede a las leyes sociales.</p>
<p>Tal acto en algún sentido ilegal, instala al sujeto en una culpabilidad que le ayuda a construir su sistema de prohibiciones. El asesinato e incesto fantasmagórico, constituyen la normativa de cada sujeto, cada uno a su manera.</p>
<p>El desdoblamiento de las figuras parentales, se efectúa como consecuencia de la alienación al lenguaje que nos hace humanos y que nos desdobla entre un organismo niño y otro hecho por la madre y su” lengua materna”, como hijo.</p>
<p>Así comienza el desdoblamiento de la madre, que escuchamos en la clínica.</p>
<p>La Madre no es la mamá. La mamá, es una mujer que en un momento dado de su vida ha tenido el anhelo de ser Madre. La maternidad le ha sobrevenido y ha encarnado como ha podido esta identificación a la MADRE, y trata de  soportarla lo mejor posible. La mayoría de las mujeres que se convierten en madres, adoptivas ó biológicas, sienten que este papel  les sobrepasa, que nunca llegan a ocupar la casilla de lo que debería ser una verdadera Madre. Es frecuente escuchar lo culpables que se sienten cuando imponen normas o castigos de los que se arrepienten posteriormente. Cuando hace falta poner restricciones, limitaciones,  se culpan de no ser una buena madre. Es como si la imagen de una buena madre se impusiera a ella, como mujer.</p>
<p>Esta imagen de ser una buena madre (Ideal) a veces es tan grande que una mujer puede pensar en confiar a su hijo a alguien mas digno que ella de ser Madre, por ej., su propia madre, otro familiar, una institución.</p>
<p>Esta sería una conducta, como dice B. Cannone de tipo depresivo, inhibitorio&#8230; Si para poder decidir adoptar un niño, hay que salir como dice Freud del par potencia-impotencia (puedo- no puedo engendrar biológicamente un hijo) y reemplazarla por posible-imposible (éste es el hijo posible, el que puedo filiar) estaríamos ante una posición que aunque conlleva el malestar y la angustia de los sentimientos antes descriptos promueve el movimiento, motoriza el deseo.</p>
<p>La madre “verdadera”, es la madre TODA de la casilla. En el extrañamiento y en el sentir no llegar a la altura, que le hace decir “esa no soy yo, soy una impostora,” está una desmentida, un saber rechazado acerca de la muerte y la castración, de que nos habla Freud, para sostener el “no obstante&#8230; hay “otras”  que sí saben ser verdaderamente madres y que ocupan naturalmente la casilla”. En este punto podemos decir efectivamente que el sentimiento de impostura es la antesala de la angustia castración, encrucijada de un saber no sabido que remite a la posición sexuada. Una madre frente a LA MADRE que sigue reflejando el ideal de omnipotencia que preserva la creencia en el falo materno y de la que tan difícilmente nos desprendemos.</p>
<p>Son varias las esperanzas inconcientes que hay que abandonar , como requisito indispensable para poder ocupar ese lugar &#8220;lo mejor posible&#8221; (cualquier mujer) sin sentirse una impostora y sobre todo sin tener continuamente su preocupación puesta en su imagen, es decir en su narcisismo, en lugar de hacer hueco para el hijo.</p>
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		<title>No quiero tener un hijo</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Dec 2006 23:14:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>María Luján Ramos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[Pasaba el tiempo y Almudena y Carlos no tenían hijos. No era fácil conversar con ellos sobre el tema sin obtener respuestas evasivas. Contestar a la pregunta por qué queremos, o no, un hijo no es fácil. Nos encontraremos dando una serie de razones o motivos generalmente conscientes, como la necesidad de trascender en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="image49" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2006/12/nobebe.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Pasaba el tiempo y Almudena y Carlos no tenían hijos. No era fácil conversar con ellos sobre el tema sin obtener respuestas evasivas.<span id="more-46"></span></p>
<p>Contestar a la pregunta por qué queremos, o no, un hijo no es fácil. Nos encontraremos dando una serie de razones o motivos generalmente conscientes, como la necesidad de trascender en la vida, como fruto de nuestro amor con alguien, en el primer caso. En la segunda situación, algunas parejas lo pueden verbalizar con claridad, y dicen “por ahora no lo pensamos, no deseamos tener hijos, quizás pueda ser más adelante”.</p>
<p>En el anhelo o no de un hijo concurren una serie de fenómenos inconscientes de gran complejidad, y de los cuales generalmente no sabemos, somos ignorantes de ello.</p>
<p>Muchas parejas, después de un cierto tiempo de establecidas, pueden sentirse presionadas por la familia, por lo general por los padres, por no tener hijos, y es común que comiencen las preguntas: ¿tendrán problemas?, ¿podrán tenerlos?</p>
<p>El razonamiento, puede reconocer el deseo, pero también negarlo o disfrazarlo. Existen conflictos de intereses, por ejemplo entre buscar un hijo y hacerse un lugar en el trabajo o en la profesión, conseguir un trabajo más cualificado, o mejorar la situación económica.</p>
<p>Escuchamos a mujeres que se avergüenzan por desear tener hijos, lo que las llevaría a renunciar a puestos importantes o de prestigio, horizonte planteado por un ideal exigente de igualarse con el hombre. Si bien desde el punto de vista del derecho, del orden social se lucha por la igualdad, desde el punto de vista psíquico las diferencias sexuales existen no tanto por la anatomía como por las vías de placer y goce, que discurren en la mujer por caminos diferentes.</p>
<p>Otras veces se trata de querer vivir en pareja un tiempo más, sin tener que abordar los cambios en el estilo de vida que implica la llegada de un niño, las obligaciones y las responsabilidades que supone, y, así, se posterga el deseo de maternidad y paternidad.</p>
<p>Los temores, como el miedo al embarazo ó al parto, juegan un papel importante a la hora de no querer tener un hijo. Algunas mujeres prefieren pensar en adoptar antes de pasar por estas situaciones. Otras veces es el hombre el que no quiere. Muchas parejas terminan separándose por esto.</p>
<p>Vivimos en una sociedad compleja, donde el éxito y el “lo quiero y lo tengo” son valores. Tener un hijo, un embarazo, un parto son experiencias que no dependen de la voluntad, sino de fantasías y deseos inconscientes, difíciles de controlar, y que conllevan riesgos. Los miedos a asumir la maternidad y paternidad suelen estar presentes de diferentes formas. Ser padre o madre no es lo mismo que tener el hijo; se puede desear tener un hijo y luego no querer asumir su crianza. Así muchos niños son dados en adopción o se dejan a cargo de familiares.</p>
<p>Podemos decir que los factores inconscientes que ignoramos tienen que ver con las relaciones vividas en la infancia, generalmente con la madre o el padre.</p>
<p>El anhelo de un hijo con respecto a sus propios padres, la manera en que éstos tuvieron los suyos, los avatares de su fecundidad, los abortos de la madre, los niños muertos en la familia son cuestiones de la feminidad y afectan al hecho de convertirse en madre. Se transmiten de generación en generación y afectan a toda mujer a lo largo de su vida, casi siempre sin saber acerca de ello.</p>
<p>En ciertas mujeres existe un fantasma: el de ser objeto de una prohibición de engendrar, prohibición que provendría de oscuros anhelos de su propia madre de verla privada de hijos.</p>
<p>Ante la pregunta de por qué no tuvo hijos, una mujer dice: “nunca me sentí capacitada, siempre pensé que con los problemas psicológicos que tengo, no podía tener hijos para trasmitirles semejantes angustias, la cantidad de cosas que no me aclaro&#8230; no quiero hacer lo que me hicieron a mí”.</p>
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