Sábado por la mañana, periódico, café y un par de churros con los que iniciar el fin de semana que se avecina. En la mesa de al lado tres hombres, rondando los cuarenta, que conversaban con gesto adusto de algo que llamó mi atención y despertó mi curiosidad. Cual cotilla de libro, agucé mi oído para no perder palabra, y tras escuchar una frase familiar, les pedí que me permitieran compartir la reunión. Seguir leyendo »
José María Prado
Ingeniero de caminos, Madrid