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	<title>Diván el Terrible &#187; José Llanos</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Maldito ámbar</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Dec 2006 01:37:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Llanos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Soy joven... ¿y ahora qué?]]></category>

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		<description><![CDATA[Mónica había sido, desde siempre, una niña modelo. Seria y responsable, había cumplido todas las expectativas familiares. El padre, ingeniero, responsable de la señalización del tráfico ferroviario, era meticuloso y concienzudo en su trabajo y afable y cariñoso en la vida familiar, que solía organizar con precisión no exenta de diversión y estímulos. Todo iba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mónica había sido, desde siempre, una niña modelo. Seria y responsable, había cumplido todas las expectativas familiares. El padre, ingeniero, responsable de la señalización del tráfico ferroviario, era meticuloso y concienzudo en su trabajo y afable y cariñoso en la vida familiar, que solía organizar con precisión no exenta de diversión y estímulos. Todo iba bien, salvo cuando surgía algún imprevisto. Las señales eran inequívocas y los protocolos de actuación también. La cosa rodaba.<span id="more-43"></span></p>
<p>Sin embargo, unas crisis de angustia cada vez más frecuentes junto con un fracaso académico habían llevado a Mónica a la consulta. Para ella se había convertido en imposible concluir sus estudios universitarios, por cierto que ligados a la previsión de riesgos. Tras unos resultados impresionantes en toda la carrera, la angustia ante los exámenes finales le impedía siquiera presentarse.</p>
<p>Al cabo de unas cuantas entrevistas, Mónica trae un sueño. El ámbar, sólo el ámbar. Enseguida lo relaciona con los semáforos, el rojo ordena parar, el verde pasar, pero el ámbar&#8230; El ámbar significa alerta, atención y frenar, eso dice el código, aunque nadie hace caso.</p>
<p>El analista, señalizador suplente, cumplía su función y sostenía la pregunta, en tanto que Mónica hacía su trabajo y encontraba la relación entre su angustia, su sueño y el final de la carrera. Se acababa el camino trillado y prescrito. Sin embargo, ante la demanda angustiosa y angustiante de un saber cierto, provocada por la incertidumbre de un determinado examen, el psicoanalista cede y se convierte en pedagogo, proporcionando algunas instrucciones y trucos para solventar la situación, con notable éxito. Mónica concluye sus estudios universitarios e interrumpe el análisis.</p>
<p>Sólo que este fulgurante éxito se vio seriamente empañado por los acontecimientos posteriores. Al cabo de un tiempo, Mónica vuelve a la consulta acosada por intensas y frecuentes crisis de angustia, así como por una acusada incapacidad para tomar cualquier decisión sobre su vida sentimental y profesional.</p>
<p>Cuando el síntoma irrumpe y alguien se acerca a un psicoanalista, es que algo se ha roto, se ha perdido la continuidad de la existencia y le demanda que restaure el sentido de la vida, atribuyéndole un saber sobre el síntoma. Pero es precisamente porque el analista no responde a dicha demanda y no actúa como sujeto del saber por lo que el análisis es posible y permite al analizante hacer el recorrido por las palabras que le han marcado y el deseo que le atraviesa.</p>
<p>Cuando el analista ejerce ese saber atribuido y responde a las demandas que se le dirigen, bloquea ese recorrido y produce una cristalización del síntoma. Pero el deseo en Mónica se ha dado una segunda oportunidad.</p>
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