
La libertad introduce la contingencia y el error, el capricho y la improvisación en nuestras vidas, tanto en la pequeña escala de una cotidianidad sin brillos como en la Historia con mayúsculas. Así, surge un juego ora trágico ora cómico entre la libertad, el mal, la culpa y el perdón. Las religiones monoteístas no se fundan tanto en el pacto (o alianza) como en el perdón que la divinidad concede tras la ofensa. Gracias al perdón todos volvemos a empezar y tenemos una segunda oportunidad sobre la tierra. Seguir leyendo »


