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	<title>Diván el Terrible &#187; Graciela Strada</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>A-dicto</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Oct 2011 15:43:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Graciela Strada</dc:creator>
				<category><![CDATA[Adicciones]]></category>

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		<description><![CDATA[En una esquina cualquiera, en un oscuro portal o en medio de un basurero ¿qué importa el paisaje si sólo es un telón de fondo sin matices, sin semejantes, sin palabras? El drogadicto perdió su intimidad y muestra una imagen pública de una terrible soledad, yace solo en sus intentos de auto inocularse una sustancia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2011/10/jeringa.jpg"><img class="alignnone size-full wp-image-445" title="imagen" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2011/10/jeringa.jpg" alt="" width="450" height="150" /></a></p>
<p>En una esquina cualquiera, en un oscuro portal o en medio de un basurero ¿qué importa el paisaje si sólo es un telón de fondo sin matices, sin semejantes, sin palabras? El drogadicto perdió su intimidad y muestra una imagen pública de una terrible soledad, yace solo en sus intentos de auto inocularse una sustancia  de cualquier manera y obtenida a cualquier precio. Está sujetado a un objeto de cuya incorporación, cual biberón venenoso portador de mala leche, dependerá en su enésimo intento de reconquistar un instante que borre el dolor, la angustia, el sin sentido de su existencia. O simplemente hace una apuesta al límite que le permita un goce a medida, auto proporcionado como y cuando quiere para su autosatisfacción.<span id="more-442"></span></p>
<p>Es un a-dicto, no-dice, hace y se aísla en la repetición de su acto de drogarse, en un gasto que lo consume al tiempo que lo derrite, lo devora, le hace desaparecer en un circuito infernal de consumir-ser consumido-consumirse.</p>
<p>El autoerotismo, dice Lacan. “es una sola boca que se besa a sí misma”.</p>
<p>Hubo una boca primera por donde entró el alimento acompañado de palabras, risas, cantos que salían de otra boca de alguien que lo había deseado y lo estaba esperando. Puede haber nuevas bocas que se transformen en bocas para la muerte, se van cavando en el cuerpo desde una entrada no convenida, como una herida, una lesión que no genera intercambio alguno. Una boca prefabricada  directa a las venas, circuito no transitado por nadie más, una trasgresión que abre artificialmente un atajo.</p>
<p>Hubo otros orificios del cuerpo que en su borde combinaron carne y lenguaje,  convocaron presencias anheladas, fueron origen de satisfacciones, lugares de encuentro que marcaron un erotismo para cada uno, amasado de goce y palabras. Lo que ha entrado o salido de ese cuerpo enhebrado con frases han podido ser regalos de algo para alguien donados con amor.</p>
<p>¿Qué determina la alternativa de una u otra boca? ¿Qué hace que una persona, en una etapa de su vida, generalmente muy joven, pruebe una sustancia, encuentre en ella “su” droga y pase a nombrarse “soy un drogadicto”? ¿Qué justifica la entrega sacrificial que va reduciendo una vida humana a una fisiología casi animal, empobreciendo un discurso que apela en su jerga a términos tales como mono, caballo, camello? ¿Hay una explicación para este salto? ¿Es que se torna insoportable la vida?</p>
<p>Sólo se podrá responder en cada caso y solamente  si el interesado se lo pregunta, pero siempre hay una historia. Hubo una primera vez, circunstancias que lo precipitan, angustia, vacíos que lo preceden. En un momento determinado, se pone la vida entre paréntesis, una vida que quizás duela, demande compromisos, interpele, reclame respuestas, conecte con un desierto. Quizá nada ha funcionado como motor de esa existencia, algo ha impedido hacer la prueba del deseo, apostar algo por alguien, ante alguien. Momentos de encrucijada, de vacío que conducen o a la tentación de precipitarse en él y acabar así la tensión, el cansancio, el dolor, o a la salida de hacer un  brocal a ese agujero con palabras que lo vayan contorneando.</p>
<p>El dominio de lo “auto”  va empujando a la desvinculación de los semejantes, de las tareas de la vida, del juego de la fantasía en aras de un ”bienestar”. Una pausa que brinde una anestesia pasajera para una existencia que no ha podido pasar por el aro de la palabra, encajar la decepción de una búsqueda que no culmina en un único objeto que satisfaga y para siempre, y que, no colmándonos, nos arroja nuevamente al desencuentro, a la desarmonía. Pero hay instrumentos para paliar la pérdida de ese paraíso mudo donde todo se decía sin frases.</p>
<p>Cuando el vacío estructural de todo ser humano puede inscribirse anudando su goce a la palabra, encuentra formas de representación que permiten construir señuelos, dando origen al nacimiento del deseo. Este sostén evita, no la insatisfacción, sino la alternativa de querer apearse del carro de la vida eludiendo el ensayo de una respuesta propia a la sexualidad y a la muerte.</p>
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		<title>Nada reemplazará a mi hija</title>
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		<pubDate>Sat, 06 Feb 2010 18:52:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Graciela Strada</dc:creator>
				<category><![CDATA[El duelo duele]]></category>

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		<description><![CDATA[Teresa se sorprende a sí misma garabateando un nombre, Ana. La resonancia con otro nombre, Lara, el de su hija muerta hacía dos años es inmediata. Angustiada, se pregunta: “¿Tengo derecho a reemplazar a Lara aunque sea en mis pensamientos? ¿Ha transcurrido suficiente tiempo, me encuentro preparada para tener otro hijo?” Muchos pensamientos y sentimientos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2010/02/estatuanina.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Teresa se sorprende a sí misma garabateando un nombre, Ana. La resonancia con otro nombre, Lara, el de su hija muerta hacía dos años es inmediata. Angustiada, se pregunta: “¿Tengo derecho a reemplazar a Lara aunque sea en mis pensamientos? ¿Ha transcurrido suficiente tiempo, me encuentro preparada para tener otro hijo?”<span id="more-262"></span></p>
<p>Muchos pensamientos y sentimientos presentes en un proceso de duelo contienen la idea de que la garantía de un verdadero amor debe pasar por un sufrimiento sin fin, pues lo contrario es el olvido. Pero el aferrarse a cada recuerdo, tratando de mantener la existencia de esa hija muerta a través de la cronificación del dolor puede, en algunos casos, comenzar a coexistir con la tentación de dejarse poseer por el deseo de un nuevo nombre, una nueva vida. Un pensamiento la atenazaba, “Me han quitado a mi hija, me han arrancado una parte de mi cuerpo”. Esa muerte fue para ella una amputación, un vacío insoportable en su cuerpo, en ese mismo cuerpo que la había abrigado y alimentado.</p>
<p>“Nunca más cantaremos aquella canción…” dice, denunciando el dolor de una renuncia definitiva a los intercambios amorosos y sensuales, a ese modo de estar juntas riendo, cantando, diciendo tonterías. Las conversaciones con su madre sobre su infancia se van convirtiendo en un hilo conductor que permite recobrar el movimiento de la vida y como recreación generacional se opone al tiempo petrificado por la muerte.</p>
<p>¿Qué significaba esta hija y qué se llevó de ella? Es una interrogación que apela a la verdad del lazo profundo e inconsciente con esa hija y el lugar otorgado por los padres en sus deseos, ideales, proyectos.</p>
<p>“Una tarde creí verla en la calle, con su pelo rubio desordenado”. Reaccionó con perplejidad y un llanto incontenible. Al tiempo le dijo a su marido: “¡Qué ganas de volver a nuestro sitio de vacaciones en familia!”.</p>
<p>El deseo de un nuevo hijo, de recrear algo nuevo que integre la laguna de una ausencia para siempre pone a prueba la posibilidad de cada padre y de cada madre de conjugar lo real de la muerte con un mundo imaginario a fin de dar cuerpo a pensamientos, a fantasías. Una persona en duelo construye puentes sobre el abismo por medio de su capacidad de simbolizar la realidad de una muerte. Este tipo de elaboración subjetiva que conmueve los cimientos de todo ser humano remite a aquella pérdida originaria que, en el acto de nacimiento y separación de la madre, nos marca a cada uno como seres mortales.</p>
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		<title>Un secreto a voces</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Dec 2009 17:55:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Graciela Strada</dc:creator>
				<category><![CDATA[Padres]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay secretos familiares, ocultamientos vergonzantes, humillaciones que se revelan en un momento dado acompañadas de actos y palabras violentos como única forma de detener la violencia mortífera del silencio. La película danesa Celebración muestra como el suicidio de una hija empuja a decir una verdad, a interrumpir una farsa cómplice que pretende imponer un “aquí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/12/silencio.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Hay secretos familiares, ocultamientos vergonzantes, humillaciones que se revelan en un momento dado acompañadas de actos y palabras violentos como única forma de detener la violencia mortífera del silencio. La película danesa Celebración muestra como el suicidio de una hija empuja a decir una verdad, a interrumpir una farsa cómplice que pretende imponer un “aquí no ha pasado nada”.<span id="more-259"></span></p>
<p>Hay otros tipos de silencio, no menos violentos: se producen cuando en la infancia alguien ha sido privado de una explicación sobre hechos que ha percibido y han conmocionado su estabilidad. Susana, nacida al poco tiempo de que sus padres emigraran, fue dejada en unas vacaciones, cuando tenía meses, al cuidado de su abuela paterna.</p>
<p>Esta la devolvió a sus padres al año y medio y desapareció una noche sin decirle nada “para que la niña no sufra”. Susana se despertó en una familia que vivió como “adoptiva”, rodeada de extraños. Atenazada por el terror a una muerte sorpresiva, en su proceso de psicoanálisis se pregunta insistentemente de dónde es y cuál es su lengua: sintiéndose exiliada de las palabras, no encuentra términos ni en una lengua ni en otra para expresarse. Como describió Freud, el niño pequeño, ante la ausencia de su madre, a través de la repetición del juego, tan familiar para todos, de acercar y alejar un objeto acompañándolo de sonidos, ese “cucutá”, va construyendo una representación que nombra esa ausencia. Pero registrar lo que ocurre a su alrededor sin unas palabras explicativas, puede llevar a un niño a quedarse con una impresión que carece de soporte alguno al que agarrarse.</p>
<p>Ante el silencio de la partida de sus padres, Susana se queda con alguna imagen errática, un coche que parte, un sonido, un olor y muchas dudas sobre la existencia real de estos sucesos. Todo esto, captado en soledad, la sitúa en el mismo plano que a un extranjero excluido de la posibilidad de compartir una lengua.</p>
<p>No se trata de hechos olvidados: para poder borrar primero hay que escribir. En el espacio de un análisis puede encontrar alguien que escuche, que dé una señal, que ayude a encontrar una forma de representar y legitimar esos acontecimientos de los cuales un niño puede haber sido apartado en un intento de sus padres de preservarlo y evitarle sufrimientos. La inscripción de estos hechos, vividos pero “no vividos”, posibilitará que pierdan el carácter de sueño traumático siempre presente y sean incorporados a la historia particular de cada sujeto.</p>
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		<title>La pregunta por la legitimidad</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Feb 2008 11:51:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Graciela Strada</dc:creator>
				<category><![CDATA[Posturas e imposturas]]></category>

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		<description><![CDATA[La pregunta que se hacen muchas personas sobre el derecho a ocupar un lugar involucra una interrogación sobre la legitimidad que introduce el tema del padre. Cuando la encontré formulada en el libro de Belinda Cannone, en relación al éxito y al sentimiento de impostura, inmediatamente recordé una frase de la carta que Freud, a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/02/acropolis.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>La pregunta que se hacen muchas personas sobre el derecho a ocupar un lugar involucra una interrogación sobre la legitimidad que introduce el tema del padre. Cuando la encontré formulada en el libro de Belinda Cannone, en relación al éxito y al sentimiento de impostura, inmediatamente recordé una frase de la carta que Freud, a sus 80 años, le dedica al escritor Romain Rolland: “Como si lo esencial del éxito consistiera en llegar más lejos que el propio padre y que tratar de superar al padre fuese aún algo prohibido”. La escribe casi al final de su vida en “Una perturbación de la memoria en la Acrópolis (1936) en la cual retomando el hilo de su autoanálisis relata un episodio ocurrido en el año 1904 en un viaje a Atenas.<span id="more-127"></span></p>
<p>Emprendía todos los años un viaje de vacaciones con su hermano Alexander que los llevaba generalmente a Italia. Esta vez, apremiados de tiempo, deciden dirigirse a la isla de Corfú pasando por Trieste donde, aconsejados por un amigo, cambian su destino azarosamente y se dirigen a Atenas. El “cambio de rumbo” les produjo un gran descontento e indecisión y sólo se imaginaban obstáculos y dificultades. Freud mismo califica esta conducta de enigmática porque de pronto, sin darse explicaciones y como algo natural, se hallaron comprando los billetes para Atenas.</p>
<p>“Cuando me encontré parado en la Acrópolis, abarcando el paisaje con la mirada, me vino de pronto el siguiente pensamiento, harto extraño: ¡De modo que todo esto realmente existe, tal como lo hemos aprendido en el colegio!”, su admiración y exaltación están empañadas por una fuerte duda sobre la propia existencia de Atenas. ¿Llegar a ver a Atenas? ¡Pero, si no es posible! exclamó.</p>
<p>Para Freud están vinculadas esta extrañeza y la desazón que suele manifestarse cuando se ha llegado a lugares intensamente soñados desde el deseo de escapar de la estrechez de los medios de vida, de los límites de la realidad.</p>
<p>“Parecía estar más allá de los límites de lo posible que yo pudiera&#8230; llegar tan lejos&#8221;. Llegar tan lejos&#8230; ¿está permitido? Llegar más lejos que el padre&#8230; ¿Qué empuja a desear ir más allá, más allá de los límites de lo posible?</p>
<p>&#8220;Realmente no habría creído posible que me fuese dado contemplar a Atenas con mis propios ojos&#8221;, &#8220;Lo que aquí veo no es real&#8221;, expresa Freud mostrando cómo sobrepasar el destino sin someterse a su designio le origina extrañamiento, irrealidad y descreimiento. Denomina enajenación-despersonalización a estos procesos que son paradigmas de una perturbación anímica aunque se presenten regularmente en la vida normal.</p>
<p>La pregunta ¿Yo qué hago aquí?, que suele acompañar al sentimiento de impostura, hace pasar una pequeña vivencia a la enajenación, con un desdoblamiento que produce una singular extrañeza frente a actos y pensamientos propios que se experimentan como si provinieran de otro. El sujeto se contempla así mismo, en una situación merecida y buscada, sin poder dar cuenta de cómo llegó hasta allí porque justamente su deseo de ir más lejos es escamoteado. Esos momentos de desazón, de vacilación, constituyen un borde entre lo posible-imposible, lo permitido-lo prohibido, en el cual los límites entre la realidad y la fantasía se confunden y se funden.</p>
<p>Podemos señalar, en la lectura que Freud hace 32 años más tarde del episodio de la Acrópolis, que la satisfacción de haber llegado tan lejos, en cuanto remite a lo ancestralmente vedado con el consiguiente sentimiento de culpa, pone de manifiesto al padre edípico en la neurosis de Freud . Pero, ¿permite plantear algo nuevo?</p>
<p>Mas allá del padecimiento y el límite que imponen las figuras superyoicas se abre otra vía. Lo central es que llegó a la Acrópolis y este episodio constituye una metáfora de su “osada intromisión”, como él denomina a su empeño en ir más lejos en la construcción del psicoanálisis. En el deseo de fundar se juega la paternidad y como deseo de todo hijo, aunque “prohibido de antiguo”, revela el fantasma parricida de sobrepasar al padre.</p>
<p>Parecen pertenecer a distintos territorios la censura superyoica y el sentimiento de enajenación que describe Freud. En Trieste, sin comunicarse entre ellos las razones de la decisión, marcharon los dos hermanos a Atenas y este acto decidido arranca a Freud de la coartada neurótica. En su posición de hijo frente a la mirada paterna, con el costo de su perturbación, se pone de manifiesto la función paterna como un operador estructural que alude, más que a un rival a superar promotor de culpa, a un padre muerto como lugar desde el que es posible construir una diferencia.</p>
<p>Freud sintió soledad y tristeza frente a las ruinas y en su desamparo instaura un acto responsable que implica el duelo de un padre omnipotente por el que siente indulgencia pero a quien al mismo tiempo le reconoce una deuda.</p>
<p>En “Material y fuente de los sueños” escribió una nota reveladora: “… me he convencido hace ya largos años de que para la realización de los deseos que durante mucho tiempo hemos creído inasequibles no es preciso sino un poco de decisión”. Había tenido una serie de sueños cuya base común era el vivo deseo de hacer un viaje a Roma postergado una y otra vez y cuya realización veía como algo muy lejano, incluso en unos de ellos se tuvo que volver estando a 80 kilómetros. Roma era la “ciudad de promisión” siempre inalcanzable que se anudó a su entusiasmo estudiantil por el guerrero semita Aníbal. Lo que está oculto detrás de la identificación con Aníbal, causa poderosa de su anhelo de viajar y a la vez su impedimento, aparece en el recuerdo de un episodio infantil. A los 10 o 12 años su padre le relató lo siguiente:</p>
<blockquote><p>“Cuando yo era joven salí a pasear un domingo por las calles del lugar en que tú naciste bien vestido y con una gorra nueva en la cabeza. Un cristiano con el que me crucé me tiró de un golpe la gorra al arroyo, exclamando, “¡Bájate de la acera, judío!” Y tú, ¿qué hiciste?, pregunté entonces a mi padre. “Dejar la acera y recoger la gorra”, me respondió tranquilamente. No pareciéndome muy heroica esta conducta de aquel hombre alto y robusto que me llevaba de la mano, situé frente a la escena relatada otra que respondía mejor a mis sentimientos: aquella en la que Amílcar Barca, padre de Aníbal, hace jurar a su hijo que tomará venganza de los romanos. Desde entonces tuvo Aníbal un puesto en mis fantasías.” (La interpretación de los sueños&#8221;, cap. VI.)</p></blockquote>
<p>Este recuerdo decisivo localiza el momento en el que se unen en su historia el descubrimiento de las debilidades del padre con un deseo de restituirlo como figura heroica a través de la venganza. Pero unida a la culpa y en la base de la piedad filial, que impide el éxito e impulsa al fracaso, planea el fantasma del parricidio que es la más poderosa fuerza inhibidora en la vida de un hombre.</p>
<p>Freud visita por fin Roma en 1901, y en un proceso de verdadera bifurcación de su destino, emprende un nuevo y entusiasta camino en su producción que se materializa en 1904 con su imprevisto cambio de rumbo a Atenas y se sella en la visión de la Acrópolis.</p>
<p>No parece tan complicado sondear lo insoportable de la desgracia pero sí lo es hallar la intolerancia al éxito sin hablar, exclusivamente, de su costado masoquista. El éxito significa que está en juego un deseo, para encajarlo algo debe destrabarse de la subjetividad produciendo una ruptura del sometimiento al padre. En el franqueamiento de límites se origina una caída del padre idealizado que al ser desalojado de su lugar de garante posibilita el abandono de la postura de permanente reproche y odio por sus faltas. Ir más allá sobrepasando un destino asignado no es una trasgresión sin costo, el sujeto debe pagar por la singularidad de su deseo con la pérdida de la protección en un proceso de duelo que implica un verdadero giro en la subjetividad que va más allá de la culpa universal y que significa enfrentar la falta del padre y la propia, es decir, la castración.</p>
<p>Quizás las sensaciones de “enajenación” que asociamos con el sentimiento de impostura se inscriban en un momento vital donde los sujetos transitan por una cornisa o quedan fijados en ella asumiendo el riesgo de ir más allá del límite marcado o no. Lograr una significación nueva del destino supondrá soledad y desamparo. En el momento en el que se supera al padre para poder seguir nuestro camino es inevitable sentirnos extrañamente solos al comprobar que el triunfo es correlativo de la dimensión de la contingencia, pues no hay tal triunfo cuando alguien garantiza de antemano nuestro destino.</p>
<p>Freud ”trasgresor” permite pensar las claves para franquear ese límite, su ”osada intromisión” es una conquista impía, mientras que la compasión y la traición que degradan al deseo abonan la inhibición y el fracaso.</p>
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		<title>Hablar por hablar</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Jul 2007 07:16:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Graciela Strada</dc:creator>
				<category><![CDATA[¿Sabes qué es el psicoanálisis?]]></category>

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		<description><![CDATA[Si se tratara sólo de saber lo que nos pasa, obtener consejo, o comprensión no haría falta analizarse, bastaría tener un encuentro con un buen amigo y compartir algunas de las actividades habituales: charlar, comer, tomar una copa en un bar, ver cine, escuchar música… Pero toda palabra dirigida a alguien encierra un anhelo inconsciente, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/07/hablar.jpg" alt="Imagen" id="image92" /></p>
<p>Si se tratara sólo de saber lo que nos pasa, obtener consejo, o comprensión no haría falta analizarse, bastaría tener un encuentro con un buen amigo y compartir algunas de las actividades habituales: charlar, comer, tomar una copa en un bar, ver cine, escuchar música…<span id="more-81"></span></p>
<p>Pero toda palabra dirigida a alguien encierra un anhelo inconsciente, que presiona y es constante: recobrar ese paraíso mítico perdido donde todo se decía sin frases. Este imposible intentamos paliarlo a través del amor y del placer que obtenemos en todas las actividades que compartimos con nuestros semejantes.</p>
<p>El cuerpo, la presencia, la mirada, la voz, son apoyos de una satisfacción pulsional, no hay otra forma de acceder a la relación con los otros que a través de esos agujeros-bordes de nuestro cuerpo: boca, ano, ojos, oídos. Estos han sido erotizados no sólo porque han constituido la base de una actividad placentera, sino porque en nuestros intercambios, desde nuestros primeros días, nos hemos ofrecido y hemos sido tomados como completamiento de lo que el otro quiere. Así el niño come, controla sus esfínteres, etc. porque satisface y completa a la madre que lo ama y lo cuida.</p>
<p>Es difícil captar en un diálogo entre amigos que la forma de “soportar” dicha relación es, precisamente, introduciendo esos elementos de satisfacción pulsional que se ponen en juego en nuestros encuentros y los convierte en placenteros y amistosos.</p>
<p>Pero, aquello de “a mí me pasa lo mismo que a Ud.”, semilla del lazo social y solidario, forma recíproca de comprender pareciéndose, se convierte en un obstáculo para quien necesita ayuda y quiere ser escuchado en su particularidad.</p>
<p>No se trata de hablar por hablar, de una descarga ni de un placer intelectual. El que concurre a una consulta no va a cubrir su necesidad de hablar motivada por una gran soledad ni tampoco desea que la otra persona se identifique con él creando un espejismo. Por supuesto que, como en su vida cotidiana, quiere que el analista lo comprenda, le ofrezca respuestas, le demuestre su cariño. Un psicoanalista no satisface dichas aspiraciones: ¿por un ejercicio de poder, porque ”no siente ni padece”, porque le gusta frustrar? A diferencia de un encuentro con un amigo, un analizante necesita alguien que no busque lo mismo que él: es decir, que no se satisfaga oyendo, viendo, hablando y por ello el analista sustrae la voz y la mirada de un intercambio recíproco. En la medida que su persona no se sitúe como un semejante, permitirá que el analizante ponga en juego, en el proceso de un psicoanálisis, los intercambios primeros con sus figuras materna y paterna. De esta manera podrá desplegarse esa matriz acuñada en sus primeros gozos que han marcado sus síntomas y sus desórdenes amorosos.</p>
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