
Teresa se sorprende a sí misma garabateando un nombre, Ana. La resonancia con otro nombre, Lara, el de su hija muerta hacía dos años es inmediata. Angustiada, se pregunta: “¿Tengo derecho a reemplazar a Lara aunque sea en mis pensamientos? ¿Ha transcurrido suficiente tiempo, me encuentro preparada para tener otro hijo?” (más…)


