
Una forma común de juego durante nuestra infancia era ser un vaquero, una princesa, un rey o un príncipe. Durante cientos de horas hemos buscado esa felicidad momentánea nacida de la más natural sencillez infantil. Los adultos observamos frecuentemente ese juego con tranquilidad y dicha. Normalmente el tedio comenzaba cuando uno era uno mismo. (más…)