El otro día me vi por la calle. No me saludé ni nada. Parecía que iba con prisa. Yo antes siempre iba con prisa a todas partes. Ahora es mi otro yo el que corre de un lado para otro. Aparté la mirada y seguí andando con la esperanza de que él no me hubiera visto. Pero seguro que sí que me vio, él lo ve todo, no se le escapa nada. ¿Por qué coño no me saludó?
Mientras él iba probablemente a alguna reunión de trabajo, yo había quedado con mi amante. Ya, ya sé que dije que iba a dejarla, que no podía vivir con tanta angustia y estrés, que tarde o temprano me pillaría mi mujer. Pero es que desde que le tengo a él, o sea, a mi otro yo, pues ando mucho más liberado. Él cumple con mi mujer y yo con mi amante. Seguir leyendo »