
En los años sesenta en París, dos antiguos analizantes de Lacan publicaron dos series de trabajos destinados a esclarecer los comienzos del psicoanálisis, una con más de mil páginas y dos volúmenes, la otra con dos artículos y unas cincuenta páginas. Vistas sus similitudes, sus diferencias, la oposición de sus tesis, se encontraban reunidos todos los ingredientes para una bella controversia. Pero (¿efecto del auge del lacanismo de la época?), parece que cada uno de los héroes se hubiera retirado para no intercambiar más que algunas indirectas a través de lacayos interpuestos. Y que, como lo preveía Octave Mannoni, hizo falta una cierta distancia y la desaparición de los autores para que la cuestión pudiera ser reactivada. (más…)