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	<title>Diván el Terrible &#187; Cristina Fontana</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Enigmático trastorno</title>
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		<pubDate>Sat, 28 May 2011 21:48:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Anorexia]]></category>

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		<description><![CDATA[Nadie que haya conocido a una persona anoréxica puede reducir el enigmático trastorno que la habita a un mero problema de alimentación por cuestiones de estética o de moda. Sin embargo, lo que es natural es que la angustia que provoca ese esqueleto viviente, la impotencia y desesperación de las familias, amigos y cuerpo médico, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-390" title="imagen" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2011/05/tallas.jpg" alt="" width="450" height="150" /></p>
<p>Nadie que haya conocido a una persona anoréxica<strong> </strong>puede reducir el enigmático trastorno<strong> </strong>que la habita a un<strong> </strong>mero problema de<strong> </strong>alimentación por cuestiones de estética<strong> </strong>o de moda. Sin<strong> </strong>embargo, lo que es natural es que la<strong> </strong>angustia que provoca ese esqueleto<strong> </strong>viviente, la impotencia<strong> </strong>y desesperación de las familias, amigos y cuerpo médico, impongan que los cuidados se centren en lograr que abra la boca y coma. La  mayoría de las veces, este empeño termina en un terrorífico duelo a muerte. Al “come o te puedes morir”, la anoréxica contesta: “lo que como, me come por dentro, y por eso tengo que vomitar”.<span id="more-389"></span></p>
<p>La anoréxica cierra la boca para no ser tragada al tragarse la comida que la atiborra y la borra. ¿Se trata, entonces, de un rechazo a vivir, o de un rechazo a morir?</p>
<p>Freud descubrió que el niño alcanza la satisfacción por el simple hecho de chupar, placer que va, por lo tanto, más allá de la necesidad de alimentarse.</p>
<p>En el inicio de la vida de un ser humano, la boca es el orificio de placer privilegiado, lugar de intercambio por donde ese pequeño sujeto va a ir moldeándose en la relación con el primer Otro,  digamos, la “Madre”. La boca es la frontera de va y ven, donde junto al alimento se cuelan muchas cosas: olores, palabras y deseos y donde, a veces, también ocurren accidentes.</p>
<p>Comer, dejarse alimentar es, por tanto, algo muy complejo y no tiene nada que ver con una respuesta automática al estímulo hambre. Más allá del campo de la necesidad, lo que está en juego es todo un entramado de demandas y deseos. Es fundamental tener en cuenta esta otra dimensión para entender ciertos trastornos de alimentación que se producen en algún momento de la vida de una persona y, sobre todo, para intentar descifrar algo de ese terrible enigma de la ANOREXIA MENTAL.</p>
<p>Olvidamos que tras esa boca cerrada hay una persona que intenta, de esa manera, decir algo. Ese será el desafío que afronta un psicoanalista: intentar que esa boca se abra para hablar, pudiendo poner en palabras algo de eso que NO quiere. Para algunos la anorexia mental es una enfermedad específica, para otros episodios puntuales en la vida de un sujeto o, incluso, una cierta forma de vivir, por paradójico que parezca (recordemos a las grandes místicas). Parece más frecuente en mujeres que en hombres, ¿tendrá que ver con avatares en la identidad sexual femenina?</p>
<p>La anorexia no es un síntoma exclusivo de nuestro tiempo, pero quizá aparezca de forma espectacular en una cultura que privilegia al máximo un modelo de bienestar material, atiborrándonos de objetos, hasta el punto de que el empacho de ofertas nos deja sin hueco para preguntarnos: pero yo, ¿qué quiero?</p>
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		<title>Marcas del cuerpo</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Feb 2011 11:20:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[El cuerpo]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestro cuerpo es un relato de nuestra vida y en él se inscriben los recuerdos. Porta las marcas de aquél que lo habita. Escaparate donde se muestran las arrugas, cicatrices y golpes, es también el lugar donde las palabras y las fantasías encuentran su traducción física. Es nuestra tarjeta de presentación. Sin embargo son las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-367" title="Imagen" src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2011/02/tatuaje.jpg" alt="" width="450" height="150" /></p>
<p>Nuestro cuerpo es un relato de nuestra vida y en él se inscriben los recuerdos. Porta las marcas de aquél que lo habita. Escaparate donde se muestran las arrugas, cicatrices y golpes, es también el lugar donde las palabras y las fantasías encuentran su traducción física. Es nuestra tarjeta de presentación. Sin embargo son las palabras, en primer lugar las de la madre, las que, desde el primer instante, van poniendo nombre a las urgencias que inundan el cuerpo, lo van vistiendo con deseos, expectativas y caricias. En ese intercambio, va rellenando de vida el territorio que delimita una piel, y facilita al niño ir alojándose en ese “cuerpo extraño”.<span id="more-366"></span></p>
<p>Es ese viejo amigo tan íntimo y cercano como desconocido: “Ese –ese otro que ves ahí– eres tú”, dice el espejo. Nuestro cuerpo es un collage, amasijo de biología donde cohabitan caóticamente sensaciones, emociones y fantasías, pero es también una imagen, envoltorio que nos ofrece la ilusión de creernos uno. Nos dan un nombre que nos identifica, enlazándonos en una cadena de generaciones, y sutura algo indefinible de nuestro ser.</p>
<p>Objeto de rituales desde la antigüedad, sus tatuajes nos descubren los enigmas de esas marcas indelebles. Sus cambios nos sumen en continuos sobresaltos: desde las indeseadas metamorfosis de la adolescencia hasta esa mañana en que, al despertar, se han ido en una nube nuestros veinte años&#8230;<br />
¿Dónde fueron a parar el erotismo de tu seducción, el susurro de tu voz, el lenguaje de tus miradas cómplices?</p>
<p>La moda lo adorna, lo engalana, vela el cuerpo desnudo y así lo viste de deseo. En el baile, busca su movimiento, y se lanza en brazos de lo desconocido hacia la vida.</p>
<p>A veces resulta molesto, reivindica –implacable– su edad. Es el turno de la operación retoque en cadena: “quite de aquí, estire, ponga de allá&#8230;”. Cuerpo-objeto machacado hasta el maltrato por las leyes tiránicas del mercado en nombre del ideal Salud. Producto-espectáculo ofrecido al consumo audiovisual en los reality-shows, casquería de las películas porno-gore.</p>
<p>Mente-cuerpo es una pareja de hecho siempre en busca de una armonía imposible. De tanto en tanto algo chirría, las partes se despegan. El cuerpo se revuelve, se duele, protesta. Nos asaltan síntomas desconocidos y el cuerpo enfermo habla pero la medicina de hoy parece ignorar las razones del alma. ¿Por qué resulta tan insoportable escuchar a quién lo habita?</p>
<p>El psicoanálisis apuesta por escucharlo y “opera” con la palabra para deshacer sus nudos y sufrimientos.</p>
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		<title>La Depresión ¿enfermedad o remedio?</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Feb 2010 23:21:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablemos de la depresión]]></category>

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		<description><![CDATA[“Deprimidamente” anda la gente sin saber muy bien por qué. La depresión es una palabra dominante en nuestra cultura, contraseña que abre puertas en una sociedad que tiene miedo a llamar las cosas por su nombre. Está en boga y en boca de todos. Parece que quiere expresar un cierto malestar y a la vez [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2010/02/manov.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>“Deprimidamente” anda la gente sin saber muy bien por qué. La depresión es una palabra dominante en nuestra cultura, contraseña que abre puertas en una sociedad que tiene miedo a llamar las cosas por su nombre. Está en boga y en boca de todos. Parece que quiere expresar un cierto malestar y a la vez disimularlo: estar deprimido es socialmente correcto pero estar triste o sentirse mal, no.<span id="more-267"></span></p>
<p>Esa depresión que está por todas partes no existe curiosamente como enfermedad psíquica para el Psicoanálisis. Existen ciertas personas que sufren síntomas depresivos con los cuales intentan, sin saberlo, decir algo de ellas mismas que desconocen. Ante esto podemos optar por una de estas dos actitudes: escuchar o diagnosticar. Escuchar el conflicto que encierran esos síntomas o banalizarlo con ese diagnóstico de DEPRESIÓN que, tan a menudo, funciona como una etiqueta universal que nos lleva a preguntarnos si no es eso, precisamente, el origen de tantos deprimidos.</p>
<p>Lo que se llama depresión toma varias formas. Existen estados de tristeza y de dolor por la caída de ciertos ideales, de nuestra propia imagen ideal o por la pérdida de nuestros puntos de referencia; también estados de tedio y apatía por la imposibilidad de rebelión en un mundo conformista. Distintas son esas experiencias de pérdida que atraviesa todo ser humano a lo largo de su vida (la muerte de un ser querido, un fracaso amoroso, el duelo por deber abandonar un país…) a las que a menudo no les damos tiempo para que se vaya elaborando un duelo y es entonces cuando pueden traducirse por estados depresivos o por conductas autodestructivas, por ejemplo, ciertos pequeños accidentes extraños y repetidos.</p>
<p>Otras veces la depresión se manifiesta por las inhibiciónes o por síntomas somáticos que irrumpen de manera paradójica e inexplicable justo antes de alcanzar un objetivo importante y muy anhelado.</p>
<p>No hay que confundir estos síntomas depresivos con la melancolía, ese estado rigurosamente diferenciado por Freud, que se caracteriza por una sensación de vaciamiento, de invasión de la nada, de sinsentido radical, de atracción por la nostalgia, con auto reproches sádicos y fustigamientos culposos que puede llegar hasta la postración e incluso a la idealización de la muerte.</p>
<p>La depresión también puede servir de coartada o como cajón de sastre donde entra todo y no dice nada, un remiendo que tapa la boca por dónde podría hablar el malestar. ¿Por qué preferimos arrastrar durante años “nuestra depresión”, en lugar de hacer frente al conflicto que la está causando?</p>
<p>Existe el peligro de mezclarlo todo y el tratamiento que la prensa le da, generalmente, lo facilita. Leemos que en unas cuantas sesiones se cura una depresión ¿Cuál es la base para afirmar esto? No olvidemos que además tras todas estas distintas manifestaciones depresivas existe una persona diferente, por lo que incluso síntomas parecidos expresan conflictos distintos.</p>
<p>El siglo XX empezó con La Histeria y termina con La Depresión. ¿Cómo se expresará en el ser humano el deseo y sus conflictos en este milenio?</p>
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		<title>La familia, ese gran lío</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jun 2008 23:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[  Llegamos al psicoanálisis con una idea bastante clara de los distintos personajes que componen nuestra familia, del lugar y del papel que juegan en nuestra vida así como del nuestro en relación a todos ellos, y de los conflictos y problemas que nos acarrean. Así iniciamos el camino del análisis desplegando nuestros recuerdos y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/06/albumfamilia.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Llegamos al psicoanálisis con una idea bastante clara de los distintos personajes que componen nuestra familia, del lugar y del papel que juegan en nuestra vida así como del nuestro en relación a todos ellos, y de los conflictos y problemas que nos acarrean. Así iniciamos el camino del análisis desplegando nuestros recuerdos y fantasías.<span id="more-165"></span></p>
<p>A los pocos meses empieza el lío. Resulta que lo que más o menos teníamos tan clarito como causa de nuestra larga historia de dichas y desdichas, se tuerce y empieza a hacer aguas por todas partes. Aparecen lagunas en nuestro relato, fechas o escenas que no cuadran entre lo se nos ha contado y nuestros recuerdos, silencios familiares de plomo ante ciertas preguntas&#8230; De esta manera va asomando la cabeza la versión no oficial de la familia: muertes ignoradas, infidelidades, desapariciones e incluso suicidios. ¡Mira por donde, la tía Encarnita, de misa diaria, imagen de veneración familiar, supuestamente desaparecida desde la guerra, resulta que se había fugado con un señor casado y era la vergüenza de la familia!&#8230;</p>
<p>Descubres −¡como si nunca lo hubieras escuchado antes!− que aquella hermanita tan mimada y graciosa, la “nenita” de papa, −mientras una había tenido que ser el “hombrecito”, porque es lo que se esperaba, ya se sabe, un padre siempre quiere tener un hijo varón&#8230;− resulta que era ella a la que llamaban con nombre de hombre. Pero, ¡cómo!, ¿no eras tú la destinada a ser el hombre, la que tenía que ser fuerte y valiente para responder al deseo de papá? Y los sacrificios que hiciste para eso. Entonces, ¿te lo habías figurado, por qué, para qué? Qué corte, cuando en un alarde de osadía haces la pregunta a tu madre de por qué no te dio el pecho al nacer, a lo que contesta qué de dónde sacaste semejante idea. ¡Claro que te había dado el pecho!.. O cuando en un lapsus descubres que bailar flamenco poco tenía que ver con el amor hacia ella sino con la rivalidad, y que la inhibición que sufrías últimamente al bailar encubría lo gozoso que resultaba para ti la fantasía de una relación de tu padre con una gitana, la imagen opuesta de tu madre, y que con tu baile la desafiabas a la vez que seducías a tu padre en tus fantasías Como puede observarse, ¡la familia es un lío!</p>
<p>Así a lo largo de un análisis el escenario donde uno ha ido inventando su persona con una mezcla de recuerdos y fantasías inconscientes se tambalea. Lo que explicaba toda una serie de problemas pero te aseguraba a la vez un lugar y una consistencia −si bien inconfortable, por eso te habías dirigido a un analista−, cae estrepitosamente. Pero, ¿de que va esto? Venías a aclararte y estás hecha un lío, entre desvalida y furiosa. Esto se repetirá una y otra vez, porque a lo largo de un análisis los personajes cambian, no son lo que creíste que fueron, no dijeron muchas de las cosas que pusiste en sus bocas, las escenas se multiplican y tu, descolocada una y otra vez, irás siendo en función de los distintos decorados con lo que has ido construyendo tu historia. Sí, el psicoanálisis es un camino de descoloques y de desprendimientos para encontrarse con aquello más “verdadero” que se escabulle y se esconde entre esos sucesivos decorados y que te anclará en la vida con un andamiaje más sólido y también más ligero, a medida que te vas desprendiendo del lastre que arrastraba tu propio y antiguo relato. Es una manera de rescribir tu historia en la que eres a la vez escribiente y lector.</p>
<p>Efectivamente, un lío ir al analista. Cuestión de gustos: ¿qué lío prefieres<br />
tú?</p>
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		<title>Del desamparo al arte jondo</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jun 2008 23:32:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Creatividad]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay una suerte de creatividad que consiste en trasformar el desamparo que se aloja en todo ser humano en cante, ese que llamamos Cante Jondo. &#8220;Jondo&#8221; viene de &#8220;hondo&#8221; con el acento andaluz y se utiliza para designar un arte que se arranca de lo más profundo de las entrañas del alma. Al hablar de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/06/guitarra.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Hay una suerte de creatividad que consiste en trasformar el desamparo que se aloja en todo ser humano en cante, ese que llamamos Cante Jondo.</p>
<p>&#8220;Jondo&#8221; viene de &#8220;hondo&#8221; con el acento andaluz y se utiliza para designar un arte que se arranca de lo más profundo de las entrañas del alma.</p>
<p>Al hablar de cante y de baile jondos, no me refiero a cualquier baile o cualquier cante, sino a aquellos &#8220;palos flamencos&#8221; que provienen de la “infinita negrura de la noche”.</p>
<p>En el terreno de la hondura nadie se divierte.<span id="more-163"></span></p>
<p>El cante jondo es un quejío. La palabra &#8220;quejío&#8221; cuya raíz es queja está, más cercana del lamento y del grito. Es llanto del alma pero también incluye la dimensión de grito de socorro. En la lengua alemana Hilflosigkait no solo significa desamparo, sin recursos, desvalimiento&#8230;es además una palabra que se usa en la vida cotidiana para pedir auxilio y socorro, es decir es grito, es una llamada.</p>
<p>Así como del bebé, pasto del hambre, del calor, del frío y del cansancio, de sensaciones corporales que le inundan-, surge el grito, de la misma manera el &#8220;quejío&#8221; del cante se abre paso, desgarra el cuerpo, y resuena en el silencio.</p>
<p>&#8220;¡Arráncate por soleás!&#8221;&#8230;se dice, por ejemplo, animando al cantaor o a la bailaora en la lengua gitana. La literalidad del lenguaje da cuenta de la dimensión traumática, del esfuerzo que implica arrancarse hacia lo viviente y el “quejío” es una brecha en ese magma de sensaciones donde lo físico y lo psíquico están indiferenciados, interior y exterior fundidos.</p>
<p>“Viene del primer llanto y el primer beso”. Dice García Lorca</p>
<p>Lo &#8220;jondo&#8221; se canta en el filo del grito antes de hacerse palabra, resuenan sus profundos sonidos negros de un penar infinito: cante del dolor de haber nacido y el cantaor se entrega a “la pena negra”, como dice Camarón. Lo jondo canta y baila por esa trenza de vida y de muerte por donde asomará un sujeto.</p>
<p>Podríamos decir:&#8221; Al principio era el grito&#8221;. El grito del bebé, diría, es cante jondo, jaculatorias repetidas del dolor de ese tiempo de desamparo y de soledad infinita.<br />
Freud dice que el grito, al hacer trazo, hace nacer al ser. Desprende de la noche orgánica del dolor y del placer al niño para arrastrarlo hacia fuera: hacia el otro que escucha esos sonidos. Experiencia temprana de peligro ante el posible desvanecimiento y la propia desaparición frente a la amenaza de la ausencia del Otro.</p>
<p>Ir al encuentro del desamparo para echarse en sus brazos. Salto mortal hacia el otro, borde abismal donde se arriesga también el cantaor en su voz y la bailaora en su movimiento.</p>
<p>El cantaor arranca la voz del cuerpo, en ese grito solemne, llanto íntimo que llega al extremo del dolor y del amor. ¿O podríamos decir que es la voz la que al desgarrarse del cuerpo hace nacer al cantaor?</p>
<p>La Mujer en el cante jondo, sigue Lorca, se llama Pena. Pena se hace carne, toma forma humana, &#8220;es una mujer morena que quiere cazar pájaros con redes de viento&#8221;, dice el poeta. También Pena es la bailaora. Una voz la rapta de su esencia dormida, insuflando movimientos en su cuerpo, ella se arranca, se abandona, se entrega al desamparo lanzando su cuerpo al vacío. Se ofrece sin garantías previas: posición donde el sujeto abrazo el riesgo máximo.<br />
Su cuerpo se va animando dibujando trazos en el aire, poniendo en escena ese dificultoso paso a la vida, desde ese punto tan cerca del dolor y de la muerte donde el amor la reanima. . Repite y re-crea formas que nacen y mueren indefinidamente. Dice Cocteau:”Un fuego que se empeña en morir para renacer, ese es el estilo flamenco”</p>
<p>&#8220;El cante o plantea un hondo problema emocional, sin realidad posible, o lo resuelve con la muerte, que es la pregunta de las preguntas&#8221;, la terrible pregunta que no tiene contestación: Podemos decir que Lorca, en lo jondo del cante, capta esa indefensión radical del ser humano frente al enigma del deseo del Otro. Es así como lanzamos nuestras primeras amarras al Otro, en un salto mortal sin red, desprendiéndonos con dolor hacia el deseo. ¡Ays! profundos del cante repetidos a un Otro tan omnipotente como opaco y oscuro al que el sujeto se entrega sin remedio</p>
<p>Y porque todo ser humano está marcado por ese desamparo estructural, cantar y bailar el desvalimiento originario, lo jondo, es arte sublime que trasciende las fronteras de la estética, las modas, las referencias culturales, y los tiempos.</p>
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		<title>Psicoanálisis, preguntas de los lectores II</title>
		<link>http://divanelterrible.com/56/psicoanalisis-preguntas-de-los-lectores-ii/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2007 08:48:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[¿Sabes qué es el psicoanálisis?]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuál es la vigencia del psicoanálisis hoy? Más de un siglo después de su nacimiento, el psicoanálisis sigue siendo objeto de fuertes críticas y apasionados debates. Se cuestiona su actual vigencia e incluso se afirma que está en sus últimas, agonizando. Se oye a menudo que está superado, pasado de moda y, llama la atención [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/07/pastillas.jpg" alt="Imagen" id="image96" /></p>
<p><strong>¿Cuál es la vigencia del psicoanálisis hoy?</strong></p>
<p>Más de un siglo después de su nacimiento, el psicoanálisis sigue siendo objeto de fuertes críticas y apasionados debates. Se cuestiona su actual vigencia e incluso se afirma que está en sus últimas, agonizando. Se oye a menudo que está superado, pasado de moda y, llama la atención oír esto, precisamente, en un país como España donde el arraigo que ha tenido en nuestra cultura ha sido mínimo.<span id="more-56"></span></p>
<p>Cien años después, seguimos preguntándonos: ¿sigue teniendo vigencia el psicoanálisis? ¿Qué papel puede jugar en una sociedad como la nuestra?¿Tiene algo que aportar frente a los retos que nos plantean los nuevos descubrimientos de la ciencia, especialmente la genética y las nuevas técnicas de reproducción asistida?</p>
<p>El psicoanálisis no es una cuestión de modas, y decir que el psicoanálisis está pasado de moda, es como decir que el inconsciente también lo está. Por eso, ese tipo de comentarios responden más bien a un desconocimiento de lo que se entiende por inconsciente, o bien a la resistencia comprensible, por ser inherente a la estructura del sujeto, de “no querer saber nada” de aquello que fue reprimido.</p>
<p>El sufrimiento psíquico es efecto de conflictos inconscientes y de preguntas fundamentales que todo ser humano se plantea: la muerte, el sentido de la vida, la sexualidad, la soledad&#8230; No son enfermedades, en el sentido médico de la palabra, sino afecciones del alma que nunca podrá resolver un tratamiento farmacológico, psicológico o neuronal.</p>
<p>El psicoanálisis, en ese sentido, es el único tratamiento que trata con los procesos inconscientes que escapan al control y a la voluntad del ser humano y cuyos nudos se expresan en los síntomas neuróticos. Es la razón por la que el psicoanálisis, en vez de eliminar estos síntomas de entrada, trata de descifrarlos, ya que nos indican de manera deformada el conflicto que sufre la persona.</p>
<p>Es cierto que hay ciertas características de nuestra sociedad actual que no facilitan un lugar al psicoanálisis. Estamos en la era de la imagen, donde la presión por sostener una apariencia de éxito y plenitud es muy fuerte. Quedamos capturados en una tiranía del cuerpo-imagen que nos ocupa cada vez más en construir un envoltorio cada vez más perfecto, ”sin arrugas”, pero en detrimento de escuchar el deseo que le da vida a ese cuerpo.</p>
<p>Los valores lideres se basan hoy en el consumo de objetos, en borrar y negar los conflictos sociales así como las marcas de aquello que nos enfrenta con nuestras limitaciones y carencias: la enfermedad, el paso del tiempo, el envejecimiento, la muerte.</p>
<p>Esta involución no ofrece al hombre espacios dónde se pueda escuchar la forma en como cada persona relata su malestar y se acojan sus preguntas y cuestionamientos.</p>
<p>Existe un cierto malestar propio de lo humano, el dolor de existir, que tiene que ver con su esencia, con el deseo. Este “dolor” no tiene nada de neurótico sino que es motor de la vida, sin embargo nuestra cultura apenas ofrece resquicios para que la persona pueda preguntarse: ¿Qué quiero? ¿qué estoy haciendo? e incluso antes de que intente articular una pregunta ya se le responde: “quieres tal cosa, necesitas tal otra, lo que te falta es tal o cual objeto&#8230;”</p>
<p>Es esa la vigencia del psicoanálisis siempre y cuando sepa enfrentarse a los retos que cada sociedad le impone.</p>
<p>¿Podrá el psicoanálisis mantener su compromiso con el inconsciente o sucumbirá a la tentación mercantilista de convertirse en una psicoterapia de consumo rápida y supuestamente “eficaz”?</p>
<p><strong>Psicoanálisis, psiquiatría y psicoterapias</strong></p>
<p>Existe una corriente en nuestra sociedad, dónde cierto ideal “cientificista” en nombre de la eficacia y de la objetividad, intenta reducir al extremo lo singular, la particularidad de cada persona en un intento de clasificar, ordenar y adecuar el caso a unas categorías previamente establecidas (ej. clasificación DSM III en psiquiatría). Esto termina convirtiendo la medicina en general en una medicina de órgano, al cuerpo en una maquinaria, un trozo de carne, como si no estuviera habitado por un ser humano, con sus deseos y conflictos y que intenta encontrar palabras para expresar su dolor.</p>
<p>Este enfoque generalizado y dominante que considera a los comportamientos humanos y mentales sólo con base genética-biológico ha provocado por un lado el auge de tratamientos farmacológicos y, a la vez, borra al sujeto devaluando sus palabras que es precisamente donde se encuentran las verdaderas claves de su sufrimiento.</p>
<p>Tampoco constituyen en absoluto una evolución, sino más bien un retroceso, los enfoques que deslizan el psicoanálisis hacia la psicología.(como aparece en muchas películas americanas). Por miedo a ser tachadas de poco científicas, ciertas psicoterapias, incluso las denominadas de enfoque psicoanalítico, han sustituido la escucha del enigma y vericuetos que hacen de cada ser humano un caso particular por una búsqueda a ultranza de la objetividad y de logro de resultados rápidos.</p>
<p>Se ofertan terapias para todos los gustos desde distintas teorías pero con el mismo objetivo de fondo: intentar eliminar los síntomas sin ir a la causa, lo que no significa que no retornen aunque a veces lo hagan bajo formas distintas. Hay que dar tiempo para que el conflicto psíquico se resuelva y, sólo después, como consecuencia, los síntomas caerán o se transformarán. En lugar de negar nuestro inconsciente, ¿no sería ”mas eficaz” intentar escucharlo? Aunque intentemos dejarlos de lado, el inconsciente y lo reprimido no dejan por eso de actuar.</p>
<p>Las terapias cognitivas privilegian el lenguaje en su aspecto de comunicación, ocupándose de los conflictos mentales conscientes con problemas de cortocircuitos o interferencias en la comunicación. El psicoanálisis se ocupa, en el funcionamiento mental humano, de aquello que escapa al razón y a la conciencia, de los conflictos reprimidos inconscientes que inciden en nuestras conductas, estados de ánimo, elecciones&#8230;sin saberlo nosotros.</p>
<p>Elisabeth Roudinesco en su libro ¿Por qué el psicoanálisis? observa que por un lado la medicina masificada y los tratamientos farmacológicos indiscriminados, dónde la tecnología ha sustituido la escucha médica, y, por otro una psicología que reduce los problemas psíquicos a problemas de conductas inadecuadas, ofreciendo terapias de modificaciones de conducta y de comunicación, han tenido como consecuencia la búsqueda desesperada de terapias alternativas, volviéndose de forma sorprendente a terapias prehistóricas y obsoletas, véase la hipnosis, terapias energéticas, de sugestión, magnetismo, etc&#8230;.y a ciertas prácticas religiosas sospechosas. Lo explica diciendo que estas terapias ofrecen una creencia a las personas que se sienten víctimas de la tecnología médica muy lejana de su sufrimiento y ante la impotencia médica frente a ciertos trastornos.</p>
<p>Se habla mucho de la ineficacia del psicoanálisis y sin embargo parece que nadie está atento a estos fracasos. Quizá es precisamente por esta razón el momento en que el psicoanálisis tiene algo distinto que ofrecer.</p>
<p>El psicoanálisis es un espacio para la subjetivación, hace un hueco al sujeto inconsciente más allá del “yo”, y a la vez responsabiliza al ser humano, ya que considera que éste tiene algo que decir sobre su malestar y que tiene, por lo tanto, una posibilidad de incidir sobre su destino aunque esté marcado por toda una historia inconciente. Le ayuda a hacerse cargo de lo que le ocurre frente a cierto entorno social que no hace más que reforzar una posición infantil, cuyo resultado es que la persona se desentiende de unos síntomas que le conciernen, lo que no hace más que agudizar sus dependencias, convirtiéndola en una mera marioneta manipulada por el cuerpo médico.</p>
<blockquote><p>Extraído del texto de Cristina Fontana, “Todo lo que usted nunca quiso saber del psicoanálisis”, Ed. Síntesis.</p></blockquote>
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		<title>Sueños, preguntas de los lectores</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jun 2006 14:28:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seguimos soñando]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Por qué el psicoanálisis da tanta importancia a los sueños? Desde siempre los sueños han despertado la curiosidad de los hombres. Es como si se sospechara que contenían “un saber especial” al que uno mismo no tuviera acceso, ya fuera como fenómeno sobrenatural, campo de brujos y chamanes, o como premoniciones de algo que iba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2006/06/walkingsky.jpg" alt="Imagen" id="image37" /></p>
<p><strong>¿Por qué el psicoanálisis da tanta importancia a los sueños?</strong></p>
<p>Desde siempre los sueños han despertado la curiosidad de los hombres. Es como si se sospechara que contenían “un saber especial” al que uno mismo no tuviera acceso, ya fuera como fenómeno sobrenatural, campo de brujos y chamanes, o como premoniciones de algo que iba a ocurrir.<span id="more-36"></span></p>
<p>La psicología y la medicina los redujo a simples imágenes fragmentadas de la mente, fruto del desorden de la actividad del cerebro durante el sueño y sin ningún valor especial.</p>
<p>Freud es quien realmente descubre el papel específico que cumplen los sueños, a los que consideraba “la vía regia del inconsciente”. Los sueños tienen un sentido y una lógica distinta a los de los pensamientos conscientes.</p>
<p>No existe acceso directo al inconsciente sino a través de sus manifestaciones, lo que se llaman formaciones del inconsciente:  los sueños, los lapsus, los actos fallidos y los síntomas.</p>
<p>En el sueño, porque estamos dormidos y se relaja la censura, se ponen en escena ciertos anhelos reprimidos de una persona que no aparecen en la vigilia. En el sueño retorna lo reprimido, que es la realización de un deseo que busca así su satisfacción, algo que ocurre incluso en los sueños angustiosos. Por eso el psicoanálisis les da un valor especial, porque abren la vía a lo que Freud llamó “la otra escena”, el inconsciente, y ofrecen un acceso privilegiado a las marcas más particulares de la persona que sueña. El sueño es la escena donde se pueden localizar las coordenadas del deseo inconsciente que constituye a ese soñante. Todos soñamos, aunque a veces, por el trabajo de la censura, no recordamos los sueños al despertar.</p>
<p><strong>¿Cómo interpreta el psicoanálisis un sueño?</strong></p>
<p>Si bien existen símbolos universales por los cuales las cosas tienen significaciones colectivas que todo el mundo comparte, en el sueño lo que se pone en juego son los símbolos personales que determinan a ese sujeto, aunque él ignore su valor. El soñante tiene una historia particular y  lo que soñamos tiene que ver con ella. Por eso, los psicoanalistas, para descifrar el sueño, piden asociaciones a la persona: es la forma particular y distinta que el psicoanálisis tiene de tratar los sueños a diferencia de otras disciplinas.</p>
<p>Freud descubrió el método de interpretación de los sueños, la asociación libre, y  lo aplicó los suyos propios. Esta actitud es un ejemplo del compromiso y la valentía que caracterizó siempre a Freud durante todo su recorrido de investigación.</p>
<p>Para el psicoanálisis no vale dar una significación general e impersonal a un sueño, o hacer una suerte de traducción automática: a tal imagen corresponde tal significado. Un mismo sueño puede tener distintos sentidos según quién lo sueñe y el contexto en que se encuentre. El sueño es un enigma que debe ser descifrado: vendría a ser como una frase incompleta en que la parte borrada deja una huella y, a partir de ahí, se piden al analizante las asociaciones que permitirán que se reconstruya el texto en su totalidad.</p>
<p><strong>¿Por qué se repiten los sueños?</strong></p>
<p>No sólo los sueños se repiten. Cuando estamos en análisis también escuchamos palabras que se repiten, o asociaciones que insisten una y otra vez. El inconsciente insiste a través de las palabras y de ciertos sueños, y orienta la conducta del soñante. Cuando se da esa repetición es como si algo estuviera a la espera de ser escuchado y transformado. Hay algo a la espera de ser resuelto o reconocido.</p>
<p>Están también los sueños que se llaman premonitores que a veces se repiten y a los que algunas personas atribuyen un poder mágico o sobrenatural. Estos sueños encierran un deseo inconsciente desconocido por el sujeto pero que va a condicionar la conducta de la persona hacia ese objetivo, sin que sea consciente de ello. Cuando alcanza el objetivo, lo interpreta como que el sueño “sabía”, y en cierto sentido si sabía: el deseo inconsciente “sabe” antes que la persona, pero no es nada mágico sino que forma parte de lo sorprendente del mundo inconsciente.</p>
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		<title>Psicoanálisis, preguntas de los lectores</title>
		<link>http://divanelterrible.com/35/psicoanalisis-preguntas-de-los-lectores/</link>
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		<pubDate>Sun, 18 Jun 2006 19:20:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina Fontana</dc:creator>
				<category><![CDATA[¿Sabes qué es el psicoanálisis?]]></category>

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		<description><![CDATA[¿No ha quedado el psicoanálisis pasado de moda? El psicoanálisis no es una cuestión de modas: ¡Inconsciente siempre habrá, otra cosa es que no queramos saber nada de él!, porque nos resulta muy molesto enfrentarnos con nuestras propias limitaciones, con que mucho de lo esencial de lo que somos, lo desconocemos. Si tenemos en cuenta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿No ha quedado el psicoanálisis pasado de moda?</strong></p>
<p>El psicoanálisis no es una cuestión de modas: ¡Inconsciente siempre habrá, otra cosa es que no queramos saber nada de él!, porque nos resulta muy molesto enfrentarnos con nuestras propias limitaciones, con que mucho de lo esencial de lo que somos, lo desconocemos.<span id="more-35"></span></p>
<p>Si tenemos en cuenta que el psiquismo de las personas incluye procesos inconscientes que escapan a su control, a su conciencia y  a su voluntad, el psicoanálisis es el único tratamiento que no solo los tiene en cuenta sino que “trabaja” a partir de sus claves. Freud descubrió que algunos síntomas que pueden aparecer, incluso en el cuerpo, expresan ciertos conflictos internos a los que no tenemos acceso. Por eso el psicoanálisis en vez de eliminarlos de entrada, trata de descifrarlos. Son una clave preciosa, junto con los sueños, los lapsus, etc&#8230;con la que contamos para acercarnos a la causa de nuestro  malestar.</p>
<p>Existe sin embargo un peligro hoy en día: el enfoque generalizado y dominante que considera a los comportamientos humanos y mentales sólo con base genética-biológica, reduciendo así a la persona a un cuerpo mecánico y orgánico. Esto ha  provocado el auge de tratamientos farmacológicos y a la vez devalúa  la palabra donde se encuentran las claves de nuestra subjetividad. Existen múltiples terapias que intentan eliminar los síntomas sin ir a la causa, pero eso no significa que no retornen, aunque a veces lo hagan bajo formas distintas, e incluso puede resultar peligroso porque no tienen en cuenta lo que representan para esa persona, de qué le están protegiendo, ya que a menudo son un ”mal menor” (por mucho sufrimiento que también encierren) y hay que dar tiempo para que el conflicto psíquico se resuelva y como consecuencia éstos desaparezcan.</p>
<p><strong>¿Ha evolucionado el psicoanálisis?</strong></p>
<p>Por supuesto, desde los tiempos de Freud  ha habido numerosos avances y aportes de otros autores: por ejemplo en el terreno de la psicosis, que Freud consideraba totalmente refractario al psicoanálisis. El aumento o aparición de “nuevos” síntomas, como la anorexia, las adicciones, etcétera, los avances de la medicina en genética, las técnicas de reproducción asistida, entre otros implican un reto al psicoanálisis a la vez que le permiten avanzar. Igualmente la manera de trabajar con un paciente, el encuadre, ha sufrido modificaciones: desde Freud (que  acudía a veces a casa de sus pacientes y hacía sesiones de horas) hasta Lacan, muchos analistas trabajan con sesiones de tiempo variable y más cortas. Estas modificaciones no son modas arbitrarias sino cambios que se desprenden de los avances de la investigación psicoanalítica y de diferentes maneras de concebir la cura psicoanalítica.</p>
<p>A pesar de resultar tan polémico, cien años después, parece que en estos últimos tiempos los neurólogos empiezan a considerar y respetar el descubrimiento freudiano; no todo lo explica la biología.  En lugar de negar nuestro inconsciente, ¿no sería mejor intentar escucharlo?</p>
<p>Lo que no constituye en absoluto una evolución, sino un retroceso, son ciertos enfoques que deslizan al psicoanálisis hacia la psicología (como aparece en muchas películas americanas). Ciertas terapias, incluso llamadas psicoanalíticas, se rigen por una idea de un “yo” que controla o que debe controlar, dejando de lado el aspecto más subversivo, la otra cara del espejo: el inconsciente en el funcionamiento mental humano que nos abre las vías para desvelar y transformar lo inexplicable del sufrimiento psíquico.</p>
<p><strong>No entiendo cómo tan solo hablando se cura una persona.</strong></p>
<p>No es que sólo hablando se cure una persona, para eso no se necesitaría un psicoanalista, un buen amigo cumpliría perfectamente esa función. Sin embargo, es cierto que la cura analítica es una cura por la palabra, pero no se trata de una charla habitual, ni de un intercambio recíproco en que se encuentra una satisfacción por el hecho de hablar o escuchar, de comprender o sentirse comprendido, de identificarse mutuamente o desahogarse.</p>
<p>El ser humano está determinado por el lenguaje y al hablar, el “yo” que habla, que dice (el yo cartesiano) en realidad “no sabe” lo que dice: hay una diferencia entre lo que le gustaría decir y cree estar diciendo y lo que en realidad dice. Dice más de lo que está diciendo y no lo sabe o dice otra cosa. Ese fue el descubrimiento de Freud, el ser humano está separado de parte de sí mismo, y el psicoanalista dirige su atención a lo que se le escapa a esa persona, pero que asoma entre las palabras con que el paciente expresa su malestar. Su cuerpo está marcado por el lenguaje, no es mera biología, está habitado por un sujeto psíquico. Así, ciertos síntomas son psíquicos porque el cuerpo está entretejido con  palabras, y, es lo que explica que cierta forma de escuchar y de intervenir en el orden del lenguaje puede tener efectos terapéuticos a  niveles somáticos, por ejemplo. Efectivamente, la palabra cura.</p>
<p><strong>¿Qué es un lapsus?</strong></p>
<p>Cuando queremos decir una palabra y nos sale otra, ¿es una equivocación azarosa o esa equivocación está diciendo algo más? El psicoanalista se detiene en esos traspiés de la lengua e invita al paciente a escucharlos y ver si le sugieren algo. Lapsus y actos fallidos son tomados por Freud y el psicoanálisis como una vía privilegiada por donde el inconsciente asoma la cabeza, en el caso de los lapsus, haciendo un corto circuito en el pensamiento y discurso racional consciente.</p>
<p>En una sesión con una persona de lengua francesa, ésta se queja de que de niña siempre sus padres la obligaban a ser como ”la proa” (proue) de su hermana, siempre abriéndole camino, enfrentando los momentos difíciles por ella, y comenta del sufrimiento que esto le causaba. Sigue asociando y recuerda las distintas situaciones de su vida en las siempre tiene que ir por delante, abriendo el camino a los demás, sin permitirse ningún fallo, haciendo de “proa”. ¡No puede más!. Sin embargo en lugar de decir “proue” (proa), se equivoca y dice “proie” (presa), el sonido en lengua francesa es parecido. El analista señala tan solo el lapsus. En este caso, sirve de interpretación.</p>
<p>La analizante asocia inmediatamente “presa” con ave de presa. En ese momento descubre efectivamente el sentido de la repetición de estas situaciones: esa posición de “proa” que tanto la hacía sufrir, pero de la que no se podía desprender. El lapsus desvela que ella era “presa” pero también  “ave de presa” que gozaba del ensañamiento con la hermana, y es lo que, sin saberlo, explica la repetición de esas situaciones actuales que, a primera vista, le provocan el sufrimiento, pero que están igualmente asociadas a un disfrute del que, por supuesto, no es consciente.</p>
<p>Este es un ejemplo de cómo el psicoanálisis trabaja con la palabra, abriéndola a nuevos sentidos, donde aparecen aspectos desconocidos de uno mismo y que explican situaciones, actitudes hasta ese momento inexplicables, así como el beneficio que pueden a veces proporcionar. Más que comprender cosas de uno mismo son algunos de estos descubrimientos los que van modificando la posición de un sujeto y, por tanto, ciertas conductas o posiciones en su vida.</p>
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