
Tengo una amiga que tras muchas dudas y reticencias se decidió por fin consultar con un psicoanalista. Ella pensaba que eso era para gente débil, enferma o loca. Desde el primer momento en que sintió la mirada inquisidora del portero, al traspasar el umbral de la casa de la que iba a ser su analista, imaginó toda clase de pensamientos en la cabeza de aquél hombre. ¿Pensará que soy una desequilibrada? ¿Que tengo problemas con la pareja? ¿Sexuales?, etc. Seguir leyendo »