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	<title>Diván el Terrible &#187; Mª Carmen Rodríguez-Rendo</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>El secreto</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Oct 2009 00:10:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familialío]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchas veces allí donde la memoria se propone cerrar los ojos los miembros de una familia se solidarizan con el silencio. Es verdad que “lo de hablar” relaja pero también es verdad que en ocasiones puede resultar inquietante. Si no que se lo pregunten a los llamados “eclesiásticos mundanos” del siglo XVIII que afirmaban sin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/10/secretos.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Muchas veces allí donde la memoria se propone cerrar los ojos los miembros de una familia se solidarizan con el silencio. Es verdad que “lo de hablar” relaja pero también es verdad que en ocasiones puede resultar inquietante. Si no que se lo pregunten a los llamados “eclesiásticos mundanos” del siglo XVIII que afirmaban sin turbarse que había personas de las que se sabía que “se habían perdido por la lengua”.<span id="more-243"></span></p>
<p>Las familias son emisores de información a pesar de sí mismas. Los padres, los abuelos, los tíos, todos nosotros hemos ido haciendo acopio de la historia familiar que se acaba constituyendo en nuestro patrimonio psíquico y afectivo. Lo que nos han contado y lo que no, determina nuestro lugar en la estirpe, en ese linaje familiar que se ha ido tejiendo con lo dicho y lo no dicho. Pero tenemos inconsciente y aunque callemos, la historia ya fue escrita. Ni la prohibición de hablar más sofisticada podrá conseguir que lo que ha sido importante para una generación le sea arrebatado a la siguiente.</p>
<p>En casi todas las familias hay algo que se teme que se sepa o bien porque avergüenza o bien porque su solo recuerdo entristece o angustia. El secreto familiar está ahí como una silla vacía en la que nadie se sienta porque está ocupada por un inquilino frecuente e intangible pero al que todos ven con los ojos de las palabras y de lo inconsciente.</p>
<p>A veces se oculta el suicidio de una abuela, la existencia de un hijo muerto, el origen del nombre de un niño, un tío desaparecido y drogadicto, que el niño es adoptado, el incesto, una tía con SIDA, un ingreso psiquiátrico de un familiar muy próximo, matrimonios anteriores, el origen de uno de los hermanos nacido de un amor escondido de una madre…, lista interminable de un pasado que nos habita como impensado, pero que se aloja en el recuerdo.</p>
<p>Porque no debemos olvidar que aunque la memoria prefiera cerrar los ojos, el recuerdo nos gobierna. Es el recuerdo el que nos recuerda que hemos visto, que hemos estado, que hemos sentido y que ha dejado una huella de cada rincón por el que hemos transitado. Una fotografía invisible que se contrae en el núcleo de la maleta de un pasado en el que no se quiere hurgar.</p>
<p>La existencia de la cultura es la que muestra antes del descubrimiento del inconsciente freudiano el poder de las palabras. Las palabras a disposición de todos para el uso relativo y particular  que cada sujeto haga de ellas. Las palabras, las calladas, las secretas, las dichas, todas ellas son herramientas de transmisión.</p>
<p>En el psiquismo la estructura del inconsciente demuestra en su singularidad éste poder de las palabras que nos pre-existen y que poseen el poder de enfermar por permanecer reprimidas, y el poder de curar cuando el sujeto habita su lengua y la palabra fluye. Para el psicoanálisis el sujeto se sirve del lenguaje pero también el lenguaje se sirve del sujeto y transmite de una generación a otra a pesar del sujeto.</p>
<p>Independientemente de cuál sea su contenido, el secreto, como el eje de una noria, gestiona y tramita las relaciones de los miembros de la familia de modo ingobernable.</p>
<p>Revelar un secreto es un acto de valor que dignifica al que asume la responsabilidad de decir lo que el miedo a decir oculta en las familias. Mensaje cifrado que atrae como polo enigmático al psiquismo infantil que ante lo inescrutable transmutará en síntoma, buscando una salida a través de  la vida anímica e incluso comprometiendo al cuerpo si fuera menester.</p>
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		<title>Un acto de creación: “Puentes en el desierto. Afuerismos”</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jun 2009 20:04:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Creatividad]]></category>

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		<description><![CDATA[De un aforismo se dice que es una “sabiduría predigerida”. Es la definición más corta que he encontrado y la que condensa con precisión la pretensión de expresar lo que nos habita pero que la ceguera de lo cotidiano nos hace ignorar. He leído que fue utilizado por Hipócrates como una serie de proposiciones relativas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/06/puente.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>De un aforismo se dice que es una “sabiduría predigerida”. Es la definición más corta que he encontrado y la que condensa con precisión la pretensión de expresar lo que nos habita pero que la ceguera de lo cotidiano nos hace ignorar.<span id="more-220"></span></p>
<p>He leído que fue utilizado por Hipócrates como una serie de proposiciones relativas a los síntomas y al diagnóstico. En ese caso nuestro antiguo colega con vocación de curar ya había entendido que si se desea que nos entiendan es mejor no “enrollarse” demasiado.</p>
<p>Porque eso de lo “bueno si breve, dos veces bueno” es el privilegio de unos pocos con la capacidad de articular alguna verdad tan mediocre y tan profunda como los mitos que organizan nuestras vidas. Es poco frecuente encontrarse con alguien que dice mucho con muy pocas palabras sin ser poeta.</p>
<p>“Puentes en el desierto. Afuerismos” es el título del excelente libro de aforismos de Ángel de Frutos Salvador.</p>
<p>El aforismo es una dimensión de la escritura que impacta como una flecha en el corazón del tiempo.</p>
<blockquote><p>“Lo que al sentido huye, en el sonido fluye”</p>
<p>“Tala palabra. Talla silencio”</p></blockquote>
<p>El aforismo re-envía y resignifica con la rapidez de un rayo y sin querer, a pesar de nosotros mismos. De pronto “uno” entiende a pesar de si mismo. De pronto el puzzle de la historia encuentras un eje y un asidero, el marco que nos sujeta a la vida incluso cuando nos empeñamos en fastidiarla.</p>
<p>Con un golpe de palabra uno entiende  que tal vez derrochamos las palabras, o tal vez se nos caen de la boca en la ingenuidad infantil de nuestro pensamiento, siempre dispuesto a creer que no nos están entendiendo.</p>
<p>Somos tan soberbios que damos por hecho que al extendernos nos van a comprender. Nos olvidamos que el tiempo de comprender no depende de la razón, sino del tiempo de la sin razón que elude o recoge lo que más le conviene a nuestra conciencia.</p>
<p>También olvidamos que algunos sólo se escuchan a sí mismos y que otros tienen poco tiempo para la escucha, arte antiguo, no siempre valorado y poco generoso en los tiempos que corren. Que corren sí, pero no ahora, por culpa de las crisis, sino porque el tiempo ha corrido siempre y habitualmente, a casi todo, llegamos tarde.</p>
<p>Nos suele pasar que cuando nos hemos enterado, ya es… después. Después es el final y el principio de la comprensión. Es el primer escalón del trayecto del final de la ignorancia.</p>
<p>Si no entendiéramos después, no viviríamos. Estaríamos pendientes, aún más, obsesionados por “pillarlo” todo en el momento. Esta actitud no sólo es cansina sino esclava de la razón y poco creativa.</p>
<p>La insolencia atinada de la irrupción del inconsciente insiste y augura que los puentes existen: del uno al otro, desde el no saber al saber, desde el miedo al valor, del desamor al amor.</p>
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		<title>Silencio&#8230; se ríe</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Mar 2008 12:31:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Con humor]]></category>

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		<description><![CDATA[Tanto la risa como el humor me han parecido siempre asuntos muy serios. La risa suele surgir de la desesperación, cuando nos hemos hartado de llorar y lamentarnos y acabamos decidiendo reírnos de nuestra lista de desgracias mediocres. Mediocre, esta es una gran palabra. Hace varios años un gran amigo, respondía a mí pregunta ¿cómo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2008/03/mimo.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Tanto la risa como el humor me han parecido siempre asuntos muy serios. La risa suele surgir de la desesperación, cuando nos hemos hartado de llorar y lamentarnos y acabamos decidiendo reírnos de nuestra lista de desgracias mediocres.<span id="more-138"></span></p>
<p>Mediocre, esta es una gran palabra. Hace varios años un gran amigo, respondía a mí pregunta ¿cómo estás?, diciéndome: “estoy muy bien porque me he dado cuenta de que soy un hombre mediocre, con una vida mediocre, y unos hijos mediocres”.</p>
<p>Desde entonces, elevé la palabra “mediocre” a la dignidad de la castración. Llegué a la conclusión de que mi amigo, más sabio que yo se había dado cuenta que “mediocre”, palabra que contiene otras dos: medio y ocre, había desarrollado el talento de aceptar la imposibilidad de alcanzar el Ideal y había decidido hacerle un corte de manga al Ideal del Súper Yo, del que habla Freud en el caso del presidente Wilson. Sí, un corte de manga es lo que se merece ese Súper Yo que encarna como nadie al personaje zafio, cruel, voraz y obsceno, ante el cual, hagamos lo que hagamos nunca damos la talla.</p>
<p>La utilidad de la risa en psicoanálisis no es una novedad, pero sí un hallazgo. Es nuestra aliada en el desalojo de la pulsión de muerte de sus guaridas ocultas. Ya que en todo padecimiento hay algo de la vida que está latiendo. Este puente imaginario entre la psiquis  y lo social disuelve la fobia a la cercanía del otro. La risa nutricia acaba precipitando alguna revelación, el efecto sorpresa nos acerca a lo desconocido con la ligereza del que se ha librado del miedo de saber.</p>
<p>El humor, sublime acto de creación donde los haya, irrumpe contra la intelectualización. Muestra la capacidad de desalojarnos de aquellas identificaciones que ponen rígido nuestro pensamiento, creando un soporte simbólico que despoja del sentido rancio que nos atenaza y lo transforma en sublimación.</p>
<p>Por este motivo el ser de la mediocridad se vuelve sublime. Es el que no duda de que siempre le faltará algo más para llegar más lejos. Se autoriza a carecer de lo que admira pero no abandona el momento de disfrutar lo que la vida nos da, sin añorar lo que nos fue arrebatado.</p>
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		<title>¿Por qué lo llaman stress cuando quieren decir angustia?</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2007 10:53:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ansiedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Todos sabemos que la vida no suele ponernos las cosas fáciles. Sin embargo, en ocasiones, damos por hecho que aunque la situación sea espinosa, podemos afrontarla. Otras, nos invade la sensación de que la vida nos atropella y nos lleva por delante. Algunos se quejan de malestares de estómago, falta de aire, opresión en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/03/stress.jpg" alt="Imagen" id="image60" /></p>
<p>Todos sabemos que la vida no suele ponernos las cosas fáciles. Sin embargo, en ocasiones, damos por hecho que aunque la situación sea espinosa, podemos afrontarla. Otras, nos invade la sensación de que la vida nos atropella y nos lleva por delante.<span id="more-61"></span></p>
<p>Algunos se quejan de malestares de estómago, falta de aire, opresión en el pecho, o un nudo en la garganta. Otros tienen la impresión de que llevan el mundo sobre su espalda. El cuello, los hombros y la columna cobran relevancia pidiendo piedad a ese sujeto, hombre o mujer, sin distinción de edad.</p>
<p>Se oye por ahí: “estoy muy tenso, debo relajarme”. Sería estupendo que los músculos obedecieran ante la súplica del que no quiere ser Sansón, ni quiere que le corten el pelo.</p>
<p>El cuerpo “canta” la música de la angustia, música sin letra que algunas veces la palabra stress no hace más que acallar. El cuerpo “canta” o, lo que es lo mismo, hace un síntoma. Para la medicina, un síntoma denuncia un estado mórbido. Para el psicoanálisis, síntoma es signo de que hay inconsciente.</p>
<p>La angustia puede aparecer ante un peligro real, pero muchas veces esa excitación que uno mismo es incapaz de dominar tiene un origen interno y se pone en marcha como señal de alarma, señal de que algo no va bien. Aunque nos empeñemos en buscar una explicación, no siempre la encontramos.</p>
<p>La angustia es como ese cajón de la mesilla de noche donde vamos guardando lo que no sabemos, lo que nos han “colocado” sin darnos cuenta, o lo que no nos gusta, pero nunca nos hemos preguntado por qué lo guardamos sin siquiera recordarlo. Hasta que un día llega el momento de mudarnos de casa y nos quedamos atónitos de lo que hemos ido almacenando sin que ni siquiera nos acompañara.</p>
<p>La angustia (esa que la moda viste de stress porque la palabra no es castellana y nos parece más glamurosa) es la que nos despierta por la noche y nos deja buceando en el insomnio; es la que nos permite estrenar una taquicardia en un océano de dudas. Es la que nos viene a preguntar: ¿qué hago conmigo?, ¿qué hago con ésta desagradable sensación de que la vida se me va de las manos?, ¿qué hago con este desvalimiento que me invade y que activa mi miedo a la pérdida?</p>
<p>Nuestro primer impulso suele ser ahogarla, buscar un tapón para que duela menos. Sin embargo lo que causa el dolor sigue en el cajón, y aún cuando somos capaces de encontrar un buen tapón que disminuya el dolor, la herida no se cura con el tiempo. Porque el tiempo pasa pero no cura, sólo produce un efecto balsámico nada despreciable, pero que no debemos sobrevalorar.</p>
<p>Por todo esto, la palabra stress me resulta ajena. Encubre que algo en mí se ha desatado.<br />
¿Por qué no dejar que lo que duele, lo haga en nuestra lengua materna?</p>
<p>El otro que escucha finge que entiende. Simulacro dialéctico para obviar que si no le hablo de mí, la comprensión no llega.</p>
<p>Negociar qué hacemos con nuestra angustia no deja de comprometer la economía del psiquismo. No hay forma de que no salga cara. Por esto deberíamos contemplar la posibilidad de pedir ayuda, de hablar de ella, de ponerle palabras a las marcas de la historia que buscan encontrar sus propias voces.</p>
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		<title>Nos pisa los talones</title>
		<link>http://divanelterrible.com/52/nos-pisa-los-talones/</link>
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		<pubDate>Thu, 18 Jan 2007 22:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[¿Sabes qué es el psicoanálisis?]]></category>

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		<description><![CDATA[Los hijos crecen y el tiempo nos pisa los talones y, entretanto, le damos un repaso a lo que hemos sido. En un gesto de ellos nos recordamos y nos vemos. Vemos lo que nos gusta y lo que detestamos de nosotros mismos. Descubrimos que en el hijo retornan aquellos sueños y aquellos conflictos que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2007/07/nenes.jpg" alt="Imagen" id="image93" /></p>
<p>Los hijos crecen y el tiempo nos pisa los talones y, entretanto, le damos un repaso a lo que hemos sido. En un gesto de ellos nos recordamos y nos vemos. Vemos lo que nos gusta y lo que detestamos de nosotros mismos. Descubrimos que en el hijo retornan aquellos sueños y aquellos conflictos que nos llevaron a tropezar tantas veces con la misma piedra. Desearíamos que ellos no tropiecen. Consumimos advertencias, consejos, y no escatimamos palabras para que comprendan “que así no es”.<span id="more-52"></span></p>
<p>Sin embargo, el fluido imparable que atraviesa el amor por la descendencia injerta alguna inhibición, algún miedo “absurdo”, alguna imposibilidad allí donde el niño lo recoge.</p>
<p>Nos preguntamos cómo es posible que hayamos trasmitido a pesar de nosotros.</p>
<p>Para el psicoanálisis el inconsciente es un aparato de transmisión ya que la presión por transmitir que realiza el deseo inconsciente atraviesa como una flecha el universo de lo transgeneracional. No es controlable aun cuando el origen y el destino de lo que se transmite sea anónimo; el niño quedará prendado por un rasgo de sus objetos de amor y habrá recogido un legado que casi siempre ignora.</p>
<p>Aunque algo no se haga presente, no quiere decir que no esté en el ser. Aunque no aparezca, no implica que esté abolido ya que no podemos negar el entrecruzamiento inconsciente que liga de manera inevitable a una generación con otra.</p>
<p>Cuando aparece ese rasgo de la generación de los padres en un hijo, nuestro asombro responde con la explicación de la genética, y buscamos la solidaridad de la herencia para que justifique una forma de dormir o de no dormir, de comer, de hablar y, en suma, una forma de estar en el mundo.</p>
<p>Sin embargo, la continuidad de la vida psíquica entre generaciones se cuela a través de las vías de transmisión, donde la cultura y la tradición asegurarán la continuidad de generación en generación. El deseo de transmitir es un deseo inconsciente, que a la vez que nos pertenece nos es ajeno porque se guarda en esa parte desconocida de cada ser humano.</p>
<p>La presión por transmitir es condición de humanidad, de imperfección y de un amor a la progenie que no gobierna lo que a los hijos se entrega. Forma parte de la lucha por la conservación de la especie y del deseo de trascender la propia existencia en el otro.</p>
<p>Lo continuo y lo discontinuo, lo que se repite y lo que se diferencia, lo que se trasmite y lo que es objeto de identificación se entrelazan en el tejido de toda historia humana.</p>
<p>Freud dejaba claro que el hombre poseía un aparato que le permitía interpretar, construir y producir sentido: el aparato inconsciente de la transmisión. Lo que se transmite es al menos una huella, pero no solamente una huella, huella de lo que no pudo ser pensado y trazo de un legado con el que nos identificamos.</p>
<p>Por esto podemos afirmar que la transmisión nos pisa los talones. Cuando somos padres hay algo que se va de nosotros para aposentarse en el hijo que será portador de un legado, en torno al cual organizará buena parte de su existencia.</p>
<p>La tarea a la que el hijo se verá abocado será la de traicionar esa parte del legado que le esclaviza, trabajo ante el que nadie debería permanecer indiferente. De ahí en adelante habrá de conquistar su singularidad como ser humano, su obra más lograda.</p>
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		<title>¿Qué más quiere?</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jun 2006 14:04:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mª Carmen Rodríguez-Rendo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seguimos soñando]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada noche usted se acuesta y con mejor o peor suerte, se duerme. Y aunque a veces no lo recuerde… sueña. ¿De qué se queja amigo? En el sueño, el tiempo no tiene tiempo… allí será usted desobediente, caerá en el arrebato, será dueño de caricias impostergables, será el amo y señor de su universo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2006/06/dream.jpg" alt="Imagen" id="image22" /></p>
<p>Cada noche usted se acuesta y con mejor o peor suerte, se duerme. Y aunque a veces no lo recuerde… sueña. ¿De qué se queja amigo?<span id="more-21"></span></p>
<p>En el sueño, el tiempo no tiene tiempo… allí será usted desobediente, caerá en el arrebato, será dueño de caricias impostergables, será el amo y señor de su universo. Podrá amar, odiar, matar, dirigirá un mundo arbitrario, sus imágenes rozarán el olvido o serán tragadas por una ballena gigante. Se mirará a usted mismo, romperá a llorar, buscará el vapor caliente que le deje al abrigo de su propia mentira, o se quedará clavado ante una de sus verdades con miedo de meditar demasiado. Aprenderá que hay sueños ciegos, pero solo algunos. Descubrirá que puede abrir los ojos para seguir soñando si está dispuesto a mirar de frente y sin dobleces el tiempo de las letras muertas, de los desengaños, de esa vida que huele a ausencia extenuada… y mañana, será cuando esté despierto. Tal vez lo recuerde, tal vez no…pero usted ha tenido sueños.</p>
<p>Para el Dr. Freud esto era lo importante, haber soñado, seguir soñando. Tanto la primera como la segunda edición de “La interpretación de los sueños” tratan de algo más que lo que su título advierte. Freud habla de sí mismo con transparencia. Captura tanto por lo que se reserva como por lo que ofrece generosamente de su propia intimidad. Nos brinda escrupulosamente ideas psicoanalíticas fundamentales y se queja de no haber conseguido un estilo más sencillo para trasmitir algo tan complejo. Estaba nervioso e inquieto porque tenía que hablar del “submundo” del inconsciente, de su autoridad sobre la conciencia. Pero quería ser austero para decir que en el sueño un deseo se realizaba porque la vida del hombre transcurría entre la realidad y el deseo. No era fácil afirmar algo así. Podía no gustar. No se trataba de asignar una significación simbólica y fija a cada detalle del sueño, ni de leerlo como algo a decodificar. Freud proponía un trabajo asociativo sobre diferentes partes del sueño que pudieran ser tomadas como puntos de partida para recorrer el territorio sinuoso y sorprendente del inconsciente.  El psicoanalista dispondría de un método pero para penetrar en los mecanismos del soñar  no le bastaría con el saber, debía escuchar y respetar el relato del paciente como si de un texto sagrado se tratará. Por eso previene en no sobrestimar lo que parece ser y no es. Por deshilvanado y absurdo que parezca la creación del sueño responde a una lógica propia y ajena a la conciencia que si se la transita llevará a paisajes lejanos e incluso desconocidos de nosotros mismos.</p>
<p>Nuestra infancia guarda tesoros fascinantes y el sueño es el resultado de una labor llevada a cabo por nuestro psiquismo, por eso develar sus enigmas no puede ser sin trabajo. Habrá que andar hacia atrás, a veces de puntillas, para no caer en la interpretación superficial o irresponsable que no tiene en cuenta el debe y el haber del escenario psíquico. Para poder soñar sin despertarse, el hombre, una vez más debe echar la cuenta, buscar la cifra exacta de lo soportable, la imagen que lo ausenta del asco o del miedo incontenible, siempre fuera del precio justo para no hundirse en la pesadilla. Por todo esto, si cuando soñamos nos recreamos a nosotros mismos, si es nuestra propia vida la que nutre a la obra y le regala sus herramientas, ¿qué más quiere?</p>
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