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	<title>Diván el Terrible &#187; Adolfo Berenstein</title>
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	<description>Psicoanálisis y sociedad, publicación digital</description>
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		<title>Los psicoanalistas y la homosexualidad</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Nov 2009 00:29:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo Berenstein</dc:creator>
				<category><![CDATA[En clave de sexo]]></category>

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		<description><![CDATA[Freud hizo del dios Eros un pilar fundamental para sostener el peso de su edificio teórico. Sería impensable el psicoanálisis sin la presencia de este soporte en las teorías sexuales infantiles, en el nudo del drama edípico, en el armazón de la construcción narcisista o en el conjunto de la vida erótica humana. Si el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/11/bailando.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>Freud hizo del dios Eros un pilar fundamental para sostener el peso de su edificio teórico. Sería impensable el psicoanálisis sin la presencia de este soporte en las teorías sexuales infantiles, en el nudo del drama edípico, en el armazón de la construcción narcisista o en el conjunto de la vida erótica humana.<span id="more-255"></span></p>
<p>Si el amor fue para Platón un tema central en el diálogo del Banquete o en el Fedro, no lo es menos para Freud a lo largo de su obra. Esta voluntad persistente del vienés de hablar sobre la sexualidad trajo consigo el rechazo inicial de sus teorías. Los prejuicios sociales y las resistencias a las nuevas ideas son un denominador común en todas las épocas, y hoy como ayer, estas barreras vuelven aparecer cuando se cuestionan ciertas ideas arraigadas en los cenáculos de la cultura.</p>
<p>Si antes era inaceptable la vida erótica del infans ahora resulta inadmisible para muchos la homosexualidad fuera del campo de la perversión. En la teoría psicoanalítica se dio, en su momento, un paso decisivo al separar la sexualidad de la genitalidad y al extender el barniz erótico sobre toda la superficie corporal. La sexualidad dejó de ser así un patrimonio exclusivo de los órganos genitales para convertirse también en una actividad gozosa centrada en otras zonas erógenas, Apartar la actividad sexual de los genitales abrió la investigación a la vida sexual infantil, orgánicamente imposibilitada de cumplir con el fin de la procreación al servicio de la conservación de la especie. Dejar de lado la función teleológica de la sexualidad y ponerla bajo la primacía de otras zonas erógenas fue calificado desde siempre como una perversidad. Un doble desvío se hacía así presente en el campo de la homosexualidad, por un lado, respecto al fin, y por el otro, respecto a la elección del objeto.</p>
<p>Si bien los psicoanalistas aprueban teóricamente la idea freudiana que define a la pulsión sexual sin un objeto prefigurado, no deja de vislumbrarse en su práctica un cierto desliz al considerar a priori a la homosexualidad como una forma sintomática de la perversión. Y no lo hacen porque piensen como los primeros psicoanalistas en una desviación sexual siguiendo los dictados de la teoría de esa época, sino por el peso que adquieren las nuevas concepciones que han innovado la mirada sobre la homosexualidad. Reconocer ahora la homosexualidad puede provocar en el psicoanalista una cascada de ideas que enturbian su función y alteran el dispositivo de la escucha. Una cadena de conceptos lo oprime y lo ata a una sordera funcional. Es entonces cuando la homosexualidad se anuda a un diagnóstico de perversión a través del desmentido de la castración, la torsión de la función paterna, el crecimiento narcisista o la posición de objeto privilegiado para el deseo de la madre. No se pone en cuestión que esto pueda ser así en numerosos casos, pero no siempre lo es de este modo. Dicho de otra manera, la homosexualidad no pertenece sin más a la perversión, pero aunque lo fuera, son tantos los matices de la vida que casi nunca veremos cumplirse al pie de la letra los designios teóricos enunciados. La teoría está allí, en ausencia, como marco de referencia, pero no como dogma. Sin embargo, en muchas ocasiones, la inercia del pensamiento vence sobre la observación clínica y aplasta la posibilidad de la escucha pausada de la historia individual. Por otra parte, algunos psicoanalistas ven en el diagnóstico un refugio ilusorio de comprensión y un antídoto eficaz ante la ignorancia, cuando lo único necesario que se debe saber es que la verdad brilla con más esplendor en el verde árbol de la vida que en el libro gris de la teoría.</p>
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		<title>Una apertura a la noción de crisis</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Feb 2009 14:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adolfo Berenstein</dc:creator>
				<category><![CDATA[Maldita crisis]]></category>

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		<description><![CDATA[El rechazo que se observa en la cultura occidental a toda forma de dolor, displacer o sufrimiento, el hedonismo artificial impuesto como regla de vida en nuestras sociedades nos ha conducido progresivamente por el camino de la anestesia química de las funciones psíquicas. La promesa de un bienestar infinito sin síntomas, el destierro de los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://divanelterrible.com/wp-content/uploads/2009/02/tallado.jpg" alt="Imagen" /></p>
<p>El rechazo que se observa en la cultura occidental a toda forma de dolor, displacer o sufrimiento, el hedonismo artificial impuesto como regla de vida en nuestras sociedades nos ha conducido progresivamente por el camino de la anestesia química de las funciones psíquicas.<span id="more-196"></span></p>
<p>La promesa de un bienestar infinito sin síntomas, el destierro de los conflictos, la placidez de una vida sin demasiadas tristezas no son otra cosa que fórmulas de un discurso cuyo carácter mortífero convierte a los seres humanos en verdaderas piezas controladas por la ingeniería química. No se trata aquí de restarles importancia a los avances logrados en el campo de la farmacología en el tratamiento de las enfermedades psíquicas, sino de colocarlos en su adecuada dimensión. Un ansiolítico no anula los conflictos, en todo caso, disminuye los efectos de inquietud, ansiedad o angustia que ellos producen, creando de esa manera mejores condiciones para su abordaje. El uso de los antidepresivos no le devuelven al sujeto la felicidad perdida, pero pueden darle ese impulso necesario para activar su vida.</p>
<p>Recuperar la noción de crisis vital en el léxico de los trastornos psíquicos permite una apertura del campo clínico en el tratamiento de lo real. Más allá de las nosografías clásicas, de las siglas y marcas dominantes en la psiquiatría o de los protocolos médicos, está el dolor psíquico bajo sus diferentes formas de aparición. La dimensión real del síntoma actual y la condensación de la historia del sujeto constituyen un punto nodal que demanda una intervención rápida para evitar su coagulación.</p>
<p>El tratamiento de la crisis no es una urgencia que imponga la eliminación de los síntomas a través de los psicofármacos, sino una práctica que pretende desanudar la inhibición del juicio.</p>
<p>Hablar de crisis significa referirse a un entorpecimiento de la razón frente a los cambios propios de cada etapa de la vida o de aquellos provocados por circunstancias denominadas impropiamente accidentales. La crisis es una ruptura de la homeostasis del sujeto, del equilibrio imaginario, un trastorno en las reglas del principio del placer en términos económicos. Pero también es un desarreglo de las funciones imaginarias y simbólicas del sujeto que aparecen en el momento en que se debe incidir sobre lo real. Y es en ese preciso instante de la conclusión del juicio en un acto, en una decisión, cuando sobrevienen las diversas manifestaciones de la crisis.</p>
<p>De un modo simple, se puede decir que la crisis siempre apela al acto. Por eso lo característico de muchas crisis en su punto de partida es el pasaje al acto del sujeto, la insuficiencia que muestra su dispositivo psíquico para abordar lo real. El sujeto imposibilitado de realizar el acto por donde su juicio concluye en una decisión se ve arrastrado por la coartada apremiante del pasaje al acto.</p>
<p>Se trata de diseñar el contorno de un mapa donde aparece esbozado en los síntomas de la crisis la insuficiencia de la disposición subjetiva para afrontar la dimensión real del conflicto. Si la historia es el presente, en lo actual no hay ningún tipo de apego imaginario al pasado virtual. El inconsciente ex-iste allí donde el síntoma lo anuda.</p>
<p>Sería un contrasentido promover en el tratamiento de la crisis un dispositivo destinado a borrar los síntomas del escenario subjetivo.</p>
<p>De lo que se trata, es de instalar en el sujeto, la dimensión lógica del tiempo de concluir, aunque lo perentorio de las crisis se exprese en la falta de tiempo.</p>
<p>En la resolución de esta paradoja está condensada la dificultad de todo tratamiento posible de las crisis. La crisis es un triunfo del movimiento sobre la inconsistencia rígida de las estructuras.</p>
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