¿Cómo escapar de las trampas de la familia?
Publicado en Familialío“K” tiene 15 años, y es traído por su madre a la consulta. La actitud del hijo la angustia: se hace expulsar de los colegios, se niega en rotundo a asistir a las clases. La convivencia se hace insoportable, es irresponsable, vago, exigente, agresivo.
Mi madre es una pesada, dice “K”, me agobia. Mi padre nunca ha hecho de padre, y ahora, es ya tarde… no voy a clase porque no me da la gana.
La madre aclara que los problemas con el chico están desde siempre, desde que nació, un pensamiento se le impuso: “Por ser varón, será más débil, me necesitará más”. En cambio de su hija piensa lo contrario, estudia en un internado y es autónoma.
Se ve la connivencia de la madre con la imagen del hijo como “incapaz”, ya que exigiéndole ocuparse de él, es como “K” está al servicio (inconscientemente) de la satisfacción del guión que su madre ha construido de él.
Pero también resuena una protesta, en él, una ambivalencia, un no estar del todo ahí, con esa queja al padre.
El padre no puede más, llega a la agresividad verbal, al insulto. Es entonces cuando solicita un tratamiento psicoanalítico: “no quiero ser violento, prefiero irme de casa, si no encuentro otra forma de estar”. Este proceso le permite salir de la impotencia, se pacifica, y ahora reclama un lugar a su mujer: “si la relación de pareja no funciona, me iré y comenzare de nuevo”.
“K” tiene ahora 17 años. Quiere ir a fiestas y volver tarde. El deseo del hijo angustia a la madre, que comenta: “No, es peligroso”.
Interviene el padre, “desde otro lugar”, que no es ya la impotencia: “No te preocupes, de tu madre me encargo yo, ve y diviértete”.
A partir de este tipo de frases paternas, el chico empieza a despegarse de su posición anterior, con la que la madre era tan tolerante.
Tiene iniciativas, una de ellas es buscar trabajo, lo encuentra y lo mantiene… no se hace expulsar. Es su elección.
Vemos, muy frecuentemente, a adolescentes, como en este caso, atrapados en una trama familiar en crisis, donde la función del padre falla, no ofrece vías de salida; es una deficiencia que se encuentra cada vez más en nuestra sociedad.
Sin embargo, es necesario un pasaje por la angustia para que el adolescente pueda construir algo propio de su subjetividad.
Isabel Maestre Fernández
Psicoanalista, Madrid