Carlos Boggio
Publicado en Entrevistas
La vida en una maleta
“Un hombre sin pasado”, así es como el Sr. Carlos Boggio, representante de ACNUR en España, UNHCR, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados, resume en un momento de esta entrevista lo que él ha experimentado como el robo de su historia, de los objetos y de las personas que le habían acompañado hasta entonces. Su vida anterior cupo en una maleta. A partir de ahí este hombre encontró una forma de aproximarse a la reparación de su pérdida, trabajar para los refugiados.
Diván: Sr. Carlos Boggio, es Vd. el representante de ACNUR en España, ¿cuál es exactamente el papel de ACNUR en España? ¿Por qué cuando se habla de refugiados todo el mundo piensa más allá, pero no se piensa que ACNUR en España tiene un papel que jugar? ¿Qué es exactamente lo que se está haciendo?
Carlos Boggio: ACNUR tiene presencia en España desde hace varios años, ya que con la transición en España se adoptó una ley de asilo para favorecer la protección y la asistencia a personas con problemas de persecución según define la convención de Ginebra del 51: Estos son los refugiados políticos. También se adoptó una ley de asilo que se está aplicando desde entonces, y en esa ley se nos asigna un trabajo para velar por cada solicitud de asilo que llega al territorio español, sea en la frontera, en el aeropuerto, en un puerto o en cualquier punto de llegada. A diferencia de lo que ocurre en muchos otros lugares, la ley española es muy “garantista”, porque nos permite al ACNUR comentar cada caso. En algunos casos la opinión del ACNUR es vinculante, o sea, que la administración puede tener una posición y el ACNUR otra. Hay muchos casos en que la opinión del ACNUR predomina. Los trámites duran algunas veces hasta dos años ó más.
En el momento de decidir si tal o cual otra persona es refugiada funciona lo que se llama en España “la comisión de asilo”, que preside el Ministerio del Interior, la componen el Ministerio de Asuntos Exteriores, de Trabajo y la Seguridad Social. El ACNUR tiene allí voz pero no voto. ACNUR revisa la lista que elabora el gobierno y hay veces que a nuestro juicio necesita una revisión positiva, porque la administración no tuvo en cuenta algunos elementos. A veces simplemente tenemos una opinión discrepante con la administración y, bueno, se da el debate. Sin embargo muy a menudo nuestra voz no tiene peso. Lamentablemente nosotros no votamos.
El concepto de asilo no es nuevo para la opinión pública española, hablar de asilo en España nos retrotrae a un pasado muy reciente, porque ¿quién no tiene entre su familia o conocidos alguien que anteriormente se haya tenido que marchar de España, como consecuencia de cierta historia muy reciente de los últimos cien años? La memoria del éxodo de España me parece un elemento importantísimo para mantener viva la solidaridad de los españoles con esta causa. Hay que precisar que España es uno de los países que menos solicitudes de asilo recibe de la UE y que en menos casos reconoce el estado de refugiado. Aún así, España es un país importante, pues sí da apoyo financiero a los refugiados en el mundo. Y a la vez se hacen grandes campañas en las escuelas y diferentes centros educativos para sensibilizar a los alumnos hacia la causa de los refugiados. Cada vez más notamos que hay un interés en la ciudadanía por ayudar con contribuciones al refugiado.
D.: Querríamos abordar con usted dos cuestiones: primero, cómo se afronta una situación de crisis, no como algo excepcional sino como un “estado de crisis”, que es lo que estamos viviendo en los últimos años y, por otra parte, de qué manera su trayectoria está comprometida con su trabajo.
C.B.: Llevo casi veintiocho años trabajando con refugiados. Conocí también el exilio a consecuencia de la situación vivida en mi país. Viví el problema de los refugiados en un país difícil, Suecia, luego en Francia trabajando en una ONG, recibiendo refugiados de mi propio continente y años después trabajando con Naciones Unidas. El drama del exilio para mí, significa sobre todo en los primeros años una fuerte crisis, porque hay que asumir varios duelos. Eso nos permite diferenciar un debate que es muy sensible, la emigración y el asilo, la gran diferencia entre ambas categorías es que un emigrante opta por salir de su país para mejorar su situación económica, a veces simplemente para poder sobrevivir. El refugiado es una persona que no tiene otra opción, y ahí hay un primer elemento individual, el refugiado es una persona que no escogió, tuvo que huir, tuvo que salir. Yo recuerdo que tuve que hacer las maletas en poco tiempo, con menos de 500 dólares en el bolsillo. En una maleta toda mi vida en Argentina, tomé un avión a un destino desconocido. La primera crisis es la de tener que partir. Hay una doble crisis, yo creo: Primero, dejar los afectos, dejar la seguridad, la rutina y partir a veces con rumbo desconocido (uno que parte no sabe siempre donde va). La segunda crisis es el duelo de las terribles circunstancias en las que hay que salir, a veces se sale del país con un duelo adicional, la muerte de un pariente o varios, la cárcel etc… o sea, se suma a la crisis del abandono otras crisis y todo eso está en la maleta. Un duelo se suma al otro. A veces te cuentan: “salí hoy porque ayer mataron a mi mujer o secuestraron a mi hijo”. La doble crisis, de esa doble crisis sale un ser humano quebrado que no tiene otra opción. Y luego, la salida se da hacia un país nuevo donde no siempre las condiciones son las más objetivas y favorables para la integración. Pero también actualmente por la barreras impuestas está la crisis de “a donde voy y cómo entro”.
Muy a menudo piden todo lo que un refugiado no tiene. La tercera gran crisis es conseguir entrar en un país. Si logras entrar y poner una solicitud de asilo, luego está la espera, la angustia, saber si la solicitud de asilo va a ser aprobada. Un trámite de asilo demora dos años en España para ser estudiado. La situación de precariedad y de angustia es tremenda. ¿Que va a pasar conmigo? ¿Que va a ser de mí? En ese lapso de tiempo no hay proyecto de vida.
D.: Ese sujeto quebrado del que hablaba, que ha perdido todos los referentes y se encuentra a su llegada a otro país en una situación de precariedad ¿cómo hace frente a esa situación?
C.B.: Las respuestas son diferentes según el tipo de refugiado, si es rural o no…. Hay una diferencia entre el éxodo masivo de los africanos o el argentino en a un momento se tuvo que ir. La respuesta es diferente. Yo viví el dolor de la nostalgia, de la separación, de los muertos que dejaba detrás, saber que esa era mi casa y robaron todo lo que había en ella, pensar que eso puede parecer pequeño burgués. A mí lo que más me costó asumir, además de las muertes de mis familiares y amigos, fue saber que todo lo que existió dejaba de repente de existir. Cuando yo pienso en mi país no tengo pasado, mis hijos me piden fotos de ese pasado y yo no tengo nada que enseñarles, porque no existen. Mi pasado no existe. Mi terapia en el exilio era el trabajo, devolver a mis compatriotas lo que les habían robado, eso te ayuda a reconstruir tu identidad.
Pero trabajar con refugiados es un trabajo que te agota. Con eso hay que tener mucho cuidado y es algo en lo que tenemos que estar muy vigilantes: es nuestro trabajo, no hay que dejarse comer por la insensibilidad o la banalidad. Se puede perder el respeto al problema de la persona. La entrevista al refugiado se puede transformar en rutina y eso es grave. ¿Qué hace ese ser quebrado cuando llega? Pues lo primero que le da seguridad es poder hablar y en cierto modo hacer su catarsis. De qué manera recuperar la identidad, ese es el gran problema y para eso en muchos países hay sistemas, trabajadores sociales, psicólogos etc… Hay que estar preparado porque es un fenómeno difícil de abordar, muerte, tortura, violaciones….
D.: Los profesionales han de soportar enfrentarse con el horror, y esto no es fácil….
C.B.: Efectivamente. Lo que es, por ejemplo, muy reparador es que el refugiado se junte con los suyos, los de su comunidad, y eso le ayuda, hay que propiciar actividades juntos. Hay que hacer la catarsis de una manera colectiva, esto es altamente reparador. Pero evidentemente hay que evitar que eso se transforme en un gueto.
D.: Esos grupos sirven para poder compartir el recuerdo. Por otro lado está el riesgo de quedarse instalado en el gueto, con lo cual se genera una xenofobia invertida y en esos casos el país que acoge se convierte en el enemigo.
C.B.: El grupo tiene que ser un grupo de referencia. Es muy importante lograr insertarse en la sociedad que te acoge y ahí juega un papel fundamental la actitud de querer aprender o no un idioma. Algunos dicen que no aprenden porque total, para qué, si van a volver. Pero volver no depende de uno, y esa es otra crisis.
El proyecto de retorno, que a su vez tiene un elemento reparador muy fuerte, ayuda en la crisis, sostiene, pero no se controla. Esa es otra diferencia con el emigrante, el emigrante sabe que puede volver cuando quiere, en las vacaciones o en cualquier otro momento. El refugiado tiene que vivir con esa crisis. Esa esperanza que sabe que no va a depender de él. El proyecto de retorno puede ser una respuesta alternativa a la crisis pero no puede ser la única. Hay que poner en la balanza elementos de integración. Una cosa importantísima es la integración de los hijos, la integración de la segunda generación.
D.: Usted decía antes algo importante. Cómo no trasladar la quiebra interna del sujeto a una quiebra en relación con el país que acoge, es decir, ¿cómo evitar que la quiebra se transforme en un abismo?
C.B.: Cojamos el caso de la gente que tuvo un proyecto de retorno, y por fin un día pudo volver y el país que encontraron no les dio acogida. Para mí el final del círculo crea el inicio de una espiral.
D.: El proyecto de retorno es un proyecto virtual, porque habría que preguntarse, ¿volver a dónde? Ese país del que se ha partido ¿acaso existe?
C.B.: En Guatemala desaparecieron 600 aldeas del mapa, porque simplemente las borraron con napalm, algunos pudieron huir a Méjico y el resto murió. ¿Qué elemento reparador pide ese indígena? Pues los indígenas decían “no queremos que se nos dé indemnizaciones económicas, queremos que se sepa la verdad, queremos que a las aldeas se les pongan los nombres de los mártires de esta masacre. Queremos que los niños en la escuela estudien y sepan la verdad”. La verdad es un elemento reparador, la verdad histórica. Se habla mucho de reconciliación: para mí no es reconciliación, es Justicia.
D.: Que se sepa la verdad es una apuesta por la restitución del sentido.
C.B.: Absolutamente.
Christine Pepin, periodista, y Mª Carmen Rodríguez-Rendo, psicoanalista.