Las huellas del pasado permanecen

Publicado en Familialío

Imagen

“¡Mira! ¡Ese debe ser de la Casa de los Torres! ¡Camina igual que su abuela!” Así reconocían los viejos del lugar al nieto de la Sra. Torres, muerta cuando el nieto tenía seis años, ahora ya un joven de 25, y que no había vuelto a la aldea desde la muerte de su querida abuela.

Ese comentario me hizo pensar sobre lo que no se aprende, pero está inscrito en lo inconsciente, y que retorna en cada paso más allá de la voluntad y la conciencia.

El mapa de la geografía humana ha cambiado mucho en los pueblos y ciudades de nuestro país. No tenemos tiempo para sentarnos, mirar y reconocer quiénes somos, cuáles son nuestros orígenes y qué queremos hacer con ellos. Más bien avanzamos precipitadamente, queriéndonos alejar de nosotros mismos y nos alienamos a un modo de vida donde el tiempo/espacio parece cada vez más corto y en riesgo de ser arrebatado.

Cada día nuestras ciudades crecen, nuestros vecinos cambian, ahora tienen la piel más oscura, hablan en idiomas que no entendemos, nuestras familias adoptan formas escandalosas para nuestros abuelos y mayores, y nos escondemos más y más en nuestro chiringuito particular para evitar la invasión de lo desconocido, la diferencia, mientras de cara a la galería mantenemos una actitud de modernidad y autocontrol.

Ahora que tanto la madre como el padre trabajan afanosamente alejados de la casa familiar durante muchas horas al día, me pregunto qué efectos tendrá este alejamiento en las generaciones por venir, y que han sido acunadas, habladas en susurros, en idiomas, ritmos… por mujeres de otros lugares que, en muchas ocasiones, han dejado a sus hijos en sus países, sueñan con una futura reunificación familiar, y mientras esto ocurre proyectan en ese niño el amor ausente.

Es tal la importancia de lo acontecido en estos primeros momentos de la vida de un sujeto. Aquello que, aunque no recordado, queda inscrito en el inconsciente, que quizá vuelva a retornar en un enamoramiento en la adolescencia, más allá de su conciencia y del deseo de sus padres, como ese chico que llevaba en sus pasos la huella de un pasado que le concernía pero del que no era consciente.

Ángeles Palacio
Psicoanalista, Madrid

Escribe un comentario