Psicoanálisis, preguntas de los lectores II

Publicado en ¿Sabes qué es el psicoanálisis?

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¿Cuál es la vigencia del psicoanálisis hoy?

Más de un siglo después de su nacimiento, el psicoanálisis sigue siendo objeto de fuertes críticas y apasionados debates. Se cuestiona su actual vigencia e incluso se afirma que está en sus últimas, agonizando. Se oye a menudo que está superado, pasado de moda y, llama la atención oír esto, precisamente, en un país como España donde el arraigo que ha tenido en nuestra cultura ha sido mínimo.

Cien años después, seguimos preguntándonos: ¿sigue teniendo vigencia el psicoanálisis? ¿Qué papel puede jugar en una sociedad como la nuestra?¿Tiene algo que aportar frente a los retos que nos plantean los nuevos descubrimientos de la ciencia, especialmente la genética y las nuevas técnicas de reproducción asistida?

El psicoanálisis no es una cuestión de modas, y decir que el psicoanálisis está pasado de moda, es como decir que el inconsciente también lo está. Por eso, ese tipo de comentarios responden más bien a un desconocimiento de lo que se entiende por inconsciente, o bien a la resistencia comprensible, por ser inherente a la estructura del sujeto, de “no querer saber nada” de aquello que fue reprimido.

El sufrimiento psíquico es efecto de conflictos inconscientes y de preguntas fundamentales que todo ser humano se plantea: la muerte, el sentido de la vida, la sexualidad, la soledad… No son enfermedades, en el sentido médico de la palabra, sino afecciones del alma que nunca podrá resolver un tratamiento farmacológico, psicológico o neuronal.

El psicoanálisis, en ese sentido, es el único tratamiento que trata con los procesos inconscientes que escapan al control y a la voluntad del ser humano y cuyos nudos se expresan en los síntomas neuróticos. Es la razón por la que el psicoanálisis, en vez de eliminar estos síntomas de entrada, trata de descifrarlos, ya que nos indican de manera deformada el conflicto que sufre la persona.

Es cierto que hay ciertas características de nuestra sociedad actual que no facilitan un lugar al psicoanálisis. Estamos en la era de la imagen, donde la presión por sostener una apariencia de éxito y plenitud es muy fuerte. Quedamos capturados en una tiranía del cuerpo-imagen que nos ocupa cada vez más en construir un envoltorio cada vez más perfecto, ”sin arrugas”, pero en detrimento de escuchar el deseo que le da vida a ese cuerpo.

Los valores lideres se basan hoy en el consumo de objetos, en borrar y negar los conflictos sociales así como las marcas de aquello que nos enfrenta con nuestras limitaciones y carencias: la enfermedad, el paso del tiempo, el envejecimiento, la muerte.

Esta involución no ofrece al hombre espacios dónde se pueda escuchar la forma en como cada persona relata su malestar y se acojan sus preguntas y cuestionamientos.

Existe un cierto malestar propio de lo humano, el dolor de existir, que tiene que ver con su esencia, con el deseo. Este “dolor” no tiene nada de neurótico sino que es motor de la vida, sin embargo nuestra cultura apenas ofrece resquicios para que la persona pueda preguntarse: ¿Qué quiero? ¿qué estoy haciendo? e incluso antes de que intente articular una pregunta ya se le responde: “quieres tal cosa, necesitas tal otra, lo que te falta es tal o cual objeto…”

Es esa la vigencia del psicoanálisis siempre y cuando sepa enfrentarse a los retos que cada sociedad le impone.

¿Podrá el psicoanálisis mantener su compromiso con el inconsciente o sucumbirá a la tentación mercantilista de convertirse en una psicoterapia de consumo rápida y supuestamente “eficaz”?

Psicoanálisis, psiquiatría y psicoterapias

Existe una corriente en nuestra sociedad, dónde cierto ideal “cientificista” en nombre de la eficacia y de la objetividad, intenta reducir al extremo lo singular, la particularidad de cada persona en un intento de clasificar, ordenar y adecuar el caso a unas categorías previamente establecidas (ej. clasificación DSM III en psiquiatría). Esto termina convirtiendo la medicina en general en una medicina de órgano, al cuerpo en una maquinaria, un trozo de carne, como si no estuviera habitado por un ser humano, con sus deseos y conflictos y que intenta encontrar palabras para expresar su dolor.

Este enfoque generalizado y dominante que considera a los comportamientos humanos y mentales sólo con base genética-biológico ha provocado por un lado el auge de tratamientos farmacológicos y, a la vez, borra al sujeto devaluando sus palabras que es precisamente donde se encuentran las verdaderas claves de su sufrimiento.

Tampoco constituyen en absoluto una evolución, sino más bien un retroceso, los enfoques que deslizan el psicoanálisis hacia la psicología.(como aparece en muchas películas americanas). Por miedo a ser tachadas de poco científicas, ciertas psicoterapias, incluso las denominadas de enfoque psicoanalítico, han sustituido la escucha del enigma y vericuetos que hacen de cada ser humano un caso particular por una búsqueda a ultranza de la objetividad y de logro de resultados rápidos.

Se ofertan terapias para todos los gustos desde distintas teorías pero con el mismo objetivo de fondo: intentar eliminar los síntomas sin ir a la causa, lo que no significa que no retornen aunque a veces lo hagan bajo formas distintas. Hay que dar tiempo para que el conflicto psíquico se resuelva y, sólo después, como consecuencia, los síntomas caerán o se transformarán. En lugar de negar nuestro inconsciente, ¿no sería ”mas eficaz” intentar escucharlo? Aunque intentemos dejarlos de lado, el inconsciente y lo reprimido no dejan por eso de actuar.

Las terapias cognitivas privilegian el lenguaje en su aspecto de comunicación, ocupándose de los conflictos mentales conscientes con problemas de cortocircuitos o interferencias en la comunicación. El psicoanálisis se ocupa, en el funcionamiento mental humano, de aquello que escapa al razón y a la conciencia, de los conflictos reprimidos inconscientes que inciden en nuestras conductas, estados de ánimo, elecciones…sin saberlo nosotros.

Elisabeth Roudinesco en su libro ¿Por qué el psicoanálisis? observa que por un lado la medicina masificada y los tratamientos farmacológicos indiscriminados, dónde la tecnología ha sustituido la escucha médica, y, por otro una psicología que reduce los problemas psíquicos a problemas de conductas inadecuadas, ofreciendo terapias de modificaciones de conducta y de comunicación, han tenido como consecuencia la búsqueda desesperada de terapias alternativas, volviéndose de forma sorprendente a terapias prehistóricas y obsoletas, véase la hipnosis, terapias energéticas, de sugestión, magnetismo, etc….y a ciertas prácticas religiosas sospechosas. Lo explica diciendo que estas terapias ofrecen una creencia a las personas que se sienten víctimas de la tecnología médica muy lejana de su sufrimiento y ante la impotencia médica frente a ciertos trastornos.

Se habla mucho de la ineficacia del psicoanálisis y sin embargo parece que nadie está atento a estos fracasos. Quizá es precisamente por esta razón el momento en que el psicoanálisis tiene algo distinto que ofrecer.

El psicoanálisis es un espacio para la subjetivación, hace un hueco al sujeto inconsciente más allá del “yo”, y a la vez responsabiliza al ser humano, ya que considera que éste tiene algo que decir sobre su malestar y que tiene, por lo tanto, una posibilidad de incidir sobre su destino aunque esté marcado por toda una historia inconciente. Le ayuda a hacerse cargo de lo que le ocurre frente a cierto entorno social que no hace más que reforzar una posición infantil, cuyo resultado es que la persona se desentiende de unos síntomas que le conciernen, lo que no hace más que agudizar sus dependencias, convirtiéndola en una mera marioneta manipulada por el cuerpo médico.

Extraído del texto de Cristina Fontana, “Todo lo que usted nunca quiso saber del psicoanálisis”, Ed. Síntesis.

Cristina Fontana
Psicoanalista, Madrid

1 comentario sobre “Psicoanálisis, preguntas de los lectores II”

  1. Santiago Rueda dijo:

    Si bien es cierto se da un discurso de mercado que privilegia el utilitarismo con toda la ideología de lo fácil y rápido. No se da la oportunidad de una lectura justa del psicoanálisis etc. Me parece que la posición necesaria de algunos de afirmarse siempre frente a su opuesto, delimitar fronteras y ser escrupulosos en la teoría (aspecto muchas veces necesario), se pone al servicio justamente del Yo, ficción necesaria que muchas veces implosiona al psicoanálisis dentro de sus propias fronteras. Seria interesante tomar este tema de la vigencia del psicoanálisis para cuestionarse y no cuestionar solamente. Lo menos caduco siempre será la unidad y la conciliación, ojala podría leer discursos mas justos con el psicoanálisis y distintos que lo interroguen legítimamente.

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