Buscándome las habas

Publicado en Soy joven... ¿y ahora qué?

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Vengo hoy a confesarte, querido lector, cómo me curé de golpe de la ingenuidad del estudiante cuando creía que mi entrada en el mercado laboral iba a consistir en elegir lugar para empezar a comerme el mundo…

Hubieron de pasar cuatro meses de búsqueda hasta el día que por fin me dieron el sí, y créeme, para entonces mis expectativas “culinarias” respecto al globo terráqueo se habían moderado bastante.

Como esto del empleo no es un ejercicio trivial, yo me lo tomé muy en serio, pues tenía claro que ahí fuera me esperaba para guiñarme el ojo el puesto más bonito del mundo. Pasé el primer día delante del espejo, un currículo de tres páginas con mucha gomina y las mejores galas pues la noche era joven y daba la impresión de que las oportunidades florecerían a mí alrededor.

Comencé luego mis escarceos con la ingenuidad del novato, con las empresas más guapas y seductoras que había a mí alrededor… y tuve el descaro de sorprenderme el día que no respondieron a mis llamadas.

Como un amante despechado miré mi teléfono, mudo durante tiempo interminable, y entonces decidí que había hecho un mal trabajo. Comprendí que mi belleza interior no impresionaba a las empresas más atractivas, tenía que dejar una sola hoja con los tres puntos más estéticos y ahorrarme todos aquellos detalles de los cuales me había sentido tan orgulloso; y que a aquellos a quienes se los contaba, no les importaban nada. Tendría mucha suerte si encontraba a alguien que se interesara por ellos.

Resumiré diciendo que hoy escribo porque encontré empleo, con una de esas empresas.

No tan grandes ni tan guapas como a las que apunté el primer día, sino con otra que estaba detrás, que me sedujo de tal forma con lo que podía darme que, pese a no ser la primera a la que llamé, me ilusiona tanto como a un niño el primer día de cole.

El primer empleo es algo muy serio, puede definir el resto de tu camino en ese mundo, pues será el que te abra unas puertas y te cierre otras.

Yo, como no soy el mas guapo, elegí entre aquellos que me habían elegido.

Menos de lo que había soñado, menos de lo que me gustaría, pero lo suficiente como para poder pensar que he elegido muy bien.

Me ha costado meses cuando pensé que serían semanas y me ha supuesto darme cuenta que esa búsqueda es muy dura pues, como en cualquier mercado, uno vale tanto como lo que los que compran estén dispuestos a dar, y eso puede ser mucho menos que lo que nuestra abuela nos había hecho creer.

¿Que lección me ha quedado? Que el que dijo que uno busca su propia suerte dijo sólo una verdad a medias, que tanto el curro como el amor es 50% de suerte y 50% de ligue y que no me habré comido aún el mundo pero en ambos aspectos me siento un tío afortunado.

Iván Aláiz
Ingeniero informático, Madrid

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