Despedidas y encuentros

No es lo mismo despedida que pérdida, una separación que conlleve la ilusión de volver a verse que un adiós definitivo, aunque el mecanismo psíquico que nos permite enfrentar ambas sea el mismo: el duelo.

No es lo mismo un encuentro que un hallazgo, el primero realización de lo esperado y lo segundo una sorpresa afortunada, en ambos nos enriquece el contacto con el otro.

Se puede objetar que hay una gran diferencia entre una pérdida real e irreversible del objeto de amor y una separación temporal y, sin embargo, el lenguaje corriente se sirve, en ambos casos, de la misma palabra: adiós, a la que hay que añadir alguna precisión: adiós, hasta la vista… adiós, hasta siempre…adiós para siempre.

Con los encuentros y hallazgos pasa lo mismo, hola que tal, sirve para significar ambas situaciones, aunque el hallazgo remarca la sorpresa y por tanto un agradable desconcierto en oposición a la íntima alegria emocionada del encuentro deseado y esperado.

Las despedidas y encuentros nos ponen en relación con nuestra dependencia de los otros, son los semejantes los objetos mas estimulantes que habitan el mundo, el mundo es parte de nosotros y nosotros formamos parte del mundo en una concepción ecológica de la psique. Yo soy yo y mi circunstancia que dijo el filósofo.

Cuando se ha depositado sobre un objeto del mundo externo el interés, el afán, el amor… no resulta fácil desprenderse de él. Aunque la condición de la vida es la pérdida, como señala Freud en Duelo y Melancolía la libido ligada a un objeto tiende a permanecer unida a él sin atender a razones. Hace falta un largo proceso, con dolorosas y sucesivas pruebas de realidad, para que la economía psíquica se reorganice en relación al objeto y que esa nueva situación permita al sujeto libidinizar otros objetos, abrirse a los encuentros y a los hallazgos. La vida además de pérdidas tiene hallazgos que nos transforman introduciendo en nosotros partes ajenas que pasaran a conformarnos, nueva versión del dicho de que somos lo que comemos.

La vida es cambio perpetuo, permanente discurso interminable en que nos perdemos y nos hallamos, aunque la ilusión sea permanecer inertes. Los conocimientos de neurobiología demuestran que en el hecho de recordar se altera el recuerdo que ya no volverá a ser el mismo, lo que por otro lado nos permite ser optimistas con la utilidad del tratamiento analitico, con la posibilidad de resignificar el trauma, de elaborar el conflicto, de modificar las investiduras libidinales de nuestros objetos del mundo interno y externo, jugando con las pérdidas y los hallazgos.

Un adiós conlleva la esperanza del retorno, la ilusión de que la pérdida no es tal, de que puede haber otro momento de restitución en el que aquello que éramos, y ya no somos, vuelva, reencuentro con el objeto que nunca terminó de ser el que anhelábamos.

Por ejemplo, terminó la revista y empezó el blog el mismo nombre transita una despedida y un encuentro: Diván el Terrible, irónico, sugerente, juego de palabras apto para la sonrisa, la diversidad y el rigor teórico, y marco posible de nuevas modalidades de encuentro entre psicoanálisis y cultura.


Psicoanalista, Sevilla

Un comentario a “Despedidas y encuentros”

  1. Ana Cristina dice:

    Manuel Conde, me ha encantado tu articulo, situando el valor de los lazos libidinales, las decepciones porque nunca es lo esperado, pero el optimismo que marca la avidez y la fuerza de volver a encontrar, y renovar la experiencia.
    un abrazo.

    ana cristina.

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