De Mujeres y Hombres

Que, como decía la canción, los tiempos están cambiando a velocidad cada vez mayor, ya no es una novedad para nadie. Las transformaciones de vértigo del mundo contemporáneo, no sólo convulsionan los mercados y los estados, también otros ámbitos que nos tocan más de cerca en lo más cotidiano y personal. Afectan a las historias corrientes de las que se nutre la vida, las que hablan de cómo las personas hablan, aman, se casan o tienen hijos, de cómo viven y mueren.

Ana ha decidido que quiere para ella una historia corriente. Ama su trabajo, quiere a su chico, o eso creía, y le gustaría ser madre. Impulsiva y vivaz, irrumpe en la consulta uno de sus días de sesión, y al echarse en el diván, entre sorprendida y cabreada, dice que cada día entiende más a sus amigas cuando se preguntan: ¿pero donde están los hombres?, ¿es que no hay hombres? Ella es una mujer joven, actual, y en su breve recorrido de análisis se plantea cuestiones sobre el proyecto de vida que tenía.

Dice querer otra cosa. Quiere compartir más cosas con su novio, más compromiso por parte de él, y un proyecto común de futuro. El dice quererla, pero le asustan un poco los deseos de Ana, dice que no está preparado.

Esta historia particular, resulta ser actual en muchas mujeres, y se escucha con frecuencia dentro y fuera de las consultas. Se quejan de que no hay hombres. De que los hombres no quieren comprometerse, no quieren tener hijos, no quieren responsabilidades, no quieren…

¿Pero qué dicen ellos?

En los inicios de sus primeros lances amorosos, un jovencísimo paciente, muy freudiano él, se pregunta qué quieren las chicas, porque no las entiende. Si bien esta perplejidad siempre acompañó los primeros lances amorosos de cualquier chico joven, en el varón adulto de la época actual, toma otros tintes.

La complejidad de esos cambios profundos y acelerados, que decíamos, abarca todos los aspectos de la vida moderna. Las maneras de relacionarse en general, y las relaciones amorosas en particular, se han transformado. Bajo la bandera de la igualdad, nuevos comportamientos rigen los estilos de vida actuales.

Sí. Hay hombres asustados, fuga de hombres, dicen algunas. Se esconden, se sienten abrumados, porque ellas pueden tener amantes, pueden tener hijos, autonomía, trabajos importantes. El ritmo de los cambios es vivido como una amenaza. Muchos han tirado la toalla y ya no quieren conquistarlas. Algunos, desorientados, eluden cualquier compromiso con una mujer y, en los casos más dramáticos, otros las matan. En esa huída, los hábitos autoeróticos, son el refugio de otros muchos que se divierten con los múltiples cachivaches electrónicos, que inundan el mercado sin parar. Juguetitos que, a más de uno, le “ponen” más que su chica, según dicen.

¿Virilidad en crisis?

Masculino-femenino son distintas formas de desear, de amar, de gozar que definen cada sexo. Antes y ahora vemos maridos que hacen de madres. También mujeres en papeles masculinos.

Lo cierto es que los ideales de igualdad, producto de las conquistas sociales influyen en las relaciones de hombres y mujeres. Mientras han aumentado los síntomas sexuales, en ellos y ellas, se escucha cómo algunas jóvenes dicen cuando salen a divertirse: “vamos a hombrear”.

Por otro lado, el influjo de lo comercial parece abarcar las relaciones amorosas. Y los riesgos y angustias de vivir juntos y separados, son pensados en términos de costes y beneficios, de conveniencia. Amor líquido, lo llama Zigmunt Bauman, cuando habla de la fragilidad de los vínculos humanos y del miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de los meros contactos.

En medio de este panorama, ¿qué decir? Por lo pronto, que la vida amorosa no era mejor, o más sencilla, antes de estos nuevos tiempos. Que no hay respuestas colectivas para las venturas y desventuras que acompañan las relaciones de hombres y mujeres. Pues, más allá de los cambios, tanto la queja de las mujeres, como la inhibición de los hombres, ¿no muestra que no es más fácil para unos u otras?, ¿que la disimetría entre los sexos, conlleva dificultad para ambos? Tal vez, la última película de Buñuel, Ese Oscuro Objeto de Deseo, defina bien la cuestión del deseo como signo de insatisfacción del ser humano de cualquier época.


Psicoanalista, Madrid

5 comentarios a “De Mujeres y Hombres”

  1. Isabel Cabetas dice:

    Muy interesante tu artículo. El no querer compromiso una parte de la pareja puede darse más ahora porque esta sociedad es menos dócil…o menos neurótica; hombre y mujer son más autónomos…más narcisistas. Básico saber en la pareja a qué está dispuesto el “otro” y respetar y atenerse, o adaptarse a lo que ofrece o mirar para otro lado.
    En definitiva: vivir y dejar vivir. Si hay una forma eficaz de lograr que ese “otro” cambie es ésa. Y cambie o no el bienestar está más asegurado.

  2. Alberto dice:

    En un mundo hecho a la medida del Uno, ¿cómo pensar en la posibilidad del dos? Aceptamos todo lo que el mercado brinda para obtener una satisfacción inmediata, ya, sin mediaciones, una satisfacción directa; ¿cómo lograr dar cabida a una satisfacción diferida, la que conllevan los grandes planes, las conquistas, los logros a plazo?
    Es una reflexión muy interesante la que expones, querida Carmen, porque sin lugar a dudas, la pareja es uno de los lugares en los que con mayor claridad se observa la dificultad para salir de este registro tan limitado de la satisfacción del propio yo, y la tan manida autorealización; un reino en el que habitualmente el otro se convierte casi en un estorbo.

  3. Mª José Martínez Sánchez dice:

    Pues, querida Carmen, creo que se trata de la disimetría de siempre, pero por desgracia, a veces más brutal que antes.

    Yo dejaría un consejo para las mujeres: que se ame pero que no se explique, que tampoco se pida ser comprendido; correspondido, si, al menos en parte, en la parte que cada uno pueda, pero que tampoco se pregunte al otro cómo ama. Adeptar lo que te den y nada más, si es que es suficiente. Y si no…

    La vida no está hecha, precisamente, de vasos comunicantes. Un abrazo.

  4. Martín dice:

    La vida se complica: más oportunidades, menos seguridad, más probabilidades de acertar o equivocarse…
    Al cambio mayor y más rápido: más esfuerzo para adptarse y aprovechas las oportunidades. A los niños/adolescentes se les debería permitir entrenarse en la vida real (no sólo en el estudio ni sólo en el ocio…, especialmente en el trabajo, muy tempranamente, desde los 13 años…,
    La personas (idiosincrasia, temperamento, gustos, conocimientos adquiridos, sueños alimentados…) son/somos distintos…
    y ¡qué decir ,o distintos/as que somos al pasar de lo 55, 60, 85, 70, 75, 80…, porque yo los tengo y. sin mebargo quiero /estoy dispuesto a seguir viviendo sin descartar nada, según me apetezca/pueda y quiere el otro o la otra…

  5. Miss Flower dice:

    Yo ,que soy muy mia y de casi nadie, apuesto por un paso adelante. Nunca antes que ahora las relacciones personales han tenido un campo tan fértil , démonos tiempo y aprenderemos los nuevos hábitos, todos perdemos algo y ganamos mucho.
    Es cierto lo que apunta Carmen, INSATISFACCIÓN es el lastre, el nudo que devora, y yo apuesto por la generosidad y proyectos pequeños, alcanzables, el respeto.
    Gracias por dejarnos ese poso de duda y reflexión.

    ROSA

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