El psicoanálisis en España
Publicado en Historia psicoanálisis en EspañaE. Roudinesco escribe, en su “Histoire de la psychanalyse en France”: no hay psicoanálisis francés, sino una situación francesa del psicoanálisis. Trataremos aquí de marcar los hitos de la situación española del psicoanálisis, a lo largo de más de un siglo de presencia de Freud en España.
La tempranísima aparición de la firma de Freud en una revista médica de Barcelona, en la que un anónimo traductor vertió al castellano la “Comunicación preliminar” a las pocas semanas de la aparición del trabajo de Freud y Breuer en Viena, en 1893, fue un hecho aislado que no hizo sino marcar de entrada la posición peculiar de España dentro de la historia del movimiento psicoanalítico. Posición, por una parte, pionera en cuanto a traducciones – como es sabido, por iniciativa de Ortega, España es también el primer país en el que se cuenta con una traducción de las obras completas de Freud a partir de 1922 – y por la otra rezagada en el ámbito de la institucionalización. Cuando se vislumbra la posibilidad de esta institucionalización, después del retorno a Madrid de Ángel Garma, primer psicoanalista español reconocido por la IPA, estalla la Guerra Civil y Garma se exilia a Argentina.
El discurso oficial de la psiquiatría franquista sobre el psicoanálisis se puede resumir con una frase repetida innumerables veces por López Ibor: a Freud hay que conocerlo, pero no aceptarlo. El psicoanálisis es rechazado por motivos ideológicos, entre los que hay que destacar un nauseabundo antisemitismo. Este rechazo, sin embargo, no implicó una censura total de la obra freudiana – el Moisés, cuya edición argentina era importada en España, fue el único texto oficialmente censurado en 1946. Esta “tolerancia” para con el psicoanálisis hizo posible la institucionalización del primer grupo español dentro del marco de la IPA: en 1957 la Sociedad Luso-española de Psicoanálisis fue aceptada por la Internacional como grupo de estudio y, en 1959, reconocida como asociación a fines científicos por el Ministerio de la Gobernación.
En 1975 se produce un acontecimiento que cambia el mapa psicoanalítico en España: Oscar Masotta empieza su enseñanza primero en Barcelona, luego en otros lugares del país. Si bien hay rastros de la presencia de Lacan en España antes de 1975 – el mismo Lacan pronunció dos conferencias en Barcelona en 1958 y 1972 –, Masotta introduce una lectura de su obra que es el inicio de un verdadero movimiento. Alrededor de él, y luego de otros argentinos, se agrupan personas interesadas en el psicoanálisis que rechazan la vía propuesta por la IPA. Reprochan a los miembros españoles de la Internacional su colaboración con la psiquiatría franquista, la apropiación del psicoanálisis por la medicina y su falta de presencia social. Oscar Masotta, quien para sus alumnos encarna el psicoanálisis laico y subversivo, ofrece un retorno a Freud en una perspectiva radicalmente distinta, que encuentra un terreno abonado en el contexto cultural y sociopolítico de la Transición.
Después de la muerte de Masotta, con la expansión del Campo freudiano en España y la llegada de los docentes franceses, se inaugura una nueva etapa en la historia del movimiento lacaniano español que conocerá distintos avatares, pero que marca lo que es, hoy, la situación española del psicoanálisis.
Anne-Cécile Druet
Doctora en Estudios Románicos, Universidad de París