Down the top
Publicado en Soy joven... ¿y ahora qué?
Me sugieren, como tema de este artículo, la expresión “(diversión) a tope”, palabras presupuestas en una juventud que ya no las utiliza. No por eso dejará de gustar la fórmula a estos psicoanalistas, que de sobra saben ya que para el exceso no hay más tope que la muerte.
El alcohol, que fuera en mi (cercana) adolescencia exceso favorito, nos proporciona ese hermoso simulacro de este tope que es el coma etílico. Nunca llegué yo tan lejos, detenido en el camino por topes menores: el estómago, que se hartaba de veneno y me sacudía en violentas vomitonas, en un magnífico ejercicio de “bulimia alcohólica”, y a la larga, la misma saciedad. Porque estoy saciado: ya no lo necesito, y si aún, de vez en cuando, consumo otro poco, confesaré que, por fin, es puro vicio.
Cabe despreciar a quienes beben (y se matan) lentamente, y reivindicar a la juventud botellonera que intuyó desde el principio lo que se traía entre las manos y fue directamente a por el premio gordo. Porque la adolescencia es ese proceso por el que la sociedad somete definitivamente a un cuerpo declarado en hormonal rebeldía, y la droga el azucarillo mortal que nos permite tragarnos vuestros sapos. Teníamos que matarnos un poco, pero rápidamente, porque teníamos demasiada vida, y sólo soltando así parte de este lastre pudimos ingresar, mal que bien, en el cosmos tributable, allí donde la muerte nos persigue con horrorosa parsimonia.
Máximo Teszkiewicz
Estudiante, Madrid