Psicoanálisis, preguntas de los lectores

Publicado en ¿Sabes qué es el psicoanálisis?

¿No ha quedado el psicoanálisis pasado de moda?

El psicoanálisis no es una cuestión de modas: ¡Inconsciente siempre habrá, otra cosa es que no queramos saber nada de él!, porque nos resulta muy molesto enfrentarnos con nuestras propias limitaciones, con que mucho de lo esencial de lo que somos, lo desconocemos.

Si tenemos en cuenta que el psiquismo de las personas incluye procesos inconscientes que escapan a su control, a su conciencia y a su voluntad, el psicoanálisis es el único tratamiento que no solo los tiene en cuenta sino que “trabaja” a partir de sus claves. Freud descubrió que algunos síntomas que pueden aparecer, incluso en el cuerpo, expresan ciertos conflictos internos a los que no tenemos acceso. Por eso el psicoanálisis en vez de eliminarlos de entrada, trata de descifrarlos. Son una clave preciosa, junto con los sueños, los lapsus, etc…con la que contamos para acercarnos a la causa de nuestro malestar.

Existe sin embargo un peligro hoy en día: el enfoque generalizado y dominante que considera a los comportamientos humanos y mentales sólo con base genética-biológica, reduciendo así a la persona a un cuerpo mecánico y orgánico. Esto ha provocado el auge de tratamientos farmacológicos y a la vez devalúa la palabra donde se encuentran las claves de nuestra subjetividad. Existen múltiples terapias que intentan eliminar los síntomas sin ir a la causa, pero eso no significa que no retornen, aunque a veces lo hagan bajo formas distintas, e incluso puede resultar peligroso porque no tienen en cuenta lo que representan para esa persona, de qué le están protegiendo, ya que a menudo son un ”mal menor” (por mucho sufrimiento que también encierren) y hay que dar tiempo para que el conflicto psíquico se resuelva y como consecuencia éstos desaparezcan.

¿Ha evolucionado el psicoanálisis?

Por supuesto, desde los tiempos de Freud ha habido numerosos avances y aportes de otros autores: por ejemplo en el terreno de la psicosis, que Freud consideraba totalmente refractario al psicoanálisis. El aumento o aparición de “nuevos” síntomas, como la anorexia, las adicciones, etcétera, los avances de la medicina en genética, las técnicas de reproducción asistida, entre otros implican un reto al psicoanálisis a la vez que le permiten avanzar. Igualmente la manera de trabajar con un paciente, el encuadre, ha sufrido modificaciones: desde Freud (que acudía a veces a casa de sus pacientes y hacía sesiones de horas) hasta Lacan, muchos analistas trabajan con sesiones de tiempo variable y más cortas. Estas modificaciones no son modas arbitrarias sino cambios que se desprenden de los avances de la investigación psicoanalítica y de diferentes maneras de concebir la cura psicoanalítica.

A pesar de resultar tan polémico, cien años después, parece que en estos últimos tiempos los neurólogos empiezan a considerar y respetar el descubrimiento freudiano; no todo lo explica la biología. En lugar de negar nuestro inconsciente, ¿no sería mejor intentar escucharlo?

Lo que no constituye en absoluto una evolución, sino un retroceso, son ciertos enfoques que deslizan al psicoanálisis hacia la psicología (como aparece en muchas películas americanas). Ciertas terapias, incluso llamadas psicoanalíticas, se rigen por una idea de un “yo” que controla o que debe controlar, dejando de lado el aspecto más subversivo, la otra cara del espejo: el inconsciente en el funcionamiento mental humano que nos abre las vías para desvelar y transformar lo inexplicable del sufrimiento psíquico.

No entiendo cómo tan solo hablando se cura una persona.

No es que sólo hablando se cure una persona, para eso no se necesitaría un psicoanalista, un buen amigo cumpliría perfectamente esa función. Sin embargo, es cierto que la cura analítica es una cura por la palabra, pero no se trata de una charla habitual, ni de un intercambio recíproco en que se encuentra una satisfacción por el hecho de hablar o escuchar, de comprender o sentirse comprendido, de identificarse mutuamente o desahogarse.

El ser humano está determinado por el lenguaje y al hablar, el “yo” que habla, que dice (el yo cartesiano) en realidad “no sabe” lo que dice: hay una diferencia entre lo que le gustaría decir y cree estar diciendo y lo que en realidad dice. Dice más de lo que está diciendo y no lo sabe o dice otra cosa. Ese fue el descubrimiento de Freud, el ser humano está separado de parte de sí mismo, y el psicoanalista dirige su atención a lo que se le escapa a esa persona, pero que asoma entre las palabras con que el paciente expresa su malestar. Su cuerpo está marcado por el lenguaje, no es mera biología, está habitado por un sujeto psíquico. Así, ciertos síntomas son psíquicos porque el cuerpo está entretejido con palabras, y, es lo que explica que cierta forma de escuchar y de intervenir en el orden del lenguaje puede tener efectos terapéuticos a niveles somáticos, por ejemplo. Efectivamente, la palabra cura.

¿Qué es un lapsus?

Cuando queremos decir una palabra y nos sale otra, ¿es una equivocación azarosa o esa equivocación está diciendo algo más? El psicoanalista se detiene en esos traspiés de la lengua e invita al paciente a escucharlos y ver si le sugieren algo. Lapsus y actos fallidos son tomados por Freud y el psicoanálisis como una vía privilegiada por donde el inconsciente asoma la cabeza, en el caso de los lapsus, haciendo un corto circuito en el pensamiento y discurso racional consciente.

En una sesión con una persona de lengua francesa, ésta se queja de que de niña siempre sus padres la obligaban a ser como ”la proa” (proue) de su hermana, siempre abriéndole camino, enfrentando los momentos difíciles por ella, y comenta del sufrimiento que esto le causaba. Sigue asociando y recuerda las distintas situaciones de su vida en las siempre tiene que ir por delante, abriendo el camino a los demás, sin permitirse ningún fallo, haciendo de “proa”. ¡No puede más!. Sin embargo en lugar de decir “proue” (proa), se equivoca y dice “proie” (presa), el sonido en lengua francesa es parecido. El analista señala tan solo el lapsus. En este caso, sirve de interpretación.

La analizante asocia inmediatamente “presa” con ave de presa. En ese momento descubre efectivamente el sentido de la repetición de estas situaciones: esa posición de “proa” que tanto la hacía sufrir, pero de la que no se podía desprender. El lapsus desvela que ella era “presa” pero también “ave de presa” que gozaba del ensañamiento con la hermana, y es lo que, sin saberlo, explica la repetición de esas situaciones actuales que, a primera vista, le provocan el sufrimiento, pero que están igualmente asociadas a un disfrute del que, por supuesto, no es consciente.

Este es un ejemplo de cómo el psicoanálisis trabaja con la palabra, abriéndola a nuevos sentidos, donde aparecen aspectos desconocidos de uno mismo y que explican situaciones, actitudes hasta ese momento inexplicables, así como el beneficio que pueden a veces proporcionar. Más que comprender cosas de uno mismo son algunos de estos descubrimientos los que van modificando la posición de un sujeto y, por tanto, ciertas conductas o posiciones en su vida.

Cristina Fontana
Psicoanalista, Madrid

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