
La biología ortodoxa actual tiene su punto de partida en Darwin de manera que todo organismo por medio de sus ‘genes’ (replicadores) dedica su existencia a buscar los recursos necesarios para su supervivencia y reproducción. Esta operación se denomina en el caso del hombre, desde la filosofía, epistemología que es la búsqueda de la verdad, cuya traducción a la realidad biológica no es más que la búsqueda de los verdaderos recursos en su verdadera localización.
En el caso del hombre, desde una perspectiva histórica amplia, la búsqueda de la inmortalidad, así como de la piedra filosofal (el recurso de los recursos), en sus distintas manifestaciones, ha sido el motor principal de su existencia. Que el ser humano se haya tenido que contentar con muchísimo menos no anula esa pretensión biológicamente sempiterna. La diferencia con cualquier otro organismo es que el hombre es consciente de esa búsqueda lo que es parte de su bagaje adaptativo y no algo inefable. Es más, los únicos inmortales serían esos ‘genes’ (replicadores) que pasan de generación en generación desechando a los individuos que les dan un cobijo provisional.
Pero los recursos no sólo son escasos, en general, sino que son el objetivo no sólo del organismo de que se trate, sino igualmente de sus competidores. Aunque en esencia sean los ‘genes’ (replicadores) los que compiten entre si por medio de sus ‘armaduras’ que serían los organismos. Se impone entonces un comportamiento social. Rige pues una manera de llegar a los recursos antes que nadie con el mínimo conflicto, es decir, con el mínimo riesgo a la propia identidad que no sería más que un sucedáneo provisional de identidad ya que eventualmente la muerte toma posesión. Desde la filosofía naturalista lo que se denomina ética y política se reduce a pactos entre congéneres o a luchas abiertas entre los mismos, en lo que en general se convierte en un altruismo recíproco vigilado. Esta situación vale para el hombre como para cualquier otro organismo. De nuevo, la característica humana es que las motivaciones reales para su comportamiento pueden ser más o menos conscientes al contrario de los otros organismos donde manda prácticamente sólo el instinto.
O sea que cuando se habla de realidad biológica, se habla de una realidad en donde nada es ajeno al organismo o sea a sus replicadores. La ‘Verdad’, la ‘Realidad’, sólo atañen al proceso de supervivencia y reproducción. Suponiendo, por ejemplo, que existiera un mundo exterior, se podría afirmar que el organismo que no reconozca al mismo, sino a una percepción falsa, estaría menos adaptado que el que sí lo considerara como ‘verdadero’. Pero esa afirmación sería errónea porque si una percepción distorsionada facilita la supervivencia dicha percepción es la que prospera porque aunque la evolución se alargue mucho en el tiempo toda estrategia de supervivencia siempre es a la corta.
Carlos Castrodeza
Profesor de Filosofía de la Ciencia, Madrid