La digestión del padre
Publicado en Soy joven... ¿y ahora qué?Alguna vez me ha ocurrido que he podido verle saltando desde mi boca, recorriéndome en las frases, habitando en los vocablos que pronuncio. Otras veces me lo he encontrado frente al espejo, en algún gesto concreto que me ha devuelto mi imagen, en la manera que tengo de sonreír, o en esa pose que tomo (cruzo las piernas, me llevo una mano a la barbilla) cuando trato de aparentar que estoy pensando. Nada de particular en estos acontecimientos, no son más que la expresión formal desde donde yo puedo reconocer a mi padre cuando me desenvuelvo.
Sin embargo, lo que me inquieta, es que intuyo que bajo esa forma permanece latente un contenido, un papá implícito que me habita, al cual debo de organizarle un espacio para el encuentro.
Un compañero de facultad me contó haber encontrado a su padre una noche asomándose en su copa de ginebra; lo golpeó sucesivamente con un cubito de hielo hasta hundirlo (había oído decir que “hay que matar al padre”), pero después se bebió la copa con cadáver incluido y ahora dice notar un cuerpo extraño instalado en sus riñones. Mal sitio para colocar a un padre, le comenté, pero los médicos le han asegurado que es tan sólo una cuestión de tiempo, lo irá eliminando poco a poco en forma de arenillas. Otro compañero, que también había leído en alguna parte aquello de matar al padre, afirmaba que no hay nada como un buen antibiótico de amplio espectro, los mata bien muertos. Sin embargo, no ha podido deshacerse de cierto cargo de culpabilidad que ahora le obliga a buscarlo entre las radiografías de sus intestinos descompuestos. En fin, que no es fácil.
Yo, personalmente, trato de encontrarle un espacio adulto para la convivencia y evitarme así la posibilidad de tener que recurrir a una ingestión masiva de antibióticos, o al cubito de hielo como arma homicida. Disfruto viéndole pasear entre las palabras, amueblando esos espacios vacíos que quedan entre la idea y el verbo, ese espacio para la articulación en donde a él le gusta tanto moverse. Que cada uno lo coloque donde pueda. Por el momento, y en vías de negociación de ese espacio, prefiero verle saltar desde mi sonrisa antes que muerto en la radiografía de un riñón destartalado. Todo se andará.
30 de Octubre, 2007 - 13:06
Hace años observé a un hombre implícito en tus gestos y quise adentrarme en ti para conocerlo y ahora resulta que sólo aparentabas tener un padre habitándote. Fingías en tu manera de coger un lápiz o de sujetar un libro, también en tus gestos maquinales, en los pensativos y melancólicos; la cabeza ladeada ligeramente hacia la izquierda o la derecha, la mano venosa y de dedos ágiles muy suelta…, fingías y yo un día estuve a punto de tomar impulso desde mi mesa para adentrarme en tu oquedad a través de la curva que asomaba bajo tu cintura -y que tú descuidadamente me mostrabas- pensando que estabas deshabitado pero me eché atrás (tenía miedo de no saber cómo salir) perdiendo una oportunidad que no volvería jamás a repetirse y que me ha condenado a seguir después de tanto tiempo observando las formas masculinas y buscando por si percibo en ellas latente un contenido y otra curva tan perfecta que me invite u otro gesto maquinal que me cautive. Siento y lo afirmo; me gustaría recorrer las frases y los vocablos que pronuncias y saltar hacia tu boca, adentrarme y recorrer las oscuras grietas de tu existencia. Lo afirmo sabiendo que la ignorancia es osada porque desconozco tus espacios habitados y tus huecos ocupados, porque no sé más que lo muestras y rastreo y porque apenas te conozco.
Questo non é un canto incosciente e senza destinatario, CHE MAGARI siga existiendo Juan.