
Del humor dice el diccionario que es cualquiera de los líquidos del cuerpo; y del amor dice que es atracción sexual, o bien un sentimiento que mueve a desear al objeto elegido. Es también una buena predisposición para emprender alguna tarea.
En la medicina de Hipócrates se creía que toda enfermedad estaba relacionada con algún mal humor, un maligno fluido corporal, algo envenenaba la sangre , la linfa, la bilis o cualquier otro fluido del cuerpo del enfermo. La expresión “estar de mal humor” proviene de aquí: estar irascible porque algún humor del cuerpo es malo o está funcionando mal. El “buen humor”, por el contrario, es la predisposición a la risa, a la ironía, a mostrarse alegre y complaciente.
Del amor diríamos que no tiene nada que ver con el humor, y viceversa.
Pero no nos dejemos llevar por las apariencias ni por los diccionarios que siempre dan una significación a un significante según unas reglas fijas establecidas por los usos y costumbres (tanto las apariencias como los diccionarios). Por eso se dice que las apariencias engañan, aunque nunca se dice eso de los diccionarios y es como para pensárselo.
Demos paso a otras subjetividades que no sean las de la Real Academia y reparemos entonces en que humor y amor son las dos grandes claves sobre las que parece sustentarse el bienestar humano. Ambos significantes participan del enigma de su sentido más profundo.
Del cortejo siempre forman parte las risas. Para lograr el amor y la atracción sexual, el humor seduce. Hay que estar “de humor” para hacer el amor.
Por otra parte, podemos tener un buen humor o un buen amor, un mal humor o un mal amor, un humor de perros o un amor perro y también, incluso, un humor acuoso o un amor de la misma índole.
José Ortega y Gasset, nos dice en su libro Estudios sobre el amor que el enamoramiento es sentirse encantado por otro ser que nos produce la ilusión de sentirnos absorbidos por él como si nos hubiese arrancado de nuestro fondo vital y viviésemos trasplantados en él. Destaco dos elementos principales: el encantamiento y la entrega. También opina que en la atracción sexual no hay propiamente atracción. El cuerpo sugestivo excita un apetito, un deseo de él; pero que en el deseo no vamos a lo deseado, sino que nuestro espíritu tira de lo deseado hacia sí. El objeto despierta un deseo y su papel concluye en este hacer brotar el deseo.
Luego viene Lacan con su enigmática frase: no hay relación sexual. O lo que es lo mismo: la relación sexual no existe. “Que me lo digan a mí” pensarán algunos/as con toda propiedad y rigor empírico. Y es que Lacan, tras estudiarlo muy bien colegimos que tiene toda la razón, pero dicho así… él soltaba sus sorprendentes frases con el propósito de hacerse entender y de hacernos pensar en profundidad, pero en su primera intención siempre hallamos la práctica de su deporte favorito que no era otra cosa que eso que los franceses llaman épater le burgeois. Para sorprender y hacer pensar, insisto.
Para estudiar a Lacan destaco dos elementos esenciales: Humor y amor.
Ricardo Millieri
Psicólogo y psicoanalista, Barcelona
Sí, cierto.
Son las bases del desarrollo humano, un juego.
¡Se agradece mucho tu estilo de escritura porque con humor y con amor nos enfrentamos mejor a los malestares cotidianos y también al psicoanálisis! Gracias.
La relación sexual no existe porque es imposible que otra persone colme lo que nos hace humanos, esa “vidilla” que es el deseo que nos deja ahelantes siempre en busca de algo, pero los juegos y embates sexuales no están mal y, a veces, dan la impresión, aunque dure segundos, que estamos flotando en los cielos!!!