La Depresión ¿enfermedad o remedio?

Publicado en Hablemos de la depresión

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“Deprimidamente” anda la gente sin saber muy bien por qué. La depresión es una palabra dominante en nuestra cultura, contraseña que abre puertas en una sociedad que tiene miedo a llamar las cosas por su nombre. Está en boga y en boca de todos. Parece que quiere expresar un cierto malestar y a la vez disimularlo: estar deprimido es socialmente correcto pero estar triste o sentirse mal, no.

Esa depresión que está por todas partes no existe curiosamente como enfermedad psíquica para el Psicoanálisis. Existen ciertas personas que sufren síntomas depresivos con los cuales intentan, sin saberlo, decir algo de ellas mismas que desconocen. Ante esto podemos optar por una de estas dos actitudes: escuchar o diagnosticar. Escuchar el conflicto que encierran esos síntomas o banalizarlo con ese diagnóstico de DEPRESIÓN que, tan a menudo, funciona como una etiqueta universal que nos lleva a preguntarnos si no es eso, precisamente, el origen de tantos deprimidos.

Lo que se llama depresión toma varias formas. Existen estados de tristeza y de dolor por la caída de ciertos ideales, de nuestra propia imagen ideal o por la pérdida de nuestros puntos de referencia; también estados de tedio y apatía por la imposibilidad de rebelión en un mundo conformista. Distintas son esas experiencias de pérdida que atraviesa todo ser humano a lo largo de su vida (la muerte de un ser querido, un fracaso amoroso, el duelo por deber abandonar un país…) a las que a menudo no les damos tiempo para que se vaya elaborando un duelo y es entonces cuando pueden traducirse por estados depresivos o por conductas autodestructivas, por ejemplo, ciertos pequeños accidentes extraños y repetidos.

Otras veces la depresión se manifiesta por las inhibiciónes o por síntomas somáticos que irrumpen de manera paradójica e inexplicable justo antes de alcanzar un objetivo importante y muy anhelado.

No hay que confundir estos síntomas depresivos con la melancolía, ese estado rigurosamente diferenciado por Freud, que se caracteriza por una sensación de vaciamiento, de invasión de la nada, de sinsentido radical, de atracción por la nostalgia, con auto reproches sádicos y fustigamientos culposos que puede llegar hasta la postración e incluso a la idealización de la muerte.

La depresión también puede servir de coartada o como cajón de sastre donde entra todo y no dice nada, un remiendo que tapa la boca por dónde podría hablar el malestar. ¿Por qué preferimos arrastrar durante años “nuestra depresión”, en lugar de hacer frente al conflicto que la está causando?

Existe el peligro de mezclarlo todo y el tratamiento que la prensa le da, generalmente, lo facilita. Leemos que en unas cuantas sesiones se cura una depresión ¿Cuál es la base para afirmar esto? No olvidemos que además tras todas estas distintas manifestaciones depresivas existe una persona diferente, por lo que incluso síntomas parecidos expresan conflictos distintos.

El siglo XX empezó con La Histeria y termina con La Depresión. ¿Cómo se expresará en el ser humano el deseo y sus conflictos en este milenio?

Cristina Fontana
Psicoanalista, Madrid

1 comentario sobre “La Depresión ¿enfermedad o remedio?”

  1. Esteve dijo:

    Ciertamente, no termino de comprender el porqué de preferir taponar a analizar, teniendo un subconciente que tendria que servirnos de ayuda, preferimos utilizarlo como basurero que no siempre se recicla.
    Lo que más me preocupa es que no veo que esten por la “labor” ciertos “master dites” en nuestras universidades y ciertos cientificos que a pesar del enbadurnamiento siguen siendo unos puros mecanicistas.
    ¿Dónde vamos a llegar..asi?

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