Anoche cuando era joven

Ayer por la noche, cuando era joven…
Ayer por la noche, al acostarme tenía veinte años…
¿Querrán hacerme creer que esta mañana, al despertar, ya no los tengo?
“Buenos días señoritas, ¿habrán visto mis veinte años? Creo que los he perdido… No señoritas, no sus veinte años, los míos. Los que tienen Uds. Y que yo ya no tengo, simplemente porque no hay suficientes veinte años para todo el mundo.”
“¿No contestan, señoritas?… No me ven, señoritas, y sin embargo estoy aquí, delante de Uds.”
¿Me habré vuelto transparente? ¿O quizás definitivamente invisible? No entiendo. ¿Habré cambiado?
¿Habrá cambiado mi espíritu? ¿Cambió mi cuerpo?
¡Pues no, no cambió nada! Soy idéntico al que era hace muchos años… Quizás algo mejor incluso…
Más joven, más guapo, en mejor forma, más cultivado…
Más… hmm… ¡no importa! Lo importante es creérselo, o al menos hacer ver que uno se lo cree. El único inconveniente es que parece que a todo el mundo le da igual… salvo a mí.
Dos soluciones: Lo acepto… o no lo acepto.
Empecemos por la primera, la más obvia, pero también la más cruel a corto plazo: Acepto, y me dejo ir.
Me dejo ir a aceptar la lenta degradación de un amigo que me fue caro durante tantos años, un amigo que me ha soportado, llevado, sostenido, a veces irritado, de un amigo inseparable, a vida y a muerte… Ese cuerpo que he querido y a veces detestado, pero que siempre me acompañó, para lo mejor y para lo peor.
Bueno, leo en su mirada que mi cuerpo ha cambiado algo. Evidentemente, el cuerpo es como una casa, que evoluciona y donde poco a poco se condenan las habitaciones por no poder calentarlas todas.
Por lo tanto, me dejo ir porque envejecer es, por lo que dicen, normal.
¿Normal para quién? ¿Para los viejos? ¡Qué fea es esa palabra!
“Viejo”. ¿Qué significa? Quiere decir oxidado, usado, amortizado, a guardar en un armario antes de que se marchite. Se dice: “Un mueble antiguo”, y suena bastante mejor que “un mueble viejo”. Impone más respeto. Yo, por lo tanto, seré “antiguo”, nunca “viejo”. Y no recomiendo a nadie queme llame “mueble”. ¿Por qué habría que respetar más a un mueble que a un hombre?
¡Pues NO! Bien pensado, no quiero ser normal, no quiero ser viejo, ¡no acepto!
Pero…, ¿Puedo elegir no aceptar lo inaceptable? No, pero quizás atrasarlo. Hacerlo más agradable, más llevadero. Hacer que lo inaceptable se vuelva aceptable, y encontrar otra manera de ser joven. ¿En que consiste? ¿La conoce Ud.? Si no, habrá que inventarla. Nuestro nuevo cuerpo nos reserva todavía sorpresas, habrá que saber descubrirlas, pero, como decía Picasso: “Hace falta mucho tiempo para llegar a ser joven”. ¿Tenemos ese tiempo? Yo todavía tengo una salida: ¡Ligar con una anticuaria, o quizás una arqueóloga!
Mañana, quizás seré joven; o al menos ya no seré viejo.


Director de cine, Madrid

Un comentario a “Anoche cuando era joven”

  1. Jules-Remy de La Mazìère dice:

    Hola, me permito esscrvir esto comentario poque encontro este articulo enormemante intrressante al estr yo con el mismo problemas y este senor , con un nomgre assi debe ser Frances o, a lo peor Belga pero esto no puede ser pensado como un problema de el, que no es su culpa…
    Bueno yo tambien estoy coriendo detras de mis 20 años que llevo 50 añ0s buscando los sin exito.
    Me pregunto a mi mismo y no se que contetas puedo darme ..,. Que puedo hacer para encontrarlos (siguo hablando de mis 20 años)
    No entiendo tanpoco de que señoritas habla el señor Grouuset. Donde estan ? Yo no veo ningun señorita en ningun sitio y esto me pone triste para llorar. Por favor decir m que puedo hacer par ver las. (las señoritas ya no mis 20 años)
    Como se puede conocer en directo a el Señor Grousset que soy seguro seremos muy amigos. ?
    Muchas gracias y Salutaciones distinguidas,
    Jules-Remy