
No solamente no sé lo que tengo, sino que no sé lo
Que soy.
En el baño, me he levantado del asiento y de pie he
Pegado la nariz contra el espejo y he decidido que me
miraría hasta saber lo que soy.
Me he planteado cuestiones. Me he hecho una lista.
¿Soy una mujer? No
¿Soy una chica? No
¿Soy un chico? No
¿Soy un niño? No
-Des Cornichons au chocolat- Stéphanie (Philippe Labro)
La adolescencia supone un tiempo de trabajo psíquico en el proceso de constitución del mundo interno, por tanto, el adolescente tendrá que hacer el esfuerzo de “dejar de ser… sin ser aún…” ¿Qué quiere decir esto? En lo que ha sido su proceso de desarrollo hasta este momento vital, el adolescente ha seguido un recorrido en el que ha ido consiguiendo referentes estabilizadores, tanto en su mundo de relación con los otros, como en su mundo interno, que le han ido acompañando y dando seguridad… Pero con la emergencia de la pubertad, se produce un efecto desestabilizador, con repercusión en las identificaciones que tiene que buscar en nuestro peculiar mundo actual.
La violencia, cualidad inherente a lo humano, puede contribuir a dicho proceso o convertirse en un elemento de destrucción de sí o de otro; es decir, la articulación de condiciones externas e internas en este momento de la vida, harán que la violencia surja con carácter destructivo o que se pueda mantener al servicio de la construcción psíquica del sujeto. Tal como dice David Le Breton: “La libertad es un valor para aquel que posee los medios simbólicos para usarla, en caso contrario, genera miedo”.
Estos cambios que deben producirse y que resultan tan desorganizadores (pues es el momento de la identificación sexual y del desasimiento de las figuras parentales) dejan al adolescente sin palabras con las que representarse, expresando a través del cuerpo y de la acción, lo que no logra elaborar psíquicamente; y así, nos encontramos situaciones que van desde vivencias de vacío, desconcierto, incertidumbre, confusión, hasta los actos violentos extremos como el suicidio y el homicidio. En este momento crucial de su existencia, el adolescente apela a la sociedad y a la familia: ¿Qué encuentra? Padres que en ocasiones no ejercen su función parental, inmersos en una sociedad cada vez más “adolescentizada” caracterizada por premisas como: vivir el tiempo presente, la inmediatez de logros, la no diferenciación y el “todo vale”. Si socialmente “todo vale”, resulta complicado contar con referentes simbólicos que permitan diferenciar autoridad de autoritarismo, trayendo como consecuencia la caída de la representación de la Ley y dejándolo librado a la inseguridad, a la incertidumbre, a la falta de límites que lo contengan…
En la actualidad, lo que debería ser la prevención de trastornos en la infancia, cede paso a la atención de los signos de delincuencia; nos encontramos en una sociedad que pone su atención en lo manifiesto, cuya preocupación está puesta en los comportamientos de los adolescentes más que en su Ser.
¿No constituye esta situación una forma de violencia que pone en riesgo la construcción del mundo psíquico en la adolescencia?
Luisa Marugan
Psicoanalista, Madrid