Malos tiempos para pensar

Actualmente, los storytelling (contando cuentos por Internet) son una máquina de fabricar ilusiones más fundamentadas en una percepción virtual de las cosas que en la realidad de las mismas. No es lo mismo avanzar una hipótesis novedosa que podría llegar a ser corroborada por los hechos, que proponer un orden ficticio que sustituya a la realidad.

Lo que busca la novela es crear una atmósfera de verosimilitud que enganche a sus lectores. Esa credibilidad puede basarse en la crítica, incluso en la ridiculización, de los estereotipos vigentes. Se afirma que tanto El Quijote como Madame Bovary fueron dos latigazos contra “los cuentos”, storytelling, de sus respectivas épocas. A esta función de limpieza se refería León Felipe, ejerciéndola, cuando afirmaba que nos tratan de dormir con cuentos.

Cabe preguntarse si los Storytelling que manejan los distintos poderes son ventanas abiertas hacia la trasformación de una realidad manifiestamente mejorable, o hacia el adormecimiento de unas conciencias que buscan ilusionarse con una performance, sin importarles demasiado a quién le interesa y para qué le interesa controlar la opinión pública. Tampoco es algo nuevo, el intento de formatear las mentes es tan antiguo como el poder: lo que ha cambiado son las herramientas y su potencia y alcance devastadores. Los Storytelling no están aislados, constituyen un encuadre mágico, storyline, timing, framing, networking, etc., que permiten gestionar el tiempo y canalizar el mensaje dirigiéndose a los adecuados sujetos. No todos los storytelling son iguales ni se dirigen hacia los mismos sujetos; en lo que sí coinciden es en los instrumentos utilizados para persuadir: el cuadro mágico de Internet, la storyline.

Desde que Martin Luther King tuvo un sueño hasta los storytelling de Mc Kain y Obama la percepción de la realidad ha ido caminando hacia su virtualidad. Pero, ¿de dónde salen las storytelling? Algunos libros originan las storytelling que  son “traducciones”, versiones para Internet, que se difunden por storyline. Pero los libros abren un debate, invitan a la reflexión, y los storytelling montan un teatro. Leer el primer libro de Obama,  Los sueños de mi padre: una historia de raza y herencia, permite apreciar su pasión por la magia del lenguaje; el entonces joven Obama escribió sobre el poder de las palabras para transformar el mundo. El poder de las palabras es el poder de las ideas, de la fuerza del pensamiento. Entre sus lecturas Obama cita a filósofos como San Agustín y Nietzsche, multitud de novelas y ensayos, sin olvidar las obras completas Linconl; justifica racionalmente sobre la ambigüedad de la condición humana. No cabe duda de que argumenta y persuade con el poder de la razón.

La cuestión es: ¿cómo hubiera sido si Freud o el mismo Linconl, hubieran podido tener su storyline y su storytelling? Según avanza la tecnología la zanja entre el mundo de la caverna platónica y el de las ideas se hace más y más profunda. Entre otras razones porque antes de madurar la información ya nos han contado el siguiente capítulo, cuya latencia está perfectamente calculada para reforzar la huella subjetiva.

Quizás lo único que haya cambiado sea el medio, que constituiría el mensaje mismo, la rapidez, contundencia y globalización de su propagación. Pocas “sustancias pensantes” hacen falta con tan potentes herramientas.

El análisis y la argumentación nunca fueron patrimonio de la mayoría. Lo primero que se me vino a la cabeza cuando oí hablar por primera vez del storytelling, fue el círculo externo, los acusmáticos, de la escuela pitagórica; a ellos, legos, se les narraba de viva voz los argumentos de los cusmáticos, los que si conocían y practicaban las reglas del logos  y constituían la cúpula de poder de la escuela. Ahora, on line y bajo la dirección de los spin doctors se sigue haciendo lo mismo.

Cristina Marqués
Profesora de Filosofía, Madrid

5 comentarios a “Malos tiempos para pensar”

  1. Elvira dice:

    La verdad es que me ha gustado mucho el enfoque del artículo.

    Coincido con la autora en que son malos tiempos para pensar aunque en mi opinión los storytellers ayudan al público general a acercarse un poco más al “mundo de las ideas”.

    Cada vez la sociedad se va volviendo más y más vaga y es muy atractiva la idea de que exista alguien capaz de “contarnos” todo aquello que nos interesa. El problema de estas cosas suelen ser las “fuentes”. En el mundo globalizado estas son cada vez menos fiables.

    Creo que la autora da una visión bastante realista de lo que son los storytelling, cosa que cada vez se pondrá más y más de moda por lo qiue comentaba anteriormente sobre la vagancia de la gente.

    Cada vez más atendemos a lo que queremos creer y menos a lo que es o no verdad.

    Ojalá se volviera a poner de moda la argumentación y el análisis.

  2. Jorge Alemany dice:

    Afortunadamente (o no) Internet ha democratizado quien puede ser el cuentacuentos. Hoy en día, la labor del ciudadano no es el acceso a la información (que está, de hecho, virtualmente garantizado) sino el hecho de saber discriminar la pepita de oro de la pirita.

    Nuestros futuros ciudadanos se quedan con lo primero que leen (si es que lo hacen) sin pararse a pensar en ello. Hemos pasado de una situación en la que la inmensa mayoría de lo publicado era digno de ser leído, a otra en la que la popularización de los medios electrónicos ha conseguido que cualquiera pueda publicar su obra (lo cual pesa sobre los hombros de aquellos marisabidillas aleccionados que pretendían ser eternos vendiendo viejas glorias). Lo mismo está sucediendo con el modelo de negocio de la música basada en las discográficas frente al modelo digital.

    Quién sabe cuál de los dos modelos es mejor… es probable que haya diamantes en bruto entre tanta paja, pero en los tiempos que corren hay que adaptarse al que nos ha tocado vivir.

    Un paso más allá nos encontramos los virales (tan de moda en la publicidad). Qué mejor ejemplo de storytelling que los virales, que consiguen un efecto social descontrolado con aporte casi nulo de caja, apelando a la masa y sirviendo de caldo de cultivo para un objetivo mercantil. Es increíble cómo se puede movilizar a una gran cantidad de gente cuando se les hace creer que la idea ha sido suya y que luchan por algo justo. Que se lo digan a los políticos (de cualquier color), especialistas en esto último.

  3. Isabel dice:

    El tema del artículo es de total actualidad, teniendo en cuenta que las épocas de vacas flacas son propicias para la reflexión.

    Me ha gustado el recorrido suave y argumentado que la autora hace desde Pitágoras a Obama, porque he pasado de uno a otro sin apenas darme cuenta y concentrada en los storytellings.

    En cualquier caso contar y que te cuenten es una buena ocasión para nutrir nuestros espiritus y nuestras mentes, yo tambien creo en la magia del lenguaje y en su poder de persuasión.

  4. Concha dice:

    Agradezco en este artículo la clara y directa exposición, unida a la original perspectiva y lúcida argumentación.

    Coincido en el inmenso poder de instrumentalización pública y manipulación por parte de quien maneje con habilidad el atractivo personal, el carisma y la fuerza de las palabras y de las ideas, aunque éstas estén al servicio de intereses contrarios al bien general y carezcan de honestidad o verdad.

    Quiero confiar en que la propia desmesura cuantitativa de mensajes y noticias-consignas que se propagan desde tantos medios- tv, Internet, prensa, radio, cine- desproporcionada con nuestra limitada capacidad de atención y el progresivo mejor nivel educativo y la cultura “viajera” de un creciente número de personas, ayude a crear un pensamiento propio inmune o al menos con defensas, ante tantas ofensivas de “captación mental”.

  5. Cristina Marqués dice:

    Lo primero, Elvira, agradecerte la lectura y el comentario que me haces. Me ha llamado la atención lo de la vagancia; la gente quiere saber pero la vagancia….en el marco del psicoanálisis te diría que la falta de deseo, eso que en psicología se dice de estar o no estar motivado, puede ser una atonía social; ya se encargan los medios de explicarnos que somos una sociedad satisfecha y hedonista, pero lo que realmente interesa no es el hastío global sino el deseo personal.

    Cuando hay deseo se busca y, es cierto que hay que empezar por algún lado, y que los storylines, las novelas históricas o las novelas a secas son un buen comienzo, es cuestión de despertar el apetito.

    Hay un libro, que quizá conozcas, del pensador y psicoanalista Erich From, titulado “El miedo a la libertad” que analiza la “vagancia” en un momento terrible por la subida de los totalitarismos en Europa. A veces atreverse y elegir da miedo porque en el rebaño se está calentito aunque uno se aburra.