Variación sobre la crisis

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En griego, krisis es el momento en que una enfermedad bascula entre la mejoría y el empeoramiento. Apunta la palabra al momento decisivo, de algo, de una vida, de una historia, de un viaje; se relaciona con los actos de juzgar y decidir. La inspiración material del vocablo está en las acciones de separar, distinguir.

El dios de las crisis en Grecia es el dios de los caminos, Hermes, dios protector cuya presencia señalan columnas de piedra en las encrucijadas. Según Walter F. Otto tiene un carácter ambiguo. Es simultáneamente “guía y enredador”, da y quita, ayuda con la sabiduría y la artimaña. Una imagen para la crisis: una flecha que en mitad de su trayectoria, suspendida en el aire, hubiera olvidado el blanco (escrito sobre una veleta).

Pero crisis tiene un segundo sentido que casi se ha impuesto en nuestro tiempo al anterior. Se trata de crisis como caída, tropiezo o desastre, en suma, crisis como negación. El siglo XX ha sido el siglo de las crisis porque la Historia llegó a su “crisis”, a su momento de la verdad: la utopía quiso hacerse realidad. Se resolvió mucho peor de lo que el más pesimista hubiera podido prever. Algunos poetas se mantuvieron al margen del ruido idiota de la historia.

Isak Dinesen cuenta que enfrentó una crisis vital adoptando el lema que un viejo mandarín mandó grabar en un sello para ofrecérselo al futuro príncipe. En el sello se leía. “También esto pasará” y le aconsejaba que lo leyera cuando las dificultades y los dolores se amontonaban, pero también, y sobre todo, cuando las cosas le sonreían.


Filósofo, Madrid