Soledad Lorenzo

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Soledad Lorenzo “la grande dame” de las vanguardias, tiene una galería abierta desde 1985. Por su galería han desfilado artistas como Txomín Badfiola, Pello Irazu, José María Sicilia, Miquel Barceló o Guillermo Pérez Villalta. Es una referencia en el mundo del arte contemporáneo.

Diván: Soledad Lorenzo, ¿de qué forma llega Ud. al arte?

Soledad Lorenzo: Mi madre era coleccionista y sus amigos pertenecían al
ambiente de la cultura. Algunas veces una persona ama la cultura y sin embargo tiene dificultades con el arte. Yo amaba el arte.

D.: Aunque Ud. ya disfrutaba del arte, no obstante, ¿tiene la impresión de que llegó a él tardíamente como oficio?

S. L.: Yo era la pequeña y me sentía la tonta de la familia. No entendía nada cuando mis hermanos hablaban con mi padre. Yo llego al arte verdaderamente muy tarde, surgió esta posibilidad en un momento de gran sensibilidad para mí, se acababa de morir mi marido. Y a través de su muerte entré en contacto con la muerte, ambos éramos muy jóvenes.

Cuando me vinculé con la profesión, con el mundo de los artistas y galeristas, entonces supe que no lo dejaría nunca.

D.: Soledad, del arte se pueden decir muchas cosas. Para alguien que lleva en ese mundo tantos años como Ud. ¿qué es el arte?

S. L.: El arte es la vida y esto no es una frase hecha. El arte tiene esa parte física, ornamental, que ha impedido a la sociedad entender que leyendo un libro, mirando una pintura, o escuchando música, uno está nutriendo su mente. En el fondo el arte te ayuda a entender el mundo en el que vives. No nos enseñan a apreciar la inteligencia visual, pero verdaderamente el arte entronca más con la vida que la palabra porque es menos dogmático. La palabra delimita demasiado, claro está que la palabra admite sugerencias y depende de cómo la utilices el contexto varía, pero son códigos más dogmáticos. Hay un diccionario que explica lo que quiere decir cada palabra.

Pero cuando se está mirando una obra de arte, un cuadro, lo que está en juego es la percepción emocional del ser humano, dependiendo, claro está, de lo que pretende el artista, te pondrá en contacto con diferentes facetas de la vida.

Ahora bien, eso no quiere decir que un cuadro te esté dando todas las facetas de la vida. Si tú estás mirando un cuadro de Bacon él está plasmando el desgarramiento del ser humano en las diferentes sociedades, pero a la vez está el color, las formas y entonces la mirada abarca más que la palabra, siendo siempre subjetivo, claro está. Es algo que te alimenta desde tu propia personalidad y te ayuda a entender tu entorno.

D.: De hecho el arte es milenario y surge como una de las primeras necesidades de expresión del hombre.

S. L.: Efectivamente, para ejemplo las cuevas de Altamira de Lescaux. En realidad los primitivos no estaban decorando sus cuevas, estaban plasmando las maravillas y los horrores que vivían como las maravillas de la naturaleza.

D.: Por su vida han pasado grandes artistas, sobre todo grandes artistas contemporáneos. Su galería es conocida por tener artistas como Barceló y tantos otros. Cuando un artista está delante del lienzo blanco, ¿qué diría Ud. Que hay de él mismo en ese lienzo o en una arcilla que tenga que modelar?

S. L.: De eso se ha dicho mucho en los libros. Se ha hablado del horror del lienzo o de la página en blanco. Yo creo que eso siempre ha sido igual, pero en el siglo XX las cosas son diferentes. En el arte del pasado, al ser un encargo, se marcaba una diferencia aunque luego en el cuadro se volcara más que una cara un paisaje. Era más fácil. En el siglo XX, debido a la abstracción, a las formas, al Cubismo, al Impresionismo, al Expresionismo se han buscado parcelas en conexión con la pintura. Luego, en la última etapa del siglo XX, se ha vuelto a reencontrar el cuerpo, pero el cuerpo en otro territorio, en el intento de plasmar la realidad del gesto. En cualquier época, el artista siempre tiene miedo. El artista tiene que poner algo de sí mismo que haga que su obra tenga vida, que no sea un objeto muerto y es allí cuando surge el talento, que es eso que no se puede definir. Cuando estás viendo el cuadro es cuando te das cuenta de la vida que tiene; es cuando percibes la intensidad que el artista ha puesto ahí. Por eso de lo que tiene miedo un artista es de perder es intensidad.

Yo siempre he temido perder la vitalidad que tengo.

D.: El arte, ¿es el reflejo de la historia y del tiempo?

S. L.: El arte es bastante atemporal, es como la vida. La vida al final son cuatro preguntas que nos estamos haciendo siempre. Lo que pasa es que se hacen desde diferentes territorios. La vida en el siglo XIX era diferente y el artista plasmaba sus visiones y la problemática de ese momento. Ahora, nuestra problemática como anécdota es otra y tenemos posibilidades de conocer cosas que antes no sabíamos. La realidad dice que en profundidad no cambiamos, ya que desde la prehistoria hasta nuestros días, el ser humano ha tenido las mismas preocupaciones. Cuando la gente critica el arte del siglo XX y de éste principio del siglo XXI diciendo que esto no es arte, debe de ser porque el que no entiende el arte contemporáneo está cerrado a la vida. El arte tiene que variar. No es lo mismo lo que nuestros ojos están habituados a ver de nuestro pasado que lo que se ve en el presente, aunque cada vez la gente entiende más el arte contemporáneo porque ha habido una preparación para ello. Muchos dicen, por ejemplo, que el vídeo no es arte. El vídeo es un soporte como otro cualquiera, la actitud del artista no cambia. Las cosas son acumulativas y los diferentes soportes siguen siendo útiles a los artistas para plasmar lo que somos. Si un soporte desaparece será porque la sociedad ha evolucionado y ese soporte ya no tiene cabida, pero eso no querrá decir que se ha abandonado la búsqueda para seguir plasmando las preocupaciones.

D.: ¿Cómo se llega a ser un artista? ¿Qué es lo que impulsa a alguien a pintar, a escribir, a esculpir, a componer…?

S. L.: Creo que eso es vocacional. El que elige ser escritor o artista plástico, yo creo que lo hace por vocación. No tenemos que olvidar que lo primero que hace un niño es dibujar. El niño intenta plasmar algo, los primeros personajes de su entorno familiar: La madre, el padre, los hermanos. El arte plástico siempre pasa por el dibujo, por eso digo que ese niño nunca deje de pintar… que siga pintando.

D.: Soledad, ¿Ud. pinta?

S. L.: No, no, yo he tenido dificultades con el dibujo desde pequeña. Pero no dibujar bien no quiere decir que no ames el arte.

D.: Soledad, por su galería pasan artistas, críticos de arte… Cuando Ud. elige alguien para exponer, ¿por qué lo hace?

S. L.: Eso es como elegir un novio, ¿por qué eliges a Pepe y no a Juan? En el fondo el arte es el gran desconocido, la palabra es la gran comunicadora.

Todos hablamos pero no todos pintamos. La palabra es más fácil de entender aunque esté llena de sutilezas. Hay palabras maravillosas como amor, vida, que tienen una carga fantástica y a menudo de tanto usarlas las decimos con demasiada frivolidad.

Cuando estás eligiendo al artista para que exponga en tu galería, hay algo de enamoramiento entre el artista, su obra y el galerista. Cuando eliges, el inconsciente te marca mucho. Ese artista está aportando algo. El arte son muchas cosas. Estos días tengo algo que es coreano. Su sensibilidad es diferente de la sensibilidad del español pero yo intuyo que se van a comunicar bien. El arte es universal. Yo trabajo con gente joven o con gente más mayor como Palazuelo, Burjois, pero en el fondo todos quieren plasmar lo mismo. El arte es la vida.

D.: Si aquellos momentos difíciles que te acercaron al arte, si aquellas muertes que te rodearon no se hubieran producido, ¿has pensado alguna vez qué hubieses hecho si no fueras galerista?

S. L.: Yo vivo el día, no soy nostálgica, mi pasado me constituye. Siempre digo que sigo hablando con mis muertos. No creo en la nostalgia ni en el sentimentalismo. No hay tiempo que perder. Vives el presente, lo otro está ahí.

D.: Además de con arte, Soledad, ¿con qué disfrutas?

S. L.: Lo digo con vergüenza pero he dejado de leer porque no tengo tiempo. Mi gran pasión es el arte, mi gran pasión es el cine y también los seres humanos. Y luego, la verdad es que me encanta cocinar y hacer el gesto pequeño. Estoy demasiado en contacto con lo trascendente. Estoy segura de que cuando uno ama la vida siempre encuentra algo. Yo estoy agradecida al azar por haber puesto el arte en mi camino. La soledad tiene mala reputación pero uno es uno en la soledad.

D.: ¿Es España un país de arte?

S. L.: Sí, por favor, sí, Velázquez, Goya, Picasso son artistas esenciales para la humanidad.


Periodista