Descendiente de los últimos sultanes de Turquía y de un rajah de la India, es periodista, reportera durante años, especialista en Medio Oriente y escritora. Una mujer hipersensible con una mirada donde brilla ante todo la inteligencia. En su primer libro De parte de la princesa muerta nos hablaba de su madre, que murió en París a los pocos meses de nacer ella, en Un jardín en Badalpur nos habla de su reencuentro con su padre cuando tenía 19 años.
Diván: ¿Qué le llevó a expresarse a través de la escritura?
Kenizé Mourad: Decidí escribir porque para mí, la escritura es una especie de análisis, y, en cierto modo, es una búsqueda. Sí, digo bien una búsqueda. Escribo para intentar comprender ciertas cosas.
D. En su primer libro De parte de la princesa muerta, hablaba Vd. de la madre, de su madre, en el segundo, Un jardín en Badalpur, habla Vd. del padre, de su padre, ese padre que no conocía y que me imagino que por fin conoció un día. ¿Fue para Vd. necesario hablar antes de la Madre que del Padre?
K.M. No fue algo premeditado. La madre se impuso, ella era muy importante para mí, porque no la había conocido y además se murió cuando yo sólo tenía un año y medio. Por lo tanto hablar de ella era como volver a crearla, era como si yo hubiese dado a luz a mi propia madre. También, pienso que yo tenía un problema psicológico con mi madre desde la adolescencia, porque ella me había declarado como niña nacida-muerta, por eso la llegué a odiar. Hablar de ella era una manera de liberar todos mis fantasmas y también, en cierto modo, era conocerla. Lo que pasa es que, más tarde, cuando comprendí mejor quién era ella, tuve la necesidad de escribir y contar su vida, de decir quién era y lo que de verdad había pasado. Contar paso a paso su vida, integrarme en esos pasos para entenderla mejor, porque yo creo que una mujer no logra reconciliarse consigo misma, no llega a estar a gusto dentro de sí misma, si antes no se ha reconciliado con su propia madre.
D. Vd. misma dice que le ha costado mucho escribir Un jardín en Badalpur, este segundo libro. ¿Porqué le ha costado tanto escribirlo?, ¿Tiene que ver con que hable Vd. de su padre?
K.M. En efecto, he tenido dificultad en escribir este segundo libro. En el primero hablaba de otro personaje que es el de mi madre. En Un jardín en Badalpur, la protagonista soy mucho más yo, yo y mi padre. Hablar de uno mismo siempre es difícil, un escritor siempre habla de sí mismo, pero es verdad que en este libro he hablado directamente de mí aunque haya cambiado ciertas cosas, porque también este libro es ficción, sin embargo hablar de ello era algo que tenía que hacer antes de morir. En el fondo escribir un libro autobiográfico es deshacerse de uno mismo, lo que decía antes, uno toma cierta distancia. Eso es algo muy duro, en cierto modo es un análisis, incluso mucho mas que eso, porque un psicoanálisis se hace acompañado por un psicoanalista. También se hace escribiendo uno su propio diario. Pero para construir un libro, un libro que en cierto modo es una novela autobiográfica, hay, al mismo tiempo, que volver a encontrar las emociones, las cosas que han sido difíciles de vivir, y volver en cierta manera a vivirlas. No se puede describir las cosas, hay que vivirlas, pero también hay que tener una determinada distancia hacia esas cosas vividas.
D. Kenizé Mourad, Vd. ha crecido sin su padre hasta la adolescencia, es difícil vivir sin padre, ¿qué papel tiene que tener el padre en el seno familiar?
K.M. Yo creo que crecer sin un padre es una de las peores cosas que le puede ocurrir a alguien. También es muy difícil crecer sin la madre, se necesita la presencia de los dos. Pienso, por ejemplo, que ahora en Francia, las parejas de homosexuales van a poder casarse y adoptar niños legalmente; pues bien, de verdad, creo que eso es un error. La verdad es que la gente vive como quiere y ahí yo no me meto, es mas, me parece bien, no es mi problema, pero en cierto modo me temo que esto sea hundir a un niño en la neurosis desde muy pequeño, desde su más tierna infancia. Un niño que no tiene una imagen del padre o de la madre, sin lugar a dudas, es un niño desequilibrado.
D. Vd. misma dice que el derecho de cualquier niño es saber de donde viene. ¿Qué siente un niño que no sabe de donde viene, que no sabe quién es?
K.M. Eso es terrible, porque ese niño no tiene nada a que agarrarse, no tiene bajo sus pies ningún suelo sólido a partir del cual desarrollarse. Siempre hay que construirse a partir de algo. En mi libro explico que la heroína buscaba una piedrecita, algo seguro sobre lo que poder construirse. Porque si estamos totalmente en lo desconocido, no podemos avanzar, no podemos construirnos sobre arena, y en la medida en que uno no esta seguro de nada, no puede elegir, y elegir es la base de algo, no se elige en el vacío. Por eso, cualquier niño necesita una base sólida, un apoyo, sabiendo quien es su familia, porque un niño normal eso lo sabe, aunque eso sea algo que en un momento dado se pueda rechazar, de hecho en la adolescencia se rechaza, pero por lo menos tiene algo a partir de lo cual se puede identificar. Lo peor que le puede ocurrir a una persona es no tener nada desde donde poder localizarse. En esas circunstancias no hay nada donde poder elegir y además no hay nada sobre lo que construir un principio de vida, algo para poder empezar a vivir.
D. Su personaje de este libro, Zahr, ha tenido otros padres, padres adoptivos. Vd. sabe lo que es tener un padre adoptivo y también sabe lo que es tener un “verdadero” padre. ¿De qué manera se viven esas dos relaciones?
K.M. Con un padre adoptivo, aunque éste sea maravilloso, uno siempre tiene la sensación de que le están haciendo un favor. Uno es educado por gente encantadora, pero tiene la impresión que no tiene derecho a ese amor. Ese amor se lo dan por bondad, por caridad, y en verdad, creo que esto crea una gran inseguridad. Porque es justo que un niño piense que tiene derecho a ser querido, a ser amado. Un niño adoptado, muy a menudo, aunque no siempre, puede tener cierta inseguridad, mas adelante en el terreno del amor. Una inseguridad que va a repercutir en toda su vida de adulto. Y esto porque, en el fondo, aunque sus padres adoptivos le quieran mucho y le den mucho cariño, sus verdaderos padres no están ahí y siempre se preguntara porque no están ahí, porque le han abandonado, y puede llegar a pensar que le han abandonado porque no vale nada y que en el fondo sus padres adoptivos le quieren por caridad. Eso provoca esa sensación terrible de no valer nada, o por lo menos de no valer gran cosa, y a partir de ese razonamiento el niño tiene una gran dificultad para construirse una vida, y para dar amor. Puede condicionar toda una vida afectiva.
D. Empieza Vd. este libro con la muerte de su padre, en vez de cuando se vuelven Vds. a encontrar.
K.M. Lo empecé a la muerte de mi padre sin motivo especial, en realidad no creo que haya en ello ninguna intención fallida. Es un libro escrito en flash back’s y pienso que la muerte de un padre era un momento lo suficientemente difícil y se puede sentir la necesidad de volver atrás, sobre uno mismo. De hecho nunca hubiese podido escribir este libro antes de la muerte de mi padre, y muy a menudo la muerte de un padre o de una madre es un momento para volver la vista atrás, la vista atrás sobre las relaciones que hemos tenido con ellos.
D. ¿Cree Vd. que si no hubiese conocido a su padre sería Vd. diferente?
K.M. Sin lugar a dudas, ahora estaría muy mal.
D. Ha trabajado en el mundo de la psiquiatría. En su opinión, ¿cuál es la parte de responsabilidad en la neurosis de la falta de figura materna y paterna?
K.M. Es importantísimo, hay neurosis producidas por muchas cosas, pero pienso que las neurosis vienen en gran parte por la falta de amor, de identidad, arrancan de problemas no resueltos con los padres.
D. ¿Qué se le puede pedir o se le debe pedir a un padre?
K.M. Pues ante todo hay que pedirle que esté ahí, que esté presente, que sea un padre que te quiera, y también, porque no, que tenga una cierta autoridad. Tiene que ser una presencia, porque un padre demasiado débil tampoco creo que sea bueno, y demasiado fuerte también puede anular. Lo que tiene que hacer es estar presente, eso es todo. La verdad es que las neurosis se transmiten de generación en generación, y niños que han tenido padres neuróticos acaban teniendo las mismas actitudes y las mismas neurosis que sus padres, sobre todo cuando no se han resuelto esas neurosis. Cuando no se han analizado, cuando no se ha trabajado sobre ellas, a partir de un psicoanálisis, una terapia o la escritura, pues se retransmiten sin quererlo las mismas neurosis a los hijos.
D. ¿De qué manera se establece la diferencia en la relación del padre con la hija y del padre con el hijo?
K.M. Bueno, están las relaciones generales de todo padre con su hija o con su hijo, algo que conocemos todos, con los famosos complejos, por ejemplo el de Edipo (la hija se siente atraída por el padre, el hijo por la madre, etc.), pero en el contexto oriental eso se agrava, porque ahí la hija es, aun mucho menos importante que el hijo. El hijo es el dios para el resto de la familia, sobre todo para el padre, el hijo se fue transformando en el sucesor. En el mundo mediterráneo antiguamente era igual, pero en Oriente nada ha cambiado o muy poco, todo sigue como antes. Es decir que todos los problemas que se tienen en Occidente, allí en Oriente existen de manera mas agravada.
Christine Pepin
Periodista