El psicoanálisis durante la dictadura franquista
La agonía del psicoanálisis es el título con el cual se reeditó, hasta entrados los años 1980, un ensayo de J. J. López Ibor publicado por primera vez en 1936 e inicialmente llamado Lo vivo y lo muerto del psicoanálisis. En esta obra, el psiquiatra español llamaba a la superación del psicoanálisis, doctrina en su opinión radicalmente insuficiente en el modo de comprender al hombre. La antropología existencial parecía ofrecer, por entonces, las perspectivas más prometedoras para el futuro de la psicoterapia española.
Al acabar la guerra civil, desaparece el debate alrededor del psicoanálisis que había existido en los años posteriores a la publicación de las obras completas de Freud en España. Los psiquiatras que habían sido los principales actores de ese debate también habían, en su mayoría, apoyado la República y, al terminar la contienda, marchan a un exilio, sea exterior o interior, del que algunos nunca regresarán. La élite de la psiquiatría española se reestructura en un nuevo espíritu que se caracteriza por el rechazo de las influencias extranjeras y la búsqueda de una psicoterapia nacional, fundada en los valores católicos. Posturas como la de López Ibor, que ya tenían seguidores antes de la guerra civil, pasan a ser la posición oficial de la psiquiatría española sobre la cuestión psicoanalítica y se difunden ampliamente desde las todopoderosas cátedras de psiquiatría ocupadas por Vallejo Nágera, el mismo López Ibor y Sarró; ya que se ha demostrado que el freudismo ha sido superado, se puede dar el debate por terminado.
Sin embargo la realidad de la situación del psicoanálisis en la España franquista fue más compleja de lo que podría parecer a primera vista. Más allá del discurso oficial unánime continuó, o mejor dicho se reanudó a partir de los años 1950 una forma de debate – lo cual no significa, ni mucho menos, un fecundo intercambio de ideas sino simplemente la existencia de algún lugar para la expresión de ideas en el campo psicoanalítico. Tenemos, por un lado, continuas diatribas antifreudianas que demuestran que de alguna manera seguía siendo necesario reiterar argumentos de diversas índoles contra el psicoanálisis. Carlos Castilla del Pino y Enrique González Duro publicaron ensayos en los que recogieron algunas de las citas más representativas a este respecto (1). Por otro lado, y aunque parte de esas citas son fragmentos de intervenciones de López Ibor y Sarró, ninguno de los dos se opuso a la actividad, ciertamente limitada pero no inexistente, de los círculos españoles vinculados a la IPA. Es más: López Ibor apoyó las gestiones realizadas con el Ministerio de la Gobernación para obtener el reconocimiento oficial de la SEP (por entonces Sociedad Luso-Española de Psicoanálisis), y Sarró autorizó la creación de un seminario sobre Freud en el departamento de psiquiatría que dirigía, seminario impartido por los mismos psicoanalistas. Es cierto que estos acontecimientos se produjeron en la segunda mitad de los años 1950, en un momento en el que la situación era distinta de la de la inmediata posguerra, pero la posición oficial de los catedráticos, en lo que respecta al psicoanálisis, poco había cambiado; aún en 1966 Sarró arremetía contra la expansión del psicoanálisis y definía éste como un “neosionismo” (2).
Estas contradicciones resultan difíciles de explicar. Una de las cosas que hay que tener en cuenta es que no existió, durante el periodo franquista, una verdadera posibilidad de que el psicoanálisis se difundiera de forma amplia y se convirtiera en un fenómeno social. En otras palabras, el psicoanálisis no llegó a representar un peligro real para la psiquiatría debido al muy reducido número de psicoanalistas y a la actitud de éstos que nunca se enfrentaron con las autoridades. Tampoco hubo, por lo tanto, necesidad de oponerse a lo que no amenazaba con convertirse en un peligro para el orden psiquiátrico establecido. Está claro que el análisis de esta situación que se dio en España podría beneficiarse de un estudio comparado con lo que ocurrió con el psicoanálisis en otros países, bajo otras dictaduras. Este trabajo, que sepamos, queda por hacer.
Referencias
1. Carlos Castilla del Pino (1977), “La Psiquiatría española (1939-1975)” en Aavv, La cultura bajo el franquismo, Barcelona, Anagrama, pp. 79-102; Enrique González Duro (1978), Psiquiatría y sociedad autoritaria: España, 1939-1975, Madrid, Akal.
2. Ramón Sarró (1966), “Impresiones sobre el porvenir de la psiquiatría argentina”, Revista de Psiquiatría y Psicología Médica de Europa y América Latinas, 7 (5), p. 311.
Anne-Cécile Druet
Doctora en Estudios Románicos, Universidad de París