Nuria Espert

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“Lorca nos habla de una mujer que se da contra las paredes”

Hemos intentado acercar el enigma ¿Qué es  una mujer? Interrogando al mundo de Lorca con Nuria Espert. Nuria está atravesada por las mujeres que creó Federico, como le llama de manera fraternal. A su lado, teníamos la impresión de sentir latir las pulsaciones del poeta, nos fue llevando imperceptiblemente, a ese lugar intemporal del verde que te quiero verde.

Nuria Espert: Lorca  ha ido escribiendo mujeres que, todas juntas,  formarían una mujer  dolorida, frustrada,  dura, con unos prejuicios y unas reglas dadas que están por encima del respeto a sus amores y a la libertad, la suya y la del otro.

Diván: Qué cuentan más que la vida, la muerte… o la muerte de un hijo.

N. E.: Las veo a todas metidas en cajas demasiado estrechas, como ataúdes.  Bernarda, con esa dureza suya, a lo mejor ha contribuído a hacer que eso sea tan estrecho, pero lo habrá hecho también el mundo que la rodea. Luego está su madre… a través de la locura, como si fuera necesario perder el tino para ser capaz de liberarse de eso. Tiene momentos de lucidez maligna, despiadada, les pone a las niñas unos nombres atroces;  en vez de tener piedad por esas mujeres tan heridas que ve a su alrededor, les dice cosas terribles. No hay una palabra de amor, claro que en esa casa, el amor ha sido completamente machacado. Ninguna niña siente amor por ninguna, ni tampoco nadie por la madre.

D.: Esa frase tan terrible de Bernarda para su hija muerta: “Ha muerto virgen”, cómo si aquello fuera lo único importante.

N. E.: Si, también una caja para su hija,  no tiene piedad consigo misma, no la tiene con nadie. Yerma tampoco. Lorca nos explica siempre en sus obras que ellas podrían haber hecho otra cosa, siempre hay una callejuela de salida, siempre hay alguien que hace una cosa diferente. Todas tienen unos conflictos sexuales que parecen sencillos vistos desde fuera, pero que son imposibles de resolver si una se ha hecho una estructura en la que eso no entra.

D: ¿Esa estructura tiene que ver con la madre española?

N. E.: Sí. Para hablar de Lorca, hay que hacerlo con palabras muy inteligentes, porque nuestro mundo esta girando tan rápido que cuando yo tenía veinte o veinticinco años,  La casa de Bernarda Alba podía pasar en cualquier lugar de nuestra geografía, y ese mundo de represión del que Lorca decía: “Yo no invento nada, sólo escucho”, hace tan sólo sesenta años, hoy en día sólo podría ocurrir en un lugar muy apartado de nuestra vida. Todos nos coartamos los unos a los otros, madres que coartan hay muchísimas, y hombres y mujeres que se coartan mutuamente y a sí mismos hay muchísimos. En este momento se vive un aturdimiento sexual muy grande, pero es imposible cambiar en treinta años algo que dura desde cuatrocientos. Él insistía mucho en el tema del sexo porque debía de ser un tema muy importante para él mismo, pero lo utilizaba para desarrollar y hablar de cosas que se me antojan más importantes que el sexo, y yo creo que a él también. Esa mujer que tiene que subir a una montaña y no tiene pies, y quiere bordar y no encuentra hilos, y que se da golpes contra la cabeza, (lo dice literal en una escena). Yerma es medio poética, medio realista, pero en un momento en que esta hablando del pan y del agua y de la tierra, ella dice que se da golpes contra las paredes, y es como una desesperación. Dicho por Federico es algo completamente físico, es todo un mundo de mujer que se está dando contra las paredes.

Cuando tú dices madre o yo digo madre, estoy poniendo muchas cosas negativas en esa palabra, no sé si erróneamente, aunque tengo una madre maravillosa, intento ser una buena madre…

D.: Creo que aludes a esa figura terrible, devoradora, sofocadora, que impide vivir, que todo ser humano lleva dentro y que todas las madres encarnamos, de algún modo. A lo mejor, las mujeres de Lorca están identificadas a esa figura materna de manera mortal.

N. E.: Estoy rodeada de gente que intenta salir de eso, a lo mejor mis hijas también. Me pregunto si se pasa directamente de esas mujeres desesperadas de las cajas a la madre que pone la caja. No lo sé, a lo mejor tampoco lo sabe Lorca.

Rafael Alberti decía  que la gran aportación de Federico a la poesía española era eso que lo hace único, eso que quedará dentro de trescientos años, era el misterio.  Él tomaba un poema,  tú lo escuchabas atenta y lo comprendías,  y después leías y analizabas y aquí no estaba lo que habías comprendido. Estaba, pero no estaba escrito, estaba en otro sitio. Tú has entendido una historia como una saga y  él no ha contado nada. Si tratamos de pasar de unas de sus mujeres a las otras, desde la más jovencita hasta la mayor, todo está lleno de unos agujeros negros como los del espacio y en cambio tenemos la impresión de que se corresponden y de que fluyen.

Podría ser que como Electra y Antígona, Bernarda y Yerma quedaran como el prototipo de un comportamiento humano universal, representando unas cosas de las que creo que estamos demasiado cerca para saber cuales son. Cuando Eurípides estrenó Medea, nadie pensó que estaban asistiendo a la representación de un mito, estaban asistiendo a una historia.

Yerma está puesta ahí para hablar de la mujer “tout-court”. Ella quiere de manera desesperada, eso que queremos todas. La veo buscando algo que no se puede tener y ella piensa que la culpa es de lo que la rodea. La obra sería otra obra si ella fuese estéril. Creo que eso es importante, ella puede tener hijos. Habla de una mujer que quiere algo más que la vida, más que todo, que no la deja vivir ni respirar, ni moverse, ni existir, y lo sacrifica todo a ese prejuicio.

Son preguntas sin contestación, porque no están formuladas para que las contesten, me parece. Lorca es un autor de preguntas total, con él hay que irse al  misterio, al  “verde que te quiero verde”. Como cuando te acuestas con un hombre y no has querido, y no sabes como te ha ocurrido, y es algo inesperado, un sentimiento con el que no contabas, totalmente “inattendu”, que no te viene bien, que no debería haber aparecido y aparece como el verde que te quiero verde. Las buenas obras están compuestas de eso, de luces y de sombras. Toda obra de arte que nos gusta, no es genial ni perfecta, la que nos conmueve queda llena, no diría de chafarrinones, pero sí de convulsiones.

Marie-Ange Lebas-Royer y Cristina Fontana, psicoanalistas