La familia, ese gran lío

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Llegamos al psicoanálisis con una idea bastante clara de los distintos personajes que componen nuestra familia, del lugar y del papel que juegan en nuestra vida así como del nuestro en relación a todos ellos, y de los conflictos y problemas que nos acarrean. Así iniciamos el camino del análisis desplegando nuestros recuerdos y fantasías.

A los pocos meses empieza el lío. Resulta que lo que más o menos teníamos tan clarito como causa de nuestra larga historia de dichas y desdichas, se tuerce y empieza a hacer aguas por todas partes. Aparecen lagunas en nuestro relato, fechas o escenas que no cuadran entre lo se nos ha contado y nuestros recuerdos, silencios familiares de plomo ante ciertas preguntas… De esta manera va asomando la cabeza la versión no oficial de la familia: muertes ignoradas, infidelidades, desapariciones e incluso suicidios. ¡Mira por donde, la tía Encarnita, de misa diaria, imagen de veneración familiar, supuestamente desaparecida desde la guerra, resulta que se había fugado con un señor casado y era la vergüenza de la familia!…

Descubres −¡como si nunca lo hubieras escuchado antes!− que aquella hermanita tan mimada y graciosa, la “nenita” de papa, −mientras una había tenido que ser el “hombrecito”, porque es lo que se esperaba, ya se sabe, un padre siempre quiere tener un hijo varón…− resulta que era ella a la que llamaban con nombre de hombre. Pero, ¡cómo!, ¿no eras tú la destinada a ser el hombre, la que tenía que ser fuerte y valiente para responder al deseo de papá? Y los sacrificios que hiciste para eso. Entonces, ¿te lo habías figurado, por qué, para qué? Qué corte, cuando en un alarde de osadía haces la pregunta a tu madre de por qué no te dio el pecho al nacer, a lo que contesta qué de dónde sacaste semejante idea. ¡Claro que te había dado el pecho!.. O cuando en un lapsus descubres que bailar flamenco poco tenía que ver con el amor hacia ella sino con la rivalidad, y que la inhibición que sufrías últimamente al bailar encubría lo gozoso que resultaba para ti la fantasía de una relación de tu padre con una gitana, la imagen opuesta de tu madre, y que con tu baile la desafiabas a la vez que seducías a tu padre en tus fantasías Como puede observarse, ¡la familia es un lío!

Así a lo largo de un análisis el escenario donde uno ha ido inventando su persona con una mezcla de recuerdos y fantasías inconscientes se tambalea. Lo que explicaba toda una serie de problemas pero te aseguraba a la vez un lugar y una consistencia −si bien inconfortable, por eso te habías dirigido a un analista−, cae estrepitosamente. Pero, ¿de que va esto? Venías a aclararte y estás hecha un lío, entre desvalida y furiosa. Esto se repetirá una y otra vez, porque a lo largo de un análisis los personajes cambian, no son lo que creíste que fueron, no dijeron muchas de las cosas que pusiste en sus bocas, las escenas se multiplican y tu, descolocada una y otra vez, irás siendo en función de los distintos decorados con lo que has ido construyendo tu historia. Sí, el psicoanálisis es un camino de descoloques y de desprendimientos para encontrarse con aquello más “verdadero” que se escabulle y se esconde entre esos sucesivos decorados y que te anclará en la vida con un andamiaje más sólido y también más ligero, a medida que te vas desprendiendo del lastre que arrastraba tu propio y antiguo relato. Es una manera de rescribir tu historia en la que eres a la vez escribiente y lector.

Efectivamente, un lío ir al analista. Cuestión de gustos: ¿qué lío prefieres
tú?

Cristina Fontana
Psicoanalista, Madrid