Me río con el inconsciente
Publicado en Con humor
Parafraseando a Woody Allen podría decir de mi madre que es tan inmadura, tan inmadura, que cuando estoy en la bañera jugando con los barquitos, entra y me los hunde.
Pero hoy quiero festejar su cumpleaños porque, como ustedes saben bien, el aniversario es un aspecto excepcional del psicoanálisis. Yo conozco amigos analistas que festejan todos los años el cumpleaños de Freud y otros que lo hacen con el de Laplanche o Melanie Klein o Lacan.
Y no digamos nada de los pacientes: están aquellos que festejan el día que en lugar de decir “tuve un ataque de angor pectoris” dijeron “tuve un ataque de angor clítoris”, aquellos que en un discurso político en lugar de decir “éste es un día histórico” dijeron “éste es un día histérico”, aquellos que recuerdan siempre aquel cuento que el analista les contó para explicarles módicamente la existencia del inconsciente: Abraham recibe la orden de Dios de matar a su hijo Isaac. Cuando coge la daga para realizar la sentencia y la coloca en el cuello de su hijo, se oye una voz que viene del infinito y que dice: “Abraham, hijo mío, me conmueve tu sentido de la obediencia, me enorgullece que estés dispuesto totalmente a aceptar mi veredicto, de verdad, es conmovedor, pero mira, no es necesario que mates a tu hijo. Vete al bosque, coge un ciervo, córtale la cabeza y yo me daré por satisfecho”. Abraham deja a Isaac y se dirige al bosque a cumplir con la sugerencia. Cuando se va, se oye la voz de Isaac que dice: “Este hijo de p…, si yo no fuera ventrílocuo, me corta la cabeza”.
Bueno, el inconsciente es ese ventrílocuo –decía el analista- y mi amigo Rudy (ese genial humorista) me decía que la primera tópica de Freud fue: el Consciente, que es quien saca su perro a la calle dos veces al día para que realice sus necesidades adecuadamente; el Preconsciente, que es el que sabe que debe sacar a su perro pero tiene otras cosas en la mente y lo deja para más tarde hasta que el pobre pichicho no da más y hace señales desesperadas; y el Inconsciente, que se maneja según el principio de placer y deja que su perro haga pis en cualquier lado.
De cualquier manera, Freud describió el “caso Juanito”, que a veces le sucedía lo mismo pero con los caballos. A mí me sucede con mi madre: no sé cuándo quiere hacer pis de verdad y cuándo sólo se lo imagina, pero siempre se queja. Por si les interesa felicitarla por su cumpleaños, su dirección electrónica es: “Hijo mío (arroba) uy uy uy!”.
Aunque quizá lo mejor sería felicitar al analista de mi madre. Claro que el analista sabe que mi madre es hipocondríaca y le sugiere un epitafio: “¡Con que no, cabrones!”, aunque él es ipacondríaco (cada vez que piensa en la IPA le castañean los dientes) y no encuentra el epitafio adecuado a sus emociones.
Sería largo hablar de mi madre, su analista y yo, así que lo dejo para otra ocasión, que el que madruga dos veces llega temprano a sesión.
Arnoldo Liberman
Psicoanalista, Madrid
17 de Febrero, 2008 - 17:04
¡Ya era hora! Hace meses que espero su sección de humor y por fin la han integrado. Felicidades a Arnoldo, espero leer más de él. Por cierto, muy bueno lo de la tópica freudiana. Espero con impaciencia más textos de este tipo. Saludos y gracias por el trabajo que realiza todo el equipo. Si alguien conoce bibliografía sobre humor y psicoanálisis, por favor, háganmelo saber -lógicamente, que vaya más allá del libro de Freud sobre el tema-.