Pessoa y el acento circunflejo

Publicado en Posturas e imposturas

Imagen

Fernando Pessoa, escritor y poeta múltiple, autor ortónimo, es decir, de obra literaria firmada por él mismo, y creador de heterónimos, empieza así uno de sus poemas:

El poeta es un fingidor
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que en verdad siente


La lectura de la obra de Pessoa empuja al lector a plantearse ¿quién es el autor? Pessoa creó obra poética y literaria de diversos estilos, y firmada por diferentes autores, los heterónimos. Se han planteado diversas cifras en cuanto a la cantidad de los mismos, pero los principales son Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, y Ricardo Reis, a los que, para muchos estudiosos de su obra, habría que añadir un Fernando Pessoa heterónimo.

Con ese planteamiento tan particular, nos arrastra a un mundo distinto al que estamos acostumbrados a frecuentar, en el que se sobreentiende que a cada persona corresponde un solo nombre y que cada cual firma con su nombre y actúa en su propio nombre.

Pessoa no se esconde tras un seudónimo, él crea autores provistos de biografía propia, cada uno de los cuales mantiene una coherencia de estilo y produce una obra más o menos abundante.

Me ha parecido interesante leer la descripción que hace de ese momento de inspiración en que se le hizo presente el primer heterónimo verdadero: “Un día –era el 8 de Marzo de 1914- me arrimé a una cómoda de cierta altura, tomé una hoja de papel y me puse a escribir de pie como hago cada vez que puedo. Escribí más de treinta poemas seguidos, en una especie de éxtasis, cuya naturaleza no consigo definir. Fue el día triunfal de mi vida y jamás volveré a sentir nada parecido. Comencé por el título, El guardador de rebaños. Lo que ocurrió luego es que apareció dentro de mí alguien a quien di enseguida el nombre de Alberto Caeiro. Disculpen lo absurdo de la expresión: quien apareció en mí fue mi maestro”. Y continúa así: “apenas escritos estos treinta y pico de poemas, tomé rápidamente otra hoja de papel y escribí, también de un tirón, los seis poemas que componen el conjunto de Lluvia oblicua, de Fernando Pessoa. Inmediata e íntegramente (…). Era el retorno de Fernando Pessoa/Alberto Caeiro a Fernando Pessoa en solitario, o más bien era la reacción de Fernando Pessoa a su inexistencia en tanto Alberto Caeiro.”

Este texto, nos permite ampliar la pregunta antes planteada de ¿quién es el autor? más allá del hecho literario de los heterónimos y su relación con el escritor, y aplicarla a su propia persona: ¿Quién era Fernando Pessoa? ¿A qué necesidad subjetiva respondería esta forma particular de crear y de firmar la obra? ¿Podríamos pensar, siguiendo el hilo conductor de estas Jornadas, en un sentimiento de impostura como autor, que le hubiese llevado a “presentarse” en nombre de otro, por no sentirse a la altura de su “ideal de autor”?

La hipótesis que quiero plantear es que para poder llegar a sentir el “sentimiento de impostura” tal y como lo plantea Belinda Cannone haría falta haber conseguido fabricar, por así decir, una cierta unidad psíquica, haber logrado lo que, provisionalmente, llamaré: “la impostura del ser.”

Respecto a Pessoa se ha escrito mucho y es que, tanto su manera de presentarse como autor –esa forma que Ángel Crespo, su traductor al español, nos recuerda que Pessoa denominaba un drama em gente-, como los temas que toca: siempre lo más radicalmente extremo del mundo de la subjetividad, no dejan a nadie indiferente.

Un somero recorrido por la obra poética de Pessoa y sus heterónimos, así como la lectura del “Libro del desasosiego de Bernardo Soares” nos confronta a cada página con la cuestión del ser:

“Hoy he llegado, de repente, a una sensación absurda y justa. Me he dado cuenta, en un relámpago íntimo, de que no soy nadie. Nadie, absolutamente nadie (…) Soy los alrededores de una ciudad que no existe, el comentario prolijo de un libro que no se ha escrito (…) Soy una figura de novela por escribir, que pasa aérea y deshecha, sin haber sido, entre los sueños de quien no supo completarme. (…) Mi alma es un maelstrom negro, vasto vértigo alrededor del vacío, movimiento de un océano infinito en torno a un agujero de nada, y en las aguas, que son más giro que aguas, boyan todas las imágenes de lo que he visto y oído en el mundo –van casas, caras, libros, cajones, rastros de música y sílabas de voces, en un remolino siniestro y sin fondo.(…) Y yo, verdaderamente yo, soy la nada en torno a la cual gira este movimiento, sin que ese centro exista sino porque todo círculo lo tiene ….”

Vemos que no es tanto la cuestión de estar o no a la altura del ideal, como otra más radical: la de alcanzar o no a “ser” Describe aquí los bordes del vacío del no-ser y logra transmitir ese vértigo del abismo de la abolición subjetiva que sólo algunos, y en determinados momentos, experimentan.

El psicoanálisis no toma en consideración “el ser” como tal, sino que habla del psiquismo, de aparato psíquico (Freud), de sujeto del inconsciente (Lacan). La constitución psíquica no es algo que venga dado de antemano, es un proceso.

Cuando un niño viene al mundo, los deseos de generaciones anteriores de ambas ramas se van a poner en juego, en el marco de las circunstancias del momento; se abre un nuevo escalón en la línea de las generaciones cuyas marcas son el nombre y los apellidos, la inscripción en el registro civil…etc.

Al tiempo que va constituyéndose un sujeto, que incorpora el lenguaje que le viene de fuera, éste va también apropiándose de su mundo (marcado y connotado por los deseos de los otros), al recrearlo en fantasías inconscientes y en las que también se sitúa él mismo.

¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Cómo soy? ¿Qué quiero? Son preguntas que no pueden ser respondidas de forma taxativa.

Veamos algunas de las respuestas de Pessoa:

“Cada uno de nosotros es varios, es muchos, es una prolijidad de sí mismos”
“He creado en mí varias personalidades. (…) Para crear me he destruido. (…) Soy la escena viva por la que pasan varios actores representando varias piezas.”

Mientras que, para la mayoría de la gente, el velo protector del Yo y sus resistencias permite pasar por estas cuestiones sólo muy de vez en cuando y de puntillas, Pessoa ahonda, escinde, analiza, escribe sobre ellas en un auténtico esfuerzo de clarificación entre lo propio y lo ajeno en su subjetividad, entre lo suyo y lo creado por él.

“Nubes… Existo sin saberlo y moriré sin quererlo. Soy el intervalo entre lo que soy y lo que no soy, entre el sueño y lo que la vida ha hecho de mí, la medida abstracta y carnal entre cosas que no son nada, siendo yo también nada. Nubes…”

Pessoa pone de manifiesto cuánto hay de artificial en la estructuración del psiquismo, eso que, a la luz del tema de hoy, me he permitido llamar, “impostura del ser”.

Todos provenimos de los otros e incorporamos diferentes personalidades pero no siempre se nos llegan a presentar como ajenas. A fin de cuentas, el nombre propio suele servir de cierre, de punto de sutura de los fragmentos que incorporamos y hacemos nuestros. ¿Quién soy? ¿Qué soy?… esas preguntas tienen en el nombre propio una respuesta que las cierra sin llegar a agotar el enigma, y que nos permite poder pasar a otra cosa.

A los veintiocho años de edad, Pessoa, tan amante de su lengua que llegaría a decir “mi patria es la lengua portuguesa”, y tan apasionado defensor de la ortografía clásica del portugués, comunica, sin embargo a un amigo: “Voy a imponer un gran cambio a mi vida: suprimiré el acento circunflejo de mi apellido.”

Su dedicación a la escritura y a las letras desde la infancia, su amor a la lengua portuguesa -que, tras una educación exclusivamente en inglés desde los siete, había “elegido” a los diez y ocho años-, la creación a partir de la adolescencia de personajes imaginarios a quienes escribía y sobre los que escribía, el inicio del uso de seudónimos que más tarde desembocaría en la aparición de los heterónimos y semiheterónimos, la manipulación ortográfica del apellido… todo ello, junto con otros aspectos no contemplados aquí como son el “sebastianismo”, la afición al ocultismo y la astrología, la vida austera y aislada…etc. todo ello, digo, se nos presenta, a la luz del psicoanálisis, como un titánico y conmovedor esfuerzo de inventiva creadora dirigido a sujetar, en la subjetividad del autor, todo aquello que habitualmente sostiene el nombre propio.

María José de la Viña
Psicoanalista, Madrid

2 comentarios sobre “Pessoa y el acento circunflejo”

  1. Tereza dijo:

    Yo también vivo una impostura, como mucha gente, pero sin poder convivir con ella, porque no soy un genio y no puedo encontrar manera de vivir esa impostura sin sentirme perdida en una angustia inmensa de no encontrarme, siendo yo nada, como dijo Pessoa.
    ¿Como podría la psicanalise ayudarme?

  2. Isabel dijo:

    Se me ocurre pensar que Pessoa carecía de identidad, su Yo no estaba conformado, de ahí la alteralidad en otros, la impostura. Esa infancia introvertida, esa soledad llenándose de imaginación, de diálogos internos inacabables, primero refugio, después calvario…una continua “noche oscura del alma”…La patria es la infancia y…Fernandinho me aventuro a decir que fue un chico triste y solitario, y en la soledad se cuece y fermenta de todo, sobre todo la introspección y si no hay un Yo buen gestionador, uno se pierde en la marisma interior y el ser acaba por pudrirse. Puede que finalmente él no escogiera la soledad, fue la Soledad quien lo escogió a él, y ésta tiene canto de vieja sirena.

Escribe un comentario